APOLOGÉTICA PARA EL TERCER MILENIO

Luis García- Pimentel

 

 

Título Original   “La Falacia del Simio” ®

 

 

DEMOGRAFÍA FUNDAMENTAL

Y LA DEFENSA DE LA VIDA.

 

 

LIBRO QUE REVISA ASPECTOS DE DEMOGRAFÍA A LA LUZ DE

LA CIENCIAS NATURALES.

 

PARA CATÓLICOS,  AUTORIZACIÓN DEL ARZOBISPADO DE GUADALAJARA, MÉXICO

Nihil Obstat:  Pbro Ignacio Gómez Robledo SJ

Imprimatur:  Rvmo. Sr. Obispo José de Jesús Garibay Briceño,  Vivario General.

“La vida humana debe de defenderse como Don Divino”.

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A MI ESPOSA, COMPAÑERA INCONDICIONAL

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INDICE                                                                                                              1   

INTRODUCCIÓN:                                                                                              2

CONCEPTOS DE POBLACIÓN SANA Y SOBREPOBLACIÓN.                         3

Requerimientos de la población humana.                                                          7

La victoria sostenida en la lucha por la vida.                                                     8

LA CUESTIÓN SOCIAL O INTRAESPECÍFICA                                                15

El Capital y el Gobierno.                                                                                  18

El papel de los parásitos.                                                                                 23

LA HERENCIA VITAL                                                                                       27

El comportamiento y la complejidad del organismo                                          28

La enseñanza del comportamiento                                                                   28

La costumbre                                                                                                    31

Algunas interpretaciones de la comunidad científica                                        31

Usando el criterio del médico.                                                                           33

¿Y entonces qué de la  biodiversidad?                                                             36

TIEMPO GANADO CONTRA TIEMPO PERDIDO                                             43

La diligencia y la supervivencia                                                                        44

Formidables aliados                                                                                         47

EL CONTROL NATAL                                                                                       51

Hábitos positivos                                                                                              53

Poblaciones triunfadoras                                                                                 58

MODELOS DE POBLACIÓN                                                                           63

Reduccionismo atroz                                                                                       64

La “falacia del simio” se manifiesta otra vez                                                    67

En América Latina                                                                                           72

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REGISTRADO A NOMBRE DE LUIS GARCÍA-PIMENTEL CUSI  BAJO EL NOMBRE DE “LA FALACIA DEL SIMIO”

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

 

Conforme creció la habilidad del hombre para manejar algunos aspectos de la naturaleza, se abrió un enorme campo de responsabilidad.

 

Siempre se ha dado gran importancia a la vida humana. La enfermedad, la guerra, el hambre y todo aquello causante de la muerte se ha considerado como males supremos. Sin embargo, al modificar el hombre su entorno drásticamente, nuevas formas de agresión aparecen. En épocas recientes hubo numerosos casos en los que se estimuló y justificó la acción en contra de su propia especie. Muy conocidas son las matanzas de judíos en la Alemania nazi o de campesinos en la Rusia marxista. Sin embargo, ninguna matanza se acerca  a la feroz muerte provocada a millones de nonatos a partir de la segunda mitad del siglo XX.

 

La naturaleza sabia, constante, reclamará sin duda un mecanismo de defensa para evitar esas muertes innecesarias y  permitir que la  supervivencia de los más aptos se de, como siempre se ha dado.

 

Como Pasteur utilizó la naturaleza misma para defender a los hombres de los ataques microbianos, enseñando al sistema inmunológico a fortalecerse con la vacuna, o como el hombre primitivo acudió a la naturaleza para lograr su protección usando la piedra, la flecha, o el fuego, la historia nos enseña una gran lección: los que desean sobrevivir, que aprendan a usar los recursos que coloca a nuestra disposición la naturaleza, convirtiéndolos en herramienta.

 

Para el hombre, la herramienta es determinante en la supervivencia. Llámese piedra o vacuna, código de derecho o doctrina económica, el uso del recurso más adecuado a la supervivencia determina quien se adapta y vive y quien no produce descendencia, afirmación bastante obvia pero no por eso sencilla de aplicar.

 

Los lectores de estas páginas tienen en su haber el ser producto de miles de generaciones de supervivientes. Espero que este libro les permita seguir dejando descendencia viable, competidores por la vida durante muchas más generaciones.

 

Suelo decir que ciencia y conciencia es vida. Cuando no hay vida, cuando la inexistencia vital se da inexorable, es porque falta una o otra –o las dos- condiciones que menciono.

 

En esta tesis pretendo demostrar que el control artificial de la natalidad , en lugar de combatir la sobrepoblación y apuntalar el mantenimiento sano del género humano, enferma a la sociedad, estimula el desequilibrio entre producción y población y deshace la riqueza de las poblaciones.  Para demostrarlo, bastará con aplicar cabalmente la ley de la selección natural, ley que opera en todos los organismos vivos y determina quien sobrevive.   

 

 

 

 

 

CAPÍTULO 1

 

LOS CONCEPTOS DE POBLACIÓN SANA Y DE SOBREPOBLACIÓN.

 

La superficie de este planeta ha dado a los seres vivos infinidad de recursos para efectuar su actividad, engendrar y sostener la vida de los que están empezándola. Lo han hecho durante millones de años.  Así generan una cadena constante de nuevas poblaciones que reciben los recursos naturales, la morfología (forma), la fisiología, la etología (comportamiento) y la habilidad para explotarlos (tecnología).

 

Los organismos que han obtenido más recursos y los han utilizado mejor son los que han sobrevivido. Si mantienen esta capacidad de eslabonar generaciones con vida (a los llamaremos “linajes viables”), los organismos que pueblan la tierra y siguen engendrando cadenas de vida. La forma de conseguir los recursos y de optimizar su utilización son tan variados como las mismas especies.

 

En todas las formas de vida, los individuos mejoran la capacidad de supervivencia modificando su actuar para poder obtener los recursos necesarios o sobrevivir sin ellos. Algunas especies, por ejemplo, producen vitaminas que no existen en sus dietas y otros buscan dietas que las contengan.  Cuando una especie tiene éxito en la búsqueda o mejor utilización de los recursos naturales, empieza a crecer, pues ha encontrado la manera de aprovechar las circunstancias que la rodean para si o su descendencia. Cuando no tiene éxito en esta búsqueda, dejan estas poblaciones de crecer, se reduce paulatinamente su descendencia y eventualmente  desaparecen, dejando rastros fósiles que nos permiten saber de su extinta vida.

 

Definiremos a la población sana en término de su propio mantenimiento y desarrollo, como aquella que consigue disponer de bienes suficientes para sobrevivir y crece con el excedente que se genera entre lo que produce y lo no consume en mantenimiento, sino crecimiento. Por lo tanto, el que se de una población sana en el sentido de supervivencia estable, un linaje viable, está determinado por tres factores:

 

1)   Existencia de recursos naturales.

2)      Capacidad para disponer o producir más recursos de los que consume

3)   Invertir la “sobreproducción” en crecimiento de su propia forma de vida.

 

El primer factor es independiente de la población, aunque sin duda puede ser variable según los recursos que requiera cada población, como la  lluvia para el pastizal. Los otros dos dependen de la población misma, son inherentes a ella y cambian según se adaptan los organismos a su entorno.

 

En muchas poblaciones, los cambios en densidad poblacional son muy acentuados, pues o  tienen comportamiento cíclico o variable según aparición de diversas condiciones, como ciertas langostas que se reproducen en algunos momentos en forma vertiginosa y luego pueden casi desaparecer por años (la multiplicación momentánea llamada fácies entre los biólogos). En estos organismos cíclicos, decir que la población crece requiere evaluar períodos largos que permitan medir esa tendencia durante años.  Para la población que estaremos observando, la humana, esto no es así, pues el tiempo de reproducción y de vida es tal que generalmente no se manifiestan cambios bruscos por muertes de adultos o nacimientos multitudinarios como en las plantas y animales de ciclo anual de vida.

