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DUCASSE o LA PROFANACIÓN
RETÓRICA
A contracorriente de las teorías bastante difundidas de los orígenes
biográficos de la violencia en el lenguaje literario de Ducasse, el presente
artículo, escrito en 1996 como adelanto del libro
"LAUTRÉAMONT, La Construcción Permanente", por entonces en
preparación, asume una orientación crítica apoyada en la discusión retórica
propuesta por el poeta en su propia obra.
Existe una marcada tendencia de la crítica a asociar la violencia de Los
Cantos de Maldoror a la biografía de Ducasse. Una obra que no ofrece
posibilidades de aprehensión, imposible de adaptar a una comprensión
sistematizada y racional, a una lectura académica, una obra que "incita al
delirio del lector porque lo contamina de su propio discurso" (1) y en la que la
metamorfosis es la única constante, se plantea, ante los ojos del investigador,
como un desafío tentador, pero ante el sistema que se emplee únicamente como
causa de frustración. Tan
desalentadora perspectiva ha conducido a los "especialistas" a alentarse a
través de la teoría de los orígenes biográficos de la obra, última posibilidad
de reconocer en Los Cantos de Maldoror una representación, de hallarles
una significación, un sentido, una justificación. Es sabido que críticos e
investigadores por lo general buscan en las obras, metodológicamente,
cosas que a los artistas poco o nada interesan.
Al dominio inicial, impuesto por León Bloy, de la imagen de un Ducasse
"enajenado" que muriera recluido a causa de su locura, le han sucedido
invenciones sicologistas y sicoanalíticas que no parecen haber contribuido
demasiado más que a corroborar involuntariamente el planteo de Bloy y a limitar
a la obra al punto de parecer, a través de dichas interpretaciones, contenida
por un chaleco de fuerza. Los
investigadores de orientación sicoanalítica han volcado en Los Cantos de
Maldoror su catálogo completo de lugares comunes, lo que les ha permitido
desarrollar un apéndice casi tan fantástico como la obra en sí, aunque
literariamente vulgar. Podría resultarles mucho más provechoso aplicar sus
métodos para realizar una investigación sicoanalítica de sus interpretaciones.
La obra, bien leída, lo estaría pidiendo a gritos.
Ducasse echa mano, explícita o implícitamente, de lecturas que preceden a la
gestación de su obra, la cual se explica a sí misma permanentemente, se
cuestiona, se propone discusión metalingüística. Resulta ocioso, así, cualquier
acercamiento que no la enmarque en el contexto de la literatura y la retórica de
la época para proyectarla hacia la discusión de lo literario y lo retórico en
general. La publicación de una
serie de artículos de Emir Rodríguez Monegal y Leyla Perrone-Moisés bajo el
título Lautréamont Austral (2) abre una nueva perspectiva a la hora de
apreciar tanto la obra como al autor. En el presente artículo es la primera la
que interesa y respecto a la misma debemos reconocer que, a través de las citas
de La Ilíada en traducción castellana de José Gómez Hermosilla (de la
cual se sabe que Ducasse poseía un ejemplar) se nos permite pensar seriamente
que las fuentes de la violencia de Los Cantos tienen más posibilidades de
ser literarias que biográficas.
Considerando que Ducasse fue propietario, además, de un ejemplar del tratado de
retórica Arte de Hablar, cuyo autor es el propio Hermosilla, resulta
importante considerar tanto a Los Cantos de Maldoror como a Poesías
en relación a dicha disciplina. Es
interesante, por ejemplo, comparar el siguiente pasaje del Arte de Hablar:
"Tratando el orador en el exordio de conciliarse la benevolencia de los oyentes,
es claro que en él ha de procurar desvanecer cualquiera preocupación que
aquéllos puedan tener contra su persona o contra la opinión que les haya de
proponer"
con la introducción de Los Cantos de Maldoror:
"Quiera el cielo que el lector, enardecido y momentáneamente tan feroz como lo
que lee, encuentre sin desorientarse su camino abrupto y salvaje a través de la
ciénagas desoladas de estas páginas sombrías y rebosantes de veneno…"
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