EL TRAUMA Y LAS SECUELAS PSICOLÓGICAS

DE LA INVASIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS

A PANAMÁ

Ó Guillermo C. Cohen-DeGovia

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"Este es mi papá y su amigo muertos. Este es el helicóptero donde se escondían los gringos que mataron a mi papá y a su amigo." Antony 3 años.

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Conferencia magistral del III Simposio Internacional de Psicología Social en el Teatro Principal, Puebla, México el 10 de Abril de 1991.


"Fué una noche inusualmente silenciosa aquella del 19 al 20 de Diciembre de 1989. A eso de las 0:15 horas se fué abriendo paso entre mi estado de duermevela, el opaco y voluminoso sonido de lo que lentamente, despaciosamente, fuí percibiendo como... los perros empezaron a ladrar... silencio... otra vez ese seco retumbar... ahora, más perros ladrando... ¡Son bombas! Pensé ¡Sí, son cañonazos! De un salto me asomé a la ventana desde donde pude ver los resplandores de la masacre. ¡Los hijueputas nos invaden! ¡Despierten, empezó la invasión! Solo habían pasado unos segundos."

(Testimonio de G.C.C. DeG.)


Índice

Introducción

Diagnóstico.- El trauma. El cuadro clínico. El psicodiagnóstico de la conciencia nacional.

Anamnesis.- La guerra psicológica. Evolución de "baja intensidad". La respuesta patriótica.

Terapéutica.- La responsabilidad nacional de los profesionales. Aproximación cuantitativa. Casos y síntomas. El psicoterapéuta combatiente. Psicoterapia del trauma colectivo.

Curación.- La identidad nacional como "curación". La batalla por la conciencia nacional.

Bibliografía.

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Introducción

Entre las tareas inmediatas y simultáneas que realizamos los panameños que resistimos la invasión y ocupación militar de nuestro país por parte del imperio USA, está la de romper el muro de silencio que ha construido en torno a nuestra trágica situación.

Los esfuerzos del gobierno "títere" impuesto por los invasores para ocultar su infamia han consistido, entre otras abyecciones, en negar la prestación de servicios de educación y salud en programas específicamente destinados a la reparación y restitución de las personalidades individual y colectiva del panameño. Esto ha motivado que se ponga de manifiesto la responsabilidad social de aquellos profesionales verdaderamente nacionalistas y patriotas quienes, dándole un sentido autogestionario a su profesión, están prestando los servicios necesarios y, en ese proceso, están creando nuevas técnicas y utilizando creativamente las ya conocidas.

La exposición científica (exégesis) de esta vivencia traumática que aún está en proceso nos procura, simultáneamente, la asimilación terapéutica de los hechos reapropiándonos de los atributos de nuestra identidad que el impacto de la agresión había desgarrado.

La invasión estadounidense es uno de los modos de expansión de la sociedad capitalista cuyo desarrollo - la ocupación militar del territorio y la imposición de un gobierno local "títere" con una inmediata y única misión de "pagar la deuda externa" - reproduce la estructura interna de esa sociedad, es decir, el dominio del capital financiero internacional.

El trauma de la invasión, entonces, constituye el inicio necesario de esta exposición seguido del despliegue de manifestaciones y contradicciones contenidas en el núcleo con el que comenzamos: la personalidad social del panameño; su consciencia nacional bajo el impacto de la agresión "gringa" en su estrategia de guerra total.

Mis obligados agradecimientos son para aquel lector atento que inscriba su esfuerzo dentro de la actividad práctica liberadora de su personalidad histórica latinoamericana. Para la maestra Elizabeth Ayola quien recolectó la mayoría de los dibujos que ilustran este trabajo. A los niños de mi patria, víctimas de la guerra, con quienes establecí una relación terapéutica recíproca cuya vivencia, junto con la de su expresión plástica, se constituyó en una relación humana esperanzadora que surgió desde el centro mismo del horror.

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Diagnóstico

El Trauma

Un trauma se caracteriza por ser un estímulo exterior muy fuerte, que ocurre en un breve tiempo y que afecta gravemente el funcionamiento normal de una parte o de todo el organismo individual o social. La prensa estadounidense, jubilosa, sintetizó la magnitud del artero ataque como "little Hiroshima" (pequeña Hiroshima).

Al principio los traumatizados no sentimos nada. Luego sorpresa, incredulidad, negación pero, a golpe de bombas, tuvimos que reconocer lo que ocurría. Inmediatamente, conductas automáticas, instintivas: protegerse; salvar a los seres queridos, ponerse a buen recaudo. Entre tanto, seguían las bombas ahora mezcladas con los ruidos de aviones, helicópteros, cohetería, ametralladoras y fusilería. También reconocimos la respuesta de nuestros combatientes. Esto produjo un sentimiento de valor, casi de alegría: ¡resistimos! Los gringos, sin embargo, tiraban más; los nuestros cada vez más esporádicamente. Sentimos rabia, impotencia. Aumentaba la duda angustiosa por la suerte de los familiares y amigos y conocidos. Cobramos conciencia del miedo. Fuimos recibiendo noticias: "ya entraron los gringos", están por aquí, están por allá: hay vandalismo, hay saqueo... barricadas en las calles contra los... ¿¡nuestros!? Confusión. Poco después; desilusión y abatimiento ante las evidencias paulatinas del júbilo con el que ¿¡connacionales!? recibían al invasor. Sentirse traicionado es menos doloroso, por incierto, que saberse traicionado. Presenciar la cobardía y, de rebote, percibir la propia - aunque fuera por otras causas... depresión. Al final nos hemos quedado con la depresión post-traumática.

De esta manera, la violencia bélica ha presidido el retorno de Panamá a la condición de colonia; destruyendo vidas y bienes materiales; destruyendo las formas sociales autóctonas, demoliendo el sistema de la justicia social: de la economía; desfigurando la vestimenta, el lenguaje y vaciando de contenido soberano los símbolos patrios. La conciencia nacional, mediatizada en unos, obliterada en otros, confusa en los más y cristalizada en pocos, es el núcleo de esta exposición.


El cuadro clínico

Este peritaje psicológico arranca de un conocimiento del panameño que a pesar de haber sido expoliado y explotado históricamente por el imperialismo estadounidense y la oligarquía nacional, había realizado, a través de luchas generacionales, las reivindicaciones políticas, económicas y sociales que configuraron la panameñidad, es decir, su personalidad social dirigida por aspiraciones de libertad e independencia cristalizada en una identidad soberana. Las consignas: "siembra banderas y cosecha soberanía" y "un sólo territorio, una sola bandera" ejemplifican con nitidez la posición alélica (recíproca) del YO nacional versus el OTRO colonial que, complementarios inseparables, constituyen la conciencia nacional.

