-
¡No se separen!. El enemigo sabe bien cómo confundir nuestros corazones.
La voz de
Heracler sonaba débil entre toda la oscuridad reinante, rota sólo por breves
momentos debido a los relámpagos que surgían de la nube sobre el estadio. Los
truenos, profundos y brutales, calaban hondo en los oídos y casi reventaban la
cabeza de quienes los oían, pero el efecto más difícil de soportar era el
indomable miedo que esa luz les provocaba; como si fuese deseable no mirar,
esconderse, taparse los ojos y los oídos a la vez.
Y eso era
"casi" lo que hacían; luego de encontrarse a duras penas entre la
oscuridad, buscaron un refugio para poder conversar y planear algo mientras las
otras Sailor llegaban. Sin embargo, ya ni siquiera podían pensar con claridad y
Heracler estaba notando que sus fuerzas flaqueaban.
- Es el demonio
de la desesperación - dijo mientras los rayos cesaban un poco -. Uno de los
siete grandes, herederos de la fuerza y majestad de los guerreros de Júpiter.
Estuvo presente en el ataque final al Palacio de la Luna y es temido incluso
entre los suyos.
- ¡Y qué demonios
hace entonces aquí en Japón! - gritó Lita muy exasperada.
- No sé por qué
vino precisamente él, hermanita - respondió Heracler, un poco molesto -.
Pero algo esta tramando, algo realmente terrible, de eso estoy seguro.
Un nuevo
relámpago los interrumpió. Sailor Mercury no aguantó más y se escondió entre
los brazos de Heracler, que trataba de consolarla lo mejor que podía.
- Lo recuerdo -
decía Mercury -, nos atacó en el peor momento, y yo perdí toda la esperanza
cuando ocurrió. Ahora, vuelvo a sentir lo mismo; es horroroso. ¡Quiero que se vaya!.
- ¡Mercury,
basta! - gritó Lita con fuerza - Sé que es difícil, pero...
- "Eres
una Sailor" - interrumpió Ami -. ¿Eso ibas a decir?
Lita estaba
perpleja; su amiga simplemente le quitó las palabras de la boca.
- Heracler,
Lita, Artemis - dijo Ami finalmente, tomando las manos de todos -. Voy a
recordarles una frase que los guerreros de Júpiter me enseñaron hace mucho
tiempo, y es para momentos como éste: "El sacrificio por los amigos deja
de ser una carga cuando compartimos el valor".
Una sensación
nueva y reconfortante surgió en ese instante de las palabras de Ami,
repartiéndose por los corazones de todos. Y Lita vio cómo la mano de su hermano
la apretaba fuerte, recordándole palabras ya olvidadas, palabras que
incendiaban el espíritu, que invitaban a la aventura, a la entrega, a la
lealtad a un ideal profundo. Y recitó con él, primero lentamente y luego de
forma resuelta y rápida, el mismo verso de Ami pero en Ganiventü:
Sacriven-tu
Karma ser Gîn terhüm Clamda
Los rayos
brillaron entonces con furia, casi maldiciendo esas últimas palabras, pues como
un encantamiento, estaban rompiendo el influjo maligno de Hatchêr-kam. Y así,
los tres probaron ser mas fuertes que la desesperación, uniendo sus corazones y
compartiendo el valor. Y el Sacriventu brilló nuevamente en las palabras de
Lita y Heracler.
+++++++
Ami calculaba
afanosamente con su computadora, segura de que debía haber un punto débil por
el cual pasar sin ser advertidos. La energía demostrada por el enemigo era
tremenda y lo sabía muy bien, pero no era infinita. No podía cubrir todas las
entradas a la vez... o al menos no tan rápido.
- El enemigo ha
causado una distorsión seria en el espacio tiempo - dijo mientras seguía
calculando sin cesar, concentrada a la vez en observar con su visor digital-.
Las lecturas indican una fuga energética en el cénit de la nube, proveniente
quizás de la gente de toda la ciudad.
