Por la Península de Yucatán

4/5

Página anterior  3/5

 Página siguiente  5/5

 

Día 4 .- Martes 8:30 AM, salgo rumbo a Mérida, las grandes ciudades no me llaman mucho la atención por lo que al llegar  Caucel, a 10 kilómetros de Mérida, me desvío al norte rumbo a Noc-Ac, pueblo que dentro de sus atractivos tiene un cenote.

 

 

 

 

El Cenote Noc-Ac, es pequeño y al carecer de acceso restringido, no existe control y se nota que los fines de semana se llena el área de gente que viene a hacer sus días de campo, olvidando recoger su basura, es raro ver basura tirada por estas tierras y es triste que sea precisamente alrededor de un cenote donde la gente decide romper la regla.

 20° 23.249'  N

 90° 10.702' W

Este cenote tiene la característica de que existe una colonia de golondrinas dentro de el y de vez en vez se ven salir o entrar dentro del mismo.

Continúo mi viaje, buscando tomar la carretera 261 que conecta Mérida con Puerto Progreso, es una carretera amplia de cuatro carriles y en algunos sitios con carriles laterales muy bien iluminada y con un trazado impecable que al entrar en la ciudad se convierte en la calle principal que lo lleva a uno directo al malecón y al muelle  que se adentra en el mar varios kilómetros y al final de este existe un puerto marítimo de altura.

El malecón  sirve como barrera para limitar la playa de arenas blancas y finas, por aquí es posible tomar un baño en la playa a menos de 10 metros de la calle que en este caso es el malecón, se respira un aire de frescura y relajamiento pues no existen muchos turistas.

La carretera a Xtampu es amplia de cuatro carriles, son treinta kilometros de autopista en los que se suceden las villas con casas de playa de lujo que aprovechan este litoral hasta hace poco virgen, todas las construcciones se ven de reciente diseño e invitan a pensar que un pequeño Miami se esta construyendo por estas costas.

 

 

 

 

Telchac Puerto es un pueblo de pescadores,  donde continúan las interminables playas de arena blanca, busco como siempre el centro del poblado y me llama la atención una vista al mar de colores verde y azul, continuo por la calle hasta la playa donde encuentro un grupo de palapas con una increíble vista al mar, ya tengo un lugar donde comer, pongo a la Chabela bajo la sombra y desempaco lo necesario para preparar un rico banquete a base de ensalada de atún y galletas  y agua fría, todo enmarcado con  una hermosa vista al mar donde las olas mecen algunas lanchas atracadas a la orilla. no necesito mas para sentirme feliz.

21° 20.626'  N

 89° 15.888' W

Después de un merecido descanso continuo por la carretera estatal 27, Dzilam Bravo me recibe con la cordialidad de un pueblo de provincia, aquí no hay playa, las olas rompen de lleno en el malecón, que también sirve de muelle para los pescadores.

Continuando rumbo a Ria lagartos el camino mas corto que veo en el mapa es hacia Yalsihon para llegar a Panaba. Este camino es angosto de un solo carril pero en buen estado, un encuentro aquí entre dos camiones es critico pues la carretera no tiene mas de 3 metros de ancho,  a los lados solo se ve vegetación de mediana altura, no se perciben irregularidades geográficas y el camino transcurre en perfecta calma, en los 70 kilómetros de camino no encontré ningún vehículo circulando por estas carreteras.

 

Las Viviendas en estos rumbos son construcciones típicas Mayas: techo de palma con paredes de madera algunas veces recubierta  de barro.

 

En Panaba tomo hacia el norte rumbo nuevamente hacia la costa,  San Felipe un puerto de pescadores, peculiar por el tipo de construcciones que aquí existen, aquí no se sigue el mismo patrón de construcción visto en otros pueblos, aquí las casas son de: techos  laminas de acero pintado de rojo y paredes de tablas de madera pintadas generalmente de colores fuertes  predominando el azul y el blanco.

Una calle limpia y amplia atraviesa el pueblo hasta en el malecón donde un golpe de brisa nos recuerda que estamos nuevamente en el golfo,  al final del malecón se tiene un campo despejado, es un campo de béisbol,  donde se observa a mujeres jugando , me llama la atención y no puedo evitar acercarme y ver un rato el juego.

 

Regreso los tres kilómetros hasta el anuncio a la entrada del pueblo,  ahí existe la desviación hacia Ria Lagartos que ya no debe estar muy lejos.

 

 

 

 

 

A pocos kilómetros en el entronque con la carretera 295 se recibe al visitante con un anuncio de bienvenida a la Reserva Ria Lagartos y se anuncia el pueblo de Río Lagartos, no confundir (uno es el pueblo, otro es el nombre de la reserva).

 

 

 

 

El pueblo de Río Lagartos a diferencia de Celestun , el otro lugar donde se pueden ver flamencos en estado natural, no recibe mucho turismo, aunque se observan construcciones que indican que próximamente se le dará impulso a este punto de la reserva de la biosfera y en el malecón se ofrezcan viajes a las zonas donde se ven los flamencos, aunque al ser un viaje individual, el precio se eleva considerablemente a 400 o 500 pesos dependiendo del recorrido.

En Río Lagartos me ofrecen un viaje hacia las Coloradas, poblado en el centro de la biosfera cercano al lugar donde los flamencos tienen  sus humedales, lugares donde se les ve con el pico hurgando el fondo en busca de comida, no tomo el viaje y decido llegar a Las Coloradas en la Chabela e intentar pasar por la reserva hasta el Cuyo, poblado en el otro extremo.

