Los perros detectan la adrenalina de nuestros cuerpos a través de su olfato. Por eso, es común que cuando nos acercamos con miedo a uno de estos animales, terminan ladrándonos ferozmente. ¿Porqué nos ladran? Porque en la naturaleza, cuando un animal sube su adrenalina, generalmente es por dos razones: una es que se siente atacado y tiene k huir, y la otra es porque está listo para atacar. Adivina que es lo que piensa el perro cuando te acercas con la adrenalina a flor de piel. Exacto, piensa que estas listo para atacarlo, por eso reacciona agresivamente. En cambio, no se si a ustedes les haya tocado ver que hay niños pequeños que se acercan a perros bravos sin que estos les hagan nada. A mi si me ha tocado ver eso. ¿Porqué sucede así? Porque como el niño no mide el peligro, se acerca ingenuamente, sin adrenalina... el perro no la huele y por lo tanto no se siente amenazado. Hablo de todo esto, porque muchas veces nosotros enfrentamos la vida con temor mas que con fe. La fe y el temor tienen algo en común: ambos, esperan algo que puede o no suceder. El temor espera que algo malo pase; la fe, espera que algo bueno pase. Nada garantiza que ocurra lo uno o lo otro. Entonces, si no hay garantía de que nos ocurra algo malo o algo bueno, ¿porqué mejor no esperar siempre lo bueno? La vida, es como los perros: si la enfrentamos con temor, nos atacará. Si la enfrentamos con fe, nos moverá la cola. Como siempre: no me creas, mejor haz la prueba y ve si funciona. A mi si me ha funcionado. |
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