Su vulgaridad excede los límites de la palabra: su presencia, imagen, y discurso representan lo menos sofisticado y chic de la sociedad mexicana contemporánea. Su gesto adusto y amargado contrasta visiblemente con lo chillón de su vestimenta; su look retro barato y su cabello con tinte explícito y base abigarrada le confieren un aspecto por demás grotesco. Su personalidad tiene como sello distintivo una arrogancia que es incluso ingenua: se atreve a presumir que compra su ropa en Suburbia, a fin de demostrar su superioridad. (¿?) Ella no es, pues, una más del montón.
El lenguaje de este ser rebasa lo coloquial para llegar a la más burda expresión de lo payo y vulgar. De su boca fluyen una y mil plebeyadas que la sumen en el ostracismo, y le ganan el desprecio de todo aquel que tenga la mala fortuna de topársela. Ella desea sobresalir a toda costa, puesto que va a la Facultad a competir por el prestigio académico que, hasta ahora, no ha alcanzado. Por eso expresa su amor a la literatura a través del plagio, o como ella lo llama, edición de ideas que encuentra en artículos bajados de internet. Cabe resaltar que no todas las páginas que ella consulta reúnen la seriedad y precisión de la nuestra, o la de la Complutense de Madrid, por citar algunos ejemplos.
De acuerdo con los psicólogos que hemos consultado, la agresividad de la verdulera se explica por el resentimiento que guarda contra el mundo, debido a las precarias condiciones en las que se ha desarrollado su existencia. Su amargura es producto de la decepción que siente respecto de sí misma por no estar a la altura de sus aires de grandeza.
Urizen y Capriccio.