Tetzcoco, "capital cultural"

          Tetzcoco se destacó como centro promotor de cultura y por contar con una colección --la más importante del mundo indígena-- de "libros pintados" (anales históricos, genealogías, cronologías, leyes, ritos, oraciones religiosas, calendarios adivinatorios, descripciones de los dominios, relaciones tributarias), iniciativa de Nezahualcóyotl prolongada durante el gobierno de su hijo Nezahualpilli.
          Más que ninguna otra, la población tetzcocana enarbolaba con orgullo su tradición cultural tolteca, que le daba ese carácter "humanista" propio de la toltecáyotl (término que significa literalmente "toltequidad", es decir "conjunto de tradiciones toltecas" y que, en un sentido más amplio, podemos relacionar al concepto de "civilización").
          Esta tradición, que se extendía desde México por todo el mundo náhuatl, sostenida por sus instituciones educativas (los calmécac, centros de educación superior, reservados a la aristocracia, y los telpochcalli o casas de jóvenes, donde se impartía una educación orientada a lo militar), halló en Tetzcoco un terreno especialmente fértil, esto fundamentalmente debido a dos factores: el florecimiento del arte de la escritura, impulsado por los ancestros de Nezahualcóyotl, y el hondo espiritualismo derivado de las doctrinas atribuidas a Quetzalcóatl (sacerdote devenido en dios), lo que le diferenciaba sustancialmente de la metrópoli, más apegada a una visión místico-guerrera del mundo, derivada del culto a Huitzilopochtli.
          La lengua de los tetzcocanos era tenida (incluso por los conquistadores españoles) como la más rica y elegante del territorio. Su ciudad era "donde los señores de la tierra enviaban a sus hijos para aprender lo más pulido de la lengua náhuatl, la poesía, la filosofía moral, la teología gentílica, la astronomía, la medicina y la historia", según consta en las investigaciones del historiador Lorenzo Boturini. William Prescott, por su parte, siendo un historiador demasiado apegado a las fuentes hispánicas y de marcado eurocentrismo, no  dudó en llamar a Tetzcoco "la Atenas del mundo occidental". Y esto, ya no sólo por lo que a la lengua y el arte se refiere.
          Molotinía, por ejemplo, deja constancia en sus crónicas de que, con excepción de los asuntos de guerra, los tribunales y jueces de Tetzcoco eran a tal punto respetados que incluso desde la propia Tenochtitlan eran remitidos muchos pleitos "para que allí se determinasen y resolviesen".

El sabio, el soberano

         
Entre los cuicapicque que han trascendido el anonimato, celebrado en códices y crónicas como un verdadero paradigma del tlamatini (literalmente "el que sabe algo", sabio) , Nezahualcóyotl es hasta hoy en día el que más admiración ha despertado.

          Heredero de una prolífica tradición cultural que él mismo se encargara no sólo de preservar y reproducir sino incluso de enriquecer, nació el 28 de abril de 1402 (o el día ce mázatl, 1 venado, del año ce tochtli, 1 conejo) en Tetzcoco, capital del señorío de Acolhuacan, que se reputaba de ser uno de los más antiguos del mundo nahua.
          Su nombre significa "Coyote que ayuna", y el glifo antroponímico que lo identifica en los códices, consta de la cabeza de un coyote con un collar de cuerda al cuello como símbolo del ayuno. En ocasiones se refuerza la imagen con otra de valor fonético: la representación de un agujero (coyonqui o coyóctic en náhuatl) ayuda a una lectura correcta del glifo, evitando la ambigüedad de la figura que podría confundirse con un perro o un venado.
          Fue coronado rey de Tetzcoco en 1431, a los 29 años de edad, habiendo sufrido desde su adolescencia la muerte de su padre a manos de los invasores tecpanecas (en 1410), la persecución y el destierro. La recuperación de sus territorios con el apoyo de los señores de Tenochtitlan (parientes por línea materna) y de Tlacopan significa además el origen de la llamada "Triple Alianza".

 

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