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LIBRO QUE REVISA ASPECTOS ECOLÓGICOS A LA LUZ DE LAS CIENCIAS NATURALES Y TEOLÓGICAS SEGÚN EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA CATÓLICA.
AUTORIZACIÓN DEL ARZOBISPADO DE GUADALAJARA, MEX
______________________
INTRODUCCIÓN 2
ENSAYO PRIMERO: EL VERBO Y SU
CREACIÓN. 4
ENSAYO SEGUNDO: LA IMAGEN DEL PADRE. 21
ENSAYO CUARTO: EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA.
58
ENSAYO QUINTO: TIEMPO GANADO CONTRA TIEMPO PERDIDO. 80
ENSAYO SEXTO: ECOLOGÍA PARCIAL O LOS ADORADORES
DE GAIA 103
Las luchas sociales del siglo XX, desde la
revolución bolchevique hasta la caída del muro de Berlín, nos dejan un sabor
amargo de boca. ¿Qué nos depara el siglo XXI? ¿Veremos los asesinatos masivos
como los del campesinado en Rusia, los católicos en Europa Oriental y en
Asia, los judíos bajo el Nazismo y
muchos más?
De hecho, ya se están dando, escondidos
generalmente bajo penumbras, auspiciados por multitud de gobiernos y
organizaciones políticas y financieras.
El aborto y, a su manera, el control natal en modo absurdo, equivocado,
manejando para ello las ciencias biológicas contra natura -la demografía como herramienta de
maldad- levantan ante nosotros actos de
depravación que permitirán ver a Stalin y a Hitler como pequeños niños de pecho
ante el número de las ejecuciones actuales.
De ahí que considero conveniente escribir estas
líneas, cuyo objeto es dar herramientas de ciencia a los católicos -obispos,
sacerdotes y seglares, padres y maestros, hombres y mujeres- para sumarlas a
las que ya se tienen en la lucha que habremos de librar en este milenio que
empieza.
Al igual que sucedió en el siglo XX y en los
anteriores, la buena doctrina ayudará a ganar posiciones, a cuidar la vida de
nuestros hijos y hermanos y con ello dar
Gloria al Altísimo.
En el principio era el Verbo, y el Verbo era junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él era, en el principio, junto a Dios: Por Él todo fue hecho y sin Él nada se hizo de lo que ha sido hecho. En Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz luce en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron.”1
Fuera de Dios: Nada era todo. Todo era nada. No había lugar o tiempo; no había dirección o movimiento. El abismo era faz, pues no había volumen. La faz eran tinieblas, pues no había luz ni objeto iluminado.
En Dios: Era todo. Todo era Dios. No había lugar o tiempo; era en Dios como Es: Ser Amor y Ser Entendimiento. Era Ser Paternal, misericordioso y justo; era Amor a, y de, Su Imagen Filial, como ahora. No había tinieblas; sólo luz, pues la Luz y el Ser iluminado eran el Padre y El Hijo, como ahora. El Testigo que da fe de Todo, era Amor, que era Todo, porque Dios es Amor.2 Es Testigo fiel, pues ama la Verdad que Es Él, pues Su Amor es Sí mismo. ¿Qué otra cosa puede amar el Amor si sólo Es Él?
Engendra el Padre; el Amor se inflama. La Luz enciende al Verbo, y al reclamo del Amor que se derrama en nada y llena todo de Luz, que el Testigo ama, porque es Luz de Luz y Amor iluminado.
Se afilia el Hijo; el Amor se inflama. La Luz enciende la Paternidad y el reclamo del Amor refleja benevolencia del Padre, sentencia de Amor que se derrama en nada, y llena todo de Luz, que el Testigo ama, porque es Verdad, Luz de Luz y Amor iluminado.
Estalla entonces la Creación de Amor, vigorosa, espléndida y ardiente, como el Amor de Dios que se derrama.
A temperaturas indecibles, a velocidades inimaginables, la luz toma cuerpo en nada, y el resplandor del Amor de Dios explota en el primer instante como objeto intensamente caliente que surge de la faz del abismo, donde había nada y ahora hay luz. Es el Amor que busca paternidad hacia el Hijo, benevolencia paterna; es el Amor que busca filiación hacia el Padre.
La luz fue y desde entonces hubo dirección, volumen, lugar y tiempo. La primera ley está dada. Hubo velocidad, proceso, orden y movimiento, que norma desde ese día el flujo de la Creación. La luz viaja radiante en todo rumbo y momento; fija su velocidad y su anhelo en llenar la nada de la imagen de Dios (pues Él es Luz de Luz) y avanza impetuosa hacia la faz abismal.
El Verbo refleja la voluntad paterna y dignifica a la luz con el destino de la benevolencia del Padre. Legisla con leyes que llevan ya la semilla del Ser trinitario; son la imagen del Padre que engendra al Hijo y reflejan el destino que les es otorgado por la misericordia de Dios. El Verbo se manifiesta en el cauce que toma la Creación, por las leyes que le son dadas; leyes que llevan al Padre por el Amor del Hijo, en el tiempo, cauce amable que es ya fruto del Amor. “Dijo Dios...” (nótese la acción del Verbo) “haya luz, y hubo luz”.3 Es la participación del Ser a la Creación. Ser, como Dios es el que es, pero la luz es sólo participación, porque depende del Ser.
Las leyes próximas que rigen a la luz son aún desconocidas. Sabemos que viaja a velocidad constante en la nada o en el vacío. Sabemos que es radiación electromagnética y que se comporta como onda y como materia. Consta de partículas energéticas, que en un principio fueron las llamadas fotones, quarks, leptones y gluones y electones, antes del primer segundo de la Creación. La luz es afectada por la gravedad, que la desvía.
Sabemos que se refleja y que es energía. Sabemos que de la explosión inicial de luz, se derivó la materia. Esta se produce por un agregado de partículas energéticas ordenadas según sus cargas y sus modos, unidas por una fuerza que los físicos llaman fuerza fuerte, hasta producir una forma estable de conjunto de partículas llamada átomo.
Se le da el nombre de fuerza fuerte, en tanto a corta distancia esta fuerza es más intensa que la repulsión eléctrica que haría que las partículas cargadas del núcleo del átomo se dispersaran, a causa de sus cargas eléctricas.
Son algunas de las leyes del primer nivel: La luz que viaja haciendo espacio en nada, partículas energéticas que, cuando se atraen, se ordenan en la dirección de la materia. La ley eléctrica juega un segundo papel, haciendo que el orden atómico se atraiga o se repele, produciendo así cristales en que el orden atómico se multiplica, y permite que se agreguen a ese orden nuevos átomos iguales, o que ciertos átomos disímiles reaccionen entre sí, formando compuestos, que a su vez pueden reaccionar con otros, o segregarse.
El movimiento, en forma de calor, deshace el orden molecular o cristalino. Produce también cambios de estado, haciendo que los sólidos se hagan líquidos, luego gases y hasta plasma, que es el rompimiento del orden atómico en partículas menos elaboradas.