Es esta personalidad social la que hoy sufre las secuelas post-traumáticas de la invasión además de la continuada agresión por la ocupación militar de todo su territorio y el insulto emocional que significa - tanto a lo interno del país como internacionalmente la tragicomedia de un gobierno impuesto por el invasor y uncido en su base militar de "Fort Clayton", del que se hace referencia jocoso-agresivamente como títere o "claytoniano".

Esta personalidad social traumatizada se caracteriza por ser:

1. - Nacional de un país derrotado y ocupado militarmente.

2. - Ciudadana avasallada civilmente. Ni anexada, ni reconocida como colonia. Simplemente vasalla.

3. - Aculturada consumidora y espectadora pasiva de las "ofertas" culturales las que la obligan los triunfadores.

4. - Derechohabiente de lo que la bondad de los invasores le quieran reconocer - en su momento y a su conveniencia - y por lo cual debe dar amplias y suficientes muestras de gratitud oficial.

5. - Propietaria tan solo de su adosamiento al imperio.

6. - Proletaria en vía de depauperación.

El cuadro clínico produce la impresión diagnóstica de que la personalidad social del panameño padece de una neurosis catastrófica que, después de un año de invasión y ocupación, ya ha dejado de ser una reacción situacional o neurosis reactiva a la agresión con su secuela depresiva, para estabilizarse como un padecimiento psicosocial endémico y crónico.


El psicodiagnóstico

El psicodiagnóstico lo realizamos en tres seminarios para el análisis vivencial de la conciencia nacional donde se pusieron de manifiesto los siguientes elementos:

1. - La mayoría de los panameños rechazan al invasor pasiva o activamente por razones genéticas, de origen, de la conciencia nacional.

2. - Que el papel de la nacionalidad en la conciencia del Yo personal es el de discernirlo del OTRO colonial que es el "gringo" con el que ha tenido que convivir desde los inicios de la República.

3. - Que la identidad panameña, en cada persona, se va formando en confrontación con lo que la niega pero, el YO nacional y el OTRO colonial permanecen complementarios en la estructura de su personalidad.

4. - Que existen niveles y fluctuaciones de la conciencia nacional en cada persona que se corresponden a los estadios del desarrollo y a las particulares vivencias y condiciones de la historia personal y colectiva.

5. - Que el equilibrio entre el YO nacional y el OTRO colonial no es ni uniforme ni constante y que su relación puede establecerse también a niveles intensos o débiles.

6. - Que el trauma de la invasión ha hecho que las relaciones y la intensidad entre el YO nacional y el OTRO colonial varíen bruscamente rebasando los límites de las formas habituales de esa relación.

7. - Ejemplo patológico que se hizo presente fué el del mimetismo con el invasor en el que el YO nacional, desintegrado por el trauma, regresa al estado de sensibilidad primaria y el sujeto se pierde en la imagen del invasor que, intencionalmente, es presentado de manera incesante ante el público a través de los medios masivos de difusión. Así, los discursos iniciales y las declaraciones públicas de los títeres impuestos, los hacían en inglés.

8. - La invasión, sin embargo, para otros panameños, le dio vida y consistencia fuera de sí mismo al OTRO colonial gringo, haciendo la distinción entre su YO nacional y su complemento colonial: ese extraño colonialista que es el OTRO gringo. Esta distinción destruyó el calco abstracto de las relaciones habituales que el panameño mantuvo con gringos coloniales, resultando en una bipartición íntima entre dos términos que aunque o porque antagonistas, no podría existir el uno sin el otro, ya que uno es la afirmación de su identidad consigo mismo y el OTRO gringo resume lo que es preciso expulsar de la identidad nacional para conservarla.

9. - En este mismo orden de ideas, en su esfuerzo por conservar la identidad nacional el YO no puede hacer otra cosa más que oponerse al gobierno impuesto por los invasores en abierta alianza de colonización. De ahí que al identificarlos como gobierno títere se está afirmando la conciencia nacional.

En resumen, el psicodiagnóstico de la personalidad social del panameño reveló que la conciencia nacional se encuentra alterada por el trauma de la invasión y ocupación del país afectando a toda la población en distintos grados de regresión y manifestaciones patológicas. De esta manera encontramos, en unos, sincretismo o aglutinamiento en el que prevalece el NO YO nacional como estado mental en donde el sujeto se esfuerza por vivenciarse a sí mismo como gringo, sufriendo en su irracionalidad, la presencia permanente de lo que trata de negar.

A diferencia de los aglutinados, la mayoría de la población manifiesta una conciencia nacional confusa. Esto significa que el YO nacional y el OTRO colonial se mantienen recortados, diferenciados pero, el trauma los acercó implicando a la sensibilidad del YO nacional en el OTRO colonial. De aquí que se comprenda la existencia de conflictos íntimos, pero agudos, en esta conciencia nacional de doble cara. Los que pidieron y aplaudieron la invasión, llamados gringueros o más exactamente gringófilos quienes, por contrapartida manifiestan una conducta fóbica hacia los militares nacionales, han quedado en evidencia como padeciendo celos de los gringos. Estos celosos de los gringos sufren más su simpatía a ellos cuanto más suponen "superioridad" o "poder" o "bienes y placeres" en ellos. Estos atributos les parecieron presentes en su propia carne o posibilidades militares, políticas y económicas y lo vivieron con un frenesí triunfalista y revanchista tanto en la guerra como en la ocupación, con una especie de obscura codicia. Pero, simultáneamente y de manera creciente, su sufrimiento se ha ido intensificando tanto porque los atributos mencionados son en ellos un simple eco de una realidad carencial de su YO nacional, como porque los gringos se han reservado para sí el dominio sobre Panamá tratándolos como lo que son: sus vasallos. Actualmente, el saber popular panameño señala con agudeza que "el partido más numeroso en Panamá es el de los arrepentidos".

Finalmente, se destacó una minoría con una conciencia nacional cristalizada en la que se afirma la independencia de un YO nacional intenso versus un OTRO colonial débil, es decir, personas de una identidad nacional depurada y sólida. Su objeto de identificación es la Patria panameña que ellos son y que manifiestan en su conducta de afirmación soberana. A la hora del sacrificio supremo, los panameños combatientes contra el invasor - que constitucionalmente debían ser todos los panameños - vivenciaron su YO nacional representando la unanimidad de todos los patriotas vinculándose, de esta manera, a la Patria histórica total como a una compañera eterna. La identidad nacional y la personal se fundieron.

