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En la torre de Tokyo por Mikki-chan |
Epílogo
Cuarto
“Mi esposa, yo, y mi otro yo”
“Quisiera
amarte, hasta el amanecer Canción:
“Ángel” El trueno retumbó furiosamente en la lluvia inclemente y helada. Las personas corrían apresuradas en la oscuridad de la noche hacia la seguridad de sus hogares, pero la dirección que él seguía era total y absolutamente distinta. Los truenos le importaban muy poco. Ni siquiera los escuchaba. La lluvia lo calaba de la cabeza a los pies pues ni siquiera llevaba un abrigo, pero no sentía más frío que aquel que le estaba traspasando el alma. Su mente cavilaba frases sueltas, imágenes y ante el destello de un trueno quedó atónito, sin comprender súbitamente lo que estaba pasando... - “No puedo. No puedo seguir, no puedo volver aquí” –había dicho ella esa tarde - “no espero que lo comprendas pero París es tan.. tan.... ¡oh nunca lo comprenderías!” - “¿Entender?” –atinó a decir. - “¡Entender que es lo que adoro hacer! Y me he visto obligada a negarlo tanto tiempo.. ¿no entiendes lo que significa para mí hacer algo que me agrada, algo en lo que me siento realizada y no tener que renunciar a ello o negar que me gustaba?” - “¿De qué rayos estás hablando?” Los ojos azules le habían contemplado con dolor antes de abrir la puerta y alejarse de él. La figura femenina súbitamente desapareció de su mente en medio de otro trueno y sintió el frío y la humedad de la lluvia nuevamente en su rostro... - “¡NOOOO!” –gritó apretándose los sienes con las manos. Sus ojos se abrieron y despertó, asustado y tembloroso. Tomoyo estaba a su lado como todas las noches y aún dormida pese a que tenía el sueño muy ligero pero el médico suspiró en alivio al notar que no la había despertado. No, no quería inquietarla. Menos ahora que nunca. La miró dormir una vez más y en la calidez de la noche y el lecho que compartían la abrazó en silencio sintiéndose feliz de hundir su nariz contra sus cabellos, aspirar el perfume de su piel y sentir su calor. Aquella había sido una pesadilla absolutamente horrenda pero no olvidaba que aquella mujer, Curtis Jeannette –la mentora de Tomoyo en el mundo de la moda parisina – estaba en la ciudad... Una persona que le traía recuerdos de una vida que su esposa había dejado atrás. Pero ... lo había hecho por propia voluntad.. ¿verdad?. No importaba lo que Sonomi dijera cada día de estos ocho años que ellos estaban juntos. Ella dejó eso por deseo personal y no iba a aprovechar la visita y posterior partida de su maestra para visitar París una vez más, ver de nuevo ese mundo y... “¡No puedo, no puedo elegir entre mi trabajo, mi realización personal y tú!!, es lo que adoro hacer y me he visto obligada a negarlo tanto tiempo..¡no puedo, no puedo elegir entre mi trabajo, mi realización personal y tú!!” Los ojos del hijo de Fujitaka Kinomoto se abrieron, pero los cerró de nuevo, terco. - “No, no... eso fue una patética pesadilla, es imposible.¡Imposible!. Todos estos años Sonomi no ha tenido razón... lo sé. Debo olvidar ese estúpido sueño” Se imaginó por un instante en la misma habitación.. totalmente solo y apretó los puños con rabia por pensarlo.. No... no.. ¡NO! “La
noche me desvela sin piedad A veces las cosas se complican y las últimas dos semanas habían sido realmente pesadas en la casa Kinomoto. Sakura misma lo comentaba con Shaoran aquella noche poco antes de la cena, y aún en la seriedad de su despacho el hechicero chino no podía contener una sonrisa burlona ante lo que su esposa le comentaba... - “No es para tomarlo a la ligera Shaoran” –comentaba la antigua card captor, terminando de leer algunos reportes de prensa sobre su escritorio, situado al frente del de su esposo- “en realidad no sé cómo es que mi hermano ha soportado la visita de esa diseñadora, con el mal genio de Touya... Tomoyo está muy preocupada porque nota que él está actuando de un modo muy extraño” - “Eso no es nuevo Sakura, el comportamiento de tu hermano siempre ha sido muy poco ortodoxo para mí. Pero no te inquietes, ya sabemos que si hay alguien capaz de manejarlo y conseguir de él lo que le dé la gana... esa es Tomoyo” –rió el joven chino- “descuida” - “Bueno, eso es cierto” Desde su pequeño gabinete Hien contempló a sus padres con curiosidad. Aquella era