INCOHERENCIA CONSUETUDINARIA.
Argumentar con una persona que ha renunciado a la lógica,
es como dar
medicina a un hombre muerto.
-- Thomas Paine --
Enseguida tenemos a los INCOHERENTES CONSUETUDINARIOS. Charles Sanders dice que todo problema, no importa cuan abstracto sea, surge de algún tipo de conflicto entre una creencia y una situación respecto a la cual la creencia parece inadecuada. De este choque entre situaciones y creencias que no armonizan es de donde aparece la sombra de la duda, en la forma de una irritación o incomodidad. Y de la lucha para eliminar esta incomodidad es como puede surgir el deseo de indagar o investigar. William James expresa esta misma idea de la siguiente manera:
Cada individuo tiene un repertorio de ya viejas opiniones, pero se encuentra con una nueva experiencia que lo pone en tensión. Alguien lo contradice o, en un momento reflexivo, descubre que sus creencias se contradicen, o escucha acerca de hechos con los cuales dichas creencias resultan incompatibles. El resultado es una duda interior que no había aparecido antes en su mente y de la cual busca escapar modificando su conjunto previo de opiniones. Él salvara tanto como pueda de dicho conjunto, porque en cuestión de creencias tendemos a ser muy conservadores...
Hasta los quince o dieciséis años mi “ repertorio de ya viejas opiniones” respecto a la religión era fundamentalmente el mismo, suponía yo, que el de cualquier otro creyente del mundo civilizado. Sin darle muchas vueltas al asunto por considerarlo como "cosa conocida", yo no abrigaba dudas sobre el hecho mismo de la existencia de Dios, ni sobre el hecho que la creencia en Dios fuese una conquista de nuestro intelecto ( algo así como el máximo secreto que la mente humana arrancaba a la naturaleza del universo); tampoco ponía en tela de juicio qué más que la inteligencia y más que la moral, la religiosidad constituía el máximo motivo de orgullo para nuestra especie: la religión, la creencia en Dios, era lo que más separaba al hombre del resto de los seres vivos... Sin embargo, siguiendo las concepciones de Sanders y James, nuevas experiencias, o momentos de reflexión, me condujeron eventualmente a estimar como inadmisible a este repertorio de creencias religiosas.
Algunas de mis sospechas comenzaron desde mucho antes sólo que yo no tuve conciencia inmediata de ello. Pero, en mi caso personal, fueron mi incapacidad de encontrar diferencias fundamentales entre supersticiones y religiones, y el hecho de que cada religión reclamaba la prerrogativa de ser la única verdadera (siendo que yo tampoco hallaba nada especial en ninguna de ellas), las primeras situaciones de contradicción que, ya en el ámbito consciente, me produjeron recelo o inquietud. Puedo asegurar a mis lectores que las concepciones de Sanders y James funcionaron en mí.: me puse a investigar para aclarar este asunto de la creencia en Dios.
Pero acerca de estas concepciones de Sanders y James algo que cabe precisar es, ¿ por qué de un conjunto de individuos sólo algunos desarrollan dudas ante una situación de incongruencia específica y otros no, y dentro de los que desarrollan dudas sólo algunos se sienten suficientemente estimulados a indagar y otros no ? La respuesta, desde luego, es que la reacción ante la contradicción depende de los intereses, de los conocimientos, o de las capacidades reflexivas de cada cual. Definitivamente no todos tenemos las mismas aptitudes ni el mismo interés para jugar ajedrez o para tocar el piano. Por cuanto al asunto que nos ocupa, si nos atenemos a las estadísticas de opinión en materia religiosa, es fácil constatar que la gran mayoría de las personas no modifican sustancialmente sus creencias a lo largo de sus vidas. Quién nace judío, cristiano o musulmán, muere siendo judío, cristiano o musulmán. Lo mismo sucede, claro está, con los practicantes de cualquier otra religión del mundo, sea grande como el hinduismo, o pequeña como la de algún grupo de aborígenes australianos. Si son pocos los que se deciden a cambiar de religión o a sustituir un Dios por otro, somos aún muchos menos los que nos hemos resuelto a deshacernos por completo de nuestras creencias religiosas.
