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Es el propio Ducasse el que nos ofrece una puerta de acceso a su obra por esta vía: su relación con la norma retórica. En el canto IV, estrofa 2, la comparación entre dos pilares "que no era difícil, pero tampoco probable, tomar por baobabs" y dos alfileres, no sólo es realizada por Ducasse, sino además discutida:
"hay que advertir, además que aún cuando una potencia superior nos ordenara, en los términos más claramente precisos, arrojar a los abismos del caos la juiciosa comparación que todos han podido sin duda saborear con impunidad, aún en ese caso, y justamente en ese caso, no debe perderse de vista este axioma primordial, los hábitos adquiridos en el transcurso de los años, los libros, el contacto con sus semejantes y el carácter inherente a cada uno que se desarrolla en rápido florecimiento, impondría al espíritu humano el irreparable estigma de la recidiva en el empleo criminal (criminal si nos colocamos momentánea y espontáneamente en el punto de vista de la potencia superior) de una figura retórica que más de uno desprecia pero que muchos ponderan."
Este pasaje debió abrir los ojos de a crítica para orientar hacia un marco correcto las interpretaciones acerca del lenguaje empleado por Ducasse.tanto en Los Cantos como en Poesías, donde la discusión es más explícita, si bien la obra es, ciertamente, de una complejidad que la logra convertir en un enigma para muchos. A lo que nos interesa llegar es a esto: En la obra de Ducasse se ponen en cuestión los valores paradigmáticos del lenguaje. Charles Robert Maturin, desde su novela Melmoth (una de las fuentes literarias fundamentales a la hora de entender la violencia de Maldoror, y, de hecho, "plagiada" en el sentido ducassiano del término: sometida a la metamorfosis) establece un vínculo entre la palabra y la religión que los engloba en un paradigma único, por lo que estaríamos también en presencia de una fuente filosófica de Ducasse. No hace falta recordar que el discurso de Maldoror, su violencia textual, apunta en dirección a Dios y a su máxima criatura, el hombre, y que el vínculo entre ambos se establece a través de la palabra. En lo que se refiere a la violencia, es posible advertir que Maturin no se queda atrás a la hora de lanzar su aguda crítica a la hipocresía del discurso humano, que pervierte toda pureza y justifica toda aberración: "El mayor sarcasmo -dice Melmoth- consiste en que procuran no sólo reconciliarse con esos crueles y perversos absurdos, sino dignificarlos con los nombres más imponentes que su pervertido lenguaje posee: los de fama, gloria, recuerdo memorable y admiración de la posteridad." (5) Y Maldoror: "He visto durante toda mi vida, sin encontrar una sola excepción, a los seres humanos de hombros estrechos ejecutar actos estúpidos y numerosos, embrutecer a sus semejantes, y pervertir a las almas por todos los medios. Justifican sus acciones con un nombre: la gloria." Pero la crítica de Ducasse apunta a lo medular. Se propone como cuestionamiento no sólo ético sino, y fundamentalmente, retórico y hasta conceptual. El "buen gusto" literario no es, desde esta perspectiva, más que otra mala costumbre. Y si la violencia del discurso ducassiano es tan efectiva, conmociona tanto, la profanación del poeta hay que buscarla, no a nivel de lo narrado sino en la formulación retórica "inadaptada" que el autor asume. El pecado original del poeta consiste no tanto en lo que se dice sino en que se lo dice, siempre, del modo en que no se debe decir.
Notas:
Benítez Pezzolano,. Hebert: "Isidoro Lautréamont Ducasse: el demonio aproximativo". En Academia Nacional de Letras: "La Cuestión de los Orígenes (Lautréamont y Laforgue)" Montevideo, 1993. Ediciones de Brecha. Montevideo, 1995. Gómez Hermosilla, José: "Arte de Hablar". Edición anotada por Vicente Salva. Editorial Glemm. Buenos Aires, 1943. Todas las citas pertenecientes al autor son del mismo volúmen. Lautréamont: "Obras Completas". Traducción de Aldo Pellegrini. Editorial Argonauta. Barcelona, 1986. Todas las citas de la obra de Ducasse en el presente artículo pertenecen al mismo volúmen. Maturin, Charles Robert: "Melmoth, el Errabundo". Ediciones Siruela. Madrid, 1988.
Ver también: Lautréamont, La construcción permanente
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