PEDRO DE OCAMPO.- En el año de 1712, un capitán de las fuerzas reales de nombre don Pedro de Ocampo, llevó a cabo una denuncia ante el Licenciado don Francisco Valenzuela Venegas Cancio, juez privativo de ventas de tierras y recaudaciones de ellas y de todo lo demás que poseyera sin titulo legitimo, de los parajes siguientes: Potrero de Gallegos, Tilzapotla, Zicatlacotla, Cuaxitlan, Teocalzingo, Quetzalapa, Chaucingo, en línea recta por la serranía del Ocoteol desde los limites del marquesado del Valle, cuya área según lo que marca el plano original y que anexamos en el apéndice de esta obra, comprendía las juntas de los de Jojutla y el Amacuzac, siguiendo en línea recta hacia el Sur, tocando los linderos de Huitzuco, Escuchapa, Las coloradas, Tlalchiquihuapa, Laguna de Axtla, Atopula, Las pozas, Cerro colorado, cerrando el círculo en el punto denominado Ixtlahuaca en la rivera del río grande del Amacuzac. Después de los trámites de rigor y con sujeción a las leyes de la época, en que debería comprobar con testigos de reconocida seriedad si los terrenos del denuncio al que nos estamos refiriendo efectivamente eran parajes despoblados, y después de haber comprobado plenamente que sólo se encontraban en los parajes citados vestigios de la cultura prehispánica y habiendo hecho los veintinueve pregones que ordenaba las leyes de la época. Trascurridos dos años de rigurosa investigación hasta las mismas autoridades se trasladaron a hacer la visita necesaria, el 19 de Febrero de 1714, mediante el pago de 150 pesos oro, tomó posesión de dichas tierras, agua y montes, el paraje preferido fue, el que entonces lleva el nombre de Chaucingo.

Ya consolidada la prosesión de los terrenos, don Pedro de Ocampo y su yerno Juan Marban, entraron de lleno a las actividades agrícolas y ganaderas. La caña fue uno de los productos preferidos, y, como este tipo de planta necesita gran cantidad de agua, aprovecharon el manantial que existe en el oriente del pueblo y construyeron un depósito que abasteciera las necesidades de irrigación de la hacienda. Esta en poco tiempo se trasformó en productora de piloncillo, ya que habían llevado acabo la instalación de un molino de caña que por aquellos días recibía el nombre de "Trapiche" que trabajaba constante mente. Pasaron los años y don Pedro de Ocampo falleció; quedaron en su lugar su hija doña Polonia y su esposo don Juan Marbán que se dedicaron a intensificar las siembras en todas las tierras que consideraban favorables por su fertilidad.

Mas tarde llegó el señor don José María Huicochea, quien tomó como lugar de residencia Chaucingo y formó un grupo de ciudadanos laboriosos que hicieron progresar la región admirable en agricultura y ganadería. Se cumplió así con la obligación y el deseo de don Pedro de Ocampo de fundar pueblos y ranchos en los terrenos de su propiedad, de acuerdo con las normas marcadas por el virreinato en el momento de la escrituración de los terrenos.

Siguieron llegando sin interrupción matrimonios de emigrantes españoles, a quienes sin dificultad los Marbán dieron grata acogida instalando a unos en la parte norte de la hacienda, en el lugar que hasta nuestros días lleva por nombre "Cuadrilla", y a otras familias en el lugar llamado Llano Grande y la Pastoría, en donde el padre de don Atanasio Castrejón lograron formar un lugar agrícola y ganadero.

La familia Vicario, por su parte, también formó su rancho en el lugar denominado "Tlalchiquihuapa", con resultados muy apreciables para ella, por la fertilidad de las tierras y por las aguas y pasto en abundancia para el ganado, que les dio la oportunidad de formar una considerable fortuna.

Con estos antecedentes que nos proporciona la historia, el destino señalo a Chaucingo para ser el creador del mestizaje de todos los pueblos que lo circundan, pues de allí salieron familias a dar vida con sus trabajos a los que entonces sólo eran parajes despoblados, pero que ya se conocían con los nombre de los pueblos actuales, como Cuaxitlán, Tilzapótla, Quetzalapa, Buenavista, Escuchapa, San Miguel de las Palmas y Huitzuco, que, aun cuando ya existía, hubo familias que llegaron a formar el lugar de su residencia como lo hicieron algunos de los Marbán y Vicario, cuyos nombres son reconocidos con estimación y respeto.






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