Ami miraba el Lago de la Verdad frente a Lyta, que contemplaba a
su amiga con una mirada grave, casi urgente. Estaban asistiendo a un suceso
sagrado e íntimo. Las palabras sobraban.
Quizás fue esta atmósfera de profundidad y misterio la que instó
a Ami a seguir mirando su reflejo en el lago. Ya nada le importaba, sólo quería
descubrir en su totalidad la verdad escondida dentro de ella. Su corazón latía
con fuerza, pero estaba feliz, quizás más feliz que nunca. Sabía que
"su" verdad era algo nuevo, pero al mismo tiempo viejo y enterrado,
parte de ella desde una enorme cantidad de tiempo. Y la sorpresa se mezclaba
ahora con la espectativa.
- Deseo seguir - dijo Ami al fin -, pero siento una extraña
nostalgia. Hay algo que me inquieta, quizás un destino triste.
- No lo sabrás hasta que lo veas por tus propios ojos - respondió
su amiga.
Soplaba ahora un viento frío que agitó levemente el cabello azul
profundo de Ami. Sus ojos estaban cerrados y sus brazos cruzados, tratando
involuntariamente de cubrirse del viento. Lentamente sus labios se abrieron y
pronunciaron un nombre al aire, un nombre que traía emoción y encanto pero
también tristeza.
- Heracler ...- dijo Ami antes de mirar nuevamente al Lago.
La imagen era ahora clara y brillante, muy brillante; costaba
trabajo soportar el resplandor del sol, que cubría casi un cuarto del cielo de este
planeta. Sin embargo, la temperatura era agradable y el palacio donde se
encontraba era hermoso e imponente, de tonalidades azules y celestes. Las
puertas y ventanas eran muy extrañas, pero bastaba una breve mirada para
entender que todo alrededor contaba con una adelantada pero segura tecnología.
Las calles, las casas, incluso las personas mismas, todo parecía tener algún
artefacto o un sistema muy avanzado incorporado a ellas. Las puertas del
palacio se abrían solas, así como las ventanas.
A pesar del extraño paisaje, Ami logró sentir un ambiente muy
familiar, casi como si estuviera en casa. No tardó en entender que esa imagen
pertenecía a Mercurio, su planeta natal, y que el palacio donde se encontraba
era su hogar; sus padres no se encontraban (era extraño que así fuese) y la
mayor parte de los servicios eran desempeñados por máquinas avanzadísimas.
En el medio de todo este antro de tecnología se encontraba un
jardín. Las plantas eran largas y puntiagudas, en una mezcla de helechos y
espinos. Su planeta era muy desértico, pensó, pero la tecnología de los
Mercurianos había transformado de algún modo el ecosistema y ahora era un
planeta habitable. No cabía duda, la temperatura en la superficie debía ser muy
alta, pero perfectamente soportable. Ami estaba sumida en todos esos
pensamientos cuando de pronto escuchó una voz a sus espaldas.
- Ami, somos nosotros - la voz provenía de un holograma
proyectado desde una de las paredes del jardín. - Llagaremos en dos horas más.
Esperamos que esos salvajes no te hallan hecho nada.
Por primera vez en mucho tiempo, Ami contemplaba la cara de su
verdadero padre en la época del milenio de plata. Un hombre de estatura media,
ojos claros y pelo castaño, que transmitia en su mirada tanto la sabiduría como
la severidad de los de su raza.
- Sa.. ¿Salvajes? - respondió Ami, todavía sorprendida por los
avanzados sistemas de comunicación de su planeta.
- Por supuesto - dijo su padre, fijando en Ami una mirada
profunda -, con esa amiga tuya que conociste en la Luna. En fin, ya hablaremos
de ello luego. ¡Adiós!
Ahora entendía todo. Mercurio era un planeta avanzado pero muy
orgulloso de su inteligencia. Un pueblo de guerreros como Júpiter no sería en
nada visto con buenos ojos, a pesar de ser aliados del Milenio de Plata y
enemigos en común contra la Reina Beryl. Todo ahora tenía un sentido, y
descubrió para su pesar que su corazón le decía a gritos que eso estaba mal:
Júpiter estaba habitada por gente muy valiosa y respetable.
