Me sorprende que la creencia en la existencia de Dios sea todavía tan fácilmente aceptada cuando vivimos en una época de viajes espaciales y mapeos genéticos. Cuando uno piensa en lo avanzado de la tecnología moderna — y en la inteligencia y sabiduría que se requiere para haberla engendrado — es difícil entender cómo semejante mito ha podido sobrevivir en la mente de seres que han más que demostrado su capacidad de razonar. Cualquiera podría pensar que los hechos son tan evidentes que la idea de un Dios antropomórfico y antropocéntrico debería estar extinta desde hace ya mucho tiempo. Seguramente las próximas generaciones compartirán este asombro cuando este problema haya sido ya resuelto y Dios ocupe el lugar que le corresponde en los museos y en el reino de la fantasía.
- SIR GEORGE WEBSTER -
¿Quiénes somos nosotros? La respuesta a esta pregunta no es sólo una de las tareas de la ciencia sino su tarea.
- ERWIN SCHRÖDINGER -
EL PROBLEMA.
Pregunto a mis lectores cibernéticos: ¿Será posible demostrar, fuera de toda duda razonable, que la creencia en Dios, de cualquier Dios, carece de fundamento?
Yo
soy ATEO. Me he enterado, por este medio electrónico, de movimientos en España,
Colombia y otros países del mundo hispano, que luchan contra la creencia en la
existencia de Dios. La publicación de esta página web no es sino la
materialización de mi deseo de sumarme a estos movimientos y a esa lucha. Me
apresuro a señalar que sé muy bien que la mayoría de las personas pensará
que tal lucha es demasiado ambiciosa y que está condenada al fracaso. Según la
sabiduría popular, la naturaleza de Dios representa un misterio, un problema
insondable a la mente humana; Pretender demostrar que Dios no existe se
considera sencillamente como un disparate gratuito e infundado. Sin embargo,
alguien dijo que para resolver la mitad de un problema muchas veces basta con
dar con una hipótesis preliminar adecuada. Y a nosotros los ateos nos parece
una hipótesis preliminar muy adecuada la relativa a que Dios es una invención
del hombre. Si aunque sea por un momento damos crédito a esta hipótesis,
si Dios es en realidad sólo un invento humano (y sobre este punto
habremos de hacer posteriormente algunas aclaraciones), entonces desentrañar la
naturaleza de lo divino quizá no sea un problema tan complejo o irresoluble.
Estaríamos, básicamente, ante un problema de tipo totalmente doméstico: Un
humano tratando de explicar lo que otros humanos han creado en su imaginación.
Nosotros, como divulgadores pioneros de una revolución ideológica, somos pues, parodiando el lenguaje de los propios creyentes, { misioneros del ateísmo}; { Nuestra misión es la de convertir a aquellos que, buscando el conocimiento de lo humano y su universo, se han apartado, no obstante, del camino de la realidad, por tomar el atajo, ilusorio y aparentemente más fácil de transitar, de la magia, la superstición y la credulidad} Los ateos somos una minoría entre las minorías pero esto carece de relevancia: nos asiste la razón. Los creyentes se cuentan por miles de millones pero eso tampoco importa: todos ellos están equivocados.
Para convertir o convencer nosotros los ateos no nos apoyamos en nada que no sean argumentos lógicamente válidos y en hechos científicos bien establecidos. Pero a pesar del valor persuasivo que esto debe tener entre la gente pensante, y a pesar también de que los creyentes abundan en todos lados, los ateos estamos prevenidos, advertidos, de que no es fácil encontrar material humano a quien podamos demostrar que la creencia en Dios es insostenible desde cualquier punto de vista racional. Los creyentes se las arreglan de distintos modos, utilizan diferentes salidas, para ignorar olímpicamente los hechos o los razonamientos. Esto es lo que en los círculos ateos conocemos como los "artífices de la credulidad".