Este es el panorama psicológico de la conciencia nacional del panameño de la invasión y ocupación militar por parte de los Estados Unidos de Norteamérica.

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Anamnesis

La guerra psicológica

En tanto que acciones destinadas a destruir la personalidad social del panameño, la guerra psicológica se había iniciado desde el momento mismo de la firma de los tratados del canal (Torrijos-Carter) en 1977. En ese momento de máxima aproximación al compromiso internacional del logro de la soberanía total, el imperio, imposibilitado de negarse a sí mismo, desencadena una campaña mixtificadora contra la panameñidad que, en esencia consiste en degradar lo panameño y enaltecer lo gringo: "los panameños jamás podrán manejar el canal por sí solo", seguida por una serie de adjetivaciones presentadas como "razones evidentes" o "verdades reveladas".

No repetiremos aquí la miríada de frases despectivas sobre Panamá generadas por el imperio y multiplicadas incesantemente por todos sus medios masivos de difusión a nivel mundial y, en el interior del país, por sus adocenados. Algunas medias verdades, las más francas mentiras y desvergonzadas obscenidades, han sido emitidas por los más altos personeros del imperio y convertidas en supuestas verdades de cuño corriente, aceptadas acríticamente por el común de las gentes. La clasificación de estas "balas" propagandísticas según el blanco específico, las encuadra de manera precisa en alguna de las seis características que hemos descrito para la personalidad social del panameño.

El significado económico de que Panamá es un "país de servicios" oculta el significante social de que panamá es un país de "servidumbre" con la implicación de que el "patrón" es siempre otro no panameño, especialmente un gringo. Del mismo modo, la afirmación "Panamá es un país de tránsito o de paso", muy utilizada en el sentido económico, esconde el significante social de "motel" o prostíbulo; desapropiado y sin arraigo de ningún tipo además de inmoral. El papel de la oligarquía en esta guerra de baja intensidad es el de institucionalizar estas afirmaciones y ser la caja de resonancia de las implicaciones sociales de la campaña anti nacional, mientras aspira a ser asimilada por el imperio.


 Evolución de baja intensidad

El bastión del nacionalismo, a partir de 1972 con la entrada en vigencia de la estructura constitucional del Poder Popular, era la Guardia Nacional comandada por el General Omar Torrijos y a la cual el panameño había enajenado su combatividad por la soberanía. De manera que sobre ella se centro la "inteligencia" del imperio. La adoptaron y criaron separándola gradualmente de su responsabilidad, ahora sí, patrimonial mediante el juego "democrático" del partidismo que astilló al "movimiento" del Poder Popular al cual estaba fundida la Guardia Nacional. Posterior a la muerte de Torrijos - en circunstancias no aclaradas aún -, la transformaron en Fuerzas de Defensa: un pequeño ejército profesional al cual se le sumaron las policías de tránsito y comunitaria y la "secreta". En total, unos seis mil efectivos. En este proceso de militarización se corrompió la institución. Cuando el imperio le pasó la factura por las prebendas recibidas (entre los que destacaron la administración del narcotráfico) exigiéndole combatir a los sandinistas y se negó, su suerte estaba echada. Se procedió a descalificarla abiertamente y se satanizó a su comandante: al que habían encumbrado y pontificado poco tiempo antes. 

 Llegado a este punto, la guerra psicológica había logrado obliterar la conciencia nacional de la oligarquía que, en 1987, cuando el imperio decide "cortarle la yugular" (sic) a Panamá mediante el bloqueo económico y la incautación de bienes y del pago por el uso del canal, esta se le suma haciendo paros patronales y cerrando los bancos. Sobre esta base de carencia económica, se extorsiona a la población que reniegue de la institución en la que había depositado su combatividad independentista y soberana sin que, al hacerlo, se percatara que estaba renegando de sus propios atributos, desplazándolos y depositándolos en sus enemigos tradicionales: la oligarquía adosada al imperio. La mayoría de la población panameña evidenciaba, así, una conciencia nacional en estado de confusión.

Al tercer año de guerra psicológica y en los distintos campos de batalla que la constituyen: el económico, el político, el religioso (la cabeza católica optó públicamente por la oligarquía y el imperio, en tanto que algunas iglesias protestantes y orientales optaron por el pueblo y la panameñidad junto con organizaciones y curas católicos de base) la Cruzada Civilista (obsérvese la connotación religiosa feudal) había agotado sus tácticas (que incluyeron el terrorismo) ante la resistencia patriótica que, depurándose durante este período de lucha, aumentaba el número de panameños con una conciencia nacional cristalizada, de modo tal que al imperio sólo le quedaba la intervención directa.

Entre Junio y Diciembre de 1989 el imperio acumuló en sus bases militares en Panamá armamentos, municiones, equipos sofisticados de todo tipo  y soldados en proporción de tres a uno. Todo esto en violación flagrante de los tratados canaleros y ante la pasividad o franco contubernio con los organismos internacionales y otros países - la mayoría, a la vez, controlados por el imperio. El objetivo de la magnitud de la desproporción militar era amedrentar a la población: hicieron cientos de provocaciones armadas tanto en tierra como en el mar y en el aire: infiltraron a decenas de sus agentes secretos de todas sus agencias (FBI, CIA, DEA e inteligencia militar) estableciendo una red de espionaje y de informantes para delatar a los patriotas: incrementaron su campaña de insultos y vulgaridades espetadas desde la presidencia de los E.U., pasando por senadores y generales hasta sus soldados rasos y los colonialistas residentes civiles en Panamá, en contra de los panameños. Una de las tácticas más provocadoras fue la de negar los símbolos patrios de Panamá, ya sea por robo de los mismos o su destrucción o dificultar su enarbolamiento en los lugares públicos y en los de defensa conjunta. Los apátridas locales desaparecieron las banderas de las tiendas; incluso se prohibió al boxeador "mano de piedra" Durán que luciera la bandera nacional y acordaron no cantar los himnos en una pelea en los E.U. pocos días antes de la invasión. Como telón de fondo, los "clubes cívicos" integrantes de la Cruzada Civilista, habían orquestado desde 1987 una campaña publicitaria de "moralización": "despertando la consciencia nacional" que pretendía identificarla a ella y al imperio con esos atributos. Así se preparó la emboscada americana (am - Bush) del 20 de Diciembre de 1989.


