Jaime Sabines

 

 

NO HAY MÁS, SÓLO MUJER

 

No hay más, sólo mujer para alegrarnos

sólo ojos de mujer para reconfortarnos

sólo cuerpos desnudos,

territorios en que no se cansa el hombre.

Si no es posible dedicarse a Dios

en la época del crecimiento,

¿qué darle al corazón afligido

sino el círculo e muerte necesaria

que es la mujer?

 

Estamos en el sexo, belleza pura,

corazón solo y limpio.

 

 

Jaime Sabines

 


TE DESNUDAS IGUAL

 

Te desnudas igual, que si estuvieras sola

y de pronto descubres que estás conmigo.

¡Cómo te quiero entonces

entre las sábanas y el frío!

 

Te pones a flirtearme como a un desconocido

y yo te hago la corte ceremonioso y tibio.

Pienso que soy tu esposo

y que me engañas conmigo.

 

¡Y cómo nos queremos entonces en la risa

de hallarnos solos en el amor prohibido!

 

(Después, cuando pasó, te tengo miedo y siento un escalofrío.)

 

 

 

Jaime Sabines

 


LOS HE VISTO EN EL CINE

 

Los he visto en el cine,

Frente a los teatros,

En los tranvías y en los parques,

Los dedos y los ojos apretados.

Las muchachas ofrecen en las salas oscuras

sus senos a las manos

y abren la boca a la caricia húmeda

y separan los muslos para invisibles sátiros.

Los he visto quererse anticipadamente, adivinando

el goce que los vestidos cubren, el engaño

de la palabra tierna que desea,

el uno al otro extraño.

Es la flor que florece

en el día más largo,

el corazón que espera,

el que tiembla lo mismo que un ciego en un presagio.

 

Esa niña que hoy vi tenía catorce años,

a su lado sus padres le miraban la risa

igual que si ella se la hubiera robado.

 

Los he visto a menudo

- a ellos, a los enamorados-

en las aceras, sobre la yerba, bajo un árbol,

encontrarse en la carne,

sellarse con los labios.

Y he visto el cielo negro

en el que no hay ni pájaros,

y estructuras de acero

y casas pobres, parios,

lugares olvidados.

Y ellos, constantes, tiemblan,

Se ponen en sus manos,

y el amor se sonríe, los mueve, les enseña,

igual que un viejo abuelo desengañado.

 

 

Jaime Sabines


DESPUÉS DE TODO

 

Después de todo –pero después de todo-

sólo se trata de acostarse juntos,

se trata de la carne,

de los cuerpos desnudos,

lámpara de la muerte en el mundo.

 

Gloria degollada, sobreviviente

del tiempo sordomudo,

mezquina paga de los que mueren juntos.

 

A la miseria del placer, eternidad,

condenaste la búsqueda, al injusto

fracaso encadenaste  sed,

clavaste el corazón a un muro.

 

Se trata de mi cuerpo al que bendigo,

contra el que lucho,

el que ha de darme todo

en un silencio robusto

y el que se muere y mata a menudo.

 

Soledad, márcame con tu pie desnudo,

aprieta mi corazón como las uvas

y lléname la boca con su licor maduro.

 

 

Jaime Sabines

 

 

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