Del Bandoneón

 

Mínimo Tango

No está solo el señor del bandoneón

Dice al sonar su historia.

Las historias.

 

Toca su soledad,

Las soledades.

No está solo el señor del bandoneón;

Le acompaña el silencio.

 

Alain Derbez

 

 

Requiem para un bandoneonista


Lo están velando aquí, y en esta nave
cuyo arbotante es el nivel del cielo,
su requiem es un tango, y mi desvelo
en este bandoneón profundo, grave.

¿Qué fantasma lo cubren con su velo
y en qué momento el fueye, tierno y suave,
lo sueña en su teclado con la clave
de una nostalgia azul, de terciopelo...?

Con su lento fraseo, como un ruego,
el tango agita su desasosiego
en este patio gris, a cielo abierto.

¿Quién llora a quién? La casa solitaria
recoge silenciosa la plegaria
hecha susurro en el zaguán desierto.

¿Alguien sabrá que el fueye está llorando
su propia muerte, y el que está tocando
es el bandoneonista ausente, muerto...?



Juan Ricardo Nervi

 

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-¿Qué hacés ahí parado" Tocálo, tocálo, carajo!. ¿O sos hijo de rusos, vos?.

Astor dio varias vueltas alrededor de la "jaula", hasta que empezó a reírse bobamente, porque aquella cosa le resultaba desconocida y todo lo desconocido lo ponía nervioso y le provocaba risa.

-Tiene un montón de botones –dijo.
-Hay que abrirlo y cerrarlo, para que suene. Es como el acordeón del tío, pero esto se llama bandoneón. ¿Entendiste?.
-¿Y yo qué hago con esto? –preguntó Astor, que no le veía gracia a aquella caja negra.
-Tocarlo. Ahora sentate y ponételo sobre las rodillas.

Vicente colocó suavemente el bandoneón entre las manos de su hijo y se quedó mirándolo.

-Este es el instrumento que toca Pedro Maffia...El del disco que escucho en la noche.

Sentado, quieto, Astor metió las manos adentro de las correas. Los dedos se le endurecieron. Apretó una tecla.
Un sonido corto y agudo lo sorprendió.

-¿Qué hay adentro? –preguntó.
-Qué va a haber, carajo. Sonidos, música, eso hay.

Astor miró a su padre. Lo vio distinto, alegre, como si algo largamente deseado se hubiera cumplido en ese momento.

-¿Estás contento, papá? –preguntó.
-Claro...Te veo ahí y me imagino cosas. Me gusta ver ese bandoneón en tus rodillas –dijo y salió, porque habían sido muchos los sueños demorados por la pobreza.
Astor aprovechó la ausencia de su padre para tocar y mirar el bandoneón por todos lados. Decidió que hubiera sido más lindo una armónica, pero tal vez algún día (como decía su padre) le tomaría cariño, se acostumbraría. Lo golpeó con los nudillos primero, luego con toda la mano, con fuerza.
-¿Quién anda ahí? –pregunto con la boca pegada al instrumento.
El bandoneón contestaría años más tarde.

Del libro: "Astor" de Diana Piazzolla – Edit. Emecé.

 

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Denominación: Procedería del apellido de su inventor alemán Heinrich Band. En el Río de la Plata, ha recibido otras de contenido doméstico: a) "fueye", aludiendo al fuelle, elemento mecánico de su estructura; b) "jaula", aludiendo a su aspecto cuando los cantos del fuelle están provisto de varillas metálicas de protección y adorno; c) "bandoleón", por deformación fonética de su denominación original; d) "bandola" apócope afectivo de la anterior.


Origen y fábrica. Su invención se atribuye , hacia 1835, a Heinrich Band, fabricante de acordeones de Krefeld, Alemania. Fue empleado entonces por los campesinos bávaros y hamburgueses para el acompañamiento de sus alegres danzas regionales a campo abierto, como instrumento de mayores posibilidades musicales que de la concertina y a la vez, más manuable que la gran acordeón. Excepción hecha de algunas tentativas realizadas en Buenos Aires por la firma Luis Mariani e hijo, su fabricación perteneció siempre a empresas alemanas que se reservaron los secretos de su construcción y las fórmulas de las aleaciones empleadas para las lengüetas. Desde 1864, su principal productor fue el alemán Alfred Arnold, creador de los famosos instrumentos Doble A. Otras marcas, menos difundidas y estimadas son los Premier –también de Arnold- y los Campo.(*)


Descripción. Es un instrumento de viento (aerófono) ,portátil. Emite sus voces, sucesiva o simultáneamente , por la vibración de dos sistemas de lengüetas metálicas –canto y bajo- respectivamente alojados en el interior de dos cajas acústicas de madera en las que van dispuestos los teclados, provistas de aire a presión y unidas por un fuelle de cartón, badana y accesorios de metal.