 

La población humana dispone de un extenso inventario de bienes naturales, si bien no tan fáciles de apreciar. Para utilizarlos ha sido necesario que se inviertan milenios de  tecnología cada vez más complicada y se requiere aplicar frecuentemente importantes inversiones.

 

Los recursos dependen del inventario inicial de energía de que se disponga, así como de su costo. Esta energía, desde el principio de la creación, se ha ido acomodando de tal manera que parte nos llega prácticamente gratuita, como la energía solar, y parte es casi imposible de obtener, como la luz que camina ahora en los extremos del universo. En los grupos muy primitivos el sol era prácticamente el inventario disponible, que convirtiéndose en calor y alimento por la fotosíntesis, les permitía vivir. Más avanzado es el uso del fuego y luego de herramientas más sofisticadas, como el molino de viento o de agua. Actualmente dependemos casi exclusivamente del sol, que por diversos procesos de almacenamiento natural nos sigue llegando (carbón, gas y petróleo).

 

La energía nuclear escapa ya a esta característica de provenir del sol, pero aun así nos llega obviamente de la luz inicial. La técnica actual nos ha abierto el uso de la energía atómica, con posibilidades enormes, tantas, que los recursos de hidrocarburos o carbón son poco en comparación, y aunque la tecnología atómica ha mostrado un lado oscuro, como en Chernobyl, sabemos que a la fecha su uso está en pañales y podemos suponer que estos desastres no serán frecuentes en el futuro si se aplica la tecnología necesaria.

 

Para entender esta tesis, conviene considerar, por ejemplo, que el material útil para producir energía atómica -sin considerar técnicas de extracción profundas que pudieran utilizarse en el futuro o de yacimientos aun inexplorados- es muy abundante. Las cifras reportadas por investigadores serios como H.A. Bathe, Nobel de Física en 1967, indican que los yacimientos conocidos en EEUU de material nuclear, básicamente de Uranio, son capaces de proveer combustible para sostener las reacciones nucleares para producir los actuales (1967) niveles de energía eléctrica durante 40,000 años. Una década después, en 1980, KS Deffeyes y ID Mc Gregor , geólogos de la Universidad de Princeton reportan que el inventario de uranio está repartido en forma global, y encontraron que la abundancia es mayor que la reportada anteriormente.

 

La posibilidad de la utilización de los recursos solares también ha aumentado por varios descubrimientos en este siglo. Primero, la ya popular fotocelda, que permite convertir directamente la luz solar en energía eléctrica.  Segundo, el superconductor, que permite llevar inmensas cantidades de energía eléctrica por grandes distancias y que, paulatinamente se han descubierto fórmulas que se acercan a las requeridas para el uso comercial, sobre todo porque tienen  superconductancia a temperaturas más accesibles.  Por último, el rayo laser, que permite transportar luz concentrada, como “entubada” con exquisita precisión. Con estos tres descubrimientos, una vez aplicados intensamente, se podrá utilizar la energía solar en proporciones mucho mayores que las actuales, transfiriendo electricidad de donde sobra incidencia solar (desiertos, zonas inhabitables como tundra, polos, y mares,  aprovechando la generación en hemisferios opuestos para no tener que almacenar energía para las necesidades nocturnas sino generarla en otro lado del planeta en donde haya luz).  Esto, además de generar enormes cantidades de energía limpia y barata, ayudará a revertir el proceso de calentamiento de la atmósfera que actualmente existe por motivo de la elevación de la concentración de los gases llamados de  invernadero producidos por la combustión y que producen el calentamiento de la atmósfera. Además, conocida ya la capacidad de dirigir con precisión exquisita los satélites artificiales, como el telescopio Hubble, también es posible especular sobre la siembra de generadores eléctricos de fotocelda en el espacio exterior, que será una tecnología viable en un lejano futuro, actualmente demasiado costosa e innecesaria.

  

De la capacidad de producir energía abundante y barata depende en gran medida la capacidad para producir alimentos. Con energía barata, el bombeo de aguas subterráneas (se sabe que son mucho más abundantes que el agua que corre por cauces superficiales) puede estimular el riego y permitirá desalinizar y purificar aguas marinas y aguas negras para hacerlas accesibles al riego y al consumo humano. El reciclamiento de basura y tratamiento de las aguas negras sirven además para hacer fertilizante, complemento de la mayor superficie de riego. La aplicación de muchas técnicas ya dominadas, como la selección genética y el mejoramiento de tierras, el cultivo de algunas especies marinas y de agua dulce y la notable capacidad de la ingeniería genética, permiten ver un panorama de verdad alentador.  

 

Para ilustrar esto, se puede prever a corto plazo la producción de variedades vegetales que contengan en buena medida los aminoácidos animales, componentes de la proteína animal que se encuentran casi exclusivamente en esos alimentos, haciendo posible la vida sana y plena con el consumo casi exclusivo de alimentos vegetales. Como el costo de producir alimentos animales es muy elevado (para producir un kilo de alimento animal se requieren unos 10 kg. de alimento vegetal concentrado, como grano), entonces la disponibilidad de alimentos para humanos se incrementa, solo con este avance, varias veces. El convertir un terreno de temporal medio sin materia orgánica en un terreno de riego con tierra mejorada (con desechos adecuados) aumenta en un factor de tres la capacidad de producción, más en  zonas templadas o tropicales, en donde se pueden obtener dos cosechas al año sin dificultad, si se tiene riego. ¡Qué bien saben esto los que cultivan tierras en  los valles de Sinaloa, México! 

 

Las posibilidades de la ingeniería genética parecen ilimitadas: plantas que puedan crecer con riego en aguas salobres, bacterias que digieran y purifiquen aguas negras produciendo subproductos útiles, gramíneas que crezcan con menos agua, y por lo tanto se puedan sembrar millones de hectáreas actualmente sub-utilizadas, animales marinos que permitan utilizar el plancton y llevarlo a la mesa humana, sin pasar por una larga e ineficiente cadena alimenticia.

 

En cuanto a esta cadena,  hay que considerar que una gran parte del potencial marino se pierde porque las cadenas alimenticias son muy largas en el mar. Como aproximadamente un 80% de la biomasa se pierde en cada eslabón de la cadena marina  que nos lleva el alimento. (En tierra se pierde como el 90% por ser animales de sangre caliente que queman el alimento para producir el calor que requieren). En el mar las cadenas de tres o cuatro o más eslabones son comunes (alga comida por plankton pequeño, comida por plankton grande, comido por pez pequeño, comido por pez grande).  O sea que en el mar sólo podemos obtener biomasas animales aptas para el consumo humano de alrededor del 1% de la biomasa vegetal planctónica inicial, y de ahí que el encontrar y establecer cadenas más cortas producirá abundantes beneficios. La lista de avances posibles con la ingeniería genética parece no tener fin: plantas que produzcan alimentos en bosques tropicales, en suelos arenosos, en pantanos, etc.

 

Se puede argumentar que en los últimos milenios, la cantidad de energía potencialmente disponible ha sido básicamente estable. Lo que ha influido en la capacidad de crecimiento de la población humana ha sido la habilidad creciente para obtener y dirigir esa energía, logrando así el beneficio del crecimiento poblacional. La agricultura, la hélice, el carbón mineral, el petróleo, la vela, los animales de tiro y carga, la aplicación de la rueda, la palanca, etc. son unos entre muchos modos de mejorar la obtención y administración de la energía. La incidencia luminosa sobre el planeta no ha aumentado, lo que sí ha crecido es la  producción de alimentos, dirigiendo esa energía al hombre por medio de plantas cultivadas productoras de bienes útiles para el género humano. Parece ocioso apuntar que las poblaciones humanas que han crecido son precisamente las que han aprendido a llevar este beneficio tecnológico al crecimiento (y no al consumo estéril).

