Flota de repente por algún pasillo, con su figura delgada y gris, recubierta con ropas discretonas, pero eso sí: de la mejor calidad e importadas (aunque corre un cierto rumor, bastante mal intencionado, que insinúa que un suéter suyo lo tuvo que adquirir en Palacio de Hierro; él por supuesto lo ha negado.)
De vez en cuando tengo la dicha de encontrarle y hasta he pensado en saludarle, pero en vista de haber sido presentada – por obligación de ambas partes- ante su majestad unas tres veces, sin reparos del gentilhombre, he desistido; Pudo haber dicho: "oh!¿acaso te he visto entre la chusma que hambrienta merodea a las puertas de la ópera?" o un " creo que alguna vez algún insensato dejó que coincidiéramos" pero no; con su gentileza ,con su sonrisita, me dijo una y otra vez, en un ridículo déjà vu: "ah, qué tal? Mucho gusto..."
Sin embargo su celeste ( o es esmeralda?) mirada acepta el hecho de casi conocernos y espera ávida que me lance sobre él. Eso me molesta un poco. Digo, su tipo de rubiecillo simplón puede acelerar el corazón de una que otra chiquilla que sueñe con Hernán Cortés, pero, por dios! no el mío!
Haciéndole justicia diré que no es feo. Su grupo de habitués parece restringido a personas con características estéticas afines, y creo por ahí flota una lady.
Pero no, no debemos ser crueles con Sage, pues conseguir que quienes lo rodean reúnan los elementos que él necesita, no es fácil en México! y menos aún en C.U. El pobre está perdido aquí,en lo que sólo puede ver como "algún lugar perdido entre New York y la malaria" y se defiende y define lo mejor que puede (no creo que se esfuerce mucho, pero le concedo el beneficio de la duda);todo esto sólo lo supongo, recordándoles que no tengo el placer de comunicarme con él, vaya, ni por telepatía, eso ya sería muy osado de parte de la humilde y modesta violeta que escribe estas líneas.
Es pues, uno de esos fantasmas de Filosofía y Letras; es parte del
folklore de la misma. Un mal necesario, como las aristocráticas
estatuas que adornan los corredores de un castillo: nadie sabe quiénes
fueron, a nadie le interesa saberlo, pero dan ese aire, ese aire de...
pues ese aire de supremo snobismo del ambiente del intelectual de café,
pero eso sí, de café de San Ángel Inn, que priva en
Aphtoret.