DIEGO  TECHEIRA

DUCASSE o LA PROFANACIÓN RETÓRICA


A contracorriente de las teorías bastante difundidas de los orígenes biográficos de la violencia en el lenguaje literario de Ducasse, el presente artículo, escrito en 1996 como adelanto del libro "LAUTRÉAMONT, La Construcción Permanente", por entonces en preparación, asume una orientación crítica apoyada en la discusión retórica propuesta por el poeta en su propia obra.



        Existe una marcada tendencia de la crítica a asociar la violencia de Los Cantos de Maldoror a la biografía de Ducasse. Una obra que no ofrece posibilidades de aprehensión, imposible de adaptar a una comprensión sistematizada y racional, a una lectura académica, una obra que "incita al delirio del lector porque lo contamina de su propio discurso" (1) y en la que la metamorfosis es la única constante, se plantea, ante los ojos del investigador, como un desafío tentador, pero ante el sistema que se emplee únicamente como causa de frustración.
        Tan desalentadora perspectiva ha conducido a los "especialistas" a alentarse a través de la teoría de los orígenes biográficos de la obra, última posibilidad de reconocer en Los Cantos de Maldoror una representación, de hallarles una significación, un sentido, una justificación. Es sabido que críticos e investigadores por lo general buscan en las obras, metodológicamente,  cosas que a los artistas poco o nada interesan.
        Al dominio inicial, impuesto por León Bloy, de la imagen de un Ducasse "enajenado" que muriera recluido a causa de su locura, le han sucedido invenciones sicologistas y sicoanalíticas que no parecen haber contribuido demasiado más que a corroborar involuntariamente el planteo de Bloy y a limitar a la obra al punto de parecer, a través de dichas interpretaciones, contenida por un chaleco de fuerza.
        Los investigadores de orientación sicoanalítica han volcado en Los Cantos de Maldoror su catálogo completo de lugares comunes, lo que les ha permitido desarrollar un apéndice casi tan fantástico como la obra en sí, aunque literariamente vulgar. Podría resultarles mucho más provechoso aplicar sus métodos para realizar una investigación sicoanalítica de sus interpretaciones. La obra, bien leída, lo estaría pidiendo a gritos.
        Ducasse echa mano, explícita o implícitamente, de lecturas que preceden a la gestación de su obra, la cual se explica a sí misma permanentemente, se cuestiona, se propone discusión metalingüística. Resulta ocioso, así, cualquier acercamiento que no la enmarque en el contexto de la literatura y la retórica de la época para proyectarla hacia la discusión de lo literario y lo retórico en general.
        La publicación de una serie de artículos de Emir Rodríguez Monegal y Leyla Perrone-Moisés bajo el título Lautréamont Austral (2) abre una nueva perspectiva a la hora de apreciar tanto la obra como al autor. En el presente artículo es la primera la que interesa y respecto a la misma debemos reconocer que, a través de las citas de La Ilíada en traducción castellana de José Gómez Hermosilla (de la cual se sabe que Ducasse poseía un ejemplar) se nos permite pensar seriamente que las fuentes de la violencia de Los Cantos tienen más posibilidades de ser literarias que biográficas.
        Considerando que Ducasse fue propietario, además, de un ejemplar del tratado de retórica Arte de Hablar, cuyo autor es el propio Hermosilla, resulta importante considerar tanto a Los Cantos de Maldoror como a Poesías en relación a dicha disciplina.
        Es interesante, por ejemplo, comparar el siguiente pasaje del Arte de Hablar:

"Tratando el orador en el exordio de conciliarse la benevolencia de los oyentes, es claro que en él ha de procurar desvanecer cualquiera preocupación que aquéllos puedan tener contra su persona o contra la opinión que les haya de proponer"

con la introducción de Los Cantos de Maldoror:

"Quiera el cielo que el lector, enardecido y momentáneamente tan feroz como lo que lee, encuentre sin desorientarse su camino abrupto y salvaje a través de la ciénagas desoladas de estas páginas sombrías y rebosantes de veneno…"



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