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LA PALABRA EXTRAVIADA Por Diego Techeira
Traspié: es la palabra que mejor define esta obra. No sólo a ella en sí misma sino, además, a la relación del lector con este conjunto de textos. Traspié, porque la palabra parece aquí un acto fallido, la irrupción de una laguna que por un momento nos dejara la mente en blanco: la laguna en esta ocasión está construida de palabras y el que queda en blanco no es el discurso sino el silencio: el blanco es este balbuceo que se apresura a ubicar lo cotidiano en otra dimensión, en la que vemos cada uno de nuestros actos de pronto como cayéndosenos de entre las manos. Como en el caso del huevo o la gallina no podemos aventurar si esto es causa o consecuencia de una, al parecer, fundamental preocupación de la artista: la desautomatización de nuestra relación cotidiana con el entorno. Entiéndase por tal al objeto y a el otro, pero también a ese "otro" que uno mismo puede llegar a ser cuando se asume una conciencia crítica ante el propio automatismo, ese "yo" en el que nos desconocemos, al igual que sucede en los sueños. No es casual, entonces, que su interés artístico la haya conducido hacia una particular relación con la obra de Marcel Duchamp: la palabra era para él material plástico también; algunas de sus obras, caracterizadas precisamente por la descontextualización y la correspondiente sorpresa provocada ante una escena que subvierte nuestros hábitos mentales, se sostienen en un juego de palabras: un cambio de signos y el objeto pasa a ser otro, y por lo tanto otra nuestra relación con él. En este libro la palabra se propone juego en múltiples sentidos. En primer lugar, como los primeros juegos verbales de nuestra infancia, el placer lúdico se desarrolla a través del sonido antes que a nivel de lo semántico: el título "Palabra estrafalar" se refleja en el seudónimo que evidencia la aliteración de la letra que le sirve de apellido (es probable que el título del libro y el seudónimo hayan surgido a la vez). No obstante, al lector, para el disfrute estético inmediato (que es el sentido del arte) poco o nada importa el análisis del asunto. Un segundo aspecto de los juegos con el lenguaje se plantea a cara descubierta: el sustantivo palabra es recurrente en esta obra en que la conciencia metalingüística se da a través de un extrañamiento del lenguaje (recordemos lo que decíamos de Duchamp): Tropiezos es el título de la primera sección, y extendernos al respecto sería reiterar lo del principio. Sólo agregaremos ahora que es en la palabra misma donde ocurre el traspié fundamental (el que funda una nueva visión). Con humor magistral Erisabel R. lo evidencia en el poema que comienza con el verso "Salto mediante"; el salto culmina en la caída material de un pronombre -te que vale por -me contigo: aquí notamos que el juego de palabras en esta obra es complejo: involucra al sonido, al aspecto material de la palabra en la página y también al sentido: lo
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