 

Los que no aplicaron la tecnología, digamos, la agricultura, o los que usaron el producto para otros fines que el crecimiento, tienden a convertirse en sombra de la historia. Estas poblaciones fueron desplazadas por grupos en expansión, obviamente más vigorosos. Los que no aplicaron la tecnología, digamos, la agricultura, o los que usaron el producto para otros fines que el crecimiento, tienden a convertirse en sombra de la historia. Estas poblaciones fueron desplazadas por grupos en expansión, obviamente más vigorosos.

 

De los tres factores que determinan la capacidad de crecimiento de cualquier población, especie o grupo de especies que mencioné, la existencia de recursos naturales no es dependiente de la población en primera instancia (aunque veremos que su localización, conservación y aplicación racional sí lo es) y los otros dos son definitivamente inherentes a la población: la capacidad de hacer disponibles más bienes y productos de los que consume y dirigir la abundancia al crecimiento.

 

La pregunta que surge de inmediato se puede formular así: En algunas poblaciones se ha logrado mucha, los recursos se aprovechan bien y sin embargo la población no crece y hasta disminuye ¿Como explicar esto?  La respuesta es sencilla. Aunque tales poblaciones tengan buenos hábitos de producción , el excedente se consume en bienes superfluos, por lo que la afirmación de que esta población produce mucho, comparada con otras poblaciones, puede ser cierta. Para efectos de esa población con hábitos de consumo superfluo, la producción es en verdad insuficiente; luego no puede crecer.      

 

Un bosquecillo de robles cercano a mi casa sirvió para que alguno tratara de refutar estas ideas, diciéndome: "aquella población de robles lleva lustros sin crecer, produce lo que consume y su número ha sido estable desde principios de siglo. ¿En donde está el crecimiento de la población o el decremento y substitución?  En primer lugar, en esta especie de árboles que pueden vivir cientos de años, una notable modificación puede requerir milenios. Dentro de la población de robles posiblemente podamos identificar varias sub-poblaciones. Une requiere menos luz, otra es más resistente a la sequía, algunos árboles darán más semilla, o darán semilla más vigorosa, o en el momento más adecuado, y entonces,  durante varias generaciones se puede sostener el mismo bosque, con el mismo número de árboles, limitado por, digamos, alguna tala.  No cada árbol sobreviviente en la centésima generación será directamente descendiente de cada árbol en la generación primera. La selección natural habrá actuado y permitido a ciertos robles producir más vida que a otros, más descendencia viable.  Las poblaciones iniciales dentro de este bosquecillo, difícilmente diferenciables por el ojo humano, en verdad compitieron bajo el mando de la siempre actuante ley de la selección natural y sobrevivieron las más aptas. Con el tiempo, las ventajas obtenidas probablemente servirán a esos tipos genéticos para crecer más con respecto a otros árboles menos adecuados.  

 

REQUERIMIENTOS DE LA POBLACIÓN HUMANA.

 

El individuo de esta población requiere de ciertos bienes para perpetuar la vida, eslabón entre el pasado y el futuro, que se pueden agrupar en tres grandes rubros: del orden material, del orden intelectual y del orden espiritual. Es obvio que los bienes materiales son indispensables para la vida, incluyendo la forma y función corporal heredada y la naturaleza que nos rodea. Es evidente que para el hombre, el ejercicio de su capacidad intelectual resulta imprescindible. Sería imposible sostener la población actual sin el ejercicio diario de la comunicación verbal, enseñanza paterna, social, y académica, con ciencias como la carpintería, la economía, la medicina o la ingeniería. Los bienes espirituales son menos tangibles, y algunos desprecian su importancia, Sin embargo la evidencia de que son indispensables es contundente, como lo veremos más adelante.

 

Describir el crecimiento de una población puede ilustrarnos, recalcando simples matices del proceso, algunas características de la lucha de nuestros ancestros para lograr el sano crecimiento.

 

Como ejemplo, en una población primitiva de recolectores y posibles carroñeros, se desarrolló la caza y creció en consecuencia la población. Al vivir ya en pueblos cazadores, en concentraciones de tal vez docenas o cientos de individuos, las enfermedades y los parásitos encontraron un medio excelente para su reproducción. Estos factores adversos limitaban el crecimiento de la población y se requirió ingenio y diligencia para desarrollar una primitiva higiene y medicina que permitiera a esa población superar las nuevas limitantes del crecimiento. Más de alguna población sucumbió en los milenios por los parásitos.

 

Otro obstáculo que sin duda encontraron fue el hábito del desperdicio, el abuso de los recursos. Cuando los rebaños de caza eran mayores de lo necesario, posiblemente desarrollaron vicios de consumo: matarían una presa para obtener sólo una parte del animal.  Tales hábitos de desperdicio provocaron tarde o temprano problemas de abasto y los pobladores tuvieron que desarrollar nuevos hábitos de consumo para equilibrar los recursos y permitir un nuevo crecimiento. 

 

De esta forma, cada paso de producción y aprovechamiento de los recursos permitió un nuevo crecimiento de la población, lo que a su vez traía consigo un nuevo mínimo de producción necesaria, nuevos requisitos de higiene, nuevos hábitos de consumo, nuevo requisito de medicina, trato social y otra vez un problema de crecimiento que a su vez será el motor generador de esfuerzos para producir más y consumir mejor.

 

El objeto de resumir este proceso que en la práctica es largo y elaborado en sólo unas cuantas líneas, es ilustrar de que la lucha por la supervivencia es tan vieja como el hombre (de hecho tan vieja como la vida misma), y que la dificultad para superar la presión de la población, es decir, la población con necesidades crecientes, es ni más ni menos una importante fuerza que impulsa el progreso (de hecho podemos definir el progreso con esos parámetros: en donde hay progreso, hay crecimiento sostenido)

 

Hemos hablado de una población sana como aquella que produce más de lo que consume, que afronta el crecimiento con toda naturalidad, que considera que ese requisito como el "mínimo" necesario para la subsistencia (y así es), dispuesta a sufrir algunas penalidades y afrontar sacrificios para incrementar el índice de producción-consumo, del simple nivel requerido para lograr la supervivencia de una generación, hasta el nivel que permita además garantizar las necesidades de los individuos jóvenes de la próxima generación, considerando siempre que otras poblaciones de la misma o de otras especies, lucharán para disputarle los recursos de vida.  

 

Cuando en este libro hablemos de "crecimiento sano" o de "organismo viable", nos referiremos a los seres que han logrado la  manera de hacer supervivir su forma o linaje durante varias generaciones. El lograr que sobreviva sólo una generación, provocando elevadas e innecesarias cargas a las generaciones futuras -como cuando se destruye el medio ambiente- no será crecimiento sano. Un crecimiento malsano o enfermo llevará a la población, tarde o temprano, a una situación de sobrepoblación, es decir, a una población incapaz de sostener los requisitos mínimos de su supervivencia estable en un plano de varias generaciones.

 

LA VICTORIA SOSTENIDA EN LA LUCHA POR LA VIDA.

 

La búsqueda de nuevas formas de producir, el hábito de frugalidad y templanza, del ahorro y de la planeación, de la capacidad de pasar del viejo al joven la morfología y comportamiento, las técnicas y costumbres que han permitido la supervivencia,  transferida por medios genéticos y por enseñanza paterna o social, son requisitos indispensables para las victorias sostenidas en la lucha por la supervivencia de la población.

         

Conviene recalcar que el concepto población no siempre es fácil de aplicar. Como ejemplo en humanos, en una nación puede haber grupos de individuos de diversas características. Luego, hay infinidad de grupos que puedan clasificarse como "población" (por ejemplo, indígenas de origen chiapaneco que habitan la ciudad de México) y que estos interaccionan con otros conjuntos, convirtiendo a una simple nación en un mosaico de posibilidades. En este escrito tendremos la tendencia a referirnos a las poblaciones según se suelen describir por las divisiones político-geográficas o por grupos étnicos bien diferenciados para efectos de simplificación, pero perdiendo entonces elasticidad y realismo. Es imposible segregar constantemente enfocando pequeños grupos dentro de grandes conglomerados, en función de sus orígenes, técnicas, actitudes, etc. Hay que considerar que el la mayor parte de las ocasiones, habrá una sub-población o sub-conjunto de individuos y que estas pequeñas partes compiten entre ellas al igual que las poblaciones compiten entre sí..

