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A Hugo Chávez, su partido el Movimiento V República y aliados menores, se
les hace difícil asimilar que luego de ocho años de ejercicio expedito del
poder, no significan para la mentalidad del venezolano son un partido mas
que ha pasado por el gobierno en Venezuela. El régimen se ha esforzado en
autodemostrarse una falsa transformación estructural de la sociedad, cuando
en realidad este período mas o menos perdido de la lucha revolucionaria
histórica ha servido para un inusitado fortalecimiento del capitalismo
dependiente, para el crecimiento de los capitales financieros, para la
desorganización de las clases trabajadoras manuales e intelectuales, y para
la reorganización de las tendencias mas regresivas de la sociedad que habían
sido minimizadas en los anteriores cuarenta años del proceso democrático.
Pero una tan inconcebible como distorsionada autovaloración les hace
fantasear acerca de la solidez de su propuesta política que no termina de
anclar en posición ideológica alguna, al grado que no hay diagnóstico en
ninguna parte del mundo que no registre ya esa indefinición, que bandea
entre una visión de la revolución democrática, el autoritarismo tropical
semifascista, y una proyección meramente discursiva del socialismo. El
régimen no tiene otro objetivo estratégico que la permanencia de Hugo Chávez
en la Presidencia de la República, y por ello se les hace tan difícil pensar
siquiera en un curso revolucionario mas auténtico y distinto de la sociedad
venezolana. En este ambiente, con toda idea y todo valor supeditados al
aferramiento de Hugo Chávez a la Presidencia, el régimen acosado en este
momento por el auge relativo de la campaña del candidato opositor, se
repliega abandonando la política de masas y desarrolla un proceso meramente
coactivo que hace reaccionar con mayor virulencia a la sociedad, aumentando
abiertamente el uso y abuso de los recursos del poder público a favor de la
candidatura oficialista. El régimen se encuentra cada vez mas cerrado en si
mismo, y su conexión con la sociedad se reduce a una invasiva propaganda
mediática cuyo mensaje básico es la idea de la invencibilidad estructural
del poder constituido, que se traduce en la angustiosa sospecha de que las
elecciones no podrían ser limpias, transparentes, justas, y que el órgano
electoral, visiblemente al servicio del Poder Ejecutivo, se muestra
dispuesto a certificar el triunfo de Hugo Chávez aún en el caso de una
eventual mayoría de votos del candidato opositor. Esta percepción agita con
mayor profundidad las pasiones políticas y agudiza la disposición al
enfrentamiento violento de las partes en disputa. Por momentos aparece con
dramática probabilidad la posibilidad de que se desencadene una secuencia de
sucesos de violencia social. La oposición amenazada de exterminio y el
gobierno anatemizado de graves represalias en caso de ganar la oposición, no
parecen dispuestos a aceptar la certeza del triunfo contrario. Ambos bandos
llaman desesperadamente a defender en los escrutinios la verdad de un
triunfo que cada quien decreta por si mismo, y, peor aún, las masas de
seguidores se muestran propicias para una confrontación decisiva de fuerzas.
La imposibilidad actual de concebir las partes una derrota honorable y
democrática, hace cobrar vigencia a la pregunta del titulo: ¿Venezuela está
al borde de una guerra civil?. Hay que responderlo con sinceridad. ¿Es eso
lo que inevitablemente estamos dispuestos a hacer?. |