- ¿Es eso
posible? - preguntó Heracler asombrado -. No sabía que tenían el poder de
absorber la energía de ... ¡Todo Tokyo!.
-La causa
parece ser ese ciclón de arriba - dijo señalando la base de la nube sobre el
estadio, que estaba adquiriendo una forma cada vez más alargada -. De manera
similar a un huracán, está drenando la energía individual de la gente,
acumulándola en su centro. Eso causa además los rayos que ahora vemos; me
recuerda mucho a las tormentas de Júpiter.
- ¡Es verdad! -
exclamó Heracler de pronto -. Un efecto de ciclón; pero eso ocurre sólo en
planetas grandes y gaseosos.
- Exacto - dijo
Artemis, que escuchaba la conversación desde un rincón -. Esa tormenta, tal
como dijo Mercury, está creando una distorsión espacio-temporal, una
singularidad...
- Un agujero
negro - puntualizó Ami, mientras seguía enfrascada en sus cálculos -. Eso
explica el éxodo de energía hacia la base de la nube.
- Veo que ese
demonio está "jugando con fuego" - comentó Lita, que ya estaba
entendiendo un poco lo que pasaba -.La ciudad entera corre peligro si dejamos
que siga haciendo eso.
- Y creo ... -
dijo Ami, terminando su dura tarea -, que sé muy bien cómo entrar a su
escondite. ¡Síganme!.
Tomados de la
mano, y todos detrás de Sailor Mercury, entraron a la oscuridad más total: al
estadio mismo, entre miles de vueltas por unos corredores casi olvidados, lejos
de la mirada atenta del enemigo. Y aunque casi no veían nada, Ami los guiaba
lentamente a través de la oscuridad con su visor digital.
Luego de haber
dado muchas vueltas y de pasar varias puertas (que debieron ser abiertas
"bruscamente") llegaron a las graderías de la galería sur, enfrente
del mismísimo centro del tornado... y debajo de la espesa nube, visible sólo
gracias a la luz de los relámpagos, estaba Hatchêr-kam, el demonio de la
desesperación, rodeado de una veintena de demonios más pequeños. Aunque su
aspecto aparentemente era similar al de los otros, parecía mucho más grande y
fuerte; su piel también era distinta, de una tonalidad verde oscuro. Sus ojos
eran azules y brillaban levemente en medio de la oscuridad que los envolvía. No
era claro que los hubiese visto desde el primer momento, pero una vez que los
cuatro fijaron su mirada en los ojos de su enemigo, se sintieron totalmente
indefensos y perdidos; era necesario hacer un fuerte acto de voluntad para no
salir corriendo presa de pánico.
Estuvieron
callados por unos diez segundos, hasta que la extraña voz de los demonios se
detuvo repentinamente; habían estado recitando unos extraños versos que ni
siquiera Artemis entendía, y el silencio que se provocó entonces fue sepulcral.
Lo único que rompía esa atmósfera tensa eran los relámpagos, que no cesaban de
caer desde la nube con una frecuencia cada vez mayor; ni Heracler ni los demás
hicieron ningún movimiento. Entonces, la voz de Hatchêr-kam se elevó por sobre
los truenos y los relámpagos, resonando en los oídos y en las mentes de todos.
Sus ojos ya estaban clavados en Heracler, que lo observaba de pie, tomando con
una mano a Sailor Mercury y con la otra a su hermana. Y aunque estaba agitado,
no demostró ningún amilanamiento mientras su enemigo le dirigía la palabra:
- No tenías por
qué haberte presentado de una manera tan formal con mi servidor, que acabas de
matar hace poco. Sé muy bien quién eres tú, y sé muy bien quienes son tu
hermana y tu prometida. Y ese gato inmundo llamado Artemis también lo conozco;
el famoso soplón de la reina... Imagino que vienes a pedir clemencia por ellos,
pues a ti nunca te perdonaría la vida, aunque te arrastraras por el suelo como
el gusano que eres, pobre escoria del Milenio de Plata, perro faldero de
Serenity...