¡El resultado es espectacular!
Estas sencillas reglas (aunque algunas no tan sencillas) producen la diversidad de la substancia cósmica. Obedientes al mandato del entendimiento, parte de la luz inicial se hace materia, generalmente candente, que se enfría según la expansión del cosmos sobre la faz del abismo, y al enfriarse se contraen en gases y luego masas estelares, que empiezan a revertir el proceso inicial por el que la luz se hizo materia, volviéndose en ellas la materia luz.
Se llena así el firmamento de estrellas y galaxias radiantes, emisoras de luz que nos permite conocerlas. Hay cuerpos enormes, verdaderas murallas de galaxias, en donde millones de millones de estrellas aportan su luz y su gravedad para producir cuerpos celestes de extraña belleza y dimensiones impensables, como el amor de Dios. Se agregan ahí los átomos, generalmente de hidrógeno, hasta dar la presión y la temperatura con las que la materia se revierte en luz.
Hay muchos tipos de estrella, con diferencias de color, tamaño y edad. Las más jóvenes consumen la forma de hidrógeno más reactivo, el deuterio, y las más viejas, el helio que en ellas mismas se produce. Las hay azules, blancas o rojas; solas o agregadas a sistemas que giran entre sí, atraídas por la mutua gravedad; otras que estallan produciendo torrentes de energía que llena el universo con sus ecos cósmicos. Unas frías como planetas, apenas detectables. Las hay que implotan sobre si mismas y atraen a su masa gigantesca toda emisión de luz, como enormes hoyos negros que todo digieren a su alrededor. Hay cometas, planetas meteoritos, lunas y polvos siderales, nubes estelares y luz que viaja en toda dirección, en toda frecuencia imaginable.
A menor escala, los átomos se unen a otros átomos y producen miles y miles de substancias de diversos colores, textura, lustre, dureza, flexibilidad y densidad. El talco blando como el diamante duro; el metal brillante como el granito opaco, flexible como el acero o pesado como el plomo. Los compuestos son legión: óxidos, fosfatos, cloruros, complejos de boro y de silicio, de oxígeno y aluminio. La diversidad es enorme, la forma de los cristales muy variada. Esto se agrega en rocas y fluidos que hacen los planetas, unos con atmósfera ácida o neutra; oxidante o reductora, sólida, líquida o gaseosa, según estén calientes o fríos, iluminados u obscuros.
Al participar el Ser, se dan todas estas variables, pero nunca regresa al no ser. Todo muda, nada se destruye, dirán los técnicos.
¡Y que diversidad!
El Verbo explota en variedad el tiempo en que el Amor toma el cauce hacia el Padre. Toda forma y medida, todo orden y proceso le parece poco al Hijo para demostrar entendimiento al servicio de Aquél que lo envió.4 Las leyes del primer nivel resultan muy flexibles, generan muchas posibilidades. Al fulgor del rayo se suma el hechizo del arco iris, y el fragor de la tempestad complementa al cadencioso ir y venir de las olas. El volcán activo contrasta con el meteorito lacerante en la corteza polvorosa de un planeta, o la explosión de una estrella supernova contrasta con la extraña emisión rítmica de una estrella neutrón.
El reflejo múltiple del diamante, nos recuerda la chispa entre dos nubes y la ley de gravedad a la atracción entre dos polos de carga opuesta.
¡Cómo se suman las posibilidades de la diversidad atómica, con la multiplicidad de ordenamientos moleculares, con la forma cristalina, con el agregado de cristales que son rocas, y luego continentes, para hacer planetas de los sistemas solares, galaxias y cúmulo de galaxias! ¡Qué orden tan impactante! ¡Qué legislación!
Al tiempo que la luz digiere el abismo, el entendimiento del Ser subsistente, eterno, legisla con sabiduría matemática, cronométrica –previendo lo que vendrá adelante– para llevar a la Creación a la Gloria, objeto de participar el Ser, porque “por Él empezaron a existir todas las cosas, y ninguna de las que existen empezó sino por Él”.5
Y el tiempo camina a la vida, en donde la maestría sigue su curso: “La fuente de vida”6 toma aquella combinación certera y la envuelve con Su Ciencia Eterna. Anticipa de esta manera el camino para emular Su propio actuar con respecto al Ser Paternal que lo engendra. (“Porque del Hijo al Padre hay identidad. No son dos divinidades, sino una sola divinidad”.7 )
Miles y millones de átomos cuidadosamente ordenados en una espiral de carbono y fósforo, oxígeno, nitrógeno e hidrógeno, formando un extraño hilillo microscópico con un orden asombroso, que no se pudo dar al azar, sin la ciencia portentosa del Creador, como no se puede soltar un camión de chatarra de lo alto de un precipicio y resultar en un avión que se reproduce solo y que va volando; todo esto por pura casualidad o coincidencia.
¡La fecundidad estalla en posibilidades!
La legislación aplicada, resulta dar vida con asombrosa diversidad, porque las leyes de la vida son coherentes con el fin, ya que “Yahvé es el que reina”8
De la célula inicial cuyo proceso de vida desconocemos y que algunos consideran como una bacteria que digería algún elemento reactivo con la atmósfera reductora de los primeros millones de años del planeta ya frío, se le dio tiempo a la vida y manera de aprovechar la luz para ordenar los átomos que la rodeaban, llevándolos a formar células productoras de oxígeno por la energía radiante del sol.
Con los milenios, cambiarán la atmósfera en oxidante. Aquellas algas primeras invadieron los mares en donde obtenían su principal componente –agua–. Se reproducían arduamente, compitiendo entre sí por la luz, el espacio vital y otros compuestos que requieren. Todavía vemos esta forma común de vida, pero la ley de la selección y las posibilidades que arrastró la Creación desde la diversidad de la materia, interaccionan produciendo millones de formas de vida, muchas extintas, con toda característica imaginable.
La magia del color y de la forma, se suman al comportamiento propio de la especie y la interacción con el entorno, para que la imaginación más estimulada quede en nada comparado a la riqueza creadora del entender Divino.
¡Qué armonía!
Unos átomos se unen para formar una membrana que lo cubre todo, y la célula hace prodigios de química dentro de esa capa que protege, pero permite el paso hacia adentro de lo que la vida requiere y hacia afuera de lo que la vida deshecha. El estado gelatinoso de adentro, es una fábrica completa en donde la luz y algunos compuestos son convertidos en azúcares que alimentan el crecimiento y permiten más fecundidad.