Modelos. Los primitivos, anteriores al 1900, no tenían más que 44 voces entre los dos teclados. Posteriormente fue enriquecido con diseños de 53 y 65 botones. El definitivo tiene 38 teclas o botones en la caja del canto (mano derecha), y 33 en la del bajo (mano izquierda). Existen, desde su advenimiento, dos tipo: el llamado "cromático", que produce en una tecla el mismo sonido abriendo o cerrando el fuelle –aún usado en Europa-, y el "diatónico" que ofrece, en cada tecla o botón, un sonido al abrir y otro al cerrar, con escasas excepciones y que es el empleado por los profesionales del tango luego de 1900.


Caracterización musical.
Mecánicamente, pertenece a la familia de los acordeones, pero tímbricamente está emparentado a los instrumentos de caña, presentando también semejanzas con los sonidos del armonio y del órgano, aunque su sonoridad es de todo punto inconfundible. El teclado correspondiente al "canto" (mano derecha) tiene una extensión de tres octavas y poco menos de tres octavas el correspondiente al "bajo" (mano izquierda). Ofrece posibilidades melódicas, armónicas, contrapuntísticas y rítmicas.


Ejecución. Si bien en sus orígenes europeos se tocaba colgado del cuello mediante una cinta de cuero o de género fuerte, el mayor peso de los modelos definitivos con que se le empleó en el tango, indujo a sus intérpretes a apoyarlo sobre los muslos. Las manos se unen a las cajas armónicas mediante dos correas de cuero, quedando así los dedos frente a las respectivas botonaduras. Con el pulgar de la mano derecha, además se acciona la "toma de aire", que permite abrir o cerrar el fuelle sin producir sonidos. Hasta 1925 sus ejecutantes usaron un pequeño banquito o una cuña de madera para apoyar juntos, los pies. Luego se desechó ese recurso y Aníbal Troilo introdujo la modalidad de apoyarlo sobre una sola pierna para dar mayor brillantez a los staccatos de la marcación rítmica. Algunos ejecutantes lo han tocado, también parados, apoyando un pie sobre la silla, como los músicos de la orquesta de Horacio Salgán en los pasajes variados al fin de la versión o Astor Piazzolla en todas sus actuaciones luego de 1950.


Configuración cultural y enseñanza. Entre las herramientas musicales de origen europeo empleadas en la interpretación del tango, es la única que presenta una personalidad cultural y un contenido técnico eminentemente porteño, ya que llegó desprovisto de la tradición que en nuestro medio respaldaron, por ejemplo, la presencia del piano, del violín o de la guitarra. Los preceptos de ejecución fueron creados por los músicos del tango, sistematizados para su enseñanza por Arturo Bernstein y perfeccionados y llevados al método impreso por Carlos Marcucci, discípulo de aquél, en colaboración con Félix Lípesker. Han existidos otros métodos editados, como los de Sócrates Chiericatti; Rafael Rossi; Ambros; el "Hanon" adaptado y digitado para bandoneón por Félix Lípesker; el "Hernani"; el de Augusto P. Berto y el de Ricardo Brignolo y también muchos maestros de enseñanza fecunda como Sebastián Ramos Mejía, Pedro Maffia, Antonio Ríos –en Argentina- y Edgardo Pedroza en Uruguay.


Incorporación al tango. Tiene lugar en el último decenio del siglo XIX, tocado por la primera generación de bandoneonistas con nombre y apellido -Sebastián Vázquez, Domingo Repetto, Antonio Chiappe- que encabezó la ya legendaria figura de Sebastián Ramos Mejía. Su definitiva consagración en los pequeños conjuntos del novecientos se debe, entre otros, a Juan Maglio "Pacho", Domingo Santa Cruz, Vicente Greco, Genaro Spósito y Augusto Berto, quienes lo promovieron al plano de instrumento tanguero por excelencia, dentro de sus "orquestas típicas criollas" primero, hasta 1915; y en la "orquesta típica", luego

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Interpretación solista. Se realiza sobre bases de conceptos musicales enteramente diferentes a los de su ejecución orquestal. Supone un gran dominio técnico y la adaptación de cada composición a sus posibilidades y a sus limitaciones. Generalmente el repertorio más propicio es de los tangos de gran riqueza melódica, ya que los de corte rítmico no se avienen a la misma. Existe, incluso, cierto tipo de páginas especialmente concebidas que pudieran llamarse "tangos bandoneonísticos" como los son Diablito de Pedro Maffia, Triste de P.Maffia y Francisco De Caro, Esquinero de Pedro Laurenz, A Pedro Maffia de Aníbal Troilo y Río Sena de Astor Piazzolla
Los grande cultores de esta forma de interpretación han sido, en diversidad de modalidades y de épocas, Armando Blasco, Pedro Laurenz, Julio Ahumada, Máximo Mori, Mario Demarco, Leopoldo Federico y Astor Piazzolla.