De pronto, Ami miró en su pecho y descubrió un extraño pendiente
de color rojo. Su forma recordaba un tornado, pero sólo lejanamente; daba una
clara sensación de poder y majestad.
- ¡Lita! - recordó de pronto -; Fuiste tú, ¿Cierto?
Ami apretó fuertemente el pendiente contra su pecho y pensó en
sus amigos, en su filosofía de vida, en el valor y la fidelidad a un ideal
profundo. De pronto, una mirada distinta y sombría cubrió sus ojos oscuros y
por primera vez en su vida decidió dejar a un lado lo lógico, lo seguro, lo
confortable de su amado Mercurio.
- ¡Sacriventu! - Gritó con fuerza, y salió corriendo por la
puerta del jardín hacia la calle.
+++++++
El transporte hacia Júpiter demoró sólo un par de horas, pero
para Ami fueron casi eternas. No quizo pensar en la cara de sus padres cuando
llegaran al palacio y no la encontraran, ni en la imagen que ahora tendrían del
pueblo de Júpiter. Pero no pudo evitar tener miedo, pues era la primera vez que
los desobedecía de forma tan directa.
- Lita, Heracler - dijo apretando el pendiente contra su pecho -
perdónenme. No quiero darles problemas...
Estaba vestida de manera simple, como si fuera de excursión a un
lugar frío. Pero llevaba una pequeña maleta con la ropa suficiente para un par
de días, y el traje con que vió a Heracler la primera vez. No entendió por qué
se sentía con la necesidad imperiosa de llevarlo, pero eso no le importaba
ahora tampoco.
- ¿Cuánto falta para llegar? - preguntó Ami al piloto.
- Sólo media hora, señorita.
Volvió a su asiento preocupada por muchas cosas, llena de miedos
y de inquietud. Recordó las últimas palabras con Lita y Heracler antes de
volver a su planeta.
- Adiós, amiga - decía Lita - espero que no sea la última vez.
- Por supuesto que no - respondía ella - nunca los olvidaré.
Gracias por tu amistad y tus enseñanzas.
- Ha sido mutuo, Ami. ¡Ah!, y toma éste pendiente - le dijo
mientras le entregaba la imagen de la tormenta sagrada - así no olvidarás nunca
el sacriventu. Es un viejo recuerdo de mi familia, y se dice que infunde valor
a quien lo posea.
- ¡Dios mío! - dijo Ami sonrojándose - no puedo aceptar algo así.
- Muéstrame tu amistad aceptándolo - dijo Lita, poniéndole el
pendiente en el cuello - Y vuelve pronto.
Heracler parecía más triste que Lita. Pero no era costumbre en su
planeta que los hombres mostraran fragilidad frente a los demás, y quizo
parecer lo más frío que pudo. Sin embargo, no lo logró en absoluto... y ese
recuerdo era el más alegre y hermoso de Ami.
- Jamás hubiese creído que le agradecería para toda la vida a mi
hermana el haberme derribado contra unos árboles - dijo Heracler con una
sonrisa -. Fue un encuentro casual pero inolvidable.
- Sí, inolvidable - respondió Ami con una risa medio nerviosa -. Pero
no te caigas muy seguido ¿De acuerdo?.
- Lo haría cuantas veces fuera necesario si con eso pudiera
volver a verte.
Eso fue demasiado para Ami. Roja como un tomate, no atinó en ese
momento a nada más que a bajar la cabeza. Pero su corazón fue más que su miedo
y respondió lo más segura que pudo:
- No es necesario que hagas nada para que vuelva, Heracler. Lo
haría sin mediar razón alguna.
Lita creyó comprender lo íntimo de esta despedida y se alejó
silenciosamente hacia un lado. ¡Quién lo creería!, ahora ella estaba de más,
pero en fin; sabía que su hermano haría eso en las mismas cirscunstancias.