una de las cosas que más le gustaba de vivir en Japón. En la Residencia Li de Hong Kong el área de trabajo de su padre era un lugar casi sagrado, ya que ocupaba casi toda un ala de la casa –su gabinete, su biblioteca particular, Sala de Juntas y una serie de habitaciones a las que el niño nunca había tenido acceso- pero en Japón las cosas eran distintas. Su casa era grande y hermosa, pero no se sentía en ella la solemnidad de la residencia Li de Hong Kong y por lo tanto, para compartir más con su familia, Sakura había dispuesto una gran sala de trabajo para los tres; juntos, compartiendo el mayor tiempo posible y no sintiendo –el niño- que entre sus padres y él se levantaba como un muro infranqueable la rígida carga del trabajo del Concilio. Aquellas responsabilidades que motivaban que en Hong Kong su padre pudiera verle sólo cuando se escabullía un poco de sus obligaciones. - “Nadeshiko dijo que la señora Jeannette ha sido muy amable con ellos” –murmuró Hien con calma- “¿Realmente la tía Tomoyo vivía en París mamá?” - “Antes de casarse Hien” –replicó Sakura- “eso fue antes de que tú y tus primos nacieran...” - “¿Y si tía no hubiera vuelto a Japón, Nadeshiko y Mamoru no estarían aquí?” - “Exacto” –rió Shaoran- “creo que es el pensar eso lo que pone a tu “tío”..” –recalcó la palabra con cierta ironía y Sakura le lanzó una mirada, por lo que el jefe del clan Li rió- “de tan mal humor...” - “¿Acaso la tía se irá a París con esa señora?” - “Claro que no Hien” –sonrió su madre. El niño volvió a luchar con sus deberes, contento de la atención recibida, mientras Sakura y Shaoran se miraban con la misma idea en la mente.. ¿Acaso Touya Kinomoto pensaba eso? “Ángel
que das luz a mi vida
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Li_Sakura@concil.magician.com.hk Hola
tía Sakura! |
La puerta del despacho de Yukito se abrió y cerró con estrépito haciendo que el recién llegado ingresara casi precipitadamente, pero pese a lo avanzada de la tarde el profesor no se inmutó. Lo único que hizo fue agradecer mentalmente el hecho que no tuviera ninguna sesión en ese instante...
Y es que, por la tarde, solía hacer sesiones de terapia a quienes lo necesiten..
- “Buenos días Yuki, lamento no haberme anunciado” –gruñó el recién llegado a modo de saludo y empezando a realizar nerviosos paseos a la vez que fumaba de prisa mientras su amigo le miraba cómodamente instalado en su sillón- “mira, tu secretaria me dijo que no tienes a nadie y..”
- “Quieres hablar de algo Touya...” –sonrió con paciencia- “¿porqué no te sientas?”
- “Si, claro...” –suspiró revolviéndose los oscuros cabellos antes de pegar un brinco justamente cuando iba a sentarse en el diván- “¡no, eso no!, ¡nada de sesiones!, ¡no me voy a sentar!”
- “¿No te gusta mi diván?, nunca dijiste que no te gustara las veces que me has visitado y..”
- “¡Tu diván no me importa Yuki!” –saltó enérgico volviendo a sus paseos nerviosos- “¡no voy a sentarme en tu condenado diván porque no soy uno de tus pacientes ni necesito terapia!, es sólo que... sólo que...”
- “¿Qué sucede?” –preguntó el profesor sin perder la compostura y ya preocupado por su mejor amigo- “Touya, esto no es común en ti, es decir, no te he visto tan nervioso desde la noche que te casaste y hasta estás fumando”
El médico detuvo sus paseos y no dijo nada. Yukito miró a su amigo con interés antes de añadir..
- “¿Problemas económicos?”
- “No”
- “¿Tus hijos?”
- “No”
- “.. mmhhh.. ¿Tomoyo?, ¿tú?, ¿tú y Tomoyo?”
Ante esas frases el médico recuperó su movilidad casi como si le pasaran electricidad por el cuerpo y se puso de pie ante su amigo arrojando el cigarrillo a medio fumar como si fuera el culpable de su inquietud...
Ella.
Ella era el punto aquí.
Ella... y el hecho si realmente la merecía.
Canción:
Un nuevo amor
Intérprete:
Tranzas
“Debes
buscarte un nuevo amor,
que
no guarde sus problemas,
que
no sea como yo a la hora de la cena,
que
cuando muera de celos el jamás te diga nada,
que
no tenga como yo, tantas heridas en el alma.”
- “¡Eso, eso es el problema!, ¿es que no lo entiendes?, ¡necesito que me ayudes Yuki!” –ahora sí que se veía más nervioso aún que cuando llegó- “he estado en el hospital toda la mañana pensando en lo mismo, tengo eso metido en la cabeza y me estoy volviendo loco... ¡lo veo todo el tiempo y..!”