La respuesta patriótica

La escalada agresiva del imperio no quedaba sin respuesta por parte de los patriotas. Se le confrontó internacionalmente (en la OEA, en la ONU y en los organismos de los distintos pactos y convenios internacionales de los que Panamá es signataria). Se le confrontó económicamente (expandiendo las relaciones comerciales con otros países y hasta convirtiendo en cuasi moneda los cheques quincenales del gobierno). Se le confrontó políticamente creándose una Coalición de Liberación Nacional. Sin embargo, el estado carencial creciente del país, producto del bloqueo económico, fue la mejor arma del imperio: muchísimas consciencias se rindieron, otras se corrompieron y se perdió credibilidad y confianza nacional.

También se confrontó al imperio en el ámbito social. En lo particular nos tocó gestar la puesta en práctica de la Ley de Protección Civil (desde 1983), primero sacando su centro de operaciones del Ministerio de Vivienda en donde estaba concentrado y, después, en 1987 gestando voluntariamente su puesta en práctica en la Provincia de Panamá ante la situación de urgencia que vivía el país, resaltando que "la protección civil es la respuesta organizada de la población frente a la desorganización social que producen la amenaza y el impacto de los desastres naturales y artificiales (como las guerras)". En Enero de 1988 se crea oficialmente la Dirección Provincial y nos hacemos cargo de la División de Prevención. En Marzo diagnosticamos la situación que se vivía como "calamidad social" y declaramos el "estado de alerta" para prevenir el "desastre social" que nos amenazaba. Se incluyo en la concientización sobre protección civil a los trabajadores organizados (CONATO), a la Federación de empleados públicos (FENASEP) y al campesinado organizado (Asentamiento Campesinos). Creamos los Comités de protección civil al nivel de las Juntas comunales, locales y vecinales. Poco después, sin mayores explicaciones y mediante llamada telefónica personal, el Ejecutivo me ordena suspender estas actividades. Por supuesto que no las suspendí, por razones de responsabilidad profesional pero, se vieron grandemente disminuidas al carecer de apoyo oficial.

Tres figuras nacionales fueron rescatadas del olvido oficial para oponerlas, como modelo de patriotismo, a la avalancha de publicidad anti nacional y colonialista, ellos fueron: Pedro Prestán (el liberal independentista); Victoriano Lorenzo(el cholo guerrillero) y Omar Torrijos. Los tres ya anatemizados por el imperio y excluidos de la educación histórica del país. Los mártires del 9 de Enero de 1964 fueron enterrados más hondo al "celebrarse" una operación militar conjunta - en esa fecha conmemorativa de la anterior guerra caliente contra el imperio - entre las fuerzas gringas que luego nos invadieron y las fuerzas de defensa de Panamá.

Finalmente, se confrontó al imperio en lo militar. Por las fechas en que se me ordena suspender las actividades de protección civil, se crean los Batallones de la Dignidad y a escasos meses de la invasión, los Comités de Defensa de la Patria y la Dignidad (CODEPADI). Los primeros, integrados por la gente más consciente y decidida así como por aquellos que en depauperación, creyeron poder percibir algún ingreso con su enlistamiento, aunque se trataba de una organización voluntaria. Los desacuerdos ideológicos entre los militares que debían entrenarlos y los reclutas, de mayor formación profesional, además del trato despectivo por ser "civilotes" (implicando "blandengues" y anti militares potenciales) además del uso que se hizo de alguno de sus miembros como amedrentadores y "golpeadores" en las luchas políticas del país causó grandes bajas de calidad en sus filas, mismas que fueron ocupadas por individuos de poca o ninguna convicción nacionalista. En cuanto a los "codepadi", que debían ser entrenados por los mejores miembros de los Batallones de la Dignidad, estaban integrados por funcionarios públicos voluntarios cuya misión era defender su institución de los repetidos actos de sabotaje y terror. Al momento de la invasión apenas habían estado en entrenamiento físico y de disciplina (marchar) y la enorme mayoría nunca había tocado un arma. Al tiempo que se crea este último organismo se crea, también, un llamado Plan de Contingencia que trató de preparar los servicios médico hospitalarios en caso de producirse la invasión que ya se anunciaba. Tengamos presente que el gremio médico, en su mayoría, pertenecía a la cruzada civilista.

Como las arriba señaladas, no es muy aventurado decir que la mayoría, si no es que todas, las actividades contestatarias patrióticas, fueron obstaculizadas en mayor o menor medida por el propio gobierno y las Fuerzas de Defensa - en primer lugar - y por las directivas de los partidos políticos - en segundo lugar - quienes querían reservar para sí mismos en exclusividad el poder en caso de triunfo y de negociación en caso de derrota. Este egoísmo psicosocial (cínicamente justificado como "realismo político") elevado al rango de megalomanía contribuyó en no poca medida a la desintegración de la consciencia nacional. Los más de este país pedían a gritos "rectificación" ante oídos maníacamente sordos.

El desastre psicosocial, es decir, el proceso de desintegración de la personalidad social del panameño ya estaba muy avanzado al momento de la invasión. La guerra psicológica, también llamada de baja intensidad es menos llamativa o espectacular en su aspecto externo que la guerra caliente que la siguió pero, no por ello menos cruel en sus efectos. Lo contrario es lo cierto. En su vertiente interna - la depresiva - es auto destructiva. El canibalismo describe la autofagia psicosocial, política y económica entre los nacionales. En su vertiente externa - la violenta - convierte a la vida cotidiana en una anarquía de ruidos (pitos y pailas), terrorismo (amenazas y bombas y amenazas de envenenamiento bacteriológico y químico de abastecimientos públicos), destrucción de flora y fauna (vandalismo en parques naturales). Las amenazas a la salud pública de los panameños fueron fundamentalmente tres: la manifestación del SIDA en Panamá coincidió con la llegada de la soldadesca "gringa": la coincidencia de la plaga del dengue hemorrágico junto con medidas boicoteadoras de la obtención de los medios de combatirla y, finalmente, la toma de la planta potabilizadora de agua por parte de las tropas "gringas" antes, durante y después de la invasión. Por último, el aumento de la llamada "criminalidad" debido a la depauperación.

Tan avanzado estaba el desastre psicosocial que, verdaderamente, causa gran admiración la resistencia de los patriotas que enfrentaron la invasión.