La atmósfera oxidante antecede al mundo animal. Entonces pequeñas partículas de vida empezaron a pulular por doquier, digiriéndolo todo en su afán intenso de multiplicación; diversificándose sin cesar y emitiendo cilios, flagelos y pseudópodos, en su loca carrera al movimiento. La luz llega ahora a producir con su ser esta nueva forma de ordenamiento que es la vida, y pronto esos seres pequeños encuentran que unidos pueden alcanzar más altura o estabilidad, moverse más rápido, digerir partículas mayores, huir a mayor velocidad, atacar con más presteza. Se encaraman los unos sobre los otros para alcanzar más luz, o se sumen los unos bajo los otros para encontrar substrato y substancias alimenticias.
Esto es un gran paso: no deben disgregarse o digerirse unos a otros, para poder pasar a ser sociedad y aprender a distinguir a los seres de su misma especie, para formar un orden más elevado: Primero es colonia y luego se especializa por partes para crear organismo de organismos, que ahora dependen los unos de los otros para comer, multiplicarse, esconderse o atacar. Luego, la relación de las partes mejora y se hacen organismos con fisiología y bioquímica propia, metabolismo y comportamiento heredado, con tejidos diferenciados y órganos interdependientes, que comparten fluidos y sistemas de defensa, órganos sensores, red nerviosa común y nuevas capas protectoras que les dan unidad. Reparten el alimento, lo almacenan y llevan oxígeno a cada célula, de cada tejido, de cada órgano de cada sistema, día con día, para subsistir...
¡Qué legislación!, ¡Y la diversidad!
Multitud de colores y formas de insectos y nudibranquios, de rotíferos y peces. Grandes y pequeños, activos y sedentarios, diurnos, nocturnos, acuáticos, terrestres y anfibios. Unos saltan, otros nadan, vuelan, corren se fijan a un substrato o se dejan arrastrar por las aguas. Se comunican con color y movimiento, con olfato y sonido, con tacto y sentidos que nosotros no tenemos. Viven en calor y frío, en superficies o profundidad, a los cuatro vientos o enterrados en obscuros laberintos en donde crecen y hacen su instintivo laborar. Las flores y frutos en cúpulas y ramas, las raíces y cortezas hablan de un Creador omnipotente, cuyos designios son nuestras fronteras.
¡Cuánto entendimiento!9 Si al hecho de conocer unas cuantas formas, los hombres llamamos “ciencia”, ¿qué será el hacerlas todas desde la nada? ¿Legislar su física y su energía, su fisiología y bioquímica; ordenar su ecología en el espacio, su desarrollo en el tiempo, su destino trascendente que aún no se avizora en el horizonte, pero que claramente motiva al Creador?
Comenzando con la célula germinal, luego mórula, gástrula, bástrula, nonato, y otro nuevo organismo que explota en posibilidades de heredad, una y otra generación en los rincones en donde fluye la luz y el agua, el aire o el alimento, adaptando su ser y su hacer a propios y extraños, durante milenios y miles de milenios. Eso es Ciencia de Dios, todo, comparado a la nada de etiquetar algunos nombres o descubrir algunos procesos químicos que en los técnicos sin Ciencia producen la vanagloria que los lleva a inflarse como globos, llenos de pretensión a pesar de su impotencia. El verdadero Verbo creador y omnipotente produce vértigo al observador consciente de su nada, y risa del que pretende y no puede hacer un solo organismo fuera de Dios.
Y Él, al ver que el plan procede como previsto y el Plan Providencial se manifiesta espléndido en la Creación, estalla en borbotones de Amor y contagia al cosmos con Su similitud, por conducto del alma inmaculada del padre del linaje antiguo. El Verbo refleja entendimiento al mundo, como participación de Dios, y “el alma es creada en el tiempo y en la vida”.10 , Imagen y Semejanza dice la Escritura.
Como el Verbo discierne y decide, manifiesta su omnipotencia al legislar para que el orden de la Creación sea respetado y da Dios leyes que las creaturas y Adán tendrán que obedecer. Guardando el código establecido de fecundidad, Dios hace otra alma para Eva y entonces les da la conciencia del bien y del mal, en donde sólo el bien puede tomarse, según ley impresa en la espléndida naturaleza que es cuerpo de luz con espíritu de Luz, imagen del que es Luz de Luz y Padre de la Luz.
Entonces la Creación adquiere una característica insólita, prevista desde la eternidad, que es la de poder ser llevada hacia la creatura, y no hacia el Creador. Surge el pecado, desorden de primer grado contra Dios; “quisieron ser como dioses”, nos dice el Génesis.11 Sabemos que se produce una circunstancia difícil de entender sin el auxilio de la Revelación: ¡la creatura ofende al Creador! y el Creador refleja su bondad en una acción redentora al tiempo en que permite que la creatura retroceda a un estado casi animal, en donde el egoísmo se vuelve enorme enemigo.
Los unos se matan por rencor, los otros se comen mutuamente. El egoísmo produce un modelo de hombre aislado, que desea para sí el bien ajeno y lo toma sin considerar la vida de otro hombre. El vecino digiere al vecino, y no hay más unidad que la familia polígama y cerril, más primitivo que el aborigen australiano en su soledad, sin las herramientas, escasas ropas, lenguaje y costumbres de este último.
En la libertad, se
produce la capacidad de ofender al Creador, lo cual hace a la creatura
ofensora, opuesta a la acción trinitaria Ad
Extra. Queda entonces afuera del destino planeado por la bondad y no
llegará a la Gloria. Del reflejo de la ofensa del pecado en el Amor Infinito de
Dios, y pasando por el Hijo, que da
la Semejanza con el Padre, la Trinidad contesta en Justicia y Misericordia con
la curación al efecto del pecado. En el Linaje de la Redención se manifiesta la
medicina que dirige de nuevo a la Creación.
La resultante después
de la acción del Verbo, es una gracia trinitaria que cura el efecto de la
ofensa. Regresa a la Creación una acción que es de naturaleza divina, por la
que Dios abre el camino a la creatura
ofensora y libre a su filiación, por el Amor y la semejanza que conlleva. Es la
gracia, que llega al alma como olor sugestivo si hay mancha de pecado, para que
se acerque al perdón, o como nutritivo alimento (incluyendo el olor), si la
creatura ya recibió la participación del ser inmaculado.
Lo primero es la
gracia actual, lo segundo es la gracia santificante. El hombre no puede, por
los medios naturales, producir obras meritorias en función de la vida eterna.12 Esta voluntad gratuita de Dios es
infundida en el alma inmaculada y excede a toda facultad de la naturaleza
creada sin la gracia13 ya que
es participación de la naturaleza Divina.14
En la Libertad, dañado el hombre por el pecado, se manifiesta el entendimiento
por permitir una nueva explosión de diversidad y alternativa (porque ya hay
libertad) para la creatura racional.