Heracler estuvo
a punto de perder todo el control en ese mismo momento, lanzándose furioso
contra ese blasfemo que se llenaba la boca de insultos contra lo que él
consideraba sagrado. Pero Ami entendió el combate interno que estaba librando
Heracler, y le tocó sus labios delicadamente con los dedos. Eso fue suficiente
para que los puños de Heracler se relajaran y evitara caer directamente en la
trampa del enemigo.
- El príncipe
de Júpiter jamás pediría clemencia ante nadie, ni menos ante un traidor de su
propia raza - dijo Heracler al fin -. Y sabes muy bien a qué he venido, pues
tus oídos son los de tus sirvientes. Voy a repetírtelo: Vengo a limpiar la
sagrada memoria de los guerreros de Júpiter, que ustedes han manchado con sus
abusos y asesinatos de gente inocente. Prepárate ahora a defenderte, pues no
tendré piedad de ti ni de ninguno de tus demonios que no se rinda ahora mismo.
La risa de
Hatchêr-kam se escuchó casi tan fuerte como sus anteriores palabras, pero era
aún más estridente y aguda. Daba una clara sensación de crueldad, de sadismo.
- Sigues siendo
el mismo de hace siglos, Heracler. Igual de estúpido y orgulloso. ¡Llénate la
boca de amenazas vacías!, te llevarán a la ruina al igual que como Malakite
hizo contigo en el Milenio de Plata. Has cavado tu propia tumba, y no sólo
morirás tú. Dejaré que veas la muerte de los que más amas, y será una muerte
cruel y lenta.
- La muerte
jamás ha sido nuestro temor más grande - dijo Lita de repente, causando un
pequeño alboroto entre los demonios pequeños que estaban en la cancha.
Hatchêr-kam la miraba con odio -. Has errado tu blanco, maldito imbécil; ahora
pagarás por tu falta de visión. Yo soy Sailor Júpiter, la hermana de Heracler,
y voy a combatir contra ti.
- Yo tampoco le
temo a tus amenazas - dijo resueltamente Ami -. Hace siglos descubrí tu poder y
combatí en nombre de la Reina Serenity, que derrotó a la Negafuerza gracias al
poder del Cristal de Plata. Hoy volverás a ser derrotado, te lo auguro. Yo soy
Sailor Mercury, la princesa del planeta Mercurio.
La estrategia
de terror utilizada por Hatchêr-kam no había dado ningún resultado; los cuatro
ya habían llegado al límite de sus fuerzas y habían combatido contra todas las
argucias y engaños de la desesperación; sólo la muerte podría detenerlos ahora,
y los demonios ya lo sabían. De esa forma, se escucharon gritos de terror
debajo de la nube cuando Sailor Júpiter, Sailor Mercury y Heracler se acercaron
a los extremos de la cancha dispuestos a entrar en combate. El demonio
principal también notó la situación en la que se encontraba y se jugó sus
últimas armas.
- Creo que no
has entendido la situación en la que te encuentras - dijo mirando a Heracler -.
Un poco de luz te va a hacer entrar en razón...
Repentinamente
los focos del estadio se encendieron, cegándolos por unos instantes. Y lo que
vieron después de acostumbrarse a la luz los llenó de rabia e impotencia;
frente a ellos, sobre el arco del lado opuesto de la cancha, estaba Sailor
Venus, atada de pies y manos a un palo largo, de unos cinco metros. Abajo de
ella habían dos demonios armados con unas extrañas lanzas y apuntaban
directamente a la garganta de Mina. Estaba inconsciente y su cuerpo mostraba
numerosas heridas y aparentes fracturas en la cara y los brazos.
-¡Cómo cambian
ahora las cosas! - dijo Hatchêr-kam con sarcasmo -. Lo siento príncipe, pero
creo que tu plan de venganza deberá aplazarse, digamos ... ¡Para siempre!.
