LA EVOLUCIÓN BIOLÓGICA

 ANTECEDENTES

En nuestro planeta habita una enorme diversidad de especies de vegetales y animales. La idea de una creación instantánea o fijista y la idea de una lenta evolución o transformista son las dos teorías que a lo largo de la historia humana se han propuesto para explicar esta diversidad entre los seres vivos.   La primera de estas ideas o teorías, la fijista, establecía (y establece todavía) que las distintas formas de vida surgen de un acto creador instantáneo. Las características de los seres vivos originados de esta manera permanecen inmutables a través del tiempo. Durante el florecimiento de la cultura griega, en tiempos de Platón y Aristóteles, es cuando esta idea de una creación divina se va popularizando. Unos 2000 años después, el naturalista francés George L Cuvier, (1769 – 1832) elaboró la teoría del catastrofismo que no es más que una variante de la idea del creacionismo. Al estudiar este francés las diferentes capas geológicas descubrió fósiles que pertenecían a animales muy diferentes entre sí, y que ya no existían. Esto Cuvier lo interpretó en el sentido de que grandes cataclismos como inundaciones, terremotos o erupciones volcánicas causaban la desaparición total de los organismos que vivían en determinada época geológica; entonces, en un nuevo acto de voluntad divina, aparecían nuevas formas de vida que reemplazaban a las extintas y repoblaban otra vez la Tierra. Según esto, no sólo hubo una creación divina sino varias creaciones periódicas cuyas especies creadas cada vez permanecían inmutables.

   Un poco antes, en 1758, el naturalista sueco Carlos Linneo en su obra systema naturae, había presentado una idea para clasificar los seres vivos según sus características semejantes o distintas. Esta clasificación recibió el nombre de nomenclatura biominal, y resultó tan útil que a la fecha se sigue empleando en el campo de la biología. Sin embargo Linneo mismo era un fijista convencido que no prestó atención a las ideas transformistas que ya desde el siglo VI a. de C. los naturalistas griegos Anaximandro y Empédocles habían propuesto ante la escuela Jónica griega. En ese entonces la idea transformista fue totalmente ignorada por falta de pruebas experimentales y porque contradecía las creencias religiosas de la época. Al parecer hasta los tiempos de Linneo la mentalidad de la humanidad sobre este tema no había cambiado en absoluto.

   De hecho, hasta antes de 1859, año en que se publicó “Sobre el origen de las especies” de Charles Darwin, el mundo occidental — incluyendo a los científicos— aceptaba la creencia en la inmutabilidad de las especies. Pero conforme las evidencias sobre la basta antigüedad del universo y de la Tierra se acumulaban, la versión bíblica sobre la creación tuvo que ser reinterpretada. La exégesis literal en muchos aspectos ya no tenía cabida pero de algún modo siempre era posible hacer compatibles las creencias religiosas con los hechos que la ciencia iba descubriendo. Lo cierto es que muchos de los más fieles interpretadores literales de la Biblia tuvieron que admitir que, entre la creación original de la vida y la creación del jardín del Edén, había eras geológicas inmensas.

   Ya la humanidad con la mente más abierta, la idea transformista encontró un camino más despejado y fue Jean Baptiste de Lamarck (1744- 1829) uno de los pioneros en el desarrollo de la Evolución Biológica; En su obra filosófica, publicada en 1809, expuso su doctrina donde afirmó que las especies descendían de otras más primitivas mediante un mecanismo de adaptación que llamó la herencia de los caracteres adquiridos. Según Lamarck los individuos podían transformar sus órganos o las partes de sus cuerpos mediante el uso o desuso de los mismos, siendo que estas mejoras adquiridas para enfrentarse al medio adverso en que vivían podían transmitirlas o heredarlas a sus descendientes. De este modo, las especies a través del tiempo se iban transformando, mejorando, evolucionando. La teoría de Lamarck, desde luego, resultó errónea en lo esencial ya que como todo el mundo sabe los caracteres adquiridos no pueden ser transmitidos a la descendencia. Sin embargo sentó las bases para que sus predecesores pudieran hacer sobre este asunto un mejor trabajo.

   Y de entre todos sus predecesores fue Charles Darwin quien hizo el mejor trabajo. El propio abuelo de Darwin, Erasmus Darwin (1731-1802) había sido también un pionero, incluso anterior a Lamarck, en la idea de la evolución biológica. Erasmus ganó cierta fama debido al éxito de una serie de poemas enciclopédicos que escribió sobre botánica. Fue tal su éxito que a continuación decidió escribir sobre el reino animal, esta vez en prosa, titulado Zoonomía, o las leyes de la vida orgánica. En él formulaba esta pregunta profética:

Si, en primer lugar, aplicamos nuestras mentes a los grandes cambios que vemos producidos naturalmente en los animales después de su nacimiento, como la producción de la mariposa a través de la oruga reptante o de la rana a partir del renacuajo subacuático; Si, en segundo lugar, pensamos en los grandes cambios introducidos en varios animales por el cultivo artificial, como los caballos o los perros ...;Si, en tercer lugar, pensamos en las grandes similitudes de estructura que se dan en todos los animales de sangre caliente así como en los cuadrúpedos, aves, animales anfibios y en la humanidad, ¿Sería demasiado audaz imaginar que todos los animales de sangre caliente han surgido de un filamento viviente o arquetipo primitivo?