Abundan de nuevo
muchas formas de Creación. El lenguaje, manifestación radical del entendimiento
humano, se disgrega hasta producir infinidad de idiomas. El proceso de
organización que vimos en el nivel del tiempo y la vida, se manifiesta ahora
permitiendo que los hombres empiecen a vivir en grupo, y del individuo
polígamo, asesino y probablemente ladrón, como Lamec.15 Se empieza a dar la familia, como en
Noé y Abraham; la tribu, la ciudad y la nación. En pocos años vemos el mundo
lleno de ciudades, como Jericó, Ur, Nínive y Babilonia, con la diversidad de
lenguas y costumbres, manifestación artística en arquitectura y pintura, música
y escultura, ya que en el arte se manifiesta la libertad. Vestidos y entierros,
escritura y legislación civil crecen en variedad a cada instante.
Pero los hombres,
dañados por el pecado, permitieron que la Ley de Dios se olvidara. Pululan
falsas imágenes déicas, los ídolos, que a veces eran hombres, otras animales, o
figuras grotescas, cuyo hacer era perder el rumbo al entendimiento humano. Se
adoró al sol y a la luna, al toro y al ibis,
al león y al faraón. Tal produjo la oposición del camino hacia la Gloria.
Pronto veremos la infecundidad manifiesta en el rito religioso, como el sacrificio
de niños y doncellas, o la manifestación del hedonismo, con dioses y diosas
descubiertos, representando la sexualidad, los cultos fálicos, la sodomía y la
castración se vuelven comunes. Es la aberración al orden creado que clama al
cielo y a Su Señor.
Dios decide subrayar Su propio camino y, en
medio de la diversidad, continúa el hilo conductor del Padre, por el Amor y el
Hijo, “para que la Luz brille en las
tinieblas”.16 Nace Noé del linaje de Set y, en premio a su
justicia, recibe la promesa de vida. Le sigue Abraham, quien obtiene también la
promesa de una descendencia increíblemente numerosa. De la familia se hace la
tribu y el pueblo, el cual es llevado a la esclavitud. Ya no pierde su rasgo
característico, y se mantiene aparte durante cuatrocientos años. Llega luego
Moisés, y la Ley Escrita es dada para
continuar el camino hacia la Redención, porque “tendrán por maestro al mismo
Dios”17
Como los átomos
arreglados en un orden definido producen –con el soplo de vida– un organismo
vivo; las letras y los sonidos, las palabras, frases, oraciones, párrafos,
capítulos, libros y autores, explotan en esta nueva manifestación trinitaria.
Ordenados con la batuta del Creador, provocan nuevo cauce. Con el entusiasmo
acostumbrado, Dios empieza a perfilar el nuevo ordenamiento, evolucionando con
nuevas leyes el producto de anteriores etapas de Su Creación. Es el caminar del
Amor al producto final del Entendimiento
Amado y Amante.
Génesis, Exodo, Levítico, Deuteronomio y Números, regulan cada acción del pueblo acrisolado junto al Sinaí. Ritos, holocaustos, oblaciones y expiaciones, sacerdotes, jefes, consagraciones, y derechos. Hay reglas de pureza, del parto, de la lepra, de quemaduras y llagas, de la sexualidad, de la mujer. Leyes de santidad del matrimonio, de la honestidad y la justicia, a los padres y a los hijos, sobre la venganza y el rencor.
El decálogo norma la vida de esta nueva manifestación del Dios Uno y Trino. Habla a los judíos y les dice: “Sed santos porque Santo Soy Yo”18 “No vayáis tras los ídolos”; “obedeced y observad mis leyes”.19
Hay leyes penales, sacerdotales, dietéticas, de sacrificios y fiestas, de días y años sabáticos, de propiedad, tarifas, bendiciones y valuaciones. Hay casta sacerdotal de los levitas, con funciones especiales y dedicados a la Ley.
A esto se suman los
profetas, que con su don van haciendo que Israel se mantenga en la fe, como las
primeras manifestaciones de vida se mantuvieron en el orden vital. Samuel y
Elías, Eliseo, David, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel, todos tienen papel preponderante en la
Palabra Escrita que es Ley del pueblo judío, y la esperanza del Mesías es
preludio de otra Esperanza que el Autor dará cuando, por Amor, se encarne Su
Hijo Amado, y el Hijo lo refleje con perfección.
Tiembla el cosmos con
la decisión tomada en el seno de la Trinidad. El Amor reclama la Creación al
Padre, y al tiempo en que el Padre actúa en Su línea de Paternidad, el Espíritu
Santo obra el mayor acto de Amor Ad
Extra.
¡Que delicadeza!
Viene el Verbo con gentileza extrema, en medio del Amor del Espíritu de
Creación. La cueva de piedra en nada desdice el orden trinitario, cuya materia
tan maravillosamente legisla el Omnipotente.
La paja es cuna donde el Verbo siente la caricia del Amor del Padre; el
animal aquel que rumia, glorifica al Creador con su fisiología y su instinto.
Vienen los niños
pastores con cuerpo recto y mirada alegre que
da la juventud: judíos libres y obedientes al llamado del Ángel del
Señor.20 ¡Cómo lo glorifican por el Amor al
Padre!... Y en brazos de la Inmaculada se cimienta el orbe y la Redención,
porque “Su misericordia se derrama de generación en generación sobre los que le
sirven,”21 y es que “así lo había
prometido por boca de los profetas.”22
“Ha tenido presente su alianza, el juramento que hizo nuestro padre Abraham, de
concedernos la gracia de que, libres del poder de nuestros enemigos, nos
podamos consagrar a Su servicio, practicando la virtud y los mandamientos.”23 Y a la vez que se juntaba una multitud
del ejército celestial alabando a Dios en el Cielo,24
“María guardaba todas estas cosas en su corazón.”25 José, perplejo, comprende mejor la
grandeza de su sacrificio, viendo rodeado al Hijo de la madre virgen, por
ángeles que piden paz a los hombres de buena voluntad. ¡Cuanta paz en el
corazón de José! Ya que sabía por medio de las Escrituras, que en aquel niño “serán benditas todas las razas de la
tierra”.26 Cristo es de una presencia seductora. Llama a los hombres y le
siguen. Busca al producto hosco, llano, sin hipocresía ni blandenguería. Tiene
preferencia por los pescadores, que en su oficio llevan ya el estilo del que
busca almas para Redimir con la red de la Santificación, más no rechaza al
publicano o al fariseo cuando en el corazón llevan trazas de bondad, semejante
a la del Padre, que es Bondad Infinita. Bienaventurados, dice, y promete el
Reino de Dios y Su justicia a aquellos que seguirán sus huellas, siendo pobres,
dulces, mansos y afligidos por la adversidad, que luchan por la justicia y la
paz... como Él; que sean perseguidos e injuriados... como Él. Promete el cielo
aquí y demuestra Su origen sobrenatural parando la tempestad allá. Ama con
intensidad a quien se le atraviesa excepto cuando el nombre de Su Padre es
pisoteado, como lo hacían los mercaderes del templo de Jerusalén.27
Cura al enfermo, al tiempo en que desprecia a la soberbia y la mentira.28 Resucita al muerto al tiempo en que rechaza la hipocresía y la vanidad y muere por salvar al prójimo sin buscar atenuar Su dolor o la humillación bochornosa. Este es el orden de la nueva Creación del Linaje donde el Soberano Redentor es cabeza. Por la Cruz redime; por el Padre glorifica. Ama con el Espíritu de Verdad29 y muere consumando Su ministerio de sacerdote supremo, Dios de Dios, por Amor al Padre que es el Espíritu Santo.