Verás, éste pequeño agujero negro es demasiado importante para mí, así que
preferiría que no intervinieras. ¡Atrápenlos!, - dijo mirando a sus sirvientes
- ¡Qué esperan!
Los otros
demonios se estaban reponiendo del miedo inicial y ya se acercaban a Lita, Ami
y Heracler. Cualquier maniobra brusca que realizaran ponía en peligro la vida
de Mina y eso los tenía aún dubitativos. Sin embargo, habían hecho una promesa
y no podían romperla. Lita prepara su ataque con los puños apretados y mira a
los demás entre lágrimas, segura de que era la única salida...
- Perdóname,
Mina - dijo Lita cerrando los ojos.
Pero no fue
necesario realizar ese sacrificio. De pronto, una voz profunda y misteriosa
como la noche rompió el silencio e iluminó con su fuerza la esperanza de
todos...
- FUEGO DE
MARTE, ENCIÉNDETE...
Un llamarada
tremenda cayó directamente sobre los dos demonios que custodiaban a Mina, justo
antes de que Lita tomara la iniciativa. El chillido de estos últimos fue
horroroso, pero no tardaron en consumirse dentro del fuego. Sus cenizas se
esparcieron con el viento ante la mirada atónita de todos; y sobre uno de los
focos del estadio se dibujaba ahora la esbelta silueta de Rei, la Sailor del
Fuego. Su pelo flameaba de la misma forma que las llamas de una hoguera se
avivan con el viento. Y sus palabras sonaron cálidas y esperanzadoras para sus
amigos, pero frías y terribles para sus enemigos.
- Jamás
perdonaré a quien utiliza métodos tan ruines para lograr sus propósitos. Yo
también soy una Sailor Scout, mi nombre es Sailor Mars, y combatiré contigo.
Con un salto
cayó inmediatamente debajo de Sailor Venus, en posición de combate. Ningún
demonio se hubiese atrevido a atacarla en ese instante, lo que era claro ahora
para Ami, Lita y Heracler, los cuales, mirando a Hatchêr-kam con expresión
sombría, se lanzaron de inmediato contra él y sus sirvientes, seguros de que
Mina ya estaba a salvo.
A pesar de sus
trucos sucios y de sus engaños, Hatchêr-kam no era cobarde al momento de
combatir. Todavía conservaba parte del valor de los guerreros de Júpiter y así
se lo hizo saber de inmediato a Heracler, contra quién se lanzó sin
misericordia. Y aunque combatieron durante largos minutos, ninguno recibió
ayuda en medio del combate. Mina y Ami se encargaron de eso, pues los demonios
pequeños no estaba en condiciones de auxiliar a su líder.
Heracler ya
había combatido con él durante el famoso Torneo de Ganímedes, cuando todavía
era un guerrero de su planeta. Pero las condiciones ahora eran muy diferentes;
su enemigo tenía el arma del miedo, y si bien Heracler era muy valiente, muchas
veces en el combate perdió la concentración debido al extraño poder de su
oponente. Además, debía esquivar constantemente las babas que Hatchêr-kam le
disparaba, lo que ya lo tenía exhausto. Pero el poder del príncipe se impuso;
cuando estaba listo para recibir un golpe de parte de su enemigo, se agacha con
una velocidad asombrosa y lo toma del brazo lanzándolo por los aires a gran
velocidad. El demonio se estrella en el suelo y no alcanza a recuperarse a
tiempo; Heracler lo ataca de inmediato con el volcán de Io, derrotándolo de
manera definitiva.
Con paso lento,
Heracler se acerca a él dispuesto a terminar la contienda; pero su enemigo
todavía tenía un argumento desesperado y no iba a morir sin intentarlo todo. Su
odio contra Heracler era demasiado grande.
- Un momento,
príncipe - dijo Hatchêr-kam - ¿Vas a matarme sin saber qué es lo que estoy
haciendo con esta nube?, ¿Crees acaso que es una simple forma de absorber
energía?
