¿El fin justifica los medios? 

 

 

Hoy en día basta con prender el televisor y sintonizar algún noticiero, leer un artículo en el periódico o pasear por alguno de esos cafetines en los que se gusta del intercambio de opinión, para constatar la inconformidad por parte del pueblo hacia sus gobernantes, desde la “crítica” profunda por parte de los círculos intelectuales, los apuntes de los medios masivos de comunicación, hasta la réplica popular, aun cuando esté despojada de un amplio “criterio” político, no deja de ser la expresión del pueblo, el cual como fin último busca que sus gobernantes puedan conducirlo hacia un estado de bienestar.

 

No sólo en al ámbito nacional ocurre esto, alrededor del mundo existe una constante confrontación entre el Estado y la sociedad, donde esta última, inconforme con las determinaciones que toma su gobierno, protesta, riñe, se manifiesta ante los cambios bruscos acontecidos en el mundo, procesos al parecer indetenibles, y por supuesto muchos de ellos censurables, pero a fin de cuentas no se trata más que de la lucha del poder por el poder y la relación entre gobernantes y gobernados. Algo que durante el Renacimiento, un hombre florentino llamado Nicolás Maquiavelo, esbozó en su teoría política.

 

Maquiavelo, había descrito en su Príncipe[1] (1513) el arte de mantenerse en el poder, dirigida originalmente a Lorenzo de Médicis, es una obra que define la política como una parte racional (dejando atrás la voluntad divina), en la cual conseguir el poder es tarea de dominación y mantenerse en él es cuestión de inteligencia. La vigencia de estas ideas está en la medida en que lo descrito por Maquiavelo cobra vida en el contexto político y social de nuestra era.

 

El pensador florentino distinguía tres medios para llegar al poder, por las armas, la intriga y la ayuda del pueblo, el último de los casos puede identificarse con el consenso general, representado en las elecciones populares, en esos largos procesos que en este país sirven para la inversión en grandes cantidades de panfletos políticos, en promesas irrealizables a mediano y aun a largo plazo y sobretodo en la acumulación de simpatía, sobretodo con ayuda de los medios de comunicación, la cual es a mi parecer, factor determinante en el voto ejercido por la sociedad civil.

 

Por medio de las armas es una de las formas que más ha dejado huella en la historia, por un lado están las revueltas populares para tomar el “poder para el pueblo”, mismas que se reflejarían en las grandes revoluciones como en el caso de la Rusia comunista o la misma Cuba en América latina; por otra parte, puede señalarse al golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 en Chile, como la otra expresión del uso de las armas para llegar al poder. Todos los casos anteriores terminarían en una dictadura por parte del estado y las figuras políticas que encarnaron tales movimientos.

 

Dichas formas de control haciendo uso de la fuerza, también habían sido anticipadas por Maquiavelo, quien sostenía que, una vez en el poder, es justificado el uso de la violencia para deshacerse de los enemigos, hacer frente a invasiones extranjeras o apaciguar rebeliones. Igualmente pensaba que ésta sólo debía usarse en época de crisis y no permanentemente, pues el ser benevolente es, en circunstancias normales, la forma más práctica de mantener el orden.

 

Asimismo, la imagen que un gobernante da a su pueblo es importante, a decir del florentino, éste deberá ser bondadoso, enérgico, inteligente y estar rodeado de victorias, ello con el fin de ser apreciado Por su pueblo. De esto, poco hay en la actualidad, pues es común oír replicar en contra de un gobierno en cuanto surgen inconformidades y contradicciones dentro del sistema establecido. Como ejemplo basta citar las protestas que se dieron alrededor del mundo en contra de la invasión bélica a Irak por parte de los Estados Unidos, España e Inglaterra.

 

Escudarse en la bandera de ser el defensor del “bien” o del “progreso” son claros ejemplos de las pretensiones de un aspirante al poder con tal de lograr su objetivo, sin embargo, la forma en que llegan a proceder no siempre es del agrado del pueblo y las consecuencias desfavorables son resultado de su incapacidad para gobernar. Tal fue el caso del ex presidente Español Aznar, quien tras los ataques a Irak, y con la reprobación de las masas por sus actos, al disputar nuevamente las elecciones como candidato del partido conservador, terminó por perder contra su oponente de Izquierda.

 

Es claro pues, que el pensamiento político de Nicolás Maquiavelo tiene y tendrá vigencia, en tanto la política tal y como la conocemos se encuentre dentro de los parámetros que este pensador trazó hace más de cuatrocientos años. Es así que, para ayudarnos a comprender los mecanismos del poder a lo largo de la historia, es menester repasar El Príncipe y, de paso, corroborar que el pensamiento de este ilustre florentino es mucho más que el injusto mote con el cual se le identifica inmediatamente: “el fin justifica los medios”.

 

 

 

 

Volver a la sección ENSAYOS Volver a la sección TEXTOS

 

 



[1] Maquiavelo, Nicolás, El Príncipe, Editores Mexicanos Unidos, México, 2002.

1