Una
historia de Niños
Por Uziel Campos Flores (hijo de Manuel Campos Director de Casa
Hogar Ejercito de Salvación)
Al Carlillos lo trajeron para acá del DIF. Cuando llego,
causó cierta conmoción porque había salido
en el periódico. Su papá le había dado una
golpiza y algún periodista pensó en publicarlo.
El asunto ahí quedo para el resto del mundo; para nosotros
apenas empezaba. La verdad, no lo conozco, no somos amigos. De
hecho creo que soy irrelevante en su vida, tanto como él
en la mía. Nuestros contactos se dan cuando viene a pedir
sabalitos o cuando lo mando para otro lado por que
esta dando mucha lata ahí donde estamos. Tiene una sonrisa
grande, ojos muy expresivos. Tiene una voz muy delgada y vivarachona,
habla hasta por los codos, a veces de mas, lo que le ha ganado
el apodo de El chapoy. Tal vez lo hace para llamar
la atención de los adultos, no se, de esas cosas yo no
se. A veces le doy un abrazo y lo beso en la frente. Pero la culpa
no me deja cruzar la barrera, le tengo demasiada lástima
para ser su amigo y tengo demasiado miedo para conocerlo. A veces
me pregunto si no extrañara a sus papás, si no llorará
en las noches por sentirse solo.
Al fin decido hablar directamente con él, pero le pido
ayuda al director de la casa hogar (mi papá) ya que con
él, el niño siente mas confianza.
¿Y que onda con el Carlillos? le pregunto a mi papá,
Él, tratando de ser condescendiente y ayudar en algo, intenta
ser un poco mas elocuente que cuando me esta regañando
por dejar mi ropa en el baño. Me platica que el DIF lo
recogió, porque su papá y la señora con la
que vivía le daban una vida de marginación, maltrato
físico y mental. Lo discriminaban por ser hijo de la otra
mujer de su papá...Y lo peor era la indiferencia de que
era objeto, pero quien soy para juzgar.
Cuando nos preparamos para hablar con él. Le pido otra
vez a mi papá que platique con él. Carlangas (su
nombre oficial entre los demás niños) llega haciendo
todo un alboroto porque por estar jugando se dejo untar vick vaporrub
por todo el cuerpo, a mi papá le provoca mucha risa. Y
lo manda pedir un trapo para limpiare. Por fin me arranca una
risa de tanto bailoteo por la comezón que le provoca el
ungüento. Finalmente mi papá logra calmarlo y empieza
a platicar con él. Sus risas y su inquietud son diferentes
ahora, son casi como la sonrisa de un adulto, como cuando uno
evita hablar riendo.
-Carlitos, ¿ibas a la escuela allá en tu casa?
-No, contesta tímidamente, cosa rara en el Carlangas por
que como dije antes es el informante no oficial de mis papás
y de cualquier figura de autoridad que esté al alcance.
Por fin me animo a preguntarle algo y le cuestiono acerca de las
cicatrices que tiene en la frente, en los brazos y en la cabeza.
Esta cicatrices le dan a su rostro un aire muy peculiar. Ya que
al estar una muy cerca de una ceja, da la impresión de
cómo si se peinará las mismas. Entonces se queda
callado un rato y después me dice que fue ella,
su madrastra quien le hizo esa, con un pesado juguete que le aventó,
las de los brazos son obra de su papá que de borracho se
desquitaba con él. Es curiosa su expresión cuando
menciona los nombres de los personajes de su vida antes de venir
aquí a la casa hogar. ahí sentado en las piernas
de mi papá parece un muñeco de esos de ventrílocuo,
no parece que se le mueven los músculos de la cara. De
repente ya no es él y por último, empieza a decirme
que no se llevaba bien con los hijos de su madrastra.
También me entero que todo el día no hacia nada,
no tenia permiso de salir a jugar pero si podía ver televisión;
nos asombraba como ubicaba la hora del día por el programa
de televisión. Tal vez a eso se deba su personalidad melodramática
y desenvuelta, una escena que no olvidamos es cuando se peleó
con otro niño de su edad yo pensé _ dice mientras
se echa el pelo de la frente hacia atrás_ que aquí
ya no iba a sufrir De verdad que a veces si parece niño
de telenovela. Me cuenta mas en confianza que fueron unos vecinos
los que llamaron a la policía y que ya no se acuerda de
como era su verdadera mamá, sus ojos húmedos se
pierden en punto imaginario mientras trata de recordar.
Mi papá, que sorprendentemente no ha perdido la capacidad
de asombro, se le acerca y con cariño le dice Pero
aquí todos te queremos Carlillos ¿verdad?
El afirma con la cabeza, después, el Mayor (como todos
conocen a mi papá) le pregunta ¿Y quien mas te quiere?.
Tu, le responde inmediatamente sin titubear ¿Y quien mas?
Dios, dice él y como para que sepa que solo yo soy
el indiferente y el que tiene miedo finaliza
Y Uziel
también