- “¿Estás viendo a alguien más que Tomoyo?” –se sorprendió su amigo.
- “¡¡NOOO!!, No estoy viendo a nadie, rayos Yuki, escucha lo que te digo!” –se indignó hablando de prisa- “no es “alguien” es... es una alucinación, una pesadilla que me está volviendo loco y creo que acabaré en el departamento de psiquiatría del hospital si eso sucede. No sé cómo voy a soportarlo..”
Yukito tenía una gran gota sobre la cabeza... Lo que quiera que fuera, realmente era un problema para Touya. Su siempre mordaz y sarcástico amigo, a veces frío y muchas veces una máquina de trabajo, sólo había hablado tanto y tan de prisa una vez...
Y es que hablar de sí mismo no era el fuerte de Touya.
- “Pero.. ¿qué tipo de alucinación es esa?, ¿acaso has estado trabajando demasiado?”
- “¡No, no, no!, no es eso” –suspiró el médico sintiéndose mucho más tranquilo al haberlo dicho- “es mucho más complicado..”
- “¿Pues que estás alucinando?”
El médico dejó de dar vueltas por el despacho de Yukito –y a la vez su sala de consultas- mirando el diván con desconfianza y el Director del Campus Clamp comprendió la situación. Cualquier persona pensaría que Touya era muy frío y sarcástico pero después de conocerlo todo ese tiempo Yukito sabía eso sólo le servía para ocultar sus sentimientos; es más, estaba seguro que su actual crisis tenía que ver con la única persona que sabía más de su amigo que él mismo: Tomoyo.
Algo extraño, ya que su amigo estaba total y completamente enamorado de su esposa y ni que dudar de la muchacha...
- “Mejor vamos a comer algo, temo que empezarás a patear mi diván” –sonrió con paciencia mientras tomaba su chaqueta y llamaba por teléfono- “le avisaré a Aya que me retrasaré un poco ¿está bien?”
- “Si, claro” –asintió pensando- “¿porqué diablos no puedo ser tan considerado con ella como Yuki con su esposa?”
“Debes
buscarte un nuevo amor,
que
sea todo un caballero,
que
tenga una profesión,
sin
problemas de dinero,
que
sea amigo de tus amigos,
simpatice
con tus padres,
que
no sea como yo, que no pueda lastimarte”
Touya no agregó nada más y se limitó a quedarse de pie apoyado en el marco de la puerta, pero cuando ambos llegaron a un lugar cercano sólo pudo murmurar..
- “Lo siento Yuki”
- “Olvídalo, ¿para eso son los amigos verdad?” –sonrió el maestro- “pero ¿qué pasa?, es decir, estoy seguro que tiene que ver con Tomoyo pero dudo que ella se haya enojado contigo”
- “Ella no tiene la culpa de nada, siempre me soporta con la paciencia de un ángel” –suspiró- “el problema soy yo, siempre soy yo”
- “Pues ¿qué hiciste ahora?”
- “No es lo que hice ahora... sinó lo que he estado haciendo. No ahora, sinó todo este tiempo. ¡Es que nunca quise creerlo pero..!” –suspiró enfadado, furioso consigo mismo- “temo que la visita de aquella mujer me hizo darme cuenta de lo que no he querido aceptar todo este tiempo, y esa antipática mujer....”
- “Entonces... ¿de todas maneras le gritaste a aquella señora?, porque la otra noche que me llamaste dijiste que querías decirle algunas cosas no muy agradables y...”
- “¡Que no lo hice Yuki, condenación!, ¿cuántas veces debo repetírtelo?. No es eso sólo que con esa visita noté que he sido muy egoísta ..” –recordó algo- “y por si fuera poco me puse celoso por unos tipos esos que esa mujer mencionó..” –se mesó los cabellos con enfado- “¿por qué rayos no puedo evitar ponerme así?, mi mente vuela, empiezo a pensar cosas y lo peor es que me siento estúpido. Es como si fuera otro yo el que se apodera de mí, aunque supongo que me enfado porque sé que Sonomi tiene razón... ella ha dejado tantas cosas importantes por estar conmigo que a veces me pregunto si Tomoyo no se dá cuenta de eso” –continuó- “¿tú que crees?”
Touya volvió sus ojos oscuros hacia donde estaba su amigo y al verlo comer el quinto plato de okonomiyake le surgió una gota sobre la cabeza...
- “¡Yuki!, ¿me estás escuchando?”
- “Claro que sí” –replicó Tsukishiro dejando de comer por unos minutos- “pero lo que no comprendo es porqué no hablas directamente con Tomoyo de eso. Ella sabe que tienes poca paciencia, mal temperamento y que eres sumamente celoso pero nunca pareció molestarle. ¿Por qué el problema?”