Del caminar de Cristo brota Pedro, piedra,30 que se convierte en pastor que apacienta a las ovejas31 y el inmenso Imperio Romano es convertido y así fue salvado, transformado en sede inicial del Cuerpo Místico Militante, lugar donde Pablo es mártir; donde Pedro es cruz. Vertiginosamente expresa el Paráclito Su presencia que nos llega en las Cartas de Pablo a la Iglesia. La doctrina de Cristo se manifiesta y nos llega por Evangelios, Actas, Libro Profético, Epístolas y Tradición Apostólica.
Las imágenes vivísimas del pastor y sus ovejas, del sarmiento y las uvas, del trono que es asno, del discípulo que es piedra, del hijo que regresa al padre, del padre que recibe amoroso al hijo. Sus actos son elocuentes; su desprendimiento ejemplo; su Amor por el prójimo, Ley Eterna.34 Es maestro, y maestro de maestros; es santo en toda la extensión de la palabra, es Hijo obedientísimo al Padre35 a quien lleva, por Su sangre, la Creación.
Los hombres le aman o le odian, y como células que aquietan sus flagelos para unirse a un organismo lleno de posibilidades, los cristianos dan ejemplo al mundo odiador y agresivo, al hacerse Iglesia en torno a Pedro, Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, papas todos en cuyo entorno comenzó a florecer el nuevo Imperio, en que la luz y la libertad recibieron el Amor y al Verbo, para volver al cauce que va a la Gloria. Enamorado el Hijo de la Obra del Padre, deja Su sangre en vino y Su cuerpo en pan. Esconde Su enorme ser en donde nada cabe, como en nada cupo la Creación.
Obispos y bautizados, frailes, campanas y maitines; oraciones y virtudes que sobrecogen, germinan en la tierra rociada con el fertilizante santo de la gracia, donde la Iglesia florece por la acción del Uno y Trino.
Dios, enamorado de Su acto divino, de Su entender gigante, de Su bondad gobernadora, es prolijo en dar a los hombres su imagen de Creador. Cúpulas y hospicios, escuelas, matrimonios, monjes, y párrocos, elevan un canto nuevo en que la piedra y el árbol no pueden participar, en que el hombre viejo no alcanza con su entender, en que el hombre obediente no atina a perfilar. La fe da nuevo rumbo al actuar humano.
¡La Palabra de Dios, el Dios que es Verbo, se encarnó! ¡Aquel cuerpo es el Hijo y es Dios y fue crucificado! ¡El pan es Gloria del Padre y es consumido!... ¿Quién pudiera creer todo eso si no fuera por una Fe que mueve montañas, barreras cósmicas? ¡Fe teologal que da la gracia nacida de Dios en Su esplendor!
La Palabra se hace carne y Cristo se hace Iglesia. Brota la savia del árbol escogido, y de la sombra amable del Magisterio, ciencia y Verbo del Espíritu de Verdad, repica insistente en multitud de dogmas, riqueza inmensa y fortaleza inexpugnable de la Iglesia Santa. El Mesías vivifica la Palabra al tiempo en que entrega Su Persona en hostia, al hombre que recibe Su naturaleza por la gracia con la acción transformadora de Dios, las plantas que dan sus frutos, son ahora, las parroquias que dan sus santos.
La línea del Padre aparece nuevamente. El hombre inmaculado por el bautizo y la confesión, ahora camina en la obra al Padre por la angosta vereda que va desde el abismo donde había nada, y ahora hay luz y vida, libertad y Palabra, Iglesia y santidad.
¡Qué legislación inmensa, que desde el principio previó toda esta transformación e hizo crecer la obra del Padre, derramando gracia, ciencia y Amor! ¡Radical entendimiento sin límites o poquedad! ¡Santo, Santo, Santo es el Señor de los ejércitos!36 ejércitos de quarks y de leptones, de neutrones, fotones y electrones, de meteoros planetas, estrellas y galaxias; de coníferas, algas y musgos; aves y cetáceos; de negros, blancos y mestizos; de lenguas, tribus, pueblos y naciones; Señor de hijos buenos y malos; arrogantes y pródigos; sumisos y desobedientes, pero hijos por haber participado de la imagen del Padre que da Su ser inmaculado; por haber participado de la imagen de la Madre, que es Su concepción inmaculada, por haber nacido en la Creación que es por Amor eterno; por pisar las huellas del Redentor Santo, a imagen del Padre, y recibido, como Aquél, el bautizo trinitario, y por Él, y en Él, del Padre ofendido, el perdón reclamado humildemente ante Su representante.
Como del agua humilde saca Dios la vida, del alma humilde saca Dios la santidad. Porque “Él era la fuente de la vida, y esa vida era la Luz para los hombres”37 “mas vino a los suyos y no le recibieron”38y al tiempo en que creció la Iglesia, nacieron de las tinieblas aquellos que matan y maldicen.
Primero los judíos, fariseos de casta sacerdotal, buscan la perdición del maestro. El signo de Caín aflora, y con flagelos y lanza, con clavos y espinas violentan el cuerpo del Verbo. La lengua maldice, la boca escupe y el clamor pide sangre inocente. Rasgan vestiduras propias y la piel ajena, arrancan con látigo gotas de sangre al tiempo en que cuidan que el cuerpo maltratado sea enterrado en breve, por ser pronto el día festivo..., ¡del Señor que acaban de matar!
Pasan los años y se persigue a Pedro, a Pablo y a legión de santos que en holocausto inmenso dan testimonio, sangre, dignidad y hacienda, por el Amor de Dios. Romanos, africanos, asiáticos y nórdicos prueban a matar a los Hijos de la Cruz, al tiempo que la palabra fecunda reverdece el alma que tiene virtudes nobles y conciencia fina. El surco del arado divino es semillero de semblanza eterna por amor a Cristo, Semblanza del Padre.
Cae el agua del bautizo en tierras de Grecia, Galia, Iberia y Britania, en Egipto y Turquía. Mas no cede el abismo de presentar tiniebla, que defiende su ¡Non Serviam! y opone muerte, blasfemia, mentira e iniquidad contra las partes del cuerpo místico que afloran de la tierra regada de Palabra y fertilizada con la Sangre del Señor.
Los arrianos pelean hasta casi destruir a Roma. Bizancio parece desterrar la huella atacando febrilmente al Magisterio y luego a la ciudad. Mas sucumben con el tiempo los enemigos, confundidos contra sí por la ausencia del Consolador; muertos, inflamados por la ira que se produce cuando hay ausencia del que es manso y humilde de corazón.