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Terapéutica

La responsabilidad nacional de los profesionales

El dramatismo del momento histórico a partir del día mismo de la invasión militar, fue enfrentado por decenas de profesionales (psicólogos, médicos, enfermeras, trabajadoras sociales y educadoras) quienes espontáneamente prestaron sus servicios a sus connacionales en el ámbito de la salud mental. El plan de contingencia, salvo escasas actividades, puede afirmarse que no funcionó. Los combates, en intensidad decreciente, duraron cinco días, hasta el 24 de Diciembre cuando el General Noriega se asiló en la Nunciatura Apostólica. Se sabe, sin embargo, de combates entre los invasores y bolsones de soldados panameños en las montañas durante los primeros meses de 1990.

Las actividades de prestación voluntaria de servicios profesionales disminuyeron drásticamente a partir del día 26 de Diciembre cuando el gobierno impuesto hizo el llamado para el retorno a los puestos de trabajo. Con todas las instituciones rodeadas por alambradas de los invasores y sus soldados patrullando las calles y su "inteligencia" ocupando las direcciones institucionales, se inicia una feroz persecución de patriotas y sus familiares. En esos días, todavía estaban en campos de concentración, en calidad de prisioneros de guerra, miles de panameños además de los miles de refugiados desplazados por las acciones bélicas. Casa por casa las tropas invasoras guiadas por los informantes de la cruzada civilista, buscaban a los patriotas. En estas condiciones, la prestación de servicios se hacía cada vez más riesgosa, pero necesaria. La psicoterapia se convirtió en una actividad subversiva y se realizó bajo condiciones amenazantes tanto para el profesional como para el paciente.

Quizá la más aberrante de las mixtificaciones del gobierno títere fue la de querer convertir la invasión y la ocupación genocida del país en una fiesta de liberación. En consecuencia, los médicos cruzadistas nunca incluyeron en sus diagnósticos causales, los efectos de la invasión militar, especialmente en los casos claramente psíquicos y emocionales (psicosomaticos). La psiquiatría oficial, no pudiendo negar totalmente los hechos, trataba de suavizarlos indicando que, la "crisis" (que no la invasión) "de Panamá" (que no de los gringos) "generó fuerzas positivas y negativas pero predominan las positivas puesto que los norteamericanos son ahora salvadores". Estas son las declaraciones que, a título personal, hizo la encargada del Departamento de Salud Mental del Ministerio de Salud. En consecuencia, hasta Enero inclusive de 1991 en que rendí peritaje psicológico ante el Tribunal Permanente de los Pueblos, no existía ninguna cifra sobre el estado de salud mental para todo el año de 1990.

Cuatro meses después de la invasión (Abril de 1990) sólo una organización patriótica - la Asociación de Familiares de los Caídos del 20/XII/89 - contaba con un profesional y prestaba sus servicios pública y gratuitamente a las víctimas. Con métodos de salubrista, hizo extensiva su actividad a las familias y a las escuelas difundiendo técnicas de autogestión terapéutica que, además de la formación de grupos de auto-ayuda y de mensajes de afirmación solidaria patriótica por ejemplo: "Mi causa... Panamá" (combatiendo su mixtificante "Just Cause" en inglés y saliéndole al paso al "Just B'couse" - "porque sí" - de los colonialistas "zonians"), difunde la técnica de los dibujos de los niños que permitieron que cientos de ellos expresaran sus vivencias de la invasión y ocupación del país: "De esta manera los niños pueden expresar mejor lo que verbalmente se les dificulta, creando una mejor relación, más permisiva, entre los niños y los adultos que le son más cercanos", haciéndole saber a los padres y maestros que los dibujos son como las radiografías de las emociones y que si algún dibujo les pareciera realmente mortificante, lo hicieran llegar a la AFC-20 para su interpretación y recibir las indicaciones para el manejo del niño o, en su caso, recibir tratamiento directo. Algunos de estos dibujos fueron expuestos para "catarsis" pública. De esta manera, se recogieron más de un par de centenas de dibujos.


Aproximación cuantitativa

En sucesivas encuestas a un número de profesionales que no excede a cuarenta (40),llegamos a la siguiente aproximación de atenciones:

  1. La atención profesional voluntaria se dirigió, principalmente, a individuos afectados, teniendo como horizonte inmediato a su grupo familiar: 80% de los casos.
  2. Sólo el 15% se dirigió a infantes y niños. El 5% a púberes y jóvenes. El resto fué para los adultos en quienes se enfatizó su posibilidad de manejo de la vivencia traumática de los menores.
  3. El 10% del total de la prestación de servicios se dirigió a la creación o fortalecimiento de organizaciones y/o grupos de la comunidad. Pj. Grupos de auto-ayuda.
  4. El 5% se centró en la reparación y restitución del funcionamiento de organismos e instituciones (Pj. Asociaciones de trabajadores y clubes de padres de familia.)

El 5% del total se dedicó a minimizar y/o mitigar el daño societal. (Pj. Publicaciones, conferencias e intervenciones radiales problematizando la vivencia del país.)


Casos y síntomas

Los "casos" individuales atendidos los consideramos síntomas de la personalidad social panameña traumatizada. A su vez, los síntomas particulares de cada individuo afectado, variaban según la particular biografía de cada uno, de ahí que apareciesen tantos y tan diferentes "como hojas tiene un árbol de mango" manifestándose en cualquiera de los órganos y sistemas o porciones de ellos. Sin embargo, en todos los casos o habían empeorado o se habían iniciado a raíz de la vivencia traumática de la invasión.

Se atendieron casos de aborto y partos prematuros: de supresión o hemorragias excesivas de la menstruación; inapetencia e impotencia y frigidez sexuales tanto como sus contrarios; dolores de cabeza (en todas sus variedades); insomnio, abulia, hiperactividad, autismo, sobresaltos, fobias y filias, ideas obsesivas y compulsiones, en fin, toda la gama de la Psicopatología hasta, e incluso, psicosis y suicidios.

Una de las vivencias más importantes para el profesional, fué el silencio tanto en los campos de concentración como en los locales improvisados para los refugiados. En estos últimos habían cientos de infantes y niños reunidos en un espacio pequeño sin hacer ningún ruido. Estaban en "shock", es decir, traumados. También resaltaba el silencio sociocultural que durante meses (5 o 6) prevaleció en una sociedad conocida por su extroversión ruidosa, de nada valieron las exhortaciones a la artificial "alegría por la liberación" (sic). La depresión post-traumática hacía presa de la panameñidad. Fue la Gran Marcha Negra de los familiares de los caídos y de los refugiados el 20 de Junio de 1990, la que dio inicio a los latidos de una personalidad social que se rehusa a morir.

