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Sylvia Plath Versiones de Diego Techeira
EL COLOSO
Nunca llegaré a restaurarte por completo Remendado, encolado y correctamente articulado. Rebuznos de mula, gruñidos de cerdo, atroces cacareos Se desprenden de tus enormes labios. Es peor que un corral.
Acaso te consideres un oráculo, Voz de la muerte o de alguno que otro dios. Treinta años hace que vengo luchando Por dragar el cieno de tu garganta. Pero me falta habilidad.
Por una escala y con un pote de cola Soy una hormiga que recorre en la mañana Acres de malas hierbas por tu frente Para enmendar tu cráneo gigantesco y despejar los calvos, blancos túmulos de tus ojos.
Un cielo azul de Orestíada Se arquea sobre nosotros. Oh, padre, por ti mismo Eres esencial e histórico como el Foro Romano. Emprendo mi almuerzo en el monte de cipreses. Tus resquebrajados huesos y acantados cabellos
Se esparcen con antigua anarquía Hasta el borde del horizonte. Se precisa Más de un rayo para crear tanta ruina. Por las noches me agazapo En la cornucopia de tu oreja izquierda
Contando estrellas rojas o color ciruela. El sol se alza por detrás del pilar de tu lengua Y mis horas son cónyuges de la sombra. Ya no presto oídos al roce de la quilla Contra el pedregal de la costa.
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