LA CASA ABANDONADA
Nota: Esta historia y algunas
ubicaciones no son verídicas.
Más o menos en 1965 me contó una señora que en la colonia libertad,
donde vivíamos, estaba una casa abandonada, exactamente escondidita adentro del
panteón y el que intentaba entrar salía con los pelos de punta y a punto de
desmayarse.
A la mañana siguiente que me contaron la
historia, llegué a la escuela y ya estaban mis amigas: Lluvia, Micaela, Rosa, a
quien le llamábamos “la Profe” porque nos ayudaba todo el tiempo con las cosas
que no entendíamos en la escuela, Laura, a quien le decíamos “la Bruja” por
como tenía el pelo y Sofía, a quien le decíamos “la Chofis”.
-
¿Qué onda Claudia? Me saludó la Lluvia.
-No, pos
aquí nomás, ¿Y ustedes? Dije pensativa.
-Pos la neta
bien aburrida, contestó “la Bruja”. Es que tuve qué leer libros bien oldis para
la clase de historia.
-Chale,
contestó “la Profe”. ¿Todavía no le entiendes? ¡Qué la fregada! Ya van varias
veces que te explico esto... pero bueno... ¿le entendiste por fin con esos
libros?
-Pues
mira... Dijo “la Bruja”. Chécale nomás, -le dio el cuaderno.
-Orinita
vengo. Dijo la Micaela. Voy a ver qué onda con mi tarea de Historia.
-Yo te
acompaño. Dijo “la Chofis”.
Después de un rato, cuando toda la clica estaba reunida, les conté
la historia de la casa abandonada.
-¿Pero qué tal si esa historia no es
real? Preguntó “la Profe”.
-Pues no sé, contesté. Esa doñita me
dijo que el que entraba, salía muerto de miedo... ahí si que no sé nadita de
nada. Bueno, tengo una idea. Dijo la Lluvia: A ver, ¿Qué jais? Preguntó la
bruja: ¿Qué tal si nos vemos en el cantón de la Claudia, a las 8 de la noche
después de hacer la tarea, y de ahí, nos vamos pa la casa embrujada? Dijo la
Lluvia con voz decidida. ¿Qué? ¿Estás loca? Le dijo la Chofis. ¿No escuchaste
lo que dijo la Clau? Al rato vas a tener pesadillas o no la cuentas... Ah
caray, dijo la Micaela. Se me hace que lo que dijo esa señora es puro cuento.
Esa noche, la Lluvia, “la Profe”, “la Bruja”, “la Chofis” y la
Micaela me fueron a buscar pa que las acompañara a esa casa, a ver si era
cierto lo que se contaba de ella. Pasamos por el car wash, y por un chorro de
cuadras hasta llegar al meritito panteón. Cruzandito la barda, vimos ahí nomás
una cosa bien extraña. Lueguito que miramos pa todos lados, en una de esas
descubrimos una puerta.
-
¡Vamos a entrar! Dijo la terca de la Lluvia.
-Chale... yo
no voy, capaz que se me aparece un fantasma, o una bruja peor que esta, dijo
“la Profe” mirando a “la Bruja”, mientras esta apretaba la mano de “la Profe”.
-Par de
miedosas, contestó la Micaela.
De por si yo
ya estaba muerta de miedo nomás de escuchar la historia y digo que no se me hace
buena idea que entremos, contesté.
-¿Otra más?
Preguntó la Lluvia.
-¡No seas
coyona! De veras. ¿Ya vas a empezar con tus cosas? Preguntó “la Bruja” bien
enojada.
-¿Pa qué
chinteguas dije nada? Pregunté toda asustada.
-Ya calmerón
la pelea, dijo “la Chofis”. No va a entrar nadie, no hay bronca.
Me tuve que
empinar una botella de agua que traía pa calmarme los nervios.
-Bueno pues,
entremos, pero la primera que tenga miedo, nos salimos. ¿Sale? Ya no se
preocupen, yo las voy a cuidar. Dijo “la Profe”.
-Bueno.
Dijimos todas y entramos rápido.
Pa no hacerles más largo el cuento,
cuando entramos nos asustamos un poco al principio. La casa estaba bien oldi,
parecía que tenía como 100 años. Lo más padre fue descubrir un cofre escondido
en un closet de uno de los cuartos de la casa. Parecía que alguien nos estaba
dando la bienvenida porque había un montón de luces encendidas y estaba bien
decorado todo. Fue muy curioso cuando aparecían de repente nuestros nombres en
una cartulina pegada a la puerta principal de la casa, y el mío primero que
todos.
- ¡En la torre! ¿Qué pues con estos
fantasmitas? Preguntó “la Profe” toda extrañada.
-Pos la neta que no entiendo nada. Dijo
“la Bruja”.
-Yo menos. Contestó “la Chofis” mientras
miraba un letrero en el cofre que decía: “Han encontrado por fin el tesoro de
esta casa. Seguramente nadie les dijo que la persona que encontrara el cofre es
dueña de todo lo que guarda dentro. Esa eres tú, Claudia”.
-¿Qué? Exclamó la Lluvia dirigiéndose a
mí: ¿Pero cómo saben tu nombre?
-Sepa la bola: Respondí abriendo el
cofre.
-¡Híjole! ¿Ya ves? Y eso que estabas
muerta de miedo antes de entrar. Dijo la Micaela.
Todas nos reímos. Volví a leer el
letrero y decía que podía compartir con mis amigas lo que estaba dentro del
cofrecito.
Llegamos a mi cantón y le contamos a mi
mamá lo que nos había pasado. Repartimos lo que estaba en el cofre y nos
despedimos, lo escondí en mi cuarto y me fui a dormir después de darle algo de
dinero a mi mamá.
-Así se acaban nuestros problemas, me
dijo sonriendo y dándome un beso.
Días después, me volví a encontrar a la señora que me contó la
historia y le dije todo lo que me había pasado.
-Puras tonterías, contestó la señora.
-¡Neta que es cierto! Contesté mientras
le enseñaba una pulserita que había encontrado en el cofre. ¿Lo ve? Además, en
ese cofre decía mi nombre, con eso de que yo fui la primera que lo vi...
-Pues te aventuraste, querida. Dijo la
señora.
Nos despedimos y yo me fui de volada pa
mi cantón bien feliz de la vida. Esto nunca lo voy a olvidar.
Autora: Luz del Carmen León Wido.
Mexicali, Baja California, México.