- Volveremos a vernos ¿no es verdad? - dijo Ami con angustia -
¡Promételo!.
- Ami, no puedo prometer eso aunque sea lo que más deseo en la
vida - dijo Heracler tiernamente -. La guerra contra Beryl se avecina y pueden
necesitarnos, a mi hermana y a mí.
- Entonces, prométeme ésto: si la guerra termina, harás todo lo
posible para que nos volvamos a ver...
- Ami - dijo Heracler seriamente -, no necesito prometerte eso.
No podría pelear, ni siquiera vivir, si no tuviera la esperanza de volver a
verte.
Heracler tomó las manos de Ami entre las suyas y recitó un
antiguo poema referido a la época de las Zeusgene. Aunque no es posible tener
una copia fidedigna y en el dioma original, puede realizarse una pobre
aproximación de los versos y las palabras; decía más o menos así:
Aunque el universo se deshaga en un abismo profundo
aunque los planetas y los hombres desciendan en la oscuridad de
la muerte
y las cosas que fueron y que serán tuvieran un fin en este mismo
instante,
aún así tuvo sentido todo en el mundo
(el mar, el cielo, las nubes y las tormentas)
para que tú habitaras en ellas
y llenaras de vida el momento presente
- Entonces, ¡Fuera con el miedo al futuro! - dijo Ami entre
lágrimas -. Pudimos estar juntos ahora y ...
- ... Y eso es lo que importa. - dijo Heracler cerrándole los
labios delicadamente con uno de sus dedos.
Ami recordaba éstos y otros acontecimientos en su asiento del
transporte a Júpiter. El disco enorme del planeta Rey se agrandaba cada vez más
en su ventana, dejando ver ahora claramente la Tormenta Sagrada de Júpiter. Y
bastó contemplarla unos minutos para recobrar el valor nuevamente.
+++++++
Tan pronto llegó al Puerto, corrió lo más rápido que pudo hacia
los transportes terrestres. Debía llegar pronto a su destino o no tendría
ningún sentido toda su aventura.
- Por favor, señor - le rogaba Ami a un piloto que la miraba con
expresión ceñuda - debo llegar a Her-Clamda antes de que empiece el torneo
- Pero ¡Eso queda en Ganímedes! - respondió secamente el piloto -
y por si no lo sabe, señorita, las vías de transporte están colapsadas. Todos
quieren ir a ese famoso torneo.
- Por el amor de Dios, ¡ayúdeme! - la voz de Ami ya bordeaba la
desesperación - un par de amigos estarán allí, y necesito verlos. De hecho, uno
de ellos va a participar.
- ¿Qué? - dijo el piloto, muy interesado - ¿Dices que conoces a
uno de los participantes?
- Sí - respondió Ami - A Heracler, el hermano de mi amiga Lita.
- ¡CONOCES A HERACLER! - dijo con sorpresa -, y dices que eres
amiga de la princesa Lita. Espero que no estés mintiendo, niñita, pues si es
así estaría dispuesto a llevarte con gusto.
- ¿En serio? , ¡Muchísimas gracias!, entonces vamos ya...
- Un momento. Primero debes prometerme algo.
- Prometerle ¿Qué? - dijo Ami un poco asustada
- Que me darás un autógrafo de Heracler, por supuesto - dijo el
piloto con una sonrisa -. Así comprobaré que estás diciendo la verdad y de paso
le daré una agradable sorpresa a mi hijo; él ama los torneos y es admirador de
Heracler.
- Prometido - dijo Ami aliviada -. Ahora vamos.
El viaje transcurrió sin contratiempos y tan pronto como
llegaron, Ami bajó del transporte y corrió junto con el piloto, que insistió en
acompañarla. Así entre los dos se abrieron paso hasta la entrada y corrieron
por innumerables pasillos hasta llegar a unas rejas altas, atiborradas por un
tremendo gentío. Sin ninguna posibilidad de llegar a tiempo al torneo, Ami
miraba desconsolada el lento avanzar de la gente. El piloto se compadeció de
ella y le habló con palabras amables.