Heracler lo
miró con los dientes apretados, temblando de rabia. Era claro que tenía algo
entre manos, aunque también podía ser un truco. Sin embargo no podía correr
riesgos, así que dio su brazo a torcer.
- Está bien,
¡Habla!
- Eres muy
criterioso, Heracler, pues tu noviecita ya debe sospechar de qué se trata todo
ésto. Es un puente interdimensional entre Júpiter y la Tierra, un agujero negro
artificial, si me permites usar un término más técnico.
Ami ahogó un
grito de pronto. Era obvio; la curvatura del hiperespacio, los efectos
relativistas, todo parecía indicar que Hatchêr-kam no mentía. La energía
acumulada tenía por objetivo crear un puente de salto "Einstein -
Rossen" hacia otro punto de universo, y perfectamente podría estar
dirigido a Júpiter.
- ¿Qué
pretendías hacer en ese planeta? - preguntó Mercury de pronto -. ¡Dilo ya!
Nuevamente
Hatchêr-kam rió, pero su voz ya no se escuchaba tan aterradora como antes; casi
denotaba la triste situación en la que se encontraba, y las Sailor sintieron
lástima.
- Eso nunca te
lo diría, niña genio, aunque me torturaras con tus extraños aparatos de
Mercurio. Pero te puedo adelantar que, aunque ya no pude ir hacia allá, mis
amigos los flotantes sí pueden cruzar el puente y dar un "pequeño
paseo" por la Tierra... ¡Claro, si a ustedes no les importa!
Nunca en la
vida Heracler se había visto en una situación así. El miedo que lo invadió en
ese instante lo dejó paralizado, le quitó la respiración y estuvo a punto de
caer desmayado en el suelo. Era el único que en ese momento entendía en su
totalidad el verdadero peligro en que todos se encontraban, pues había visto,
cuando niño, a los flotantes, los verdaderos habitantes del gaseoso planeta
Júpiter. Conocía su velocidad, su fuerza y su ferocidad, elementos que
combinados los hacían simplemente invencibles; eso mezclado con su increíble
tamaño, los convertía en verdaderos monstruos de pesadilla, demonios en el
completo sentido de la palabra. Tomando entonces del cuello a Hatchêr-kam,
Heracler desata toda su impotencia.
- ¡Eres un
maldito! - gritaba mientras golpeaba el cuerpo de Hatchêr-kam contra el suelo
-. ¿Qué sacarías destruyendo a los humanos?, ¡Ellos no tienen armas para
hacerles frente!, además, tú también morirás; los flotantes no entienden de
razones ni tratos...¡Cierra el puente ahora mismo!
Hatchêr-kam
sólo respondió con una sonrisa de triunfo; había logrado doblegar el corazón de
Heracler, aunque a costa de su propia vida. Lita y Ami en tanto se acercaron a
Heracler para calmarlo; estaba frenético, pero logró controlarse a duras penas.
Su rostro denotaba la más total y completa desesperación y Ami entendía sólo
lejanamente la razón de su angustia. Sus palabras sin embargo sonaron como una
luz contra toda esperanza, y así lo entendió Heracler en ese momento.
- No podría
cerrar el puente aunque quisiera, Heracler, no gastes tu energía con él; sólo
se está gozando en tu desesperación. Debes recordar ahora más que nunca el
Sacriventü.
- No tiene
caso, los flotantes son ... invencibles.
- Eso NO ES lo
que diría Her Clam el valiente - dijo Artemis, que aparecía de pronto entre las
sombras -. ¿O es que acaso perdiste la fe en el poder de tus ancestros?
Heracler se
mostró muy sorprendido con las palabras de Artemis... lo miró un poco nervioso
y le dijo:
- Es sólo una
leyenda.
- No lo sabrás
hasta que lo intentes. - respondió éste, automáticamente.