La diversidad de enemigos es también legión: Arrianos, pneumatómacos, emanentistas y gnósticos; pelagianos, mahometanos, bizantinos, luteranos, anglicanos, calvinistas, jansenistas, kantianos, materialistas, cientificistas, evolucionistas, modernistas, masones, marxistas, capitalistas, consumistas, y otros muchos que no acabaríamos de nombrar.
Las persecuciones sangrientas han sido constantes: Nerón, Diocleciano, Trajano, Atila, Federico Barba Roja, Suleimán, Enrique VIII, Cromwell, Ho Chi Minh, Calles, Idi Amín Dada, Lenin, Stalin, Mao Tse Tung, Castro, por nombrar a algunos de los más notables. Pero la Iglesia ha seguido su camino más allá de los Imperios perseguidores y sobrevivido a los ataques de ejércitos militares, de pseudo intelectuales, de políticos, reyes, emperadores, publicistas, mercaderes, economistas, cineastas, banqueros y ahora de pseudoecologistas.
Pedazos de cuerpo místico son cercenados por la espada y el fusil, por la educación laica y adversa, por las campañas políticas o manipulación económico-ecológica. Caín se disfraza de ciencia, de sabiduría, de prudencia. Pero es el signo de la muerte, de esclavitud y de hedonismo, lo que desenmascara. al maligno, con el aborto y la droga, la manipulación y la anticoncepción, la pornografía y la guerra.
¡ Es que Satán no duerme!
Se opone el maligno a la vida y a la conciencia; detesta la verdad (porque el demonio es padre de la mentira39); abomina a la Iglesia, y vomita la santidad.
Y Dios provee el antídoto: ¡Qué santos!
Desde los tiempos más remotos de la cristiandad universal, ejércitos de servidores glorifican a Dios con sus vidas y sus muertes. Participan a Cristo con enseñanza intensa, como importante medio de hacer que la huella del Padre opere por doquier. En homenaje al Maestro (“Conságralos al ministerio de la verdad: Tu palabra es la verdad”40) dan su trabajo, su tiempo y sus vidas, en holocausto.
La libertad la entregan y la verdad la defienden, hasta ser materia prima en donde el Paráclito arrebata el alma hasta los horizontes de la Caridad. Los sacramentos los reciben con gratitud y constancia, y el amor se hace Amor al tiempo que su sacrificio se hace holocausto grato a su Señor; que su vida reflejos de la bondad y justicia del Padre, y el sufragio es imagen de Cristo Salvador. Miles y miles de gemas enseñan, bautizan, trabajan, oran, engendran, resisten privaciones indecibles, persecuciones ignominiosas, acusaciones perversas, desposesiones infames, falsos testimonios, ataques a la honra, a la familia, golpes a su cuerpo y frecuentemente persecución y muerte “porque el diablo era homicida desde el principio”.
Nada ha escatimado el maligno para probar al Cuerpo Místico, como provocó a los que dañaban el Cuerpo de Cristo. Es así como se abren las puertas del cielo. La justicia omnipotente da corona; El Amor de Dios, báculo y trono, “Venid a mi reino, amados de mi Padre, porque pedí agua y me diste de beber, pedí pan y me diste de comer...”
Y podemos agregar: me enseñaste el camino, me libraste del enemigo del cuerpo y el alma; me llevaste el bautizo y la confesión, al Espíritu y a la comunión. Porque la Creación es de Dios y Su Verbo es el que la guía, misericordioso y justo, omnipotente y eterno, que crea tiempo y vida, donde los justos dan con Él la libertad y verdad, como seguidores de Cristo.
Caminan en Iglesia y santidad, como los inmaculados; están en rescate y corredención y dan gloria al Padre, como el Hijo, porque son perfectos como el Padre celestial es perfecto, según mandato de Cristo,41 por ser imagen de Dios, para que el Padre sea Glorificado por el Hijo42 y el Hijo con el Padre: “Lo he glorificado y lo glorificaré de nuevo”.43
El Padre sigue obrando en Su Creación44 por el Hijo, y los que siguen la huella del Padre, atrás del Hijo, ya que “...el Hijo y el Padre son la misma cosa”45 y “...como tú me enviaste al mundo” dice Jesús al Padre, “...los he enviado a mi vez al mundo”46 y también he enviado al Paráclito47 para que al venir aquél que es Espíritu de Verdad, os conduzca a la verdad completa.48
Esto, para que tu Hijo te glorifique y confiera la vida eterna a todos cuantos has confiado a sus cuidados”49 “ Eran tuyos –Padre– y tú me los confiaste y han guardado Tu Palabra”.50 Y el tiempo seguirá para que haya Gloria al Padre, Gloria al Hijo y Gloria al Espíritu Santo en la Creación, imagen Ad Extra de la Trinidad que es Dios.
¡Si conociéramos el don
de Dios!51
E N S A Y O S E G U N D O.
LA IMAGEN DEL PADRE.
Dios creo al
hombre a su imagen y semejanza. (Gen 1,27)
Un principio
elemental que hay que considerar como un requisito para entender la buena
ecología al modo cristiano es que:
Si un ser vivo no refleja en sí la imagen de su padre, es
aberración. No prosperará la cadena de
vida. Sale de un curso mil veces probado y salta a la ruleta del azar.
La paternidad, la
fecundidad, la filiación, el proceso de copiado genético, las adaptaciones de
los organismos vivos en producir otros
que son copia casi idéntica de ellos, la semejanza, y otros nombres con
que se puede llamar a esta continuidad de generaciones que es la vida, hace que
los seres vivos puedan transportar un “mensaje de concordancia” con su entorno.
Esto les permite perpetuar la existencia, les faculta para paulatinamente
adicionar a su inventario de formas, instintos y comportamientos útiles para
repetir la hazaña de eslabonar la cadena del pasado con la potencial cadena del
futuro, es decir, lograr la fecundidad sostenida, los organismos viables, los
linajes.
Los inimaginables
tiempos de las eras geológica por los que han pasado miles de generaciones en
las que ha operado la ley de la supervivencia del más apto, han forzado la depuración del proceso de
copiado entre una generación y la siguiente, han ido seleccionando a los
organismos que pueden mantener características adecuadas a la supervivencia en
forma consistente.
Miles y millones
de linajes(cadenas de vida) incipientes y algunos
avanzados, se han perdido por incompetencia o incompatibilidad biológica al no
resultar aptos para la supervivencia, por no adecuarse a los cambios ecológicos
que se dieron en los millones de años de selección, por no ser copia
suficientemente fiel de quien los engendró, por no permitir pequeñas
variaciones que den a la ley de la selección natural la opción de escoger a
unos o a otros. Esto ha hecho que actualmente los modos de adaptación de los
seres vivos en los reinos vegetal y animal sean muy homólogos, con pocos
cambios entre una generación y otra dentro de la posibilidad de cambio que
siempre habrá, y opera lentamente.
