barandilla

Lady Ba tenía dos objetivos en la vida: ser deseada por los hombres y odiada por las mujeres. De seguro pensaba que su enorme par de bubas era el arma más eficaz que poseía; que sus escotes macroscópicos y sus breves minifaldas funcionarían como los sellos distintivos que le garantizarían ocupar un lugar distinguido entre la fauna de la facultad de filosofía y letras, a la que entró probablemente pensando que podría, con esos atributos, ser una musa y de paso, poder decirle a su futuro marido, que no sólo es un adorno, es una inte- lectual. Como el futuro marido seguro tendrá una linda cuenta de banco pero ninguna idea de lo que significa ser intelectual, presumirá orgulloso a su letrado tesorito.. Sí, de seguro pensaba así y era incapaz de emplear su cerebro en cualquier otra cosa: eso era más que evidente. Lo más justo que podría decirse con respecto a Lady Ba es que no pasaba de ser una diva sin estilo, una snob mediocre, fanática del cliché y del exhibicionismo. Guardo en la memoria un episodio que puede resultar muy revelador de su atroz propensión al deslucimiento. Saliendo de un examen y hallándose a la mitad del corredor, adoptó su habitual pose de obscena afectación y, dando muestras de sus típicos delirios de grandeza, exclamó en tono de excesiva lamentación: "Éste puedo haber sido el mejor examen de mi vida. Sólo necesitaba un poco más de tiempo... De verdad, ¡tuve destellos de brillantez! " ¡Ay, si yo les contara…! "Barandita", se amafia con algunos profesores igualmente baratos; de ésos que de estudiantes fueron uno de estos engendros (engendros del tipo "Angeles Mastreta") y que le permiten deleitar a todos los que en mala hora se matricularon en el mismo grupo, con juicios sobre política mexicana, aunque la clase trate de la Roma cuadrada, o con algún otro comentario fuera de lugar. Estos juicios, plagiados seguramente de algún artículo de Lupita Loaeza , le sirven para que todos, la vean, a ella, a sus extravagantes accesorios y claro, a sus "grandes bubas", a las que ha atribuído en voz alta su popularidad (sic)

Lady Ba es uno de esos casos que sólo confirman la decadencia del buen gusto en la actualidad. Lo supe desde el principio, desde aquella vez que nos encontramos a la entrada de la facultad y me saludó. El gusto que le producía tener que dirigirme la palabra era tan obviamente falso que pensé: "Ay, querida, si finges los orgasmos de la misma manera en la que finges que te agrado, estás perdida". La última vez que la vi me convencí de que el estereotipo de la femme fatale que se ha ido forjando a través de siglos y siglos de opresión machista ha alcanzado, en la figura de Lady Ba, el punto culminante de la hipocresía, la ostentación, la simulación y la vacuidad.

Miss K

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