El médico tenía una gota sobre la cabeza.
- “Gracias por explicar mis defectos de una forma tan específica Yuki”
- “Es que no veo el problema.. Tomoyo no..”
- “¡Es que el problema no es de ella sinó mío!. A veces me pregunto porqué no puedo dejar de comportarme como un lunático celoso ¡porque me doy cuenta que lo hago! y lo peor es que no puedo evitarlo” –continuó vehemente y desesperado- “es que sé que la amo Yuki.. ¡rayos!, no es que sea celoso, posesivo o histérico.. es sólo que amo a mi mujer y temo que estar a mi lado la he hecho perder lo mejor de sí misma...”
El profesor le miró con simpatía, comprendiendo finalmente el problema...
Ya lo sospechaba.
¡Realmente Touya amaba locamente a su esposa!
Al punto de torturarse de esa forma...
- “Touya, por favor... sé que hace cierto tiempo temes eso, pero ahora te estás obsesionando. Y si me dices que empiezas a alucinar que Tomoyo te abandona y tienes pesadillas”
- “¡No lo sé, no lo sé, es que desde que esa maestra suya se marchó no puedo dejar de pensar!. En eso y en lo que Sonomi siempre ha dicho... que si me aproveché de ella, que si la presioné para que se quedara conmigo y perdió más de lo que ganó. Porque sé como soy y no le hubiera sido difícil a ella conseguir a alguien más del gusto de su madre. Y no es porque desconfíe de Tomoyo, ¡antes dejaría que me golpearan que desconfiar de ella! pero cuando veo todo lo que ha perdido por quedarse conmigo me desespero, ¡y no quiero hacerle daño!” –suspiró desalentado- “.... al menos más de lo que ya hice..”
- “No le has hecho daño..”
- “¿En serio?” –dudó con amarga ironía- “últimamente no estoy tan seguro de eso como antes..:”
Yukito contempló a su amigo con paciencia, suspirando íntimamente... sabía la respuesta a lo que iba a decir, pero tenía que intentarlo..
- “¿Porqué no aceptas que tengamos algunas sesiones de terapia matrimonial?” –le dijo con paciencia- “tal vez tú y Tomoyo deberían venir a mi consulta y...”
- “¡Yuki no necesito ninguna sesión de psiquiatría en mi matrimonio!” –protestó enfadado, tal y como Yukito esperaba- “te estoy pidiendo consejo como amigo, no como terapeuta. ¡Ya sé que tienes otro condenado título de psiquiatría pero no quiero que experimentes conmigo de paciente!”
- “Escucha Touya, tú siempre has sido posesivo” –continuó Tsukishiro con calma- “Es cuestión de que te animes a charlar con tu esposa de lo que te molesta. Muchas veces eres obvio, pero también puedes ser hábil para callar las cosas cuando quieres pese a que Tomoyo es muy inteligente e intuitiva. Además es lógico que después de casi ocho años de estar escuchando las reclamaciones de Sonomi de que “arruinaste la carrera de Tomoyo” temas haberlo hecho, pero creo que es mejor hablarlo, estas cosas deben decirse, es más, estoy seguro que Tomoyo sospecha que te pasa algo y...”
- “¡Que no quiero perturbarla he dicho y te prohíbo que se lo digas!” –le dijo airado mientras Yukito no se molestaba en lo más mínimo por su reacción- “tal vez sea mejor olvidar la visita de esa mujer de París y punto” –miró comer a su amigo y envidió su calma e imperturbable buen humor- “¡no sé como haces para tomarlo todo de la mejor forma pero yo no lo consigo!..”
Yukito sonrió tranquilizadoramente.
- “Tal vez sea porque soy consciente de ser feliz” –respondió mientras a su alrededor flotaban corazoncitos y nubes rosas- “los problemas domésticos son tonterías pasajeras para mí porque sé tengo un trabajo que disfruto, a la esposa más linda y hermosa del mundo, Rei es el hijo más considerado de todo el universo y Yuu...”
- “El niño más gentil de la galaxia..” –bufó el doctor con fastidio, sabiendo que el Director del Campus Clamp era una de las extrañas personas sobre el planeta que creía que el mundo era perfecto- “ya no sigas con eso porque con la miel que destilas cuando hablas de tu familia se me sube el azúcar de la sangre..” –continuó tratando de cambiar el tema, mientras tomaba su tercera taza de té y Yukito volvía a la tierra luego de divagar sobre las perfecciones de su esposa e hijos- “supongo que tienes razón en que debo ver el lado positivo, aunque ayudaría encontrar algo positivo en un principio”
El profesor sonrió tratando de animar a su amigo y se sintió satisfecho por haber logrado que Touya pudiera desahogarse a gusto, ya que era el inicio de que empezara a tomar las cosas con calma. Calma y sangre fría que el médico siempre conservaba aún en los momentos más difíciles, pero que perdía cuando se trataba de algo que pudiera alejarlo de lo que amaba.
