
Un solo homicidio deberia de ser indignante por sí mismo, pero las más de cuatrocientos asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez y en el estado de Chihuahua en una década conforman uno de los más graves episodios criminales del país, una verdadera cosecha sangrienta de mujeres.
Agredidas sexualmente, mutiladas y asesinadas, sus cadáveres aparecen días, semanas o meses después de su desaparición en terrenos baldíos o lugares poco frecuentados, y las víctimas son en su mayoría de extracción social baja, trabajadoras inmigrantes y, con frecuencia, recién llegadas.
Las mujeres asesinadas parecen no importarle a nadie, sólo así se explica la indiferencia gubernamental y la constante ineficiencia policiaca para esclarecer estos crímenes. Aunque las teorías y las líneas de investigación abundan (muchas de ellas con hipótesis absurdas, ridículas y mostrando un evidente sexismo), ni las autoridades locales ni las federales han podido o querido hacer nada.
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Ciudad Juárez es un lugar en donde abundan las maquiladoras que consiguen mano de obra barata, principalmente de mujeres jóvenes, sin otorgar ningún tipo de seguridad social. Una ciudad en la los flujos migratorios y el boom de las maquiladoras en las décadas de 1970 y 1980 contribuyeron a un espectacular crecimiento de la población froteriza en asentamientos irregulares, en especial de población femenina.
Y si a estas características sumamos el machismo, la explotación, la desigualdad, el prejuicio, la ignorancia, el fenómeno del narcotráfico, los intereses políticos, así como las profundas posiciones racistas y clasistas que caracterizan a gran parte de la sociedad, todo esto parece conformar un entorno socioeconómico propicio para la violencia y la impunidad.
Cosecha de mujeres no sólo aporta nuevos datos para actualizar esta estadística macabra, sino que también nos involucra en las historias de muchas de estas jóvenes mujeres asesinadas y de sus desesperadas familias por encontrar respuestas que expliquen estas crueles muertes.
Nadie puede permanecer indiferente o impasible ante esta enumeración de eventos trágicos que apabullan y mueven a la indignación y a la necesidad de hacer algo, aunque sólo sea exigir elemental justicia para las víctimas de estos asesinatos y medidas de verdad eficaces para garantizar que no haya una víctima más.
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Durante años Diana Washington Valdez ha cubierto como reportera los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez y los sucesos relacionados con el cartel de los Carrillo Fuentes.
La Texas Associated Press Managing Editors Association la premió con el primer lugar por su serie de artículos publicados bajo el título "Death Stalks the Border" (La muerte acecha la frontera) en junio de 2002 en El Paso Times.
Ha trabajado en varios medios de información de Estados Unidos y ha recibido numerosos premios y reconocimientos por su labor periodística. Es licenciada en periodismo y maestra en ciencia política por The University of Texas en El Paso.