Hermosilla sostiene en su tratado que "un pensamiento puede ser conforme a la naturaleza de las cosas, o no serlo. Si lo es, se dice que es verdadero; si no lo es, se dice que es falso. La regla relativa a estas cualidades es que en toda composición seria los pensamientos sean verdaderos y que se desechen los falsos, por brillantes que sean". Recurre seguidamente a ejemplos tomados de las obras de Plinio, Lope y Cervantes para mostrar aquello que no debe hacerse:

"Cervantes se descuidó también en esta parte alguna vez -dice el rígido profesor-. Contando Cardenio su historia (Quijote, parte I, capítulo XXVII)  dice:'Y en entrando por estas asperezas (las de Sierra Morena) del cansancio y de la hambre se cayó mi mula muerta; o lo que yo más creo, por desechar tan inútil carga como en mí llevaba'. Lo primero es cierto, lo segundo es falso y falsísimo. La pobre mula no sabía si la carga que llevaba era inútil o no; ni se murió por echarla de sí, sino por la falta de alimento. Y no se diga que Cardenio estaba loco, por que aquí se supone que habla en razón; ni que el Quijote es una obra jocosa, porque este pasaje es serio. Lo que hay que decir es que Cervantes pagó también tributo al mal gusto que iba ya introduciéndose cuando el escribió sus obras."

        Desde semejantes perspectiva ¿qué no hubiera censurado gravemente el retórico español de la obra de Ducasse? Consideremos, a modo de ejemplo el siguiente pasaje de los cantos:

"Hay horas en la vida en que el hombre de melena piojosa lanza, con los ojos fijos, miradas salvajes a las membranas verdes del espacio, pues le parece oír delante de si el irónico huchear de un fantasma. Él menea la cabeza y la baja: ha oído la voz de la conciencia. Entonces sale precipitadamente de la casa con la velocidad de un loco, toma la primera dirección que se ofrece a su estupor, y devora las planicies rugosas de la campiña. Pero el fantasma amarillo no lo pierde de vista y lo persigue con similar rapidez. A veces, en noches de tormenta, cuando legiones de pulpos alados, que de lejos parecen cuervos, se ciernen por encima de las nubes, dirigiéndose con firmes bogadas hacia las ciudades de los humanos, con la misión de prevenirles que deben cambiar de conducta, el guijarro de ojo sombrío ve pasar, uno tras otro, dos seres a la claridad de un relámpago, y, enjugando una furtiva lagrima de compasión que se desliza de su párpado helado, exclama: 'por cierto que lo merece: no es más que un acto de justicia'. Después de haber dicho esto, recobra su actitud huraña, y sigue observando, con un temblor nervioso,  la caza de un hombre, y los grandes labios de la vagina de sombra de donde se desprende incesantemente, como un río inmensos espermatozoides tenebrosos que toman impulso en el éter lúgubre, escondiendo en el vasto despliegue de sus alas de murciélago, la naturaleza entera, y las legiones de pulpos que se han vuelto taciturnos ante el aspecto de esas fulguraciones sordas e inexpresables."



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