- “Sabes que ella te ama, eso es todo lo que debería importarte amigo..”
- “Sí, eso lo sé. Pero su amor tiene que tolerar mucho de mi parte.. no me sorprendería que algún día se hartara de aguantarme y temo que me reprochara lo de su carrera y..
“Que
no vas a encontrar nunca, con quien mirar las estrellas,
alguien
que pueda bajarte con un beso una de ellas,
alguien
que te haga sentir tocar el cielo con las manos,
alguien
que te haga volar como yo, no vas a encontrarlo.
Que
no vas a encontrar nunca, alguien que te ame de veras,
alguien
que te haga llorar de tanto amar de tontos besos,
alguien
con quien caminar como dos locos de la mano,
alguien
que te haga vibrar como yo no vas a encontrarlo”
- “Ella te ama y tú también.. ¡vamos amigo!, eso es todo lo que importa” –sonrió picándole un poquito el orgullo- “quizá no seas perfecto pero nadie lo es, y sabes que no existe persona alguna que quiera a Tomoyo de la forma que tú..”
- “¡Oh, eso sí es cierto!” –saltó como si lo pincharan- “ella y yo... bueno....” –suspiró- “bueno, ya sabes que no puedo evitar hacer lo que ella me pida... no importa lo que sea; ¡demonios!, realmente me hace hacer cosas tal que hasta me desconozco...”
- “¿Ya lo ves?!”
- “Sí, bueno... supongo que está bien”
- “Me alegra que te sientas mejor ahora” –rió Tsukishiro contemplando al fin su reloj de pulsera - “oye Touya, tengo que irme ya porque prometí a Ayame que haría un rico pastel para celebrar nuestro aniversario..”
El médico no movió un músculo.
Yukito y sus aniversarios..
¿Porqué él nunca podía recordar las fechas importantes como su amigo?.
Bien, quizá eso era demasiado..
“Debes
buscarte un nuevo amor,
que
se acuerde de las fechas,
que
no sea como yo,
que
siempre cumpla sus promesas,
alguien
que pueda quererte
solo
un poco y cierta parte,
que
no sea como yo que solo vivo para amarte”
Aunque Yuki exageraba con eso de las fechas especiales..
- “¿Y de qué es esta vez?” –gruñó.
- “Es nuestro cuarto aniversario de cuando le dijimos a Rei que iba a tener un hermanito.. ¡Es una fecha importante para nuestra familia!”
- “¿No estuviste de aniversario también la semana pasada?”
- “Sí, pero ese fue el aniversario de la primera vez que Yuu dijo “Mamá, papá y Rei”, fueron sus primeras palabras” –añadió orgulloso- “¡no es el mismo aniversario Touya!”
Kinomoto miró al techo del lugar donde se hallaban pidiendo paciencia.
¿Cómo podía Yukito recordar todos aquellos pequeños detalles y cada condenada fecha?
Despidiéndose de su amigo y aprovechando la tarde inusualmente libre –se había cancelado imprevistamente una junta de médicos que tenía- el galeno caminó pensativamente por el centro de la ciudad de Tomoeda pensando nuevamente si Tomoyo era realmente feliz o si le había cortado las alas a sus sueños al casarse con ella.
¡Cielos!, si le había hecho eso no podría perdonarse a sí mismo... y no le sorprendería que ella se cansara de aguantarle un día de estos..
“Que
no vas a encontrar nunca, con quien mirar las estrellas,
alguien
que pueda bajarte con un beso una de ellas,
alguien
que te haga sentir tocar el cielo con las manos,
alguien
que te haga volar como yo, no vas a encontrarlo.
Lo que él ignoraba era que en esos precisos momentos un lujoso automóvil se había detenido frente al hogar de los Kinomoto y el único pasajero –después de algunos titubeos- había llamado a la puerta..
Cabe resaltar que el servicio doméstico de la casa –que necesitaban por las ocupaciones de ambos- no duraba mucho gracias a Kiku, la pequeña fantasma. En este sentido la niña solía asustar inocentemente a las doncellas pese a no tener intención de molestar a alguien. Lo extraño era que no lo hubiera hecho hasta ahora, de modo que cuando se presentó un visitante preguntando por “Tracie Junot” –y por la reciente visita de Curtis Jeannette, quien llamaba así a la joven dueña de casa- la empleada no dudó en lo más mínimo en hacer ingresar al visitante a la salita, donde Tomoyo estaba probándose los guantes que su maestra le obsequiara...
- “¡Tracie!”
