EL DESPERTAR DEL VIENTO (parte 2)

El día de San Valentín me llevé una de las mayores desilusiones de mi vida. Haruka es Guerrero Urano, de eso estoy segura. Sentí desde el principio que había algo entre nosotras. Sé que ella ve su destino a través de visiones premonitorias camufladas bajo la terrible forma de pesadillas que atormentan su sueño cada noche pero ella se niega a aceptarlo. Quiere huir de su destino... y lo comprendo.

 

Hace unos meses yo atravesé el mismo dilema que ella. ¿Debía rendirme a la rueda de la fortuna o intentar hacer que mis sueños se conviertan en realidad? Me gusta el arte en su máxima expresión, ya sea plasmado en un lienzo o sobre las cuerdas de un violín. Quiero ser violinista, disfrutar del salitre marino en los poros de mi piel, del viento jugando con mi cabello. El viento... oh, la sensual textura del indomable elemento... Ahora sé por qué me siento tan unida a él. La alegre brisa vespertina me enreda los sentidos y me hace añorar la compañía de su dueña y señora.

 

Cuando descubrí quién era yo, me puse a buscarla a ella también. Hace sólo unos meses que descubrí que yo era la Guerrero de los Océanos y acepté lo que me deparaba el destino: una lucha sin cuartel contra el Silencio y la Destrucción... pero también la compañía y el amor del ser más maravilloso que podía llegar a imaginar; Guerrero Urano, la dama del viento, la otra mitad de mi alma. De repente el destino me pareció bello y seductor, me puse a buscar sin descanso a Urano, con la esperanza de que ella recordara algo de su pasado, y de mí. Pero he encontrado a Haruka y no sé si ella recuerda quién es, quién soy o lo que somos. No quiero forzarla a luchar, aunque me haría tan feliz tenerla a mi lado que a veces no puedo evitar infiltrarme en sus sueños y pedirle que luche conmigo.

 

Erza Gray nos presentó la semana pasada, era el día de San Valentín, y cuando le sugerí algo sobre su futuro. Ella me dio la espalda. ¿Qué puede haberle pasado para haberse convertido en una persona tan amargada y brusca? Yo la recordaba tierna, cariñosa, sensible, oh, tocaba tan bien el piano... Pero me encontré con una chica asustada.

 

A la semana siguiente toqué el violín en un barco de lujo. Aceptaron exponer unos cuadros míos a cambio de una actuación musical. Me enteré de que Haruka iba a venir y acepté sin pensarlo dos veces. Mientras tocaba en el escenario, vi que Haruka se tomaba un refresco y me miraba de soslayo. Estaba tan atractiva con el traje negro, parecía tan segura de sí misma. Su mirada era grave, turbada, me atravesaba con dureza. ¿Me echaría acaso la culpa de lo que le pasaba?

 

La vi salir de la sala lentamente y disculpándome, salí por otra puerta para encontrarme con ella en el pasillo. La vi admirando uno de mis cuadros, el que se titulaba: "Fin del mundo". Me senté en las escaleras y sonreí. Le dije que ella era muy famosa y que yo conocía a una chica que estaría encantada de poder ir en coche con ella por la playa. No sé por qué le dije aquello. Fue el mar, quizás, que se apoderó de mis sentidos y me impulsó a hablar de mi misma de aquella manera, no lo sé. Ella ni siquiera me miró. Observaba hipnóticamente el cuadro y dijo que era extraño que una chica como yo pudiera pintar algo así. Me molestó que ella siguiera tan ciega a la realidad y le dije que yo podía ver mi destino, igual que podía verlo ella. Haruka dijo que no quería meterse en aquello, que quería ser corredora de motociclismo. Me pidió que dejara de investigarla y que si alguien tenía que salvar el mundo, que lo hiciera yo. Me enfadé y mirándola fijamente le dije que yo tampoco quería hacerlo, que yo quería ser violinista, pero que no me quedaba otra opción sino luchar por el futuro.

 

No sé quién rompió el contacto de nuestras miradas en aquel momento de tensión, pero pasó una semana más hasta que volví a ver a Haruka, y fue en el circuito de motociclismo. En los boxees, Haruka vio a un chico con problemas. Al ir a ayudarle, éste se convirtió en un monstruo y la atacó. Vi que delante de ella aparecía el bolígrafo transformador de Urano y que ella, dubitativamente, estiraba la mano con la intención de cogerlo. Entonces no me importó nada. No quería que alguien como ella se viera obligada a renunciar a sus sueños. Prefería quedarme sola para siempre antes que forzarla a ella a apartarse de sus ideales. Aparecí frente a ella y le grité que no cogiera el bolígrafo, pues si lo hacía, su vida no volvería a ser normal nunca más. Me transformé en Guerrero Neptuno delante de ella y ataqué al monstruo. Haruka me detuvo, alegando que el monstruo era un chico en realidad, y en ese momento me pareció que Haruka era la misma persona sensible que conocí durante el Milenio de Plata. Que, a pesar de vivir separadas entonces, yo no podría soportar vivir sin ella, ni ahora, ni nunca. Yo no elegía mis métodos. Tenía que luchar, pero ella quizás tenía una oportunidad de salvarse. Aprovechando mis dudas, el monstruo atacó. ¡Iba a alcanzar a Haruka! No podía permitirlo, así que me lancé sobre ella, recibiendo el ataque en su lugar. Dolió tanto, casi tanto como la herida que tenía en el corazón desde que la vi a ella por primera vez. Haruka me ayudó a sentarme. Ella me preguntó que por qué la protegí aun a riesgo de dañarme las manos. Si me ocurre alguna vez algo en una mano no podré convertirme en violinista. Pero cuando la vida de Haruka está en peligro no soy capaz de pensar en otra cosa que no sea salvarla a ella. En aquel momento la sinceridad se adueñó de mis sentidos y me hizo susurrarle cuánto la observé durante aquellas semanas aún sin saber que ella era Urano, cuánto la admiraba, cuánto añoraba ser yo quien fuera en su coche, con ella, por la playa. Me miraba con los ojos empañados, con la ternura y el amor de antaño. Sentí que el viento despertaba en su interior. Le dije que la conocía mejor de lo que ella misma se conocía y que no quería que ella siguiera el mismo camino que yo, pero que me alegré mucho cuando descubrí que ella era precisamente, mi compañera. Entonces, Haruka, sin pensárselo dos veces, cogió el bolígrafo transformador, entrando en una vida llena de peligros y haciéndome la chica más feliz del mundo, pues de aquella manera me ofrecía la oportunidad de conocerla mejor y conseguir su amor

 

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