Heracler miró a
Ami de pronto, con un rostro apesadumbrado y triste, que parecía cargar con la
pena de muchos años, acumulada. Luego cerró los ojos como si contuviera el
llanto y le dijo despacio:
- Necesito que
te mantengas alerta como nunca. Enciende tu visor digital e indícame cuando
detectes cualquier criatura que esté atravesando el portal ¿Entendiste?. Y por
ningún motivo te acerques al ciclón.
- Sí Heracler -
dijo encendiendo su computadora y subiendo a las graderías.
- Sailor
Júpiter - dijo Heracler tomándola del hombro -. Tú tienes ahora la misión más
delicada. Necesito toda tu fuerza y tu poder.
- ¿Mi fuerza...
y mi poder? - preguntó Lita sorprendida
- No tengo
tiempo para explicarte con detalle; voy a realizar una larga danza marcial , y
también voy a recitar unos versos en nuestro idioma natal mientras la ejecuto.
Sé muy bien que no recuerdas ni el Ganiventü ni los entrenamientos en la época
del Milenio de Plata, pero debes intentarlo de todos modos. Yo sólo no podría
jamás hacerlo, necesito desesperadamente de tu ayuda. ¿Vas a acompañarme?
- ¿Danza marcial?,
pero ¿De qué me estás hablando?
- ¡Dime sólo si
vas a ayudarme o no! - gritó Heracler - el tiempo se acaba...
- Sí, voy a
hacer todo mi esfuerzo - dijo Lita resuelta.
De pronto,
Heracler tomó una posición extrañísima. Sus brazos estaban curvados hacia el
cielo y sus pies acompañaban al resto del cuerpo en un perfecto equilibrio.
Lita entendió que debía imitarlo y al principio perdió la concentración y cayó
al suelo. Heracler repitió la postura, paso por paso.
- Debes
recordar, Lita, ¡Debes recordar!. La danza está dentro de ti, sácala ahora.
Lita intentó de
nuevo, y cayó por segunda vez. Frustrada e impaciente, volvió a intentarlo y
volvió a caer. Pero al intentarlo de nuevo, y sin darse cuenta, empezó a seguir
a Heracler de una manera natural, espontánea. Ya llevaba unos pocos pasos y su
hermano no había tenido que guiarla.
- Espera - dijo
asombrada - déjame cerrar los ojos...
Una vez que
tuvo los ojos cerrados, pudo seguir aún más fácilmente a Heracler. Un par de
pasos a la derecha, dos hacia a delante, los brazos arriba y abajo, defensa y
ataque, defensa y ataque...
Lita aún no
entendía el verdadero milagro que se estaba ejecutando en ese momento. La danza
que hacía Heracler tenía más de sesenta pasos, muy difíciles de aprender, y
sólo ellos dos habían sido entrenados desde pequeños para realizarla incluso
con los ojos cerrados. Era la famosa danza de Her Clam, que se supone dio
origen al sacriventu; y la familia real de Júpiter la enseñaba completa a sus
descendientes, de generación en generación.
Las palabras de
Heracler empezaron tras el décimo movimiento. Lita se sorprendió en un
principio porque no entendía nada, pero incluso las palabras empezaron a salir
solas. Y las repitió entendiéndolas, compartiendo en su espíritu la máxima
expresión artística que su raza había hecho de la filosofía del Sacriventu; el
"Poema Primordial de la Zeusgene". Imposible es transcribirlo aquí,
pero de nada serviría, pues sólo puede apreciarse su total belleza al
combinarlo con la danza ritual. Cada palabra, cada verso, estaba acompañado de
un movimiento específico y clave... cualquier error en la interpretación
causaba la total destrucción de la armonía.
Y curiosamente,
ni Lita ni Heracler se equivocaron en ninguna parte del poema. La belleza de la
danza era sobrecogedora y Ami no pudo evitar la emoción al verlos y
escucharlos; era demasiado hermoso.