- Eh, mira niña - dijo mirándola con ternura - no te preocupes
por la promesa. Puedes quedarte aquí y tratar de entrar más tarde, o bien
puedes volver al Puerto. Yo me iré tranquilo si quieres.
- Un momento - dijo Ami mirando una pequeña fila, muy custodiada,
algo alejada del gentío general - ¿Por qué ellos no hacen fila como los demás?
- Bueno, porque este torneo es muy importante, y vienen miembros
de la realeza de muchos planetas - respondió el piloto -. La misma Serenity
asistirá, y esa fila es de la gente, digamos, "importante".
- Mi querido amigo - dijo Ami -, creo que ya sé lo que vamos a
hacer...
Dicho y hecho. Sacando su pasaporte de la maleta, Ami avanzó a la
fila de los emisarios reales, presentó su identificación e inmediatamente el
guardia a cargo hizo una profunda reverencia frente a ella, dejando atónito al
piloto que seguía junto a Ami. Luego dijo unas palabras a otro guardia y le
habló de manera muy cortés:
- Princesa Ami de Mercurio, no esperábamos que nos honrara con su
presencia. Es la primera vez que un emisario de vuestro planeta viene a este
torneo.
- Sí, sí, comprendo - dijo Ami apurada - pero debo entrar lo
antes posible.
- De inmediato princesa - respondió el guardia - les haré entrar
a su chofer y a Usted. ¿Alguna ubicación en especial?
- Eh, sí - dijo pensativa -; si fuese posible al lado de la
princesa Lita...
- Encantado - dijo retirándose con otra reverencia.
El piloto estaba con la boca abierta. Jamás en su vida habría
esperado transportar en su humilde Taxi a un miembro de la realeza, ni mucho
menos entrar a un palco preferencial a ver el torneo más importante de su
planeta. Pero así era el destino, y ahora Ami le guiñaba un ojo y lo hacía
pasar entre los reyes y los príncipes del Sistema Solar.
Una vez dentro del gigantesco estadio de la ciudad de Her-Clamda,
Ami reparó en la hermosura de los palcos de honor y de la gente que se
encontraba cerca. La mismísima Serenity estaba sentada unos puestos más abajo,
y Lita miraba expectante hacia la arena sin otra cosa en mente que su hermano.
Silenciosamente, Ami se acercó a su amiga y le tapó los ojos para que adivinara
quién era. La alegría de Lita era indescriptible cuando la descubrió.
- Eres increíble, Ami - dijo su amiga -. Ni me cuentes los
problemas en los que te metiste por venir; ya me los imagino. Gracias por tu
sacrificio, no lo olvidaré.
- Sacriven-tu Karma ser Gîn terhüm Clamda - respondió Ami
en el idioma de Lita., lo que significaba "El sacrificio por lo amigos
deja de ser una carga cuando compartimos el valor".
- Creo que deberías acompañarme ahora a "cierto" lugar
- dijo Lita - . No me atrevía a ir sola, pero contigo la cosa es distinta.
¡Ven!
- Seguro, pero... no estoy vestida adecuadamente para este palco
- dijo mirando con más detención la ropa de gala que llevaba Lita y la mayoría
de los presentes
- ¿Trajiste ropa? - preguntó Lita, y Ami asintió mostrando su
pequeña maleta -, entonces primero te cambias y después bajamos ¿De acuerdo?. Y
debes apurarte, sólo tenemos diez minutos.
Una vez que se puso el vestido que traía (el mismo con que vió a
Heracler por primera vez, hacía un par de días) corrió detrás de Lita lo más
rápido que pudo. Bajaron unas largas escaleras de caracol y traspasaron varias
puertas fuertemente custodiadas por guardias. Finalmente, llegaron a un pequeño
recinto cerca de la Arena, donde se encontraban los competidores. Y entre los
muchos guerreros, armados y protegidos con brillantes armaduras, estaba
Heracler, listo para la batalla, muy concentrado, pero a la vez alegre y jovial
con sus otros compañeros. Ami pensó que su sola presencia bastaba para infundir
confianza y valor.
