Una breve introducción
Tal vez a este libro no pueda otorgársele otro interés que el de documentar una experiencia de creación compartida entre dos escritores bastante disímiles. Hay a nuestro entender, sin embargo, algún poema que podría recibir modestamente un adjetivo de signo positivo, como por ejemplo Postal azul, Trampa, o En tus caderas.
Debemos reconocer que el único caso que exceptuamos ignorar de experiencias similares es el de "Los Campos Magnéticos", de André Breton y Phillipe Soulpault, y poco podríamos decir del mismo a excepción de parecernos ininteligible, aunque cierto es que no podía esperarse otro resultado de un experimento de pura libre asociación.
En el caso de "Fotodioses", creemos que sus autores pueden tener la satisfacción, cuando menos, de dar a conocer un conjunto de poemas que ofrecen a sus lectores la posibilidad de atestiguar una experiencia cuyos resultados no se ven agotados en la experiencia misma.
En cuanto a la metodología empleada sólo podemos confesar la falta de tal. La relación creativa entre ambos estuvo signada desde el principio por una espontánea generosidad. Era común que uno de nosotros presentara al otro un texto nuevo y le dijera: "Te lo regalo; es tuyo. Ahora lo escribiste vos". Eso, que podría presumirse una excentricidad, fue una actitud sincera que nos permitió, partiendo de un título propuesto por Mariana Laméndola, llegar a un resultado en común, que aquí exponemos.
Una lectura atenta podría revelar la autoría de algunos poemas, pero si nuestro intento no se vio transformado en un acto fallido, esa tarea no debiera resultar fácil a nadie. Mariana era, hacia 1990, una lectora infatigable de William Burroughs, de Tolkien, de Anïs Nin; el coautor era más afín a la lectura de Cortázar, de Carroll, de Ducasse. Otros entusiasmos que marcaban nuestra distancia eran por Hendrix, Zappa y King Krimson tratándose de la primera, y por Caetano Veloso, Jaime Roos, Silvio Rodríguez y Zitarrosa en el caso del segundo. Nos acercarían más las preferencias cinéfilas: "Las alas del deseo", "Rapsodia en Agosto", "Fanny y Alexander", "Ciudadano Kane", "El cocinero, el ladrón, su mujer y el amante".
Sólo nos interesa hacer una anotación: el lenguaje del libro ha causado cierto estupor en algunos que lo atestiguaron. Por ejemplo, en el caso del poema que inaugura el conjunto ha incomodado una imagen sexual demasiado explícita, lo que derivó en comentarios de la misma índole, tal vez, que el del crítico censor de Saúl Pérez Gadea por incluir en su Homo-Ciudad "expresiones que obran con todo graficismo, con su sucia materialidad" haciendo referencia a la inclusión en el poema de la palabra "waterclosets". Curiosamente el rechazo iba acompañado de la presunción errada de que no era Mariana la autora. La potencia erótica de la imagen parecía adecentarse ante el dato si era revelado.
Sólo en caso de éste y del poema Avisos, que fuera publicado ya con anterioridad por Diego Techeira se le concederá al lector la posibilidad de conocer al autor; el intento del libro difiere de eso.
Si no otra cosa, queremos aportar por lo menos un indicio de que la creación poética puede unir espíritus disímiles, como una evidencia más de que la libertad en la poesía es un axioma y que entre las libertades mayores a las que podemos aspirar se nos presenta la de descargar nuestras espaldas de esa demagógica y autocomplaciente imagen del mundo que lleva al ego como pilar.
Mariana Laméndola - Diego Techeira
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