Sin embargo, la
danza no tenía sólo un fin estético, y Lita lo comprendió en seguida. Mientras
recitaba el poema, su cuerpo fue llenándose lentamente de un calor indescriptible,
de una energía tremenda. Sentía como esa nueva fuerza estaba entrando en ella
de una manera violenta. El dolor se hacía muy intenso y dificultaba cada vez
más la ejecución de los pasos. Pero se sobrepuso hasta que sus brazos ardían
literalmente, junto con el resto de su cuerpo. Sin perder la concentración y
siguiendo los pasos de la danza, abrió los ojos y vio cómo su cuerpo y el de
Heracler brillaban intensamente. La vista le dolió mucho y al fin entendió por
qué le habían enseñado a hacer los pasos con los ojos cerrados...
El dolor iba en
aumento y era casi insoportable, pero ninguno de los dos lo mostró con ningún
gesto. Ya nadie podía mirarlos directamente pues ni los relámpagos brillaban
tan intensamente como ellos. Faltaba muy poco para terminar, y los últimos
pasos debían hacerse a la perfección, así como los versos...
Hatchêr-kam en
tanto estaba asustadísimo pues conocía la Leyenda del Sacriventü. Así, al ver a
Heracler y Lita concentrados en hacer la danza, se arrastró furtivamente, con
la esperanza de escapar en el último momento...
- ¡CADENA DE
AMOR DE VENUS! - gritó Mina repentinamente desde la otra esquina de la cancha
de fútbol, liberada gracias a Rei; su cadena atrapó a Hatchêr-kam, que no pudo
moverse un sólo centímetro más.
- Creo que mi amiga
tiene cuentas que saldar contigo - le dijo Rei desde lejos.
En tanto, Ami
seguía observando sin cesar el foco del ciclón. Justo en el momento en que
Hatchêr-kam era atrapado por la cadena de Mina, su computadora dio la alarma;
una criatura gigantesca estaba aproximándose por el portal...
- Heracler,
Lita... ¡De prisa! - gritó con todas sus fuerzas.
La danza ya
estaba terminando, cuando tanto Sailor Júpiter como su hermano sintieron en su
espíritu la presencia del flotante. Y a pesar del terror y de la angustia,
fueron capaces de mantener la concentración en el momento justo... Las frases
finales del verso resonaron dentro de los corazones de todos, y supieron de
inmediato que eran palabras sagradas...
Hetsa ürme,
Sacriventü, tulkar minstê
Es posible que
las palabras nunca puedan describir la escena que siguió después, pero lo que
los demás alcanzaron a ver fue un disco gigantesco y luminoso, de cual brotaba
un viento terrible y una luz cegadora. Y aunque en ese mismo instante cruzaba
por el portal el flotante que había detectado Ami, tanto él como el ciclón
mismo fueron arrastrados por la fuerza de la Tormenta Sagrada de Júpiter, y se
deshicieron en nada. Pues nada fue lo que quedó después del terrible ataque, ni
siquiera el recuerdo. Y Hatchêr-kam también recibió de frente el impacto y
corrió la misma suerte, junto con todos los sirvientes que lo acompañaban. Y
ese fue el fin del demonio de la desesperación, uno de los siete grandes.
Pero la alegría
fue tan breve como la misma tormenta. Lita yacía en el suelo inmóvil, exhausta,
con todo el cuerpo herido, lacerada por la tremenda energía que había pasado
dentro de ella. Como era una Sailor, había nacido con un don especial y eso fue
lo que le salvó la vida. Sin embargo, su hermano no había resistido. Sin poder
soportar el poder de la Tormenta sagrada dentro de su cuerpo, yacía ahora sin
vida sobre el césped del estadio.
+++++++
Lita y Ami
tardaron en convencerse de la cruel verdad. Al principio creyeron que estaba
inconsciente, pero Ami fue la primera en confirmar que su corazón ya no latía
más. Lita se sostenía gracias a Rei, mientras Artemis ayudaba a Mina y Mercury
lloraba frente al cuerpo de su amado Heracler. Y de esa forma siguieron por un
largo tiempo, mientras el viento terminaba de disipar la nube negra que hace
poco cubría toda la ciudad.
