Nº 15 (07/11/06):  ¿VENEZUELA AL BORDE DE LA GUERRA CIVIL?
A Hugo Chávez, su partido el Movimiento V República y aliados menores, se les hace difícil asimilar que luego de ocho años de ejercicio expedito del poder, no significan para la mentalidad del venezolano son un partido mas que ha pasado por el gobierno en Venezuela. El régimen se ha esforzado en autodemostrarse una falsa transformación estructural de la sociedad, cuando en realidad este período mas o menos perdido de la lucha revolucionaria histórica ha servido para un inusitado fortalecimiento del capitalismo dependiente, para el crecimiento de los capitales financieros, para la desorganización de las clases trabajadoras manuales e intelectuales, y para la reorganización de las tendencias mas regresivas de la sociedad que habían sido minimizadas en los anteriores cuarenta años del proceso democrático. Pero una tan inconcebible como distorsionada autovaloración les hace fantasear acerca de la solidez de su propuesta política que no termina de anclar en posición ideológica alguna, al grado que no hay diagnóstico en ninguna parte del mundo que no registre ya esa indefinición, que bandea entre una visión de la revolución democrática, el autoritarismo tropical semifascista, y una proyección meramente discursiva del socialismo. El régimen no tiene otro objetivo estratégico que la permanencia de Hugo Chávez en la Presidencia de la República, y por ello se les hace tan difícil pensar siquiera en un curso revolucionario mas auténtico y distinto de la sociedad venezolana. En este ambiente, con toda idea y todo valor supeditados al aferramiento de Hugo Chávez a la Presidencia, el régimen acosado en este momento por el auge relativo de la campaña del candidato opositor, se repliega abandonando la política de masas y desarrolla un proceso meramente coactivo que hace reaccionar con mayor virulencia a la sociedad, aumentando abiertamente el uso y abuso de los recursos del poder público a favor de la candidatura oficialista. El régimen se encuentra cada vez mas cerrado en si mismo, y su conexión con la sociedad se reduce a una invasiva propaganda mediática cuyo mensaje básico es la idea de la invencibilidad estructural del poder constituido, que se traduce en la angustiosa sospecha de que las elecciones no podrían ser limpias, transparentes, justas, y que el órgano electoral, visiblemente al servicio del Poder Ejecutivo, se muestra dispuesto a certificar el triunfo de Hugo Chávez aún en el caso de una eventual mayoría de votos del candidato opositor. Esta percepción agita con mayor profundidad las pasiones políticas y agudiza la disposición al enfrentamiento violento de las partes en disputa. Por momentos aparece con dramática probabilidad la posibilidad de que se desencadene una secuencia de sucesos de violencia social. La oposición amenazada de exterminio y el gobierno anatemizado de graves represalias en caso de ganar la oposición, no parecen dispuestos a aceptar la certeza del triunfo contrario. Ambos bandos llaman desesperadamente a defender en los escrutinios la verdad de un triunfo que cada quien decreta por si mismo, y, peor aún, las masas de seguidores se muestran propicias para una confrontación decisiva de fuerzas. La imposibilidad actual de concebir las partes una derrota honorable y democrática, hace cobrar vigencia a la pregunta del titulo: ¿Venezuela está al borde de una guerra civil?. Hay que responderlo con sinceridad. ¿Es eso lo que inevitablemente estamos dispuestos a hacer?.
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