 

La búsqueda de algunos principios universales que nos permitan estudiar seriamente los fenómenos de la supervivencia y aplicar a nuestro género humano los principios universales de una dinámica de poblaciones, me lleva a proponer dos postulados que parecen cumplir con los requisitos de universalidad y de certeza que demanda la ciencia. El primer postulado dice:

 

UNA POBLACIÓN QUE NO CRECE DEJA SU LUGAR INEVITABLEMENTE A OTRAS POBLACIONES MÁS APTAS EN LA LUCHA POR LA SUPERVIVENCIA, o lo que es lo mismo, UNA POBLACIÓN QUE NO CRECE ES UNA SOBREPOBLA-CIÓN.

 

Al escuchar lo anterior, nos vendrán a la mente países ricos, de individuos bien alimentados, bien vestidos y con claras manifestaciones de poseer abundantes bienes materiales, en donde la población no crece. Igualmente nos llegarán de inmediato  imágenes de naciones pobres, con individuos desnutridos y con abundantes muestras de carencia de bienes materiales, de higiene, inestabilidad política y social, en donde la población sí crece. ¿Cómo es posible afirmar que en los primeros hay sobrepoblación y en los segundos no la hay? 

 

Enfrentarse a que alguien proponga una tierra redonda o un universo heliocéntrico a una sociedad que lleva siglos pensando de otra manera, provoca profunda desconfianza y reacciones adversas: es el caso. Una pregunta dará luz a la respuesta:¿Será posible que en una “sobrepoblación” aumente la población? ¿Será posible que en un vaso lleno quepa más agua? La respuesta es no. Ahí donde crece la población no hay una sobrepoblación, y ahí en donde no crece, obviamente la hay, aunque esto no sea tan obvio.

 

Conviene revisar unas afirmaciones básicas. Si una población sana es aquella que produce más de lo que consume, permitiéndole llevar ese excedente para apoyar el crecimiento, nuevos individuos que se suman a la población anterior, y se logre así un nuevo equilibrio, entonces resulta que esas poblaciones "ricas" están consumiendo bienes necesarios para el crecimiento tanto o más de lo que producen y por consecuencia no crecen, siendo su "riqueza" incompatible con la supervivencia de su linaje.

 

¿Como es posible que países superpoblados, según lo definimos en esta tesis, no den señales de atraso y de pobreza? Esto se explica porque en principio se verá una aparente riqueza. Como no tienen que invertir en capacitar y sostener a las generaciones futuras, podrán gastar en artículos  que a todos nos parecerán señal de gran riqueza, como elegantes autos, lujosas residencias, casas de campo, yates, viajes, ropas finas, joyas y obras de arte, por ejemplo. Luego vendrá una substitución paulatina. Los "ricos" no querrán hacer los trabajos más duros y denigrantes, importando para ello a individuos de otras poblaciones que probablemente estén en crecimiento. Esto ha sido muy común durante milenios.  Luego vendrá la substitución gradual avanzada, como cuando en las legiones romanas ya no había casi romanos, o los turcos van a Alemania o los latinoamericanos a Norteamérica a hacer trabajos que nadie ahí desea hacer, echan raíces, y tienen más hijos que los que aporta le población receptora.

 

   Los hijos de los inmigrantes usualmente empiezan a sustituir a los locales (mientras acepten el reto del crecimiento), frecuentemente llevando como parte de ellos la cultura realmente rica, la que tiene en alta estima la paternidad, la que puede crecer y desplazar a la realmente pobre, la que prefiere su auto lujoso que su hijo, los que prefieren gastar en vialidad y no en paternidad.

 

 ¿Y que decir de los países pobres, los que a pesar de su aparente pobreza siguen creciendo? Pues que están invirtiendo en sostener su vínculo con el futuro. Aquí los autos lujosos y las residencias dejan su lugar a numerosos niños y jóvenes en los que los padres tienen que invertir para sacar adelante, creando una imagen superficial de pobreza pero resultando en una población viable. Su área de acción irá creciendo cuando esos niños vayan a buscar y acepten trabajo en otros lugares en donde poblaciones enfermas de consumismo o de improductividad dejen los nichos ecológicos a los miembros de las poblaciones sanas. A los niños ya no se los come el carnívoro y los mata la bacteria,  sino el consumismo.

  

Además de estos dos casos, puede suceder que sociedades ricas en lo material puedan simultáneamente crecer o que poblaciones muy pobres sacrifiquen voluntaria o involuntariamente el crecimiento y pierdan viabilidad. En este aspecto la diversidad  de situaciones es inmensa y sólo un estudio profundo de una población podrá determinar en qué caso es una población sana o no, si puede sostener el crecimiento  o está acabando sus recursos más allá de su capacidad de renovarlos.

 

Es muy fácil caer en una falacia. Es común que los profetas del desastre hagan una comparación de lo que sucedería con una población que imaginan existirá en el futuro, sin contar con la tecnología que permitirá el crecimiento de esa población.  Aplican el efecto del tiempo al crecimiento pero no a la capacidad de innovación. 

 

Argumentan que, como en un lapso pasado se duplicó la población humana, luego, en el siguiente lapso se volverá a duplicar y por lo tanto no alcanzarán los recursos, como el alimento. No ven que si se duplicó la población es porque hubo manera de que se duplicara. Se debieron de incrementar muchos aspectos: la producción, la higiene, la disponibilidad de energía, la calidad profesional de diversos individuos que componen esa población, mejoró el gobierno, la eficacia de la banca, la industria, los hábitos de consumo, etc. Estos “profetas”  pretenden demostrar que con la tecnología del pasado o del presente no puede incrementarse el número de los individuos en el futuro. Y tienen toda la razón. Pero nadie pretende que el cauce del tiempo camine en dos direcciones distintas simultáneamente. O ambas, tecnología y población caminan hacia un crecimiento futuro o ambos, se quedan atascados en una sobrepoblación, en un modelo pasado o el equilibrio ancestral. Aquellos que niegan la factibilidad del avance tecnológico o científico son todo menos científicos. ¿De donde descienden las poblaciones humanas, del simio que se quedó estanco en el árbol, “argumentando” con sus actos que era  imposible sobrevivir en situaciones distintas a las que en ese momento había o el que aceptó el reto de bajar, buscar, investigar, adaptarse y hasta morir en el intento?   La respuesta es obvia y el ejemplo elocuente. De aquí que a la falacia de los que argumentan que no se puede sostener la población futura creciente con la técnica actual la llamaré "falacia del simio". Salvar la falacia será prueba de supervivencia. Caer en ella, señal de enfermedad y posible desaparición de la población afectada si la falacia invade crónicamente, evitando con ello que se lleven recursos a la investigación o la formación de hábitos positivos para la producción y la templanza del consumo. En estos casos, los gobiernos dirigirán los presupuestos a producir "riqueza" visible y no potencial, los institutos de investigación gastarán para desarrollar tecnologías para aumentar el confort o longevidad de los ancianos, al tiempo en que se reduce y eventualmente destruye la población infantil.

 

En este punto, el mal ya es mortal. Hay poblaciones devastadas de juventud que están ya en estado terminal. La substitución de la población enferma es ya evidente, la migración de individuos de poblaciones sanas es ya un hecho. El equilibrio ecológico operará para la población que invierte en crecimiento y se llevará cómodamente a la nada a aquellos que invirtieron mayormente en comodidad. Es común que los últimos remanentes de la población enferma se mezclen con la nueva población y alcanzan así un nuevo equilibrio. 