También se atendieron casos de panameños que estuvieron de acuerdo con la invasión. Generalizando, podrían incluirse en dos tipos de depresión: culposa y expiativa. Entre esposos, por ejemplo, en donde él o ella descubren el lado sombrío de la personalidad de su cónyuge que, frenético, disfruta del genocidio de su propia gente. Otro ejemplo es el de un profesor de secundaria que, recién iniciados los cursos y por consigna del gobierno "títere", está obligado a realizar una arenga anti nacional y dice que los muertos panameños "bien muertos están". Una de sus alumnas prorrumpe en llanto porque su padre fue uno de los soldados panameños muerto en combate. Las compañeras estudiantes recriminan ásperamente al profesor quien, poco después, es traído a consulta en un estado melancólico.

El ejemplo más patético y público del sentimiento de culpa profundo y la obligada necesidad de expiación de quienes se saben traidores a la patria, lo dio el propio Endara - el títere presidente - quien movido por sus ataduras de marioneta a las órdenes de los Generales de la guerra psicológica, es designado para el papel del "mea culpa" colectivo para obtener el perdón vicario a los demás, haciendo un ayuno circense (en expresión del pueblo) en la Catedral Metropolitana. El vulgo interpretó que estaba bajando de peso para casarse.

En resumen, los profesionales encuestados y entrevistados coinciden en que: toda la población panameña ha sido afectada por la agresión de los E.U., desde 1987 con el bloqueo económico; la injerencia directa en la política nacional; la provocación, apoyo y estímulo a graves perturbaciones sociales; el desarrollo continuado de una guerra de baja intensidad tendiente a confundir y, finalmente, destruir la consciencia nacional - la identidad nacional del panameño - aal grado de lograr que las conciencias más débiles deseen y expliciten, aún hoy, la anexión del país por los E.U.; hasta la invasión militar del 20-XII-1989 y su continuada ocupación militar (misma que pretende justificar a través de solicitudes (sic) que le hace el gobierno que impusieron en una de sus bases militares).

Se trata, pues, de una población - toda - traumatizada y avasallada en cantidad epidémica y con sus derechos humanos conculcados, cuya historia clínica, al año de la invasión, se considera estabilizada en una neurosis catastrófica como padecimiento psicosocial endémico.


 El psicoterapeuta combatiente

Tanto como ciencia cuanto como ejercicio profesional, la Psicología está, ahora más que nunca, inmersa en la ideología de la sociedad en que se ejerce. Esto es, para los psicólogos panameños y los de otras profesiones vinculadas a la salud mental, un conflicto grave que deben resolver si es que han de cumplir cabalmente su función de tales. No podemos declararnos "expertos de la salud mental" si no comprendemos esta realidad de los propios psicólogos y de sus producciones "científicas". Sobre esto, nos preguntábamos en Junio de 1987 cuando publicamos "Posición de la Psicología ante la renovada intervención imperialista en Panamá". ¿En qué ideología está inmersa la Psicología que se aprende y ejerce y que se pretende elaborar o crear aquí en Panamá? ¿Qué función está desempeñando el psicólogo en esta sociedad? Y decidir, qué función no debe desempeñar y cuál sí.

Forensemente, hoy podemos confirmar que la Psicología funcionaba en un medio para la cual era técnica de adecuación y no de cambio; de avasallamiento y no de liberación; de guerra colonialista y no de afirmación y defensa de la soberanía de Panamá. Ante el hecho de la invasión, los profesionales vinculados a la salud mental se comportaron de la misma manera diferenciada que la población no profesional. Unos, trabajaban para y aplaudieron la invasión, tildando la ocupación como "liberación" y a los invasores como "salvadores", asistiéndolos y defendiéndolos y sirviéndoles de informantes en vez de defender la Patria como exigía el plan de contingencia que se abstuvieron de cumplir y que, para mayor infamia, algunos médicos les señalaban a los invasores quienes de los heridos hospitalizados eran combatientes panameños. Por otra parte, otros, los menos, atendieron a la población que sufrió graves consecuencias de la acción de la guerra.

La responsabilidad social y, en este caso, nacional del profesional de la salud mental, particularmente la del psicoterapeuta, no le deja margen de opción ni de duda en cuanto al compromiso que tiene establecido en su relación con el paciente, la sociedad y su conocimiento científico. El psicoterapeuta panameño ejerce su práctica profesional de acuerdo a su mayor o menor toma de consciencia nacional. La posición de los psicólogos patriotas estuvo clara. Tanto durante la guerra psicológica que precedió a la guerra caliente y durante ella, al igual que ahora, en la ocupación del país y la continuada "guerra de baja intensidad", su posición ha sido la de un combatiente. Esto necesariamente tiene que ser así puesto que, tanto nuestro país como exterioridad funcional de nuestras personalidades, como nuestra estructura patria íntima - nuestra conciencia nacional - están siendo bélicamente agredidos. Ante esto, sólo hay una respuesta saludable: combatir y hacerlo científicamente, es decir, metódicamente, de la misma manera que científicamente y con la última tecnología, nos están haciendo la guerra psicológica. Lo patológico, psíquicamente, es aliarse al enemigo desintegrando su íntima identidad nacional o en el "menos peor" de los casos, dañándose en el proceso de erigirse una escenografía de justificaciones culposas con la esperanza de permanecer escondido tras bastidores. Es el viejo truco de las neurosis, alegar "neutralidad" científica como "mecanismo de defensa" para no admitir lo colonizados y/o avasallados que están.


 Psicoterapia del trauma colectivo

La psicoterapia no puede apartar el trauma colectivo del trauma individual. Lo terapéutico entre paciente y psicólogo es la relación natural e inmediata de un ser humano con otro ser humano. Es a la vez, el dato más simple de la esencia social del hombre y la expresión de su Ser Genérico (universal concreto) como relación genérica natural, reducida a hecho concreto. La relación terapéutica es una situación social total, unitaria, estructurada de tal forma que organiza de una manera peculiar a sus partes componentes y cuyas viscicitudes - las de la totalidad - determinan las modificaciones que ocurren en sus elementos singulares, es decir, en el paciente y en el terapeuta.

La relación natural e inmediata de un panameño terapeuta con un panameño traumatizado por la invasión al país de ambos y que se realiza bajo condiciones de ocupación militar es, a la vez, el dato más simple de la solidaridad social panameña y la expresión de su consciencia nacional como cristalización de la personalidad social de la patria.