   No hay duda que Erasmus Darwin andaba tras una buena pista para descifrar el fenómeno de la evolución biológica. Pero para convertir una pista en un descubrimiento contante y sonante, aparte de talento, hace falta pagar un elevado precio en estudios metódicos que  implican mucho esfuerzo y mucho tedio. Erasmus no estuvo dispuesto a pagar ese precio. Iba a ser su nieto, Charles, quien habría de mostrar la decisión de pagarlo peso sobre peso.

 

   Según encuestas relativamente recientes (1982 y 1988) hechas en Estados Unidos, el 44% de los estadounidenses era partidario de la afirmación: "Dios creó al hombre muy parecido a su forma actual en algún momento de los últimos diez mil años" Solamente el 9% era partidario de la afirmación: El hombre se ha desarrollado durante millones de años a partir de formas de vida menos avanzadas. En otra encuesta realizada entre 43 diputados del Congreso de los E.U. el 88% pensaba que la teoría moderna de la evolución tiene una base científica válida, pero menos de la mitad fue incapaz de decir, ni siquiera aproximadamente, cuál podría ser la idea básica de la evolución. Y para no hacer el cuento largo, todavía en 1980, dos estados de la Unión Americana, Arkansas y Louisiana, promulgaron leyes que obligaba a enseñar creacionismo en las escuelas públicas donde se enseñara el evolucionismo. En 1987 la Suprema Corte de Justicia de ese país declaró esas leyes inconstitucionales. Pero a pesar de esta revés los creacionistas distan mucho de ser una especie extinguida y continúan presionando para que el creacionismo se enseñe en las escuelas públicas. Sobre las  escuelas privadas sobra hacer comentarios.

   Si en México (o en cualquier otro país del mundo) ya en pleno año 2000, realizáramos encuestas similares, no encuentro yo motivo para pensar que, en la mayoría de los casos, se lograran cifras que reflejen un fanatismo menor al exhibido en el caso de los norteamericanos. Ante esta situación, el ateo, para convencer a los creyentes de mente amplia, debe ser capaz de explicar las ideas básicas del fenómeno de la evolución biológica, siendo que esta es, no la única, pero sí uno de los principales pilares del ateísmo.

   Estas bases de la evolución biológica se explican bajo los siguientes hechos y conceptos, pero conviene recordar cual es el propósito del ateo antes de proceder a explicarlos. Lo que se trata de demostrar aquí es que las especies no son inmutables ( con todas sus implicaciones inherentes)  lo cual es la idea que Darwin trajo al mundo y que contradecía la postura religiosa de ese entonces y, en lo fundamental, del presente también. Lo que Darwin afirmó es que la diversidad observable en las especies modernas se originó de antepasados cada vez más primitivos, a través de un lento proceso natural que llamó precisamente selección natural. Según este proceso, — que tomó millones de años en realizarse y que se sigue realizando — todos los mamíferos y todas las aves surgieron de algunas especies de reptiles, las cuales a su vez surgieron de algunas especies de anfibios, los cuales a su vez surgieron de algunas especies de peces, etc., etc. Esta aclaración  no está fuera de lugar porque en la actualidad, cuando en el mundo científico el fenómeno de la evolución biológica está considerado como un hecho, todavía existen personas, aún fuera del ámbito religioso, que se pueden considerar como detractores de la teoría de Darwin. Tal es el caso, por ejemplo, del alemán R. Goldschidt quien postula una teoría de la macromutación, donde se argumenta que  la evolución biológica no siempre obedece a un lento y gradual proceso como afirmaba Darwin, o que la selección natural no es el único agente que interviene en el proceso evolutivo. Pero esto, aún en el caso de ser cierto, lejos de desacreditar la idea central evolutiva de Darwin, por el contrario la robustece, porque lo que hace es confirmar que las especies, efectivamente, se transforman. Nadie niega que en la teoría tal y como Darwin la postuló se pueden encontrar algunos  errores serios y bastantes inexactitudes. Darwin, al igual que Lamarck y su abuelo Erasmus, creía que los caracteres adquiridos podían heredarse. Y es que en los tiempos de Darwin las leyes de la herencia de Mendel no se conocían. (Y por supuesto, el término genética todavía ni siquiera se acuñaba) Pero se necesita ser un tonto de tiempo completo para suponer que alguien puede descubrir algo con una precisión o exactitud tal que no deje nada por descubrir sobre eso mismo para las generaciones posteriores. Si lo que quieren decir los apologistas del creacionismo es que la teoría de Darwin es objetable en algunos puntos, no hacía falta que lo dijeran. Pero si lo que pretenden estos creacionistas es usar las inexactitudes de Darwin como un trampolín y de un brinco concluir que la idea de la evolución es inválida, entonces estoy seguro que el calificativo de "tonto de tiempo completo" le viene bien al partidario del  creacionismo. Es como si un partidario de la idea geocentrista, (de que el sol y los planetas giran alrededor de la Tierra, y que ésta es el centro del universo) argumentara que el geocentrismo sigue firme en razón de que la idea heliocentrista de Copérnico (quien afirmó que era la Tierra quien giraba alrededor del sol y que éste era el centro del universo) resultó ser una idea enteramente errónea ya que, efectivamente, ¡El sol tampoco es el centro del universo! Dicho esto podemos pasar a explicar las bases de la evolución biológica:

 


 

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