Al ver a Ami, Heracler quedó totalmente mudo, mezcla de emoción y
sorpresa. Era demasiado impensable que Ami, una princesa de Mercurio, hubiese
bajado hasta la antesala de la Arena. No, era demasiado para mantener la
compostura; se alejó inmediatamente y saludó a Ami con una extraña reverencia
que la incomodó un poco. Pero por suerte estaba Lita para aconsejarla.
- Es una costumbre de nuestro planeta - le dijo al oído a Ami -;
tú debes levantarlo y entregarle un recuerdo para que lo guarde durante la
batalla
- U.. ¿Un recuerdo? - dijo ésta, nerviosa como nunca
- ¡Sí, puede ser cualquier cosa que se te ocurra!. Si él sale
victorioso, te la devolverá al final del combate, antes de la premiación.
Tomando aire y cerrando los ojos, Ami coge su pendiente de la
Tormenta Sagrada y se lo entrega a Heracler, tras levantarlo delicadamente:
- Es lo más valioso que tengo - dijo despacio -y , por favor,
cuídate.
Heracler tomó el pendiente, se lo puso en el cuello y la pequeña
tormenta brilló con un fulgor inesperado. Los ojos de Heracler también
brillaban con un fuego nuevo, casi desbordando energía y fuerza.
- En tu nombre combatiré con todo mi empeño, Ami Mizuno, Hermosa
princesa de Mercurio, desde ahora en adelante nuestro pueblo hermano. Me has
dado una nueva razón para combatir, y no te defraudaré.
La despedida fue fugaz, pero emotiva. Sabían que se verían muy
pronto, y que ya nada en el universo podría separarlos, ni Beryl, ni el destino
adverso. Estaban unidos por el Sacriventu, y eso era un lazo muy difícil de
romper. Ami pensó en su cultura, en sus padres, en todo lo que significaría
seguir a Heracler, pero no se desepcionó. Ya conocía bien todas las argucias de
la desesperación y el miedo, y no les temía en absoluto. Estaba decidida, como
nunca en su vida, y sólo la muerte podría detenerla.
Y Heracler combatió como nunca lo había hecho, derrotando uno por
uno a todos sus adversarios, demostrando fuerza, inteligencia, valor y entrega.
Y aunque tenía frente a sí a enemigos de gran talla, ninguno pudo con esa nueva
luz que cubría los ojos del príncipe Heracler. Tras dos largas horas de
batallas tras batallas, despertó en él el espíritu guerrero que vivía en su
raza y en su familia, los descendientes de Her-Clam el valiente. Su ataque
final barrió con todos sus enemigos, y encendió el corazón de todos los de su
pueblo, que lo aclamaban como un gran futuro Rey de Júpiter. Lita miraba
orgullosa y emocionada, aunque trataba por todos los medios de no demostrarlo.
Pero entre toda la gloria que rodeaba este día, Heracler no
olvidó su promesa para con Ami; antes de los honores y de la premiación, subió
al Palco principal, se dirigió al asiento de Ami y pronunció las siguientes
palabras:
Ventu-mitsë cara misterû, Ami Ter-Clamda
Lo que significa: Tu amor me ha dado la victoria, Ami, mi Dama
Valiente.
Rompiendo todo el protocolo, la Reina Serenity se acercó a ellos
alegremente, entre la algarabía general y la sorpresa de los organizadores. Y
tomando las manos de ellos entre las suyas, les dijo las siguientes palabras:
"Descubrí hace mucho tiempo el nuevo amor que había entre
ustedes. Son un nuevo símbolo para nuestro Milenio de Plata, Ami y Heracler.
Que este mismo amor una, para siempre, sus dos pueblos."