- “¡¡¡¡¡¡¡¡¿JEAN?!!!!!!!!” –murmuró atónita la joven señora Kinomoto.
“Debes
buscarte un nuevo amor,
que
no guarde sus problemas,
que
no sea como yo a la hora de la cena,
que
cuando muera de celos el jamas te diga nada
que
no tanga como yo
tantas
heridas...en el alma...”
Canción:
Un nuevo amor
Intérprete:
Tranzas
- “No tenía la menor idea de eso Eriol” –comentaba Hin Lu aquella tarde, en el despacho del Secretario de Cultura de la Embajada Británica en Japón- “¿sacaste el nombre de tu hija de un libro?” –movió la cabeza, aún sorprendido- “supongo que será un libro inglés porque en el libro de Clow no hay nada que mencione un nombre como Miriel.”
Eriol esbozó una risita mientras Shaoran también allí presente, se encogía de hombros..
- “En realidad el nombre significa: Mujer-joya” –explicó el hijo de Hajime Hiragizawa con calma- “y lo tomé de un libro de Jhonn R. R. Tolkien*** un escritor inglés que conocía mucho de los mitos antiguos de las islas británicas y del mundo en general” –continuó después de una pausa- “supongo que el nombre de tu bebé lo eligió Mei Ling ¿verdad?”
Hin Lu asintió en silencio mientras Shaoran tomaba otro sorbo de té.
- “Es bueno que sepas exactamente lo que significa el nombre” –comentó el hijo de Ieran Li- “aunque Sakura llamó “Hien” a nuestro hijo en honor a mi padre y creyendo que significaba “fuego verde”..” –tosió para disimular su incomodidad.
- “Pero...” –dudó Eriol con algo de duda, pues era versado en el significado de esas cosas- “Hien no significa “fuego verde”, ¿de donde sacó Sakura aquello?”
- “Mi abuela le dijo eso cuando Sakura y yo aún éramos novios”
- “La difunta señora era pésima en esas cosas..” –aceptó Hin Lu.
Las tres hombres se miraron entre sí y empezaron a reír ante el recuerdo de la anciana –y los apuros en los que enredaba a su nieto- cuando el teléfono personal de Shaoran interrumpió la conversación..
- “Buenas tardes” –replicó rápido y asombrado al identificar a la persona que se comunicaba con él- “¿qué ocurre?, me sorprende mucho recibir su llamada madre.... ¿puedo serle útil en algo?”
Hin Lu y Eriol contemplaron el rostro súbitamente pálido de Shaoran que se quedó atónito por unos instantes –y es que lo que le decían por teléfono lo dejó sin palabras- antes de que el esposo de Sakura preguntara...
- “Hin Lu.. ¿porqué no me avisaste que la fiesta de la joven May May iba a durar dos días?”
- “¿QUEEE?” –se espantó el Guardián del Jefe del Clan Li - “¡No lo sabía!, ¡a mí no me dijeron eso!”
Shaoran se cruzó de brazos mientras el secretario iniciaba llamadas frenéticas a Mei Ling –el serio y circunspecto Hin Lu sudaba de sólo imaginar el enfado de Ieran Li- a la vez que Eriol preguntaba con una leve sonrisa:
- “¿Quién es May May?”
- “Una de mis sobrinas” –explicó Shaoran sin notar el peculiar brillo en los ojos azules de su amigo y dejando al esposo de su prima el asunto- “no la conozco pero parece ser una chiquilla demasiado inquieta..” –comentó pensativo- “supongo que heredó de la abuela algo más que el nombre porque para haber puesto nerviosa a mi madre debe ser todo un torbellino..” –añadió encogiéndose de hombros, sin notar la sonrisa falsamente inocente de Eriol- “¿de quién más pudo sacar ese carácter que de mi abuela?”
El Secretario de Cultura de la Embajada Inglesa en Japón amplió una de sus enigmáticas sonrisas...
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LadyIeran_Li@concil.magician.com.hk Respetable
Madre: |
- “Estas... absolutamente hermosa” –saludó el francés con una amable sonrisa, de pie en medio de la salita de la casa Kinomoto mientras la hija de Sonomi quedaba muda de estupor- “no tienes idea del la gran alegría que me produce verte..”
Los ojos azules de Tomoyo parpadearon, aturdidos..
- “No... no comprendo” –murmuró- “¿realmente eres Jean?”
- “Sí” –sonrió el rubio con timidez, pero muy correctamente- “¿no me invitas a sentarme?”
- “Disculpa..” –continuó Tomoyo- “es que no comprendo... son ocho años y verte en mi casa... es...”
- “Sorpresivo ¿verdad?” –rió el francés suave, pero cordialmente- “supongo que tienes razón en sorprenderte” –recordó con cierta nube de pesadumbre en sus ojos- “la última vez que nos vimos no fui muy cortés ni correcto y..”