 

Saltan dos preguntas que nos ayudan a ubicar la importancia del asunto: ¿Qué especie del reino vegetal o animal sobrevivió buscando la complacencia y el confort en substitución del esfuerzo y el sacrificio?

  -Ninguna.

  ¿Qué población humana escapa a esta regla?

 -Ninguna.

 

El segundo postulado de la dinámica de las poblaciones se resuelve fácilmente de lo expuesto en estos últimos párrafos, y dice así:

 

LOS INDIVIDUOS EMIGRAN DE LAS POBLACIONES SANAS A LAS POBLACIONES  ENFERMAS, ES DECIR, DE LAS QUE CRECEN MÁS A LAS QUE CRECEN MENOS, EMIGRAN DE LAS POBLACIONES SANAS A LAS SOBREPOBLACIONES.

 

ESTO ES VÁLIDO PARA TODAS LAS POBLACIONES DE TODAS LAS ESPECIES.

 

En donde hay sobrepoblación por sub-producción, con el consecuente desaprovechamiento de los recursos naturales, habrá pronto una invasión de un grupo más productivo. Esto  sucedió en África y por eso fue atractivo para los europeos colonizar  ese continente.  En donde hay sobrepoblación por sobre-consumo, como en la actual Alemania y otros países de Europa, otras poblaciones pronto empiezan a colonizar calladamente y en forma velada, pero ocuparán infinidad de nichos dejados disponibles por las poblaciones enfermas a las poblaciones capaces de sobrevivir con recursos más reducidos. Esto se dará en todas las poblaciones de todos los seres vivos, siempre que sea factible considerando las barreras físicas que puedan encontrarse.

 

Un hecho que dificulta el estudio de las poblaciones es que se mezclan, intercambian hábitos e información, y que los entornos de una población a otra distan mucho de ser idénticos. Con frecuencia hay elementos externos a la población que modifican en el corto plazo el crecimiento esperado. Estos hechos no se pueden integrar en los modelos teóricos de la dinámica de poblaciones. Habrá ciertas normas de comportamiento que pueden llamarse "típicas" en oposición a aquellos fenómenos esporádicos e imprevisibles, como la erupción del Vesubio sobre Pompeya o la pérdida de la cosecha de papas en Irlanda.   

 

Las situaciones atípicas pueden ser tanto de falta de producción como de superabundancia  de recursos naturales. Cuando se descubrió América, cupo la posibilidad de que existiese una población inmigrante a la vez que la población local crecía. Sin embargo esto no hubiera sucedido si la población indígena americana hubiese tenido el mismo avance tecnológico y los mismos hábitos de consumo que los europeos, porque entonces la densidad de población, referida a la abundancia de recursos, hubiese sido la misma en ambos continentes y luego Europa no hubiese podido invadir América.  

 

Como ejemplo, podemos mencionar que fue más fácil para la población europea colonizar a América, al norte de los desiertos, en donde había tribus cazadoras, que colonizar México, en donde ya era común la agricultura. El desplazamiento de los grupos humanos de México hasta el norte estaba limitada por los grandes desiertos y por lo tanto el contacto entre estas dos poblaciones estaba atenuado.  

 

Cuando no hay crecimiento de una población, empieza a haber una desventaja en el índice entre la producción y el consumo, en relación con lo que puede hacer una población en estado de crecimiento sano. Si estas poblaciones están aisladas es obvio que no se producirá interacción. Si llegan a entrar en contacto, se desarrollará inmediatamente una competencia entre ambas. De esta interacción con frecuencia ambas resultan beneficiadas, aunque no siempre.  

 

Donde hay sobrepoblación relativa por sub-producción, con el sub-siguente desaprovechamiento de los recursos naturales, habrá pronto una invasión de poblaciones más productivas.. Por eso fue fácil para los europeos colonizar América y en general los Americanos salieron beneficiados por herramientas de desarrollo más avanzadas que trajeron consigo los europeos, como el ganado bovino, el fierro, el trigo, la doctrina protectora de la vida (opuesta al canibalismo y a los sacrificios humanos), etc. Algunas culturas desaparecieron, las más atrasadas, como los Chichimecas en México, los Araucanos en Chile o aquellos que enfrentaron al mortal WASP ( Anglo-Sajón Protestante Blanco). Algunos aborígenes más avanzados lograron sobrevivir (como los Nahuas en México) y actualmente colonizan a poblaciones de antiguos europeos, enfermos de consumismo, como en California y Texas.   

 

En donde hay población por sobre-consumo, las poblaciones sanas emigran hacia las sobrepoblaciones en busca de oportunidades -nichos ecológicos desperdiciados- y habbrá entonces migración. Este fenómeno se aprecia ahora en la frontera sur de Estados Unidos, Alemania o Francia.

 

Los grados de crecimiento y de sobrepoblación difieren de un lugar a otro. Los entornos políticos, sociales, religiosos, culturales, raciales, económicos, etc. pueden modificar el flujo de individuos del territorio tradicional de una población al de otra, e inclusive se puede mover la actividad económica de un lugar a otro, como sucedió recientemente en Taiwán, hacia donde han pasado ahora parte de las actividades productivas del continente.

 

Será más fácil para un mexicano emigrar a Norteamérica que para un neozelandés. Mayores diferencias, sean cuales fueren, implican que el individuo  que cambia de una población a otra, requiere hacer un esfuerzo adicional y en consecuencia requerirá de una mayor presión de crecimiento para efectuar el cambio de territorio o entorno.

 

Podemos concluir que el movimiento de una población hacia una sobrepoblación, será estimulado ahí en donde la diferencia del índice de producción-consumo sea acentuado y menos en donde las dificultades o diferencias a superar sean mayores.

 

Cuando un país opone resistencia a este flujo de poblaciones, provoca un problema mayor, ya que la tendencia natural de los individuos es moverse de tal forma que se evite la sobrepoblación. El aislamiento geográfico, político, racial o de cualquier índole provoca que la población aislada se atrase en su desarrollo con respecto a las demás poblaciones no aisladas. Citando un ejemplo concreto, el caso EUA-México. Podemos asumir que si los Estados Unidos cerraran la migración y tuvieran un no-crecimiento, aumentaría la presión de la población en México hasta que, en muchos años, México se convertiría en un país más avanzado que los Estados Unidos, quitándole tal vez parte de su territorio. 

 

Este ejemplo parece exagerado, pero es real, sólo que  sucedió en sentido inverso. México era un país más poderoso que los Estados Unidos en los siglos XVI y XVII, pero desarrolló un furioso odio hacia los extranjeros, y no sólo se prohibió la inmigración, sino que los extranjeros fueron expulsados. En los siglos siguientes, en Norteamérica se promovió la inmigración y esto la valió a la población del norte poder desarrollarse hasta ser un país más fuerte que México, y de paso arrancarle la mitad del territorio, tal como predice los postulados de la dinámica de poblaciones.

 

En el siglo XX se ha revertido esa tendencia. La población norteamericana ha caído en obvio estado de enfermedad por sobre-consumo y la población mexicana, hoy más sana que ayer, recupera sistemáticamente el territorio perdido, evadiendo la notoria falta de buen gobierno en México -un motivo importante de la sub-producción que sufre México- y volviéndose una población muy productiva una vez que pasa la frontera hacia donde el gobierno, más adecuado a las leyes naturales, permite más producción.

 

Para complementar este capítulo, mencionaremos a dos poblaciones a manera de ejemplo. La población judía, expulsada de su territorio hace dos mil años, ha sobrevivió a base de aprender a producir dispersa entre las naciones, o la población de Taiwán, que ha llevado a su lugar la tecnología de producción de la Unión Americana  y ahí han aprendido a producir más barato, mucho en función de sobriedad, frugalidad y sacrificio de los individuos que a base de esas virtudes han sobrevivido. Estos des ejemplos no son excepciones a la regla de las migraciones: sólo demuestran que el territorio y los recursos naturales pueden llegar a no ser tan importantes en la supervivencia. Mucho más importantes son los hábitos de producción-consumo de los habitantes que la integran.

