Carta Política Nº 7

EL FENOMENO CONTRADICTORIO ACTUAL

En un viejo artículo de León Trostky, escrito en diciembre de 1937 y publicado en español por primera vez en diciembre de 1972 en la “Revista de América Nº 10” (Edit. Librería Avanzada, Argentina), titulado “La URSS, ni Estado obrero ni Estado burgués”, nos describe Trosky con genial uso de la dialéctica marxista, la situación de las clases dirigentes nacionales en paises atrasados, que bajo la presión del imperialismo resultan clases dirigentes y oprimidas al mismo tiempo. La evidencia y el estudio de regímenes como el de León Blum en la Francia de 1936, y de alguna forma el gobierno de Allende en Chile, a lo cual deberíamos intentar asimilar algunas situaciones actuales de América Latina, conducen a una reflexión –que el editorialista de la Revista, Ernesto González, denomina “necesidad de una caracterización correcta de un fenómeno contradictorio”. Se parte de la premisa trostkista de que …”los opresores y los oprimidos representan solo diferentes niveles de desarrollo de una misma sociedad burguesa”…, aunque no obstante deba considerarse que entre estructuras de pares de países como ejemplo EEUU y México, Rusia y Afganistán, China y Vietnam, Arabia Saudita y Líbano, Brasil y Bolivia, etc., existen diferencias cuantitativas de gran significación.

El primer punto esencial del modelo de análisis que nos trae el artículo lo constituye la necesidad de determinación de la ubicación histórica relativa de las clases oprimidas y sus relaciones con el conflicto social. Estas relaciones son las que caracterizan esencialmente el conflicto, aunque puedan existir conjuntos de relaciones secundarias que no son en definitiva las que lo determinan, entre las cuáles podemos mencionar el entorno de la religión, la ideología nacionalista, las diferencias étnicas, y otras. 

El segundo punto lo constituye la determinación de las limitaciones de la clase dominante aparente (burguesía o grupos preburgueses que predominan el Estado) para dirigir el ascenso social relativo de todas las clases y concitar de tal modo la situación de unidad nacional.

Y el tercer punto –de naturaleza metódica- es la confianza en el uso de la dialéctica materialista, según lo cual, el fenómeno social es contradictorio, de manera que los hechos históricos son hechos materiales concretos que deben ser analizados mediante la determinación de sus procesos contradictorios de definiciones (intrínsecas), existiendo –como es lógico- leyes, recurrencias y tendencias objetivas (relativas al objeto), y factores subjetivos relacionados necesariamente (principalmente el movimiento de la sociedad hacia la consecución de objetivos sociales, económicos, políticos, religiosos, etc., identificados con las formas mas desarrolladas de conciencia social).

 

Bajo la perspectiva de este breve modelo, caracterizamos la Venezuela de nuestros días.

1)                           La sociedad venezolana es una sociedad de clases opuestas furiosamente escindidas, en guerra cada vez mas constante y visible por la apropiación de las riquezas fundamentales que en este país se encuentran principalmente en manos del Estado. Los grupos al frente de tal Estado han cambiado de rostros y de nombres pero con el mismo carácter de grupos saqueadores del erario público que se enriquecen a costa del empobrecimiento de las grandes mayorías. La explotación del excedente económico de las clases trabajadoras manuales e intelectuales hoy día presenta las tasas más altas de la historia venezolana, caracterizando el empeoramiento sistemático de la posición histórica relativa de esas clases.

2)                           La clase dominante ha variado con cierto dinamismo en su composición, toda vez que los grupos al frente del Estado han devenido en burguesías emergentes que han desplazado buena parte de la burguesía tradicional. En la apariencia, los grupos al frente del Estado han acumulado un gran poder político, pero no es cierto. El fenómeno real es una acumulación de poder en el Estado, es decir que el Estado venezolano se ha reconcentrado y se ha acumulado bajo la potestad del poder público un mayor margen de control de las decisiones económicas y políticas. Pero no es Hugo Chávez ni el chavismo los que han acumulado poder, sino el Estado, coincidiendo en este momento histórico. El poder del Estado ha aumentado entre otras razones, por la presión internacional que se ejerce sobre Venezuela como país productor de petróleo. Pero aún con esa apariencia de acumulación de poder, los grupos al frente del Estado exhiben una gran debilidad para avanzar en un crecimiento económico y social significativo que haga elevar las expectativas o el horizonte de las clases mayoritarias. Debido a esa gran debilidad, el Estado venezolano ha concedido innumerables privilegios a sectores transnacionales petroleros y mineros, asi como a sectores bancarios y financieros nacionales vinculados con la banca mundial.

3)                           Venezuela vive hoy un fenómeno contradictorio que debe ser examinado en sus relaciones ocultas, porque por una parte los grupos al frente del Estado se declaran socialistas, revolucionarios, antiimperialistas, pero por la otra se ha agudizado como nunca la desigualdad de clases en el orden interno y la penetración de los intereses transnacionales.  

 

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