Podemos pensar
que en los primeros eslabones de vida las cosas no eran tan sistemáticas. Las
“especies” aparecerían y desaparecerían con gran facilidad: Multitud de formas
fueron producto de millones de
mutaciones genéticas que se daban en la superficie agredida por la intensa
lluvia de partículas sub-atómicas que llegaban del joven cosmos, más pequeño y
activo que el actual, o que surgían del fondo de la tierra de los inmensos
depósitos de material radioactivo, de los cuales quedan muestras reducidas ya
por los millones de años de sufrir el efecto de degradación, de reducción de su
masa en lapsos según cada tipo de átomo emisor de partículas (la llamada vida
media de los elementos radioactivos) Esto nos hace pensar que hace miles de
millones de años esos yacimientos de material radioactivo y sus respectivas
emisiones eran muchas, muchas veces más abundantes que actualmente.
En estas épocas
del caldo inicial –pues no hay duda de que la vida comenzó en el agua más bien
caliente- es de esperarse que proliferaron multitud de formas que no pudieron
concatenar más que algunos eslabones padre-hijo y desaparecieron,
imposibilitadas de continuar la función de la secuencia vital. Su tamaño era tan pequeño –unicelulares, claro está- que las
investigaciones de nuestros actuales paleontólogos sólo tienen remotas
posibilidad de detectar los restos fósiles de una minoría de estas formas de
vida desaparecidas en esta etapa temprana de la vida.
Con el tiempo el
entorno se fue estabilizando. Es razonable suponer que hubo entonces menos
cambios bruscos en le superficie por efecto de una menor incidencia de las
partículas radioactivas, temperaturas más estables, entorno gaseoso también más
estable, tal vez menor acción de los rayos ultravioleta por la formación de
capas protectoras en la atmósfera. Esto hace que los cambios en los organismos
unicelulares se reduzcan y se regularicen. La evolución entre formas de
membrana, protoplasma, primeras secuencias de genes, formas de uso de la
energía o alimento disponible, núcleos, pigmentos, estructuras de flotación, de
locomoción, fotosíntesis y otras posibles en estos seres tan simples y
primitivos, termina. Se da así la primera plataforma de evolución, pues
procesos como la fotosíntesis, cromosomas, estructuras como las membranas,
modos de locomoción como los pseudópodos, cilios y los flagelos, la producción
y consumo de azúcares y otras, se vuelven pilares de la siguiente plataforma de
evolución que hallan presentes en organismos del trópico al polo, de la
superficie a la profundidad, en todas partes donde hay vida.
Ahora sigue la
etapa del desarrollo de los organismos multicelulares. Del acoplamiento inicial
entre varias células se pueden dan los tejidos, órganos y sistemas, hasta
organismos multicelulares que a su vez se agrupan en familias, colonias, grupos
de familias, sistemas ecológicos, etc., y de este acoplamiento se manifiesta
una enorme posibilidad de cambio. Imagínese el lector que ahora, la variación
puede darse no sólo en una célula, como
antes, sino en la forma de unirse (colonia o tejido, de cambiar el tejido o el
órgano o en el acoplamiento de órganos en
sistemas, etc.) Es en esta etapa
de agrupamiento en donde la nueva diversidad se intensificará, la del
desarrollo multicelular.
Esta vez, el
conjunto de cambios sí es detectado por sus huellas fósiles. En esta nueva
etapa de iniciación -segunda plataforma-
y luego regularización de la paternidad-semejanza se manifiesta por una gran
explosión de formas multicelulares hace unos 600 millones de años, y que está
ampliamente documentada por la abundante evidencia fósil. Hay inicialmente una
“reacción en cadena” de especies, como seguramente sucedió en la primera
plataforma de diminutos seres unicelulares, y que no podremos corroborar con
las actuales técnicas de reconocimiento de fósiles. De una especie se dan dos,
y de esas, tres, cuatro, etc., acomodándose estas formas ya diferenciadas como
las piezas de un rompecabezas, llenando los nichos -cada vez menores- que
quedan disponibles, hasta llenar los mares y luego la tierra de un gran número
de organismos adaptados y bastante estabilizada su morfología, fisiología y
comportamiento por la intensa competencia vital sostenida durante millones de
años. De este proceso sí tenemos abundante testimonio fósil, aunque estos
restos no nos informen mayormente de los comportamientos, donde seguramente la
evolución siguió actuando con la diligencia acostumbrada, aumentando la
diversidad y seleccionando en el cauce de vida los más adecuados.
Las principales
formas multicelulares que cimentaron los llamados “phyla” o grandes grupos de organismos, se dieron en estos momentos,
como los rotíferos, celenterados, artrópodos, moluscos, etc. Viene una segunda etapa de lento caminar,
digamos otra calma, que se da en los
últimos 500 millones de años, en los cuales la siempre actuante evolución
caminó en forma pausada, pues no nacieron nuevos phyla
y menos aún nuevos Reinos.
Luego, de nuevo
algo notable, espectacular, pues en el último millón de años, más o menos,
sucede de nuevo, pues este tiempo que sirvió para que una diferenciación
especialmente dinámica, especta-cular a su manera, alcanzara una tercera plataforma de evolución, ya no
unicelular, ya no multicelular, sino multiparticipativa, macro-integrada.
Así como la gran
diferencia de complejidad de los organismos de la primera plataforma
(unicelulares) con respecto a la segunda (multicelulares) permitió en esta
última un conjunto de etapas en las que puede haber cambios y por lo tanto
evolución y mucha mayor diversidad (formación de tejidos, órganos, colonias etc.),
en la tercera plataforma se eleva exponencialmente la capacidad de variación y
por lo tanto de diversidad. Este grupo es el de organismos que aprenden a hacer
objetos útiles, habilidades e ideas que le llegan o hace él mismo y produce con
ello una extensión de su propia persona. Interacciona así con el entorno,
usando cuerpo y herramienta para penetrar multitud de nichos ecológicos
inaccesibles con lo limitado de su sola morfología. El hombre, sin sus herramientas, puede hacer
poco. Con ellas, la diversidad de todos los animales y vegetales juntos es nada
comparada a la variación que en los hombres puede haber -y de ahí la tremenda
acción que este organismo puede ejercer en el entorno- en el ecosistema, pues
puede no sólo destruirlo, sino que puede construirlo, complementarlo y ocupar
innumerables nichos ecológicos simultáneamente.
Este organismo vulgarmente clasificado como una simple especie del Reino
animal es sin duda mucho más que eso.