 

 

 

 

 

 

CAPITULO II

 

LA CUESTIÓN SOCIAL O INTRAESPECÍFICA

 

 

Una población es la suma de los individuos que la integran, por lo cual, el promedio de los actos individuales serán los que determine su comportamiento. Además de la herencia genética y de los recursos disponibles, el individuo estará condicionado por el medio, su entorno político. Las leyes, la tecnología, la religión, la educación, la herencia del patrimonio familiar, espiritual, cultural y material y la presión de población afectarán sensiblemente su comportamiento.

 

Si sostenemos que una población sana es aquella que produce más de lo que consume e invierte el exceso en sostener un crecimiento sano, y también admitimos que el comportamiento de una población resulta de la suma de los comportamientos de los individuos que la integran, concluiremos que el individuo adulto sano es aquel que produce más de lo que consume e invierte ese exceso en sostener el crecimiento de otros individuos.

 

En una población normalmente habrá quienes favorezcan el crecimiento sano y otros la sobrepoblación. El sano contribuye al bien común haciendo participar a otros de la riqueza. Este individuo puede no tener hogar. Individuos sin hijos también pueden ser elemento de crecimiento para la población, pero definitivamente deberá producir más que  lo que consume y como corolario, dirigir este “exceso” al crecimiento de otros, sosteniendo o ayudando.  Este individuo no hará gastos superfluos, aunque dispusiera de riqueza material. El “exceso” lo invertirá teniendo y educando hijos, generando fuentes de ingreso para terceros, incrementando la riqueza intelectual o espiritual de la población.

 

Hay personas que pueden calificarse como muy nocivos. Por ejemplo, familias ricas en lo material con pocos hijos, ocasionan que al heredar, la riqueza se concentre en uno o dos vástagos. Estos ya no necesitan trabajar y producir. Pueden pasar la vida gastando la riqueza heredada de los padres. Si a su vez, por cualquier motivo, no invirtieran en el crecimiento de nuevos miembros de la población directa o indirectamente (gestándolos, educándolos, facilitándoles el crecimiento, etc) o lo que es peor, si cometieran actos destructivos para los otros miembros del grupo, habrán acabado con la riqueza de la generación pasada, con la que debió producir la propia generación y la generación siguiente.

 

Un hombre sano actuará en una forma diametralmente opuesta. En la mayoría de los casos producirá más de lo que consume en orden al bien común, salvo en circunstancias atípicas, El exceso lo invertirá en ayudar a otros.  Si es padre o madre e familia, invertirá tiempo, dinero, esfuerzo, incluyendo la posibilidad de afrontar verdaderos sacrificios para producir hijos con las mismas características de salud que los padres. Hijos que muy probablemente no heredarán grandes riquezas materiales y tendrán que aplicar los buenos hábitos de estudio y trabajo aprendidos, así como la consecuente riqueza intelectual y moral.

 

Imaginemos a un hombre que lo posea todo. Es dueño del planeta entero. No comparte este territorio con hombres animales o plantas. Es dueño el oro y plata, petróleo y extensiones territoriales. Vive sólo e el planeta. Este “riquísimo” ser imaginario morirá miserablemente en unos días, a pesar de su aparente enorme riqueza. El no poder compartir estos bienes le hace ser el más pobre y desposeído de los mortales.                 

 

Imaginemos ahora que “cede” a las plantas parte de su riqueza. Los vegetales se adueñan tenazmente e la superficie del planeta. Del sol que incide en tierras y mares, del agua, aire, y de parte de los elementos de la corteza terrestre.  Ahora tiene que compartir su propiedad con infinidad de seres vivientes y en vez de ser más pobre, es ahora más rico. Ahora puede obtener frutos y raíces para comer.  Pronto aprenderá a subir a los árboles, usar palos  y ramas para alcanzar los frutos o para desenterrar raíces que le permitan alimentarse. Aún así, no tiene ropa caliente  y su habitación no es más que una cueva. El fruto que consume no le da más que para mantener un cuerpo sub-alimentado.

 

Vuelve a perder una inmensa parte de su riqueza y ahora tiene que compartir el planeta con animales. Aunque se sienta más pobre que antes Aunque se sienta inicialmente más pobre que antes, pues ahora ya tiene que respetar la existencia de otros seres, algunos de los cuales se alimentan, igual que él, de frutas y raíces, y a veces son agresivos y hasta feroces. Encuentra que con habilidad puede proveerse de nuevos alimentos, y desarrollando nuevas técnicas, aumenta su dieta con comida más nutritiva y agradable. Ahora puede disponer de huevos de ave, larvas de insecto, crustáceos, moluscos, pieles de pequeños mamíferos, etc. Encuentra que los nuevos “copropietarios” en este contexto de vida, no le han hecho perder, sino que ahora es más rico que antes de compartir la propiedad. Pero aun con esta nueva riqueza, este hombre dista mucho de tener una vida fácil. Su existencia pende de un hilo y su existencia será pobre y difícil.

 

De nuevo, por cualquier motivo, pierde una inmensa parte de su propiedad y aparecen sobre la tierra millones de hombres.  De los cinco continentes que le daban sus recursos, ya sólo le pertenecen unas cuantas hectáreas.  Los bienes que antes le sostenían, ahora ya no le alcanzan, pero pronto descubre que tiene cada vez más posibilidades de supervivencia, pues los otros hombres que habitan el planeta se convierten pronto en proveedores. Algunos saben sembrar, otros tejen fibras, crían animales, trabajan la arcilla y la madera y los metales. Algunos procesan y preservan alimentos o saben algo de medicina.  Ahora puede tener ropa, casa, comida variada y abundante, salud, herramientas y armas de defensa. Ahora le son útiles los pastos y gramíneas, los grandes mamíferos terrestres y marinos y ya no teme a los carnívoros.

 

¿Cómo es que este hombre, que resulta ser “propietario” de menos, está en posición de ser usufructuario de más?   ¿Será que la propiedad se opone a la riqueza de la población, como argumentan algunos desvelados?

 

       El planeta sin plantas y animales no vale gran cosa, puesto que poco produce que pueda ser de valor para la forma de vida que lo está dando valor en este caso, el hombre.   Sin embargo, al llenarse de plantas de diversas especies,  este planeta vale más para el hombre. Al introducir animales, estos permiten una mejor utilización de la propiedad y un importante incremento del valor inicial, ya que algunos animales se alimentan de plantas que inicialmente no tenían uso y ahora sí, como los pastos. Se genera más riqueza y la propiedad aumenta. Aquel hombre con menos “planeta” tiene más riqueza.

 

Hasta ahora he hablado de la tierra, sin embargo hay muchos tipos de propiedad que se puede utilizar en los mismos términos. El ser propietario de una extensión solamente implica el ser dueño de una de muchas condiciones de la plusvalía. Hay otros bienes que, al igual que la tierra, constituyen una legítima propiedad. Un hato de ganado, una planta procesadora, una patente o una habilidad manual o intelectual cualquiera que produzca plusvalía hace de este hombre un partícipe de la riqueza al igual que lo hicieron el compartir la tierra con plantas y animales productivos.

 

Vimos que tener “riqueza” no es suficiente. Hace falta compartir esa propiedad para que produzca plusvalía. El compartir la tierra con plantas y animales productivos es un hábito tan viejo que no hay quien que cuestione su utilidad para crear plusvalía o riqueza. El compartir la propiedad con otros hombres a veces resulta menos convincente y el motivo es fácil de entender. Al compartir la “propiedad” de la tierra con una especie productiva, digamos trigo, podemos ver el beneficio a muy corto plazo y en forma bien definida el hecho de que se ha creado riqueza. Podemos también desechar la semilla de poca calidad sin dificultad. La planta normalmente opondrá poca resistencia y no agredirá rudamente al hombre productor que la arranca de su parcela. Así, el sembrar buena simiente, reconocer la mala y destruirla, es una técnica sencilla que el hombre en general domina. El compartir con otros hombres resulta bastante más complejo, e históricamente sucedió mucho después de que los primeros humanos rompieran el primitivo esquema de la familia.  