El camino a Las Coloradas esta pavimentado y se recorre sin problemas, unos kilómetros antes se pasa un puente en donde encuentro a una persona pescando, por debajo de este se ve pasar una lancha, quizás algún turista rumbo a los humedales.

antes del poblado se rompe el paisaje con unos cerros blancos, pronto me doy cuenta que es una salinera que aprovecha los humedales naturales para extraer sal, el impacto ecológico de esta planta no lo conozco, pero utiliza kilómetros y kilómetros de humedales para obtener su sal, intenté en vano de entrar y tomar unas fotos , solo conseguí una de la entrada.

 

El poblado, como todos los de este rumbo tiene su vida ligada al mar y así se ven pequeñas embarcaciones pesqueras y lugares donde se ofrecen mariscos y algunas cantinas, rastro de que por aquí existen sueldos fijos, los trabajadores de la salinera, tienen lugares donde refrescarse y gastar algo del dinero que tardan una semana en ganar, pero esa es otra historia.

Atravieso el poblado Las Coloradas, llamado así por la existencia entre los humedales de algunas lagunas cuyo fondo es de un color rojizo, debido a los minerales que ahí se asientan y que le da el tono de color rojo al agua (Colorada), busco la continuación del camino a el Cuyo, aun no se el estado del camino, solo se que es poco frecuentado y que el paso esta condicionado a las constantes lluvias que azotan la zona varias veces al año.

Pasando el pueblo aun se ven las modificaciones que la Planta salinera hizo a los humedales, acondicionamiento necesario para sacar la sal que naturalmente se obtiene por el proceso de evaporación del agua de mar.

Después de unos kilómetros, los puedo ver, al inicio como una mancha roja en el horizonte, después se van definiendo con sus patas largas y sus picos curvados hurgando en el fondo el humedal, si, son los Flamencos en estado natural, son miles y miles a pocos metros del camino, por un momento detengo la moto y me quedo ahí, solo, en medio de la nada, viendo estas hermosas aves en su mundo, camino hacia el punto mas cercano en donde puedo verlos y aprovecho para tomar unas fotos, procuro no perturbarlos, se extienden por varios kilómetros a diferencia de Celestun donde forman colonias de algunos miles, aquí existen cientos de miles y se les ve a lo largo del camino por varios kilómetros.

Este lugar es de una belleza que no se puede describir, de un lado los humedales con los flamencos; del otro lado, del izquierdo, el mar con sus colores azul-verde y  la playa de arena blanca y fina.

 21° 35.196'  N

 87° 53.919' W

Existen tramos en que solo se tiene una franja de tierra para el camino, que por cierto es de arena fina como el talco, arena que también existe en la playa.

Este es un buen sitio para acampar solo que hay que tener cuidado que no exista amenaza de tormenta, pues se carece de todo tipo de vegetación o relieve en el terreno que amortigüe la fuerza del viento y las lluvias que por estos rumbos suelen azotar.

El cruce por esta reserva es solitario y nos pone en contacto con la naturaleza y con nuestro yo interior.

Después de varios kilómetros desaparecen los humedales, para dar paso a una vegetación baja; a pesar de estar en la costa llama la atención que no existan árboles altos o  palmeras.

Continuo el viaje siempre por el camino de arena, ahora rodeado de arbustos, por un momento la vegetación me cubre y solo escucho a lo lejos el oleaje de la playa cercana, después de 10 kilómetros la vegetación se cierra completamente y hace que baje la velocidad, al fondo solo se ve un túnel de vegetación, para después de varios metros salir a un campo abierto donde unos niños juegan al fútbol, he llegado a El Cuyo por una vereda donde pocas veces se ve llegar gente, eso causa un poco de algarabía entre los niños, pronto tomo la calle principal del poblado, doy una vuelta  buscando un lugar para descansar, el poblado tiene las calles de arena y la calle principal desemboca en una playa de donde una familia se retira, ya es tarde, existe un pequeño hotel, pero decido mejor continuar mi viaje, aun me siento con ganas de seguir un poco mas, la sensación de haber estado en un sitio donde pocos han llegado me da energías para seguir manejando un buen rato. , calculo que son como las 6 de la tarde, faltan dos horas para que se ponga el sol

Ahora tomo la carretera hacia el sur, la intención es buscar una ciudad lo mas al sur posible donde dormir antes de que anochezca, no he consultado el mapa solo me guío por la intuición, paso algunos poblados pequeños donde no existe alojamiento, llego a Colonia Yucatán ya con los últimos rayos del sol, aquí  saco el mapa y me doy cuenta que estoy a 50 kilómetros de Tizimin, ciudad donde creo encontrar alojamiento, solo que ir para ese rumbo retrazaría  la intención de ir hacia el este, decido tomar siempre rumbo a Cancún, en el mapa encuentro a Kantunilkin a 32 kilómetros ya en el el estado de QuintanaRoo.

Los caminos son buenos aunque angostos, viajar en la noche tiene sus encantos y misterios pues la imaginación empieza a volar y a imaginar las posibilidades con las que se cuentan de pasar una noche por estos caminos en caso de algún percance, en un momento me detengo y miro hacia atrás, esta oscuro, es el color de la noche en un lugar de la península. Cuando mas absorto estoy en estas divagaciones, aparecen unas casas aisladas con algunos focos iluminando la carretera, que después de un tope pasa a ser una calle que pronto llega a la calle principal, pido señas al parque y una vez ahí, pregunto por un hotel. Después de tomar un baño salgo a conocer y disfruto de unos ricos tacos de Cochinita Pibil.  Las ciudades pequeñas tienen su encanto, me gustan sobre todo por las noches, en ellas se respira paz y se puede cenar muy rico y sin prisas a un precio muy bajo.

 

Página anterior  3/5

 Página siguiente  5/5

 

1