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XANUM, Editoriales, Noviembre 2002
Concluyó el festival Cervantino en Campeche con la presentación de la Orquesta Mozart de Viena. Fue un cierre extraordinario de los austriacos con las piezas más representativas del niño genio de Salzburgo. La mayor ovación fue para algunas arias y un dúo extraídos de la ópera La flauta mágica.

Nueve conciertos fueron presentados en total en dicho festival: tres pianistas, un trío, un cuarteto, dos orquestas, un coro y un espectáculo de danza y música. No fueron pocos los inconvenientes para el deleite de esas ejecuciones: desde ciertos recintos que no resultaron muy adecuados hasta algunas fechas y horarios poco convenientes. Pero más allá de esos detalles, el estupendo nivel mostrado en el festival opacó cualquier crítica. El australiano Simón Tedeshi, por ejemplo, interpretó “Rhapsody in blue” de Gershwin con una intensidad realmente poco común. No digamos menos de la Orquesta de Música Barroca de Montreal (con el indispensable Vivaldi) o del cuarteto Humboldt (sobre todo en la ejecución de Shostakovich). Sin embargo, quienes se llevaron el aplauso más entusiasta fue el grupo Grand Dérangement de Canadá. Sorprendieron a todos los asistentes con su peculiar mezcla de danza, teatro y música. Un espectáculo maravilloso que, desgraciadamente, no registró el lleno que merecía. Con una fusión de rock, jazz y ritmos irlandeses, los siete integrantes de dicha agrupación levantaron la ovación más sincera y el violinista Daniel LeBlanc dejó suspirando a más de una espectadora. Un baterista que cantaba con un feelin’ estremecedor (y cuya pronunciación francesa resultó una delicia para los oyentes) fue otro de los ingredientes de tan exitosa presentación. Añádase a esto un gran sentido del humor y una ejecución perfecta por parte de todos los músicos para delinear los alcances emotivos de aquella noche.

En general, hubo una asistencia bastante nutrida a todos los eventos, aunque no pudimos librarnos del molesto cuchicheo de algunas personas. O de la batalla incómoda entre quienes aplauden antes de tiempo y quienes los callan con un “shhh”. Además, pese a que actualmente los músicos se valen sin duda de la tecnología, en nada se justifica que sean los celulares quienes interpreten la obertura “Guillermo Tell” de Rossini en lugar de la orquesta que está sobre el escenario. Habría que tener más respeto por quienes asisten a escuchar las grandes creaciones musicales de la humanidad y no a un cóctel de alta sociedad.

Es un auténtico respiro que artistas de semejante talento ofrezcan recitales en nuestra ciudad. En la medida en que los espectáculos se diversifiquen, el público será siempre el beneficiado. A la calidad de los intérpretes debe unirse ahora la de un auditorio cada vez más consciente del placer que produce este tipo de música.

Enhorabuena.




Página realizada por Juan Daniel Perrotta   


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