Ante la oportunista llegada del invasor francés, precedido
de la entrega que hicieron a un príncipe europeo, de la mal
llamada “corona mexicana”, esto por parte de quienes a mediados del siglo
XIX, creían que esa forma de gobierno era la que México necesitaba
y no dejando en ningún momento de ocultar por supuesto, a
lo que en realidad obedecía, que era preservar los privilegios,
fueros y canonjías, que ciertos estratos de la sociedad, como militares,
terratenientes y el clero, tenían y estaban acostumbrados, comparable
y producto del dominio colonial que a todas luces añoraban.
Con la ocupación de la legión francesa y sus tropas
a México, las que al final de su intervención llegaron a
sumar veintidós mil efectivos al partir del país,
derrotados en marzo de 1867, se inicia el desasosiego para la causa republicana,
que veía en su lucha, una autentica defensa de la soberanía,
amenazada por un invasor extranjero, que por desgracia contaba con adeptos
en algunos ciudadanos de país, entre los que se contaron algunas
gentes del norte, como don Santiago Vidaurri, a cuya frontera extensa
llegó el invasor, tocando parte de nuestra región
en 1865.
La defensa organizada por los jefes Miguel Blanco, Francisco Naranjo, Geronimo
Treviño, Mariano Escobedo y Andrés S. Viesca, quien era el
gobernador republicano de Coahuila, resistieron con el apoyo de los vecindarios
el embate por instaurar un imperio de los Habsburgo en la nación,
de todos estos pueblos salieron hombres que defendieron la soberanía
del estado a modo de guerrillas, frente al mejor ejercito del mundo, lo
que de ningún modo impidió que el enemigo pisara tierra norteña,
mas aun nombrara sus propios jefes de departamento, como llamaban a los
estados, tal el caso del intendente de San Luis Potosí, el
coronel francés Pierre Jeaningros, quien durante su estancia
en Monterrey, recibió el ascenso a General de brigada el 3
de noviembre de 1865, lo que fue motivo de celebración y Festejo
en la capital reinera, de ahí partió a Saltillo, territorio
al mando de General Douay, para proseguir su camino a Monclova.
De aquellos días, prácticamente por el corto tiempo que duró
la ocupación en Monclova, pocos recuerdos han llegado hasta nosotros,
aquí su recuperación:
En una nota del ayuntamiento de la ciudad de Monclova, presidido
por aquellos días por don Guadalupe Ramón, se menciona la
solicitud hecha el 2 de diciembre al encargado del punto de Bajan,
sobre “las tres yuntas de bueyes que en ese punto quedaron desde que pasó
el general de las fuerzas francesas”, por lo que pedía se remitieran
a Monclova.
Pierre Jeaningros, coronel en los inicios de la intervención y jefe
de la célebre Legión Extranjera, llegó a Monclova
el 12 de noviembre de 1865, con cerca de mil hombres, los que componían
su fuerza, en una jornada orientada a inhibir y combatir a las guerrillas
de la República que se formaron en la región, con el
objetivo de la deseada influencia del efímero imperio, que nunca
obtuvieron.
Ante tales circunstancias, las autoridades de Monclova se mantuvieron a
la expectativa, siendo como eran antes y después de la ocupación
de Jeaningros, fervientes soldados de la República, como lo
demostrarían un año despues con la organización del
Regimiento de Monclova, perteneciente a la Primera Brigada de Coahuila,
con la que se irían a lograr el triunfo en Querétaro, muchos
vecinos de Monclova y la región, como el Gral. y Lic. Miguel Blanco,
los tenientes coroneles José María Saucedo, Pablo Dionisio
Mejía e Ildefonso
Fuentes, el capitán Baltazar
de Hoyos y otros que se sumaron al contingente que después de
los triunfos de Santa Isabel y Santa Gertrudis, se encontraron en
el interior combatiendo a los “invasores y traidores”.
Una mujer de la villa de Abasolo, se presentó al general francés
Jeaningros, “cuando ocupó la población”, pidiendo justicia
en un problema que tuvo con su esposo a lo que el alcalde Ramón,
asienta: “el general me ordenó que se hiciera justicia”, excusándose
la autoridad municipal por ser asunto de otra jurisdicción.
El general francés Jeaningros, salió de Monclova, después
de permanecer en la ciudad por el tiempo de “64 horas”, según
asienta en un informe rendido por el alcalde Mariano González Barrera
en 1868 al gobierno del estado: “debo decir a Usted que en esta ciudad
cuando fue ocupada por el enemigo extranjero, solamente permaneció
64 horas y en este tiempo no se supo que causara otros perjuicios que el
de haber ocupado la casa del Jefe Político Don Floreció Valdés,
de donde se sacaron algunos muebles..”
Don Florencio Valdés, el Jefe Político, había hecho
ya una carrera en los puestos públicos, regidor del ayuntamiento
de Monclova en 1859, 1864 y 1865, alcalde 2º en 1862,
como se ve fungió como miembro del cabildo a la vez que era requerido
para servir en el delicado empleo de la Jefatura Política
en el año de 65.
La casa en que vivía por esos días el Jefe Político
Valdés y que fue ocupada por el francés Jeaningros, se ubicaba
“en la calle que sale para la garita, compuesta de once cuartos” y valuada
en 1866, en cantidad de ochocientos pesos.
De camino a Monterrey, la fuerza invasora partió de Monclova el
14 de noviembre de 1865, en apoyo y auxilio de la plaza de Monterrey,
la cual terminaron abandonando a mediados del siguiente año de 1866,
arribando despues las tropas de Escobedo y ocupando la ciudad capital de
Nuevo León, el General Geronimo Treviño.
En septiembre de 1866, Douay y Jeaningros, partían de San
Luis Potosí, con rumbo a la capital del país, ante el avance
republicano sobre Charcas y el venado, de la gente del General
Pedro Martínez de Nuevo León y Victoriano Cepeda de Coahuila.
En el mes de marzo de 1867, las fuerzas enviadas por Napoleon III abandonaron
México por el puerto de Veracruz, después de su malograda
empresa mexicana, entre el vecindario de Monclova, el recuerdo de
los franceses quedo como un paso fugaz y los tres días de ocupación
por Pierre Jeanningros, se borraron con el triunfo de las armas nacionales
y la restauración de la República.
Por el camino real que iba para Candela, se fueron los franceses, con el
rumbo de Nuevo León, dejando en Monclova, solo un leve recuerdo,
ya habría año y medio después oportunidad de ajustar
cuentas al llamado emperador Maximiliano, cuando en el sitio de Querétaro,
los afamadas brigadas de la frontera, compuestas por los regimientos
y escuadrones, como el de Galeana, el Supremos Poderes y en alguna colina
de la ciudad de Santiago de Querétaro, los dos Escuadrones
de Monclova, donde valientes dirigían el Coronel Ildefonso Fuentes,
el Capitán don Baltazar de Hoyos, representaron a la
comarca y reivindicaron aquellos días de noviembre de 1865
en que los franceses ocuparon Monclova, recordando en aquel glorioso triunfo
la frase de nuestro himno nacional, que dice “ Mas si osare un extraño
enemigo, profanar con sus plantas tu suelo, piensa o patria querida que
el cielo, un soldado en cada hijo té dió”.
Agradecimiento
al Sr. Lucas Martínez Sanchez, director del Archivo Municipal de
Monclova, Coahuila, México, por el apoyo incondicional para la elaboración
de ésta página.
Visiten
el Museo Coahuila y Texas aquí en Monclova, asi como el archivo
municipal de la Ciudad.