Proyección emocional y literaria. Desde su advenimiento , el bandoneón fue consagrado como la voz más representativa del tango al punto de que hasta su presencia visual importa para el contenido emocional de un conjunto. El propio tango en sus páginas, ha exaltado esa trascendencia espiritual.

"El libro del tango". Horacio Ferrer -Edit. Galerna s.r.l.

 



(*) Otra afamada fábrica de bandoneones que le disputó la primacía a los "A", fue la de "Hohner", con sus cotizados instrumentos Germania y los menos populares Tango, Concertista y Cardenal, todos ellos importandos por casa Oehrtmann. Los Germanias, instrumentos de acabada terminación, tuvieron su mejor momento cuando Dik, fabricante de las voces para los bandoneones de los Arnold, comenzó a construirlos para Hohner. Los bandoneones "3B", hechos por Mainer y Herold eran traídos por la citada casa Oehrtmann, lo mismo que los Hela (Ela-Ela), fabricados por Ernest Luis Arnold en su establecimiento "Bandonion, Concertina und Symphonetta Fabrik, Carlsfeld Gegründer 1864", en tanto que los bandoneones "El-Arnold" eran instroducidos por la casa Romero y Fernández.

(Datos tomados de la colección La historia del tango -Tomo 5- El Bandoneón. Capítulo: "El Bandoneón en el tango" por Oscar D. Zucchi. Edit. Corregidor)


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Borges: Nunca me gustó el bandoneón. Llegó después que el piano, el violín y la flauta. Ese poema de Marcelo del Mazo en que se habla del violín y del piano...El bandoneón es posterior.

Sabato: Pero llega a tiempo para convertir al tango, como diría Santo Tomás, "lo que era antes de ser"...
Ya sé que a usted el bandoneón no le gusta.

Borges: Tampoco me gusta Gardel.

Sabato: Está bien. Pero siguiendo con lo que de decía, hay algo que no certifica el sentimentalismo barato del tango, y es el bandoneón.
Fue un instrumento inventado por un tal Band, en Alemania, una especie de órgano portátil, para celebrar servicios luteranos en la calle. Es dramático y profundo, a diferencia del sentimentalismo fácil y pintoresco del acordeón, su hermano tarambana y superficial.
¡Qué raro! En Alemania fracasó, y tuvo que encontrar su destino en el otro rincón del mundo, traído por algún marinero de Hamburgo. Sólo este instrumento podía servir para cantar a la muerte y la soledad. Es un instrumento de resonancia metafísica.


Del libro "Diálogos Borges Sabato". Edit. Emecé


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"No se puede pensar en el tango sin el sonido del bandoneón. ¿Podría pensarse una misa sin fe?. El bandoneón es la fe del tango".

Rodolfo Mederos (Músico)

 

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Al referirse al bandoneón, Anibal Troilo lo llamaba: "La jaula"; Astor Piazzolla lo nombraba: "Mi ataúd", y de él decía: "Este instrumento nació en las iglesias de Alemania y
terminó en los prostíbulos de Buenos Aires".


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El bandoneonista Anselmo Graciani

"Los músicos que pactan con el diablo alcanzan siempre una dimensión genial. No ocurría así con Anselmo Graciani. Su exigencia ante Lucifer fue poder tocar como deseaba y soñaba. Y los anhelos musicales de Graciani eran vulgares.
Cierto es que despachaba la variación de Canaro en París con los ojos cerrados. Pero más allá de la compadradas acrobáticas, su estilo era banal y relamido, asolado por innecesarios firuletes de cumpleaños.
Alcanzó éxito y renombre en ciertos ambientes. Ives Castagnino llegó a tocar en su orquesta y aprendió a odiarlo.
Se dice que Graciani pagará el don recibido tocando eternamente en el Tártaro, para suplicio –o solaz- de los réprobos".

Del libro: "Crónicas del Angel Gris" de Alejandro Dolina –Ediciones de la Urraca

 

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