Debo aquí comentar que elaboré un cuestionario de 100 enunciados sobre la creencia en Dios y lo apliqué principalmente a estudiantes de preparatoria, universitarios y profesionistas de diversas carreras. Los resultados, aunque ya esperados, no dejaron de ser algo sorpresivos porque me parece que siempre es posible ver con mayor claridad lo que uno cree conocer muy bien. Por principio de cuentas estos resultados me hicieron admitir que en la mente humana cabe más incoherencia de la que yo había imaginado. Resultaría ocioso y recargado hacer un resumen de las contradicciones que el análisis de los resultados del cuestionario reveló. Invito al lector a que practique el cuestionario y se cerciore por sí mismo de que las incongruencias están a la orden del día. Señalaré, sin embargo, que lo que el cuestionario reveló más notoriamente, es que la creencia en Dios es esencialmente un asunto de pura costumbre, un cliché, un estereotipo. Por ejemplo en la posición 40., ( Dios es un ser dotado de conciencia, voluntad, inteligencia, moral y sentimientos), la gran mayoría respondió: Estoy de acuerdo, una minoría declaró: No sé, y todavía un número menor de encuestados manifestó: No estoy de acuerdo. Lo significativo de esto es que a pesar de esta diversidad de respuesta en la posición 40., hubo una virtual uniformidad de opinión en todos los encuestados en las siguientes posiciones: Estoy de acuerdo; 9 (Dios es amor); 24. (Dios es omnipotente; todopoderoso); 30. (Desear a la mujer de tu prójimo es ir contra la voluntad de Dios); 27 (rezar facilita que Dios pueda escuchar y favorecer nuestros ruegos o súplicas); 69 (Dios perdona; es misericordioso); y 77. (Dios es omnisapiente; todo lo sabe); Y en contestar No estoy de acuerdo a la posición 12 (Dios es capaz de odiar), 32 (Dios es indiferente si los seres humanos creen o no creen en Él); 76. (La ira de Dios será terrible contra aquellos que traten de falsos a sus profetas), 86. (Dios es insensible o indiferente a las necesidades o a la suerte de los seres humanos); y 91 (Dios es vengativo; su maldición caerá sobre los infieles). Otras respuestas tipo cliché donde casi todos estuvieron de acuerdo fueron: 37. (Dios es eterno); 46. (Dios creó al universo de la nada); 62. (Dios es perfecto); y 67 (Dios creó al hombre a su imagen y semejanza).
Es decir, lo que mantiene las creencias religiosas como están es lo que le metieron en la cabeza a las personas cuando eran niños. Hubo también contradicciones abiertas como por ejemplo respondiendo no estoy de acuerdo tanto a la posición 7 (La admirable complejidad de un organismo vivo demuestra la existencia de Dios), como a la posición 21 (La vida pudo haberse creado sin la necesidad de algún Dios), etc. Podemos explicar y resumir toda esta incoherencia con el comentario de una química a quien se le hicieron ver algunas de sus contradicciones y se le comentó que el cuestionario se estaba aplicando sólo a personas de cierta preparación: “letrados o analfabetos casi nadie nos ocupamos de reflexionar acerca de nuestras creencias religiosas”. O como química que es, también pudo haber dicho: “el agua y el aceite no se mezclan; la lógica y las creencias religiosas tampoco”.
Aquí lo que yo me pregunto como ateo es, ¿Quién es más difícil de "pelar", un necio recalcitrante o un incoherente consuetudinario? Porque, ¿Cómo convencer al creyente que reacciona con total indiferencia o desinterés ante lo que son las argumentaciones y los razonamientos? Parece evidente que hay seres humanos a quienes el pionero del ateísmo debe dejar de lado.