Nº 11: 12/10/06: EL OTRO YO DEL COMANDANTE MERENGUE

1.- La verdad se dicha, el populismo es una fase inferior de la polìtica que acopla cómodamente a una racionalidad rudimentaria, cuando no a tendencias inconscientes dominadas por la búsqueda de la evasiòn sicológica de las duras realidades. Por eso el populismo se expresa con un grado bastante alto de infantilismo. En estos dìas hemos visto los venezolanos un dramático ejemplo de ello, cuando Hugo Chávez comenzó a aparecer en cuñas de TV con una nueva imagen de inmaculada candidez, vestido de azul como la rosa de la célebre canción de Italo Pizzolante, y un discurso sentimentaloide que parece sacado de una novela de Corin Tellado.

2.- Muchos son quienes opinan acerca de este cambión del discurso agresivo que caracterizó las dos anteriores campañas presidenciales de Chávez, cuando ofrecia freir las cabezas de sus adversarios o despotricaba del contricante con motes ofensivos, y dicen que se trata de un cálculo (algo mal hecho) para atraer incautos y neutralizar la profunda obstinación que ya tiene la mayorìa de la sociedad de aquel lenguaje violento que ha venido atormentando la sociedad los últimos ocho años.  Algo de esto hay, por supuesto.

3.- Pero ese intento de cambio de la imagen violenta, tiene una base real en la sicologia del protagonista, quien ya ha dado suficientes muestras de reaccionar como aquel que Bolívar definiera en la Carta de Jamaica, cuando refiriéndose a la esclavitud reinante en Perú, dice que "el esclavo nunca alcanza la sana libertad, se humilla en las cadenas y se ensoberbece en la libertad". Hugo Chávez sufre una mutación cuando se siente derrotado, baja la voz, se humilla, a diferencia de cuando se siente vencedor, momento en que atropella y humilla a quienes se le oponen. Lejos está de la grandeza de alma del Mariscal Sucre cuando al vencer en Ayacucho liberó incondicionalmente y ayudó en su regreso a España a los jefes derrotados,  habiendo exclamando: "Gloria al vencedor, honor al vencido". A Chávez lo rige la máxima sadomasoquista de "lo haces o te lo hacen". Por eso, su cambio de imagen no es una mera táctica electoral, sino su otro yo infantil, del niño acostumbrado a evitar la paliza lloriqueando antes del primer golpe y diciendo "perdón, que yo no lo hago mas".

     

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