 

Frecuentemente la capacidad del hombre para crear riqueza no es fácil de desarrollar o medir. Puede crear “plusvalía” a base de restarla discretamente a los demás, como lo hace el primitivo caníbal en forma evidente. Puede generar “riqueza” restando vida animal o vegetal, (como cuando destruye un sistema ecológico sin reponerlo con otro mejor). Otras veces, aunque genere un beneficio, este es imperceptible (como cuando un policía que cuida una zona en donde no hay crímenes, tal vez por motivos ajenos a su trabajo). Por último, es frecuente que se enmascare la capacidad de destruir con una aparente capacidad productora. Cuando se trata de un hombre claramente pernicioso, como un asesino o un ladrón, se le puede limitar con cierta facilidad. Cuando se trata de un político o un filósofo pernicioso, el asunto no es tan sencillo.

 

Por estos motivos, el compartir la propiedad con otros hombres resulta, en algunos casos, menos deseable, dado el riesgo que se corre. Como consecuencia es común que haya hombres que opongan resistencia a compartir la riqueza y no actúen con franco apoyo al incremento del bien común, limitando así la plusvalía que produce esta propiedad.

 

Sin embargo, históricamente, la tendencia ha sido siempre la de aumentar la copropiedad. A veces, por convencimiento, las más por el cambio natural que es repartir en herencia los bienes, y algunas veces por la fuerza, la tendencia ha sido repartir la propiedad, repartiendo la que ha sido históricamente más común, la tierra.

 

De estos argumentos se puede concluir que la base para la creación de la riqueza son la propiedad y la copropiedad, unificando la diversidad de organismos productivos, que se complementan y adaptan, convirtiéndose en verdaderas simbiosis. No podemos desconocer la necesidad de minerales, como el agua y de la fundamental energía, como la luz. El pretender hacer sistemas ecológicos estáticos, una museo-ecología en donde el proceso evolutivo chocará con la ignorancia y la estupidez, será una forma dramática de restar dinamismo a la propia humanidad, de generar minusvalía.  ¿Cómo sería el género humano sin trigo, arroz, sorgo y maíz?, ¿o sin un cambio provocado en el uso de los minerales, como el agua de riego o la extracción para el consumo? ¿Qué será lo natural, mantener los ecosistemas como siempre estuvieron o transformarlos buscando la complementariedad y la simbiosis con el hombre?

 

Para ilustrar el trabajo compartido sin propiedad, se puede acudir a la naturaleza, rica en variedad. Los biólogos conocen la situación y usan un término que bien puede aplicarse: parasitismo. Un parásito es un organismo que vive a costa de la plusvalía que producen otros organismos. En la naturaleza los parásitos –seres pasivos que habitan sobre o en el cuerpo o morada de otros-  pueden venir de grupos taxonómicos especializados en parasitar a otros organismos especializados en producir, pero hay un grupo en el que el parasitismo intraespecífico (entre los organismos de una misma especie) es un elemento cotidiano: la población humana.

 

Como toda población requiere de riqueza para vivir y crecer, la propiedad y el intercambio juegan papeles vitales y por lo tanto se justifica alcanzar una mayor profundidad en el análisis de estos elementos de la vida.

 

La propiedad tiene que cambiar necesariamente de dueño, ya que los seres no viven indefinidamente. Además  del proceso del cambio natural de propiedad que es la herencia, hay otros dos procesos de cambio de propiedad: el intercambio (el pago de impuestos con la  exigencia de servicios de gobierno, o se da caridad al pobre y espero gloria en la próxima vida, etc),  y la usurpación (robo o despojo).

 

En el intercambio existe una gran variedad de posibilidades en las que se da plusvalía a la propiedad. Un ejemplo muy claro es la función del maestro. Un hombre intercambia parte de su riqueza –el conocimiento- para que, compartida, genere plusvalía a través de otros individuos, y a cambio recibe el pago que le permite vivir.

 

Este intercambio de propiedad para generar riqueza, es nada menos que una propiedad biológica, una simbiosis de seres vivos que se unen para mejorar su capacidad de supervivencia.  Muchas actividades humanas se justifican ampliamente en este contexto. La investigación científica,  la enseñanza, el trabajo manual, la administración, etc. También hay multitud de actividades que generan minusvalía: un maestro que no enseña o enseña falsedades, un científico que obtiene y difunde información inútil o nociva (¡Cuántos de estos, Dios mío!), un trabajador que desperdicia gran cantidad de materiales, el administrador que no lleva control de sus operaciones, y en general os individuos que no intercambian o dilapidan o desposeen . No hay simbiosis, Hay parasitismo.

   

      

El capital y el gobierno.

 

En los párrafos anteriores, se omitió mencionar dos elementos de la riqueza: el capital y el gobierno.

 

El capital ha sido ampliamente discutido, especialmente desde que Carl Marx puse el dedo en el renglón. Cien años de errores en la concepción de este elemento de la riqueza provocaron un tremendo atraso en la mitad del planeta, ya que este error catalizó la doctrina económica del estatismo-comunismo con los resultados por todos conocidos.

 

El capital es un elemento de plusvalía pues permite aumentar la copropiedad  El poder concentrar a varios propietarios (que aportan capital) con diversos organismos humanos y no, puede aumentar la copropieded. Por ejemplo, aportar capital para desmontar, trabajo humano y buena semilla para hacer una empresa agropecuaria, en conjunto pueden ser de beneficio para muchos.  Si varios aportan capital para hacer una industria y así estimulan el intercambio e integración de diversos elementos de la riqueza, como el trabajo de los obreros,  el conocimiento de los técnicos, la materia prima de los proveedores, la habilidad de los directores, los estudios de técnicos y asesores, etc. produce no sólo riqueza para los que se complementan en esta simbiosis por sus capacidades, sino que también enriquecen a proveedores, consumidores y sociedad en general mediante el pago de impuestos.

 

Sin embargo, al igual que cualquier otra forma de propiedad, se puede utilizar el capital para abusar de la población. Un propietario de ciencia puede usurpar un intercambio de propiedad (p. ej. un médico que en vez de curar al paciente lo mantiene enfermo para poder cobrar más) o un propietario de un bien material como el de un terreno ocioso, que aprovecha que en los terrenos aledaños se genera plusvalía  pero aporta o genera minusvalía a los vecinos por el descuido o la suciedad en que lo tiene, etc.).  El capital puede ser un elemento de riqueza o de pobreza según se use para crear riqueza o parasitar. La imagen de los países capitalistas a la usanza inglesa durante la revolución industrial  o los afectados por el capitalismo de estado en la Rusia del siglo XX (El comunismo no es otra cosa más que un capitalismo de estado, el peor de todos los monopolios), nos ilustra como sufre la mayor parte de la población al ser abusada bárbaramente por otros parásitos del género humano.

 

También asoma su faz el gobierno.  Para que tenga funciones de utilidad, como la cabeza al cuerpo o la abeja reina al panal, y con eso justifique su existencia, debe de crear condiciones para que los individuos de la población puedan generar la riqueza que requieren para vivir. El gobierno tendrá dos funciones básicas, la protección exterior de otras poblaciones agresivas y el orden interior en el que el binomio sociedad-gobierno debe de operar como una simbiosis y no como un parasitismo. Lo mismo: debe de estimular la propiedad  y la copropiedad biológica, permitir que las formas de vida estén en armonía,  siguiendo el principio de fortalecer a quien mantiene a ese gobierno, es decir, a la población humana., y ubicar a las demás formas de vida a ser productivas al hombre, al igual que el hombre debe de ser productivo al hombre mismo.  Sin esta simbiosis, las formas de vida ordenadas al hombre no podrán sobrevivir, como la vaca de establo moriría sin los cuidados del hombre.