Lita insistió
en permanecer junto a su hermano, a pesar de sus heridas. Y Ami la sostuvo
mientras ambas compartían su pena, para así hacer la carga un poco más
llevadera.
- Lo siento,
amiga mía - dijo Ami -. Sé que no debo ofender su memoria con mis lágrimas,
pero no soy de Júpiter...
- Amiga, amiga
de toda mi vida y más allá - dijo Lita -. Si ese llanto demuestra tu amor por
mi hermano, bendito sea entonces... Llora conmigo si quieres, pues te prometo
que mi amistad será siempre tu pobre consuelo mientras Heracler no está. Eso es
lo que él hubiese querido que hiciera...
Artemis se
alejó y les explicó a Mina y Rei, lo mejor que pudo, la aparición de Heracler y
su relación con el Milenio de Plata. Y mientras escucharon, sus corazones se
llenaron de dolor y compartieron los sentimientos de sus amigas; la historia
era demasiado triste, y tanto Ami como Lita tenían una pena muy difícil de
sanar ahora... Y así lo entendieron ambas, pues fueron a acompañarlas mientras
lloraban juntas.
Así estaban
Sailor Júpiter, Sailor Mercury, Sailor Venus y Sailor Mars cuando hicieron su
aparición Serena y Darien, acompañados de Luna. Y fue esta última la primera en
llegar al círculo y en entender todo lo que pasaba. Sin esperar un sólo
instante, y llena de angustia en el corazón, se dirigió a Serena y le dijo las
siguientes palabras:
- Tú eres la
esperanza de todas tus amigas, en especial de Ami y de Lita. Debes ayudarlas.
- ¿Y qué se
supone que está pasando? - dijo totalmente confundida...
- Usa el
Cristal de Plata, Serena, por favor.
Luna empezó a
llorar, mientras Serena miraba a sus amigas sin entender nada. De pronto,
Endimion le tomó la mano y asintió con la cabeza mirando a Luna, y eso fue lo
que Serena necesitaba para decidirse. Abrió su broche de transformación y
liberó el poder del legendario cristal...
Las demás se
apartaron de pronto al ver la luz que brotaba del pecho de Serena, que después
de unos momentos ya no era la niña llorona e inmadura sino la princesa Serena
del Milenio de Plata. Y con el Cristal en sus manos, contempló largamente el
cuerpo de Heralcer y sintió compasión. Sus ojos lloraron al ver el rostro de
Lita y Ami, destruidos por el dolor. Y entonces, resuelta como nunca, dijo las
siguientes palabras:
- Heracler
Clamda, hijo de la familia de Júpiter, guardián principal del Milenio de Plata
y de mi madre, la Reina Serenity. Has sido fiel hasta el final a tus ideales
más profundos, y has dado la vida por defender a los que amas. Yo soy Serena,
la heredera del Cristal de Plata y te digo: Heracler, tu misión aún no ha
terminado.
Un brillo
volvió a cubrir el cuerpo de Heracler, pero la luz ahora no cegaba, no hacía
daño; y estaba reconstituyendo todas las heridas que había sufrido en el
combate, y no solo las suyas, sino las de Lita, Mina e incluso Artemis. De esa
forma, el Cristal de Plata hizo volver a Heracler de los límites de la muerte,
donde aún se debatía...
Al abrir los
ojos, Heracler vio la cara de Serena, que lo miraba con ternura. Entonces,
exclamó débilmente:
- Mi reina...
¿Qué quieres de tu servidor?
- Sólo duerme,
Heracler. Descansa y recupérate de tus heridas.
- Sí, Reina
mía... - dijo Heracler, lentamente.
Ami lo abrazó
mientras Lita le tomaba la mano con fuerza. Pues para los habitantes de
Júpiter, esa era la única forma permitida de demostrar sentimientos, y Lita,
gracias al Cristal de Plata, había recobrado, al fin, todos sus recuerdos...