Carta política Nº 4
CHAVEZ SIN CHAVISMO
1.- El régimen democrático establecido a partir de 1958 fue un período de estabilidad política duradera, por encima de los errores y vicios que así como emergieron también fueron combatidos sistemáticamente por la sociedad. Elemento esencial de este período ha sido la preservación de los lapsos constitucionalmente establecidos para los poderes públicos, especialmente el Presidente de la República. La doctrina constitucional de 1961 había establecido que no debía exigirse –ni mecanismo alguno propiciarlo- la interrupción del período presidencial, debido a que se suponía que un Presidente no debía estar sometido a los vaivenes de la popularidad en el ejercicio de gobierno, cuya gestión muchas veces requiere decisiones circunstancialmente impopulares. Esta doctrina, sin embargo, fue cambiada irracionalmente por el constituyente de 1999, debido a la propaganda que venían haciendo sectores neoliberales interesados en quebrantar lo mas posible la estabilidad del Estado, dentro de una estrategia destinada a facilitar el objetivo de apropiarse de los recursos y actividades económicas del Estado. Pareció no obstante atractivo como idea de incrementar el poder de la sociedad sobre la gestión pública, y se convenció a los sectores populares de introducir el referendo revocatorio del Presidente de la República y otros funcionarios de elección popular. Pienso que Hugo Chávez prefirió cambiar el aumento del lapso constitucional por la introducción del referendo revocatorio, lo que fue una concesión inútil.
2.- Lejos de mejorar la posibilidad de una buena gestión de gobierno, lo que se logró fue colocar un factor de perturbación de los poderes públicos. El constituyente de 1961 tuvo mas claridad en este asunto: A los Presidentes hay que dejarlos gobernar su período, es decir realizar su programa u oferta electoral, lo que muchas veces no es tangible en el corto plazo sino que requiere ajustes iniciales a veces impopulares o que no son percibidos cabalmente en una perspectiva de largo plazo por una sociedad como la venezolana, acostumbrada a morar a expensas del Estado, frente a lo cual es difícil que un Presidente se arriesgue a no intentar satisfacer las destempladas demandas de dádivas y prebendas fáciles, so pena de ser objeto de impopularidad.
Con estas realidades no santas han jugado algunos sectores que han respaldado a Hugo Chávez, edificando un falaz "chavismo" cuyo objetivo es deglutir vorazmente los recursos públicos y que hemos visto no reparar mientes a la hora de sacrificar su idolatría, en horas difíciles de su líder. No es algo nuevo, por demás, en la historia política venezolana, cuyo signo sempiterno de la adulancia a los Presidentes es de larga data. El pensamiento de la clase trabajadora dice SI al socialismo, con Chávez o sin Chávez pero sin "chavismo".