Los que practican la psicología de la adecuación, del avasallamiento y de la guerra colonial, tanto como los que se dedican a recetar los "neutrales" psicofármacos que sólo son otra forma de alienación, separan - interesadamente o por ignorancia - el trauma colectivo del individual. Lo cuestionable es que se tilde de "terapéutico" a estas prácticas de patología iatrogénica (enfermedad de origen medico) que tan sólo cumple la función de prolongar y extender, post traumáticamente -, los efectos de la invasión.

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Curación

La identidad nacional como curación

 

En la búsqueda de sus seres queridos a partir del mismo día de la invasión, coincidieron en las mismas morgues varias esposas, padres, hijos y otros familiares de las víctimas. Se les informa que sus muertos están o pueden estar en alguna fosa común identificada. El dolor común los une y se organizan y se organizan para rescatarlos. Se forma la AFC-20. Esto constituye la primera reparación del duelo y, en este sentido personal, narcisista. Tras vencer cientos de indignantes obstáculos burocráticos del gobierno de la ocupación, logran exhumar una fosa con 123 cadáveres que demostraron al mundo la barbarie del imperio USA y la abyección de sus colaboradores locales. Los dolientes, algunos, quedaron a ese nivel con la recuperación de parte de su objeto perdido. Otros, sin embargo, con las prácticas rituales de funebria propias de su cultura, hubieran concluido ese capítulo de su biografía pero, la iglesia católica, a través del Arzobispo McGrath, había anatematizado culposamente, y justo en la fecha de los mártires del 9 de Enero, a los caídos en la invasión y a los que en esa misma fecha estaban cayendo en distintas escaramuzas contra el invasor, al que bendijo con el título de "liberador". Así, los dolientes debían sufrir, además de la pérdida de su ser querido, el insulto espiritual de amar un "objeto malo"; defensor de la narco dictadura y violador de la sacrosanta propiedad privada.

Fué esta infame negación del duelo lo que produjo el cambio en muchos de los dolientes puesto que la mentira era tan grotesca. Por ello, en las sesiones de psicoterapia de grupo las expresiones cambiaron de: "si yo hubiera sabido que era la invasión, no lo dejo salir" a "si yo hubiera sabido que era la invasión, salgo con él." Esta segunda posición se corresponde a una depresión madura que conduce a acciones reparadoras y evidencia la capacidad de penar por el YO y su vinculación con los OTROS cercanos y lejanos. Efectivamente, la AFC-20 se vincula, al sexto mes de la invasión, con el Comité de rescate de la Soberanía y encabeza la marcha más grande hasta ese momento en apoyo de las demandas de los habitantes del barrio de El Chorrillo devastado y en afirmación de la Soberanía Nacional. La presidenta de la AFC-20 marchó al frente con la bandera panameña del período presidencial que rompió relaciones con los E.U. cuando la masacre del 9 de Enero de 1964.

Psicoterapéuticamente, cuando los panameños vinculan su particular dolor con el de los otros panameños y su sufrimiento común con la Patria panameña mancillada entonces, en palabras del poeta: "La bandera nacional baja convertida en fuego/ y va extinguiendo con febril desasosiego" a los invasores y traidores. No es posible, pues, apartar el trauma colectivo del individual en ninguna labor verdaderamente terapéutica.

La relación entre paciente y terapeuta no obedece a ninguna técnica importada y considerada como abstracción universalista para que sea tal, es decir, terapéutica; si no en los términos que siguen: Como objeto de su actividad patriótica (la atención voluntaria y gratuita) los traumatizados son, al mismo tiempo, víctimas de la invasión para sí; su sufrimiento patriótico para el terapeuta y esta última realidad para ellos. De esta manera, los pacientes asumen patrióticamente su dolor, valorizando su sufrimiento y recuperando su auto estima. En tanto que se constituyen en la confirmación de la esencia social patriótica de la personalidad del profesional puesto que, al reconocerse en el paciente en tratamiento, como producto de su propia actividad profesional combativa, el "otro" panameño se convierte en la apropiación del profesional para sí. Así pues, a partir de las vivencias en la situación patriótica psicoterapéutica, las distintas situaciones sociales bajo la ocupación militar, en las que están incluidos panameños, tenderán a convertirlas en objetos de su actividad patriótica, en sus objetos, en objetos que confirman y realizan su personalidad panameña; en objetivaciones de ellos mismos; en objetivaciones de la Patria que ellos son.

La reparación psicológica requiere que los traumatizados y, de ellos en especial los dolientes que han perdido un ser querido, hagan suyo el sentido de su sufrimiento y de la muerte de su familiar. Ellos, combatientes o civiles no sufren o murieron por ninguna otra causa que no fuera la invasión estadounidense. El sentido de su trauma o de la muerte es, entonces, la patria panameña agredida y mancillada. Su dolor, su penar, entonces, será también por los otros panameños; por su familiar en cuanto que panameño y no sólo por ser su marido o su hijo. En resumen, por Panamá.

La psicoterapia como la hemos practicado durante este año de invasión y ocupación militar del país, parte de esta relación teórica y prácticamente sensible - ambos, paciente y terapeuta se encuentran en la misma situación de ser agredidos en su territorio y panameñidad - y termina en ella, en un nuevo y más aalto nivel de solidaridad social patriótica. Ambos componentes de la relación se recuperan a sí mismos como patriotas y se aprestan y están en mejores condiciones de enfrentar al enemigo común que les niega la posibilidad de alcanzar la independencia y soberanía de su personalidad social.

En lenguaje más ortodoxo, la "curación" en cuanto que resocialización de los traumatizados por la invasión y ocupación del país, sólo irá ocurriendo en la medida en que se objetiven patrióticamente en otras situaciones sociales aparte de la psicoterapia. De este modo, serán restituidos completamente cuando toda su actividad en todas las situaciones sean restituciones de la patria perdida.


 La batalla por la conciencia nacional y latinoamericana

La invasión y ocupación militar primero y el avasallamiento después, por parte del imperio USA, los ha obligado a tratar de imponer una imagen del panameño avasallado que disimule y justifique ante el mundo, su apropiación de nuestro territorio. Sin estas coartadas, la conducta del invasor y sus adosados locales y, aún, su existencia misma luciría, ante propios y extraños, su abyecta y sanguinaria emboscada (am/Bush). La conciencia nacional, nuestro YO panameño debe confrontar a ese OTRO invasor, avasallador, colonial que está siendo internalizado violentamente en nuestro ser nacional, rompiendo nuestra estructura patria íntima que, desarticulada y en estado de indefensión, podría aceptar las más grotescas mixtificaciones sobre sí misma.