Hay herramientas
físicas y su manejo para modificar el entorno. Desde la piedra para cavar una
cueva, para hundir el cráneo de un animal agresor, para aprovechar los restos
de un elefante abandonado por los leones o para bajar la fruta de un árbol que
no puede alcanzar con la forma corpórea sin extensión. El cobre, bronce, el
hierro y metales nuevos como el aluminio y el titanio se integran en este
conjunto, unido a herramientas de protección corpórea como las pieles, el
hilado y tejido, la construcción de chozas o edificios. Otras lo ayudan a
moverse, descansar, y calentar, como la rueda, la construcción de muebles y el
fuego, y muchas otros objetos con la técnica para manejarlos, que son
herramientas que modifican el entorno del hombre y lo ayudan a adaptarse a él, pues lo transforman.
Herramientas, las
hay de comunicación, el lenguaje y la danza, la música y la pintura, la
escritura y los feroces aspavientos de los guerreros, planos, gráficas y una
lista interminable de herramientas y técnicas determinan que haya muchas formas
que permiten a los seres de esta tercera plataforma ponerse de acuerdo y puedan actuar en
conjunto, como el sistema nervioso acciona los distintos tejidos del elegante
sistema muscular de un felino al
caminar.
Hay herramientas
de reconocimiento del entorno, como la brújula y el telescopio, la técnica de
ubicarse por las estrellas, de predecir el clima, de reconocer el movimiento de
migraciones de peces y de manadas de animales útiles, etc.
Otras propician
el orden, como códigos, leyes y semáforos, cárceles y juzgados. Otros el
reconocimiento especie-específico, como el canto y la danza, que hace que se
reconozcan y se unan hombres y mujeres de todas las tribus y pueblos, sin
excepción, para procrear.
Hay herramientas
económicas, como la técnica de atesoramiento de objetos preciosos, el almacenamiento
de granos para regular precio y abasto, acuñar e imprimir moneda, el uso de
sistemas computarizados de tarjeta de crédito y hasta los sistemas de satélite
para las transacciones internacionales de moneda, acciones o futuros.
Hay herramientas
de producción de alimento y fibras, como el arco en la caza, el arado en la
agricultura, el corral en la ganadería, diversas formas de preservación de
alimentos, de perforar pozos y hacer aguajes, de seleccionar semilla, criar animales de tiro, de engorda y de
leche, usar la ingeniería genética, etc..
La lista parece no tener fin.
Pero hay
herramientas más difíciles de describir.
El hombre
primitivo seguramente tuvo un doloroso aprendizaje cuando se cruzaron por su
camino la ira y la lanza simultáneamente; imaginemos a un hombre sin sólidos
hábitos de respeto intraespecífico ante
la situación de tener simultáneamente hambre, lanza (piedra, o la herramienta
agresora que se desee) y al vecino desarmado.
Estos primeros
encuentros posiblemente tuvieron desastrosos resultados. La frecuente costumbre
del canibalismo que hemos visto en numerosos pueblos en la historia, la muerte
violenta de Abel descrita en el Génesis, las interminables guerras de antaño y
de ahora, los innumerables actos de ventaja, de prepotencia entre los hombres
de los que tenemos noticia nos hablan de que es necesaria una “fisiología
amable” que permita a las “células” de este nuevo organismo de múltiples
partes, convivir ordenando la creación no homínida a su conveniencia sin caer
en la fácil solución de desposeer al vecino, de comer al desarmado, de
arrebatar los bienes al prójimo.
Elegir entre dos
formas de entender la creación:
1-. El “hombre y
las creaturas inferiores dadas a él” según lo manda Dios en el Génesis y la ley
de la evolución hacia un orden superior de agregados humanos, de orden entre
los hombres y sus herramientas; el camino hacia la civilización, y
2-. La relación entre el hombre y los otros
homínidos, no dados al hombre, pero arrancados desordenadamente por el más
fuerte, el mejor armado. Estas corresponden al más primario concepto de maldad
(y de bondad) que nos tipifica el fruto del “árbol del bien y del mal”.
En este nivel de
cosas no hay más que un bien, el ordenar la vida del hombre usando de los
reinos de la energía, mineral, animal y vegetal como sustento y herramienta, y
no arrebatando a otros hombres sus bienes y vida. El mal en ese Paraíso sólo
puede correlacionarse con el no cuidar y labrar el jardín, pues al no hacerlo
no dará frutos suficientes, lo cual indica que sólo podremos vivir
sosteniéndonos en nuestros congéneres, o no multiplicándonos, como los hijos
cuyo engendramiento no tuvieron Adán y Eva a Dios en el Paraíso, pues
engendraron una vez ya expulsados, según lo indica claramente Génesis (Gen.4,
1)
Para los hombres
anteriores a estos últimos años del siglo XX, cuando no se conocía o era
aceptada la evolución por multitud de pensadores cristianos, ni había sido
declarado el Génesis como un libro escrito con imágenes (liberando con esto la
obligada interpretación literal, como era la férrea costumbre antes de la
aparición del Catecismo de la Iglesia Católica poco antes del fin de siglo
-Cfr. Este catecismo punto 337), pensar que en el paraíso pudo darse la acción
contra la misma especie era imposible, puesto que no concebían que el primer
hombre tuviese padres, hermanos, etc.. Pero ahora que
esto es obvio, que el primer hombre pudiese agredir a miembros de su misma
especie de primates en el uso de la nueva libertad adquirida por su humanidad
reciente, es posible.
También, y aunque
los primates, familiares cercanos del primer hombre (como sus hermanos) no
fuesen homínidos por no tener alma y libertad, sí tenían estrechos lazos, como
el que tenía Caín con Abel. Luego, el
fruto del mal en función de la agresión intraespecífica (dentro de la misma especie) es bien posible
considerando la libertad aplicada a esta a interpretación novedosa del Génesis
que se deriva del citado punto del Catecismo. A la luz de estas nuevas
enseñanzas de la Iglesia nos permiten escapar a esa interpretación tradicional,
cargada de absurdo en contra de las leyes naturales, que niega leyes que al ser
Leyes de Dios mismo, no tenían por qué ser
opuestas a la Palabra de Dios.
Para facilitar a
algunos el digerir estas últimas ideas (tan contrarias a lo que hemos escuchado
muchos católicos con frecuencia e insistencia), los invito a comparar al primer
Adán, con el segundo. El primer hombre, simio, se vuelve hombre por recibir una
identidad imperfecta de Dios. No es Dios pero tiene imagen y semejanza, le
participa Dios de sus cualidades pero no de todas. Cristo nace de los “simios hombres” -cuerpo y alma- (se llama a Sí mismo el “hijo del hombre”)
pero también tiene Divinidad, que lo vincula con Dios por identidad perfecta
(es Dios)
Si Cristo se dice “Hijo del hombre” y sabemos que en su origen hay genética humana, ¿por qué negar esta posibilidad a Adán con respecto a los corporalmente parecidos simios sin alma? Es decir, si afirmamos que Cristo es hombre y Dios verdadero, hijo de hombre (se dice Él), hijo de mujer (afirmamos categóricamente), con abuelos, tíos y primos (como los tenía Jesús), que no son divinos como lo es Él. ¿Por qué insistir en que el origen de Adán es ajeno al reino animal? ¿