 

Para generar propiedad, el gobierno debe dirigir el esfuerzo común hacia infinidad de objetivos excelentes. Puede aumentar la disponibilidad de tierra,(disecando pantanos por ejemplo), puede aumentar la riqueza personal (estimulando la educación, la investigación, la salud, etc.) dar plusvalía a la tierra (irrigación, comunicación, urbanización, etc.) , puede fomentar el ahorro y la ubicación de recursos(fortalecer el sistema bancario, dar precios de garantía al grano,  legislar la propiedad) y en general proteger al ciudadano del despojo o usurpación con leyes justas y fuerza pública.

 

Para generar copropiedad debe también cumplir con importantes funciones, como fomentar el intercambio, estimulando el comercio, las sociedades productivas,  las uniones y relaciones de la empresa y las partes que la componen.

 

Sin embargo, las funciones de gobierno también pueden generar minusvalía por causa de parasitismo. Un gobierno puede destruir la propiedad de diversos modos: despojando a los miembros de la sociedad abusando de la fuerza, adjudicándose propiedades como la tierra, el capital, el trabajo (esclavizando) y de hecho la vida. Tiene a su alcance muchos y diversos medios de despojo. Entre ellos están los impuestos excesivos o mal aplicados como la inflación, (que es un impuesto disfrazado), la educación manipulada para formar ciudadanos dóciles -al modo de los hormigueros- que sirvan al gobierno con prioridad sobre otras partes de la sociedad en detrimento de ellos mismos, como los gobiernos militaristas, estatizaciones improcedentes sin la debida retribución, leyes que permitan el despojo a terceros, manipulación de la investigación, la guerra injusta (intento de despojo de otra población), coartar la libertad de enseñanza, de inversión, de escoger trabajo, de escoger hábitos, costumbres, cónyuge, religión, modos de educación para los hijos,  la libre asociación, restringir otros cauces de libertad, etc.                 

 

Al hablar de los sistemas de gobierno, discutidos hoy como siempre, encontramos que el feudalismo, la monarquía, la democracia etc., o de los sistemas económicos o sociopolíticos como el comunismo, capitalismo, o sus híbridos socialismos, se puede uno siempre  preguntar, ¿estaremos gobernados o parasitados?

 

El capitalismo liberal le da derecho absoluto al capital, lo cual hace que la riqueza se concentre y retroalimente a los hombres ya poseedores de capital. El comunismo pone al hombre al servicio del estado, lo cual hace de los gobernantes verdaderos dueños absolutos de la población y riqueza (como en el feudalismo), minándola lamentablemente por falta de copropiedad. Los distintos socialismos suelen dar intervención preponderante a los gobiernos, por lo que la población suele quedar a merced de los políticos y burócratas. Me parece ser que la democracia es la forma más ágil de gobierno, en cuanto a la capacidad que puede tener un ciudadano de exigir su inclusión como propietario y lograrlo según diversas variables, aunque tiene sus limitaciones en la capacidad del entendimiento de los votantes, frecuentemente muy manipulados por la educación y campañas electorales, así como por la lentitud en que se pueden tomar las decisiones por medio de un Congreso.

 

La diferencia entre una buena forma de gobierno y una mala no radica únicamente en el sistema a utilizar, sino también en la calidad y ciencia de los gobernantes. Se puede decir que hay sólo dos formas de gobierno. El despotismo (de desposeer), cuando se refiere  a un gobierno parásito que no crea o estimula la propiedad y la copropiedad y que acumula riqueza o poder a base de destruir los medios de vida digna y viable de la población. El segundo es la democracia, entendido aquí como el gobierno para la población (este concepto se comentará más adelante, ya que muchas de las llamadas democracias no lo son, si analizamos el resultado de su gestión)  Así, gobernantes electos en las urnas pueden ser déspotas, como de hecho sucede, y gobiernos que lo han sido pueden, en este sentido, ser democráticos, pues atinan a gobernar por la población. No cabe duda que el voto ayuda a mantener a los gobernantes en el segundo esquema.

 

Hay ejemplos de capitalismo que congelan la sangre de cualquiera que tenga un mínimo de respeto a la vida. Ver como la familia Krupp equipa sistemáticamente a distintos países haciéndolos competir en armamentos hasta ser causa directa de la muerte de unos cincuenta millones de hombres en las guerras europeas de la mitad del siglo XX, con el sólo objeto de aumentar su riqueza, es un claro ejemplo del capitalismo más despiadado.

 

Hay infinidad de ejemplos del estatismo que nada tienen que envidiar a los Krupp. La muerte de la mitad de la población de Cambodia efectuada por Pol-Pot, aprovechando el conflicto entre los gobiernos Ruso y Chino, la pavorosa matanza del pueblo Chino por Mao,  la de campesinos rusos por Stalin, el paredón de Castro en Cuba, son unos cuantos de los muchos recientes ejemplos del estatismo más despiadado. Faltarían páginas en un libro para enumerar ejemplos en que estos sistemas vulgarmente conocidos como antagónicos han demostrado ser la misma cosa; despotismo, usurpación de recursos de todo tipo y como consecuencia, causando la muerte a grandes núcleos de población.

 

Los atracos no han sido privativos del comunismo o del capitalismo, se han visto en monarquías, socialismos, dictaduras y gobiernos de representación.

 

              En la historia vemos frecuentes intentos por solucionar este problema. Por eso se desarrollaron conceptos como el de “aristocracia” o gobierno de los más aptos, el la que se pretendió dar prioridad a la calidad del individuo para ocupar puestos públicos y manejar capitales. Pero los parásitos aparecieron y pronto el término “aristocracia” se convirtió en sinónimo de dispendio y despotismo. De nuevo unos hombres sumen en la miseria al pueblo con impuestos improcedentes y todo tipo de atraco.

 

Pero la población humana ha seguido creciendo, señal inequívoca que en el balance final entre la producción y el consumo, va ganando la producción dirigida al crecimiento. La balanza favorece a los hombres generadores de riqueza y de vida. Han aumentado tanto la producción y mejorado suficientemente el consumo que, además de sostener al creciente número de pobladores han logrado mantener a un gran número de parásitos. Los obreros, campesinos, intelectuales, profesionistas, capitalistas, gobernantes, etc. han superado un enjambre de dificultades: la especie es fuerte y se resiste a ceder  su voluntad de crecer en vida y perpetuarse. Si esa voluntad no existiera, no existiría la población actual. Hace mucho que habría sido substituida.

 

El armamentismo y el consumismo son dos de las más importantes limitaciones de las poblaciones actuales, junto con la falta de ciencia natural certera, que corrija los conceptos dramáticamente equivocados en cuanto a salud de una población y el balance ecológico acertado. Los montos gastados en comida chatarra (clama el gasto en refrescos dietéticos que no alimentan y cuestan más que la gasolina), armamento, cosméticos, alimento para perros y gatos. En el mundo, cerca de doscientos mil millones de dólares al año se gastan en cigarrillos, cuyo cultivo ocupó tierras que pudieron producir millones de toneladas de alimento y cuyo fruto se quemó sin producir beneficio, más bien daño. Pero creo que el gasto que clama al cielo es el desperdicio del tiempo ante el televisor.

 

 Si consideramos que cada individuo productivo en los Estados Unidos gana más de $15 dólares la hora, que son unos cien millones de individuos con esta característica, que suelen pasar ante la televisión unas dos horas y media al día (las amas de casa y los niños mucho más), entonces el valor de transferir a trabajo una hora diaria de ver televisión corresponderá un monto de (cien millones de personas) x ($15 dólares por hora) x (365 horas al año por persona ) = $54,750,000,000 o sea del orden de 55 mil millones de dólares. Si a Europa le estimamos otra cifra similar y al resto del mundo una tercera, podemos estimar que el hábito de estar sentado ante la televisión más de una hora y media al día le cuesta a la humanidad un monto de oportunidad de unos $165,000,000,000 y probablemente más. Considerando qu