Entre los 19 y los 23 kilómetros
por sobre la superficie terrestre, en la estratósfera, un delgado escudo de
gas, la capa de
ozono, rodea a la Tierra y la protege de los peligrosos rayos del sol. El ozono
se produce mediante el efecto de la luz solar sobre el oxígeno y es la única
sustancia en la atmósfera que puede absorber la dañina radiación ultravioleta
(UV-B) proveniente del sol. Este delgado escudo hace posible la vida en la
tierra.
Desde 1974, los científicos nos han advertido acerca de una potencial crisis
global como resultado de la progresiva destrucción de la capa de ozono causada
por sustancias químicas hechas por el hombre, tales como los
clorofluorocarbonos (CFCs). Le tomó al mundo demasiado tiempo entender estas
advertencias tempranas.
Hoy, la comunidad internacional es tan sólo un mero espectador que año a año
ve desaparecer la capa de ozono a través de los informes sobre su disminución
y sobre los comprometedores incrementos de radiación ultravioleta y los daños
acumulados en diversos organismos vivos.