Ahora, durante la ocupación, se está librando la batalla por la conciencia nacional, denunciando y exhibiendo a la luz pública todas y cada una de esas coartadas, dentro de los límites que impone el estado carencial y de avasallamiento. Así, por ejemplo, la difamación de los "21 años de narcodictadura" en esta imagen colonial de justificación culposa. Todos los colonizadores y sus colaboracionistas, tanto de Panamá como de otros países, especialmente del Tercer Mundo, están prontos a deshacer el auge y éxito del avance de la liberación nacional bajo la conducción del General Omar Torrijos Herrera incluyendo, primordialmente, el Tratado del Canal. No es nada difícil darse cuenta del propósito anti nacional de esta difamación. Además, ocupa un lugar prominente en la dialéctica: ennoblecimiento del invasor - degradación del avasallado. Por otra parte, puede ser muy rentable económicamente para el imperio que busca apropiarse privadamente del negocio maldito, el narco tráfico.

Nada podría legitimar tanto la agresión del invasor y colonizador que tener en verdad una "causa justa". Nada podría legitimar mejor el desvalimiento del avasallado que su incapacidad e inmoralidad. La imagen del panameño avasallado incluirá, pues, una terrible estupidez y corrupción. La imagen del invasor y colonizador será la del decidido justiciero "liberador". La del panameño avasallado será la del inepto agradecido que deberá, además, correr con los costos de su propia destrucción.

El imperio USA quisiera que su gobierno de colaboracionistas le rinda más beneficios que el de la desvergüenza de dar la cara por ellos. Ninguna esperanza fue más inútil. La oligarquía panameña, adiestrada en la inutilidad, sólo ha alcanzado discurrir una repartición nepótica de las plazas directivas del funcionariado público entre los avasallados que anhelan ser asimilados por el imperio, con un salario tres o cuatro veces superior al de un simple burócrata, pero no produce tres o cuatro veces más ni en calidad ni en cantidad: es más rentable para su codicia emplear un familiar y destituir tres avasallados. Para encubrir su fechoría, difaman a los destituidos con el membrete de "norieguistas" o de pertenecer al "noriegato", como sinónimo de corrupción e inmoralidad.

Pero, insistimos, ¿es realmente inmoral y corrupto el panameño avasallado tras la cruel invasión? A decir verdad, la cuestión está mal planteada. ¿Cómo, bajo tal acusación se puede justificar la devastación de barrios enteros o partes de ellos o acusar de maleantes a toda una ciudad como Colón? Se puede aludir a individuos, incluso numerosos dentro de una colectividad; preguntarse si acaso su rendimiento no es mediocre, si la sub-alimentación, desempleo o bajisimos salarios, el porvenir blanco, que excluye a la mayoría negra y mulata y la significación irrisoria de su función social no quitan todo interés al trabajo del panameño avasallado. Lo que resulta sospechosos que la difamación no solo abarca a las ciudades terminales del canal si no también a las provincias; a las costas y archipiélagos y no sólo a los habitantes de bohíos y de las "casas brujas" si no también al profesor universitario, al ingeniero, al médico, en suma, a todos los panameños. Lo sospechoso es la unanimidad de la acusación (por parte de los invasores y colaboracionistas) y la globalidad de los acusados (todos los panameños, los avasallados). De esta manera, ningún avasallado se libra, ni siquiera los que anhelan ser asimilados por el imperio. Y es que la coartada consiste en desconectar la acusación de todas las condiciones sociológicas, históricas y psicológicas.

No se trata de una escaramuza más si no la batalla por la conciencia nacional, esta caracterología del panameño llena de los peores rasgos psico-sociales que hoy nos confiere el invasor y que "avala" su gobierno títere. Planteado así, es evidente que el panameño avasallado, asuma la función que asuma o despliegue no importa qué celo, más será acusado de tales características, cuanto más afirma su patriotismo y dignidad.

Es posible repetir este análisis a propósito de cualquiera de las demás coartadas que está utilizando la "inteligencia" del imperio en esta "guerra de baja intensidad" en la batalla por la Conciencia Nacional.

Contra todas las formas de alienación avasallante de los panameños, sea por mixtificaciones detentantes o enajenantes, combaten los psicólogos patriotas y otros profesionales del campo de la salud mental, a la vez que contribuyen a la objetivación, a la apropiación de la panameñidad.

Los psicólogos latinoamericanos - especialmente - no pueden permanecer ignorantes o indiferentes ante esta "guerra psicológica" que se está librando en Panamá. La solidaridad profesional es impostergable. Los psicólogos latinoamericanos no pueden continuar reproduciendo ciegamente las psicologías de los E.U. imperiales. Este es, también, un momento crucial de la lucha por la liberación del pensamiento científico y la soberanía técnica y, en este campo, en el peor de los casos, somos igualmente poderosos. Tanto así que el dibujo de un niño como los que se muestran en este trabajo, desmitifican las campañas alienantes y hacen temblar las aparentemente sólidas coartadas de su "just cause" restituyendo la identidad con MI CAUSA... PANAMÁ; NUESTRA CAUSA... AMÉRICA LATINA. 

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Bibliografía

Cohen-DeGovia, Guillermo C. "La Psicología en la Salud Pública" Ed. Extemporáneos. Tercera Edición. Mex. 1975.

Es posible obtener edición en: http://mx.geocities.com/ipsge/bibliote.html

"Posición de la Psicología ante la renovada intervención imperialista en Panamá"

Periódico "La República" Junio 1987

"La batalla por la conciencia" Periódico "El Istmo" Junio 1990.

"Apuntes de Protección Civil" Dirección de Protección Civil. Panamá 1987.

"Pequeña Hiroshima". Entrevista concedida a la Revista

"Este País" Panamá, Jul-Sept. 1990.

Fanon, Frantz "Los Condenados de la Tierra" F.C.E. México, 1963

Kosik, Karel "Dialéctica de lo Concreto" Grijalbo. México, 1967

Memmi, Albert "Retrato del Colonizado" Edicusa. Madrid. 1971

Wallon, Henri "Fundamentos Dialécticos de la Psicología" B.A. Proteo 1965


Consultorio psicoterapéutico "En - Línea" del Dr. Guillermo C. Cohen-DeGovia 


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