Los animales no tienen religión. Desde luego. Los seres humanos sí la tenemos. Por supuesto. Pero, ¿significa esto que la religión nada tiene que ver con la naturaleza animal? ¿ No es el hombre también un animal? ¿ No compartimos hombres, lobos y babuinos una vida  gregaria, disposiciones heredadas jerárquicas de dominación y sumisión, y de solidaridad hacia los miembros de nuestro propio grupo social? ¿No vivimos hombres y animales en el mismo mundo inhóspito , al que tememos por igual?  ¿No es el hombre, sin que de esto quepa duda, el único animal consciente de lo hostil e incomprensible que es el mundo en el que habita? ¿No somos acaso, los seres humanos,  los únicos animales que tenemos que vivir con la angustia de saber lo que la muerte significa, y que nuestra muerte es una certeza inevitable? 

LA FISCALÍA

 


 

PREFACIO.

Dentro de su historia  reciente y contemporánea, el hombre ha sido testigo y  protagonista central, víctima y verdugo, juez y parte, en una serie de luchas contra atrocidades, discriminaciones y  prejuicios, que de muy variadas formas se han presentado en su vida comunitaria. Es posible que el canibalismo se practique todavía en algún lugar  remoto. Pero podemos dar por descontado que entre la gente civilizada ya nadie protestara porque se le prohíba comer carne humana. La esclavitud, al estilo clásico, fue  erradicada de nuestras vidas apenas el siglo pasado. Y aunque es seguro que no faltara  quienes secretamente vean  esto como una inconveniencia, es patente el hecho que en la casi totalidad de las personas ya se ha consolidado una postura anti-esclavista de modo irreversible. Los racistas son hoy en día, sin duda alguna, aún bastante  numerosos y muchos de ellos no tienen reparos en declararse abiertamente como tales. Sin embargo, por numerosos que sean,  al considerar la humanidad en su conjunto, constituyen ya decididamente una minoría. Sabiamente, cada vez se observa más tolerancia entre las diferentes razas y las diferentes culturas que  compartimos, nos guste o no,  el mismo espacio en que vivimos... Es decir, que si de algo podemos estar seguros es que los seres humanos a lo largo de la historia hemos ido dejando de lado las atrocidades, las discriminaciones y los prejuicios; nuestra vida social es cada vez más armónica; hemos  ido  progresando.

Por supuesto que la batalla contra el racismo no es la última que se ha librado dentro del seno de la familia humana. El llamado movimiento de liberación femenina tiene sólo unas décadas de haberse iniciado y dista mucho para que pueda decirse que la opresión hacia las mujeres por parte de los hombres ya llegó a un final satisfactorio. Pero al igual que en los otros movimientos sociales mencionados,   hay motivos para pensar que todo cambio en el futuro es sólo para mejorar. Y podría pensarse que este movimiento  de liberación femenina constituyó la última forma de discriminación socialmente practicada y aceptada. Los movimientos ecológicos de protección a la fauna silvestre y a los animales en general, nos hacen ver que  no fue así. A muchos  podrá parecerles que  hemos llegado demasiado lejos, (yo no me cuento entre ellos) pero el hecho es que en algunos países los animales ya tienen derechos legales y  tampoco podemos pensar que en estos  países que han legislado a favor de los animales se vaya a dar marcha atrás. Lo más probable es que las naciones que no lo han hecho,  al corto o al  largo plazo, se sumen a esa directriz así sea sólo para guardar las apariencias y no pasar por  pueblos  de  ”bárbaros o salvajes”. Lo diré otra vez, el ensanchamiento de nuestros horizontes intelectuales y  morales es innegable; el hombre se ha superado.

Nada más alejado de la verdad pretender que esto conforma una lista completa de las luchas intestinas que el hombre ha librado en su vida social. Estas batallas son en realidad de muy variada naturaleza y la lista sería de hecho interminable. Con el tiempo desaparecen unas y aparecen otras. Esta página web trata sobre una forma de oprobio y opresión que muy pocos han sabido admitir como tal.  Me refiero al asunto de la religión y de la creencia en la existencia de Dios. La religión y la creencia en la divinidad se puede decir que se presentaron en la vida del hombre al mismo tiempo que éste emergió de la mera animalidad. En ese entonces y hasta hace poco la religiosidad o la creencia en lo sobrenatural no constituía, desde luego, un problema social sino que por el contrario es muy dudoso que, sin estas creencias en lo sobrenatural, el hombre hubiera podido llegar a donde está. El hombre necesitaba agarrarse de algo para hacer su mundo menos aterrador, menos incomprensible y más dócil y manejable de lo que era en realidad. Pero esto estuvo bien para un hombre embrutecido y falto de recursos. En nuestra época ya no necesitamos del consuelo de la religión, ni de la creencia de que el mundo es como un gran teatro titiritero donde algún dios es el responsable de la vida y suerte del ser humano y del universo entero.          

Toda forma de abuso, discriminación o prejuicio implica, aparte de los obvios daños físicos o mentales, un agravio a la dignidad moral e intelectual de los perpetradores. Los chimpancés, que son nuestros parientes vivos más cercanos— y que dicho sea de paso, tienen también  sus virtudes—, practican el canibalismo, principalmente infantil, atacan o llegan a matar al individuo  que no es de su propia banda o grupo, y no es raro que golpeen brutalmente a las hembras por el menor motivo. Los chimpancés no han progresado socialmente  pero ellos no tienen ninguna dignidad que salvaguardar. Nosotros, si estamos interesados en ser algo más que sólo los animales más  inteligentes,  sí la tenemos.

No son muchos todavía, ciertamente, los que han logrado reconocer el hecho de nuestro origen animal, y  el impacto que nuestra naturaleza animal tiene en nuestra conducta y en nuestra manera de ser y de pensar. Vanidad humana. La mayoría de las personas por cuyas venas corre sangre de teólogo aún negarán que en nosotros  exista en absoluto una naturaleza animal. Sé que muy pocos, ya lo mencioné, han logrado reconocer que la creencia en Dios pueda considerarse como algo socialmente nocivo o pernicioso. Y de estos pocos todavía menos han  sabido admitir el vínculo existente entre  la religiosidad con nuestra naturaleza  animal gregaria. La inmensa mayoría de los seres humanos  se reirá incluso de que se pretenda que la religión o la creencia en Dios tenga algo que ver con nuestra herencia animal.  Esto no es motivo de sorpresa ni de preocupación para nadie que esté familiarizado con lo que es un   {movimiento de liberación social} . Porque todos estos movimientos empiezan siendo  acaudillados por  una minoría que siempre tiene que soportar las burlas o las miradas de reproche de las mayorías hasta que— si el movimiento es viable y tiene con que salir adelante— la situación se invierte. Dicen que el que ríe al último ríe mejor. Aunque esto no trata de risas ni de recriminaciones sino de progresar y superarse. Y en nombre del progreso  puedo asegurarles que la  creencia en la existencia de Dios está más íntimamente vinculada a nuestra condición animal de lo que nos gustaría reconocer, y que como veremos dicha creencia sí representa un insulto a la dignidad moral e intelectual del ser humano.  Y eso es lo que me propongo demostrar en esta página web porque creo que la especie  humana  ya ha madurado lo suficiente para que pueda empezar a  liberarse  de la creencia en  dioses y demonios. La semilla  de la REVOLUCIÓN DEL ATEÍSMO ya está sembrada entre nosotros y sólo el tiempo dirá cuanto tardará  en  rendir sus frutos.

 


BUZÓN

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