Cuando nacemos, somos como una computadora nueva, que viene con todos los accesorios necesarios para funcionar, incluyendo, un programa inicial, que le permitirá desempeñar las funciones que, programas posteriores, le enseñen a ejecutar. Así somos. Al nacer, nuestro organismo vino listo para funcionar, y tenía un programa inicial que nos ayudó a percibir el mundo a través de los sentidos y aprender un sin fin de cosas, entre las cuales se encontraba, por supuesto, el miedo. Así es, el miedo es algo que se aprende. No viene con nosotros al nacer, lo vamos aprendiendo a través de experiencias y terceras personas. Es por eso, que los niños, frecuentemente se ponen en situaciones de peligro, que para nosotros resultan evidentes. Este miedo, nos ayuda mucho, sobre todo en la etapa de la infancia, donde aprendimos que no debemos tocar los objetos calientes; que no debíamos confiar en la gente extraña de buenas a primeras, y otras cosas más. Nos ayudó para conservar nuestra vida y prevenir accidentes. Pero curiosamente, es este mismo miedo, el que en el futuro se vuelve en nuestra contra, cuando no sabemos manejarlo. Al igual que una herramienta, puede servir tanto para ayudar como para dañar. Un ejemplo claro, es aquella persona, que por miedo a fracasar, nunca intenta nada en la vida, y se queda hundido en la mediocridad. O aquel individuo, que dejó escapar un gran amor por temor a que la relación no funcionara. Repito: sabiendo manejar el miedo, podemos sacar gran provecho. Siguiendo los ejemplos anteriores, tenemos que, el miedo al fracaso nos puede frenar, si dejamos que crezca mas de lo debido. En cambio, si lo controlamos, sabemos que nos ayudará a planificar mejor las cosas que aumentarán la probabilidad de éxito. De igual forma, ocurre con el miedo al compromiso: el miedo nos puede ayudar a ser mas selectivos a la hora de escoger pareja y así aumentar las posibilidades de tener una buena relación amorosa, o bien, nos puede dejar en una situación de soledad y depresión. Muchos beneficios dejan de ser recibidos a causa del miedo, que desafortunadamente, impera en estos tiempos. Si el miedo oliera, seguramente, sería algo que estaría muy presente en el ambiente. Cuando el miedo crece más de lo necesario, dejamos crecer como personas. Necesitamos comprender que es hora de empezar a controlar esta herramienta, para que trabaje en favor nuestro. Esto lo conseguiremos tratando al miedo como a un amigo que la mayor parte del tiempo, habla demás. Por lo tanto, a partir de este momento, trataremos de descubrir, qué hay de verdad en nuestros miedos, descartando las exageraciones de nuestro "amigo parlanchín". Veamos nuestros miedos de forma objetiva, y démonos la oportunidad de crecer. |
|
|
|
|
|
Envía un correo a boletintuexito@yahoo.com.mx |