- “Por favor, olvida eso” –sonrió la joven, gentil pero ya más repuesta de la sorpresa- “pero.. ¿estás en Japón otra vez?, ¡y en mi casa! no comprendo.. ¿cómo supiste donde vivía?”
- “A decir verdad te ví hace dos semanas... en el aeropuerto internacional de Tokyo” –confesó Jean- “estabas despidiendo a Curtis. Ciertamente yo ya sabía que ella venía a Japón pero..”
- “¿Curtis sabía que estarías en el aeropuerto?”
- “¡Claro que no!, a ella nunca le agradé ¿recuerdas?. Vine a Japón por negocios por primera vez en ocho años y fue toda una sorpresa verte en el aeropuerto, por supuesto que tú no me viste..” –sonrió contemplando los guantes que lucía Tomoyo- “debo admitir que estás más hermosa aún que antes, si es que eso es posible..”
- “Gracias por tu amabilidad” –murmuró a modo de respuesta mientras recordaba que Touya tenía una junta de médicos y llegaría algo tarde, lo cual le daba algo de tranquilidad aunque sabía que tendría que despedir a Jean tajantemente- “además no era necesario que vinieras aquí a disculparte.. yo comprendí siempre que te ofendí gravemente y..”
- “Y no tenías el menor deseo de verme..”
- “No, eso no es cierto. Siempre quise ofrecerte una buena disculpa por aquella tarde del hospital, pero me alegra que podamos ser mucho más cordiales ahora” –replicó, contenta de quitarse aquella incomodidad- “además supe que te casaste y me alegró mucho.. ¿quién fue la afortunada?”
- “Charlotte Du Brissacc” –contestó antes de añadir- “pero me divorcié de ella al año de matrimonio”
Y había un profundo rictus de amargura en la voz del extranjero al admitirlo que la joven esposa de Touya no pudo dejar de observar.
- “¡Oh lo siento mucho!. Espero que eso no te quite la fé en el matrimonio, yo misma...”
- “Sé que antes no tenías mucha fé en eso, pero yo soy incurable Tracie” –comentó con cierta resignación matizada de tristeza- “En este momento estoy en el trámite de mi tercer divorcio”
La joven quedó apenada y confundida...
- “Lo siento mucho..”
- “Bueno, salvé mi posición económica y logré ingresar como socio a un consorcio europeo de comunicaciones” –replicó con melancolía- “debo admitir que mi primer matrimonio fue poco más que un negocio, de modo que no puedo decir nada contra Charlotte sin aceptar mi culpa. Lamentablemente repetí el error en el segundo enlace y el tercero. Supongo que nunca me recuperé del todo de lo que pasó aquí en Japón” –comentó levantándose del sofá nerviosamente, contemplando el lugar- “es una hermosa casa Tracie. Algo grande para ti sola, pero sencilla y con gusto” –la miró melancólicamente- “¿sabes?... sé que es insólito que diga estas cosas luego de aparecerme en tu puerta después de ocho años pero no puedo negar que he pensado en ti todo este tiempo. Imagina mi asombro al verte el día de mi llegada en el aeropuerto.. supongo que no pude evitarlo y te seguí hasta aquí” –suspiró levemente, mientras Tomoyo, estupefacta, no sabía que decir- “de hecho, he estado estas dos semanas aquí en Japón buscando excusas para llenar mi tiempo y no visitarte, pero hoy no pude más..”
La señora Kinomoto se puso de pie rápidamente.. alarmada.
- “Es muy gentil de tu parte, y agradezco la demostración de amistad... deseo que todo sea mejor para ti en el futuro.... allá en Europa, Jean”
- “El paso del tiempo me hizo notar que fuí un estúpido” –aceptó el rubio francés, ignorando las indirectas de “Tracie”, perdido como estaba en la confesión de sus propios sentimientos –“en ese entonces creí que estaba detrás de ti por tu dinero y tuvo que venir un sujeto como ése médico para que entendiera que estaba enamorado de ti..”
Tomoyo no pudo dejarlo seguir. Estaba real y verdaderamente alarmada.
- “¡Jean no sigas!, son cosas que debes olvidar” –le pidió cortés, pero tajante- “y tengo que pedirte que me dejes sola, yo estoy casad..”
- “Hasta un troglodita como ése doctor era más sensato que yo en esos tiempos” –le interrumpió el francés con melancolía antes de añadir- “No sabes cuanto me alegró verte entrar sola a esta casa la noche que te seguí porque..”
- “¡Me casé con Touya, Jean!”- casi gritó Tomoyo, decidida a no permitir más toda aquella charla- “esa es la verdad”
El rubio parpadeó. Momento que aprovechó Tomoyo para quitarse los guantes de Curtis y mostrarle su dorado anillo matrimonial al francés..
- “¡¡¡¡¿Te casaste con ese sujeto?!!!!” –era obvio que el francés estaba pasmado- “¿estás realmente casada con él?”
- “Por supuesto. Y amo profundamente a mi marido” –murmuró gentil, sintiendo algo de piedad por el rubio- “por eso no puedo permitir que me sigas diciendo esas cosas porque amo a Touya. Lo siento mucho Jean.. en realidad nunca esperé que..”
El francés suspiró profundamente y se dejó caer sobre el sofá de nuevo...
Se veía realmente deprimido.
- “No me sorprende” –murmuró pensativamente- “Lo siento mucho Tracie, no fue mi intención ofenderte. El doctor no era tonto y no iba a cometer mi error de dejarte ir” –sonrió con tristeza- “¡con razón no volviste a París!. Al casarme con Charlotte yo me mudé a Bruselas y hace dos años que vivo en Frankfort, además se dejó de hablar de ti en los círculos de la moda europea” –continuó- “lo siento mucho, lamento todo esto pero no puedo evitar preguntarte ¿porqué?, ¿porqué sacrificar todos tus sueños por seguir a un sujeto tan gruñón como ese?, sé que yo no era perfecto pero tú podrías haber encontrado a alguien mejor, alguien que te dejara ser quien eres. Dudo mucho que ese tipo haya dejado de ser tan posesivo como hace ocho años..”
- “No, Touya no ha cambiado” –sonrió.
- “No me sorprende. Ya entiendo... no te dejó volver a tu vida en Francia”
- “No, eso yo lo decidí”
- “¡Y claro que sí!. Con lo celoso que es, no me sorprendería que mirara con furia a cualquiera que te mirara por más de cinco segundos..”
- “Sí” –Tomoyo amplió su sonrisa- “eso sí lo hace”
- “Entiendo. Antes que pasar vergüenzas por si golpeaba a alguien en París decidiste quedarte aquí”
- “No, él nunca me prohibiría ir a París, lo conozco bien.. de hecho, es incapaz de negarme nada”
Jean estaba atónito. ¡Cómo podía Tracie aceptar tan tranquilamente aquellas cosas?, suponía que la joven haría una acalorada y patética defensa del sujeto con el que se había casado pero aquella aceptación tranquila... no la entendía. Si hubieran tenido esa charla por teléfono podía haberle quedado alguna esperanza al escucharla aceptar la realidad, pero a cada defecto que él le buscaba a aquel médico –y lo conocía bien ¡fue su doctor!- ella asentía con una hermosa sonrisa, una sonrisa que iluminaba más sus facciones a cada instante...
No podía comprender el motivo..
- “¿Entonces porqué?.. recuerdo bien lo posesivo que era, ¡histéricamente celoso de su propia hermana, ya imagino lo que es contigo!, ¡¡¡es un hombre irónico, mordaz, obsesivo, posesivo además de desconfiado de un modo casi paranoico...!!!” –exageró- “no irás a negarlo Tracie.. ¡es muy celoso y posesivo!”
- “Sí, lo es” -aceptó tranquilísima- “Touya tiene todos aquellos defectos que le mencionas pero el punto es que eso es lo que amo de él: todas y cada una de las cosas que mencionado” –sonrió más feliz que nunca- “Me gusta que sea así. Supongo que estoy un poco loca pero no espero que lo entiendas” –continuó con la mirada más brillante que nunca- “siempre quise alguien que no sólo me amara de una forma única, con todo su ser, sinó que lograra que yo amara aquellas cosas que los demás pueden considerar hasta como defectos. Y sí, lo amo con todo aquello y no me arrepiento de un solo minuto a su lado” –replicó sin la menor duda- “Admito que las cosas no han sido fáciles pero no lo cambiaría nunca Jean. Nunca”
El rubio suspiró de nuevo. No había vuelta al pasado para él. Todo aquello en lo que había fantaseado los últimos ocho años –especialmente hace dos semanas, desde que llegara a Japón- se desplomaba como un sueño..
Porque eso era..
Pero al menos él había aprendido algo. Sabía que la quería más que nunca –la buscó en cada una de sus esposas sin éxito- y lo único que la importaba era que ella fuera feliz. No comprendía como podía serlo con alguien que él creía un patán, pero lo tranquilizaba saber que ella era feliz..
- “Ese sujeto tiene una suerte realmente envidiable..” –dijo a modo de despedida, extendiendo la mano para despedirse, con dolor en los ojos y nostalgia por un pasado que no volvería- “cuídate mucho Tracie, y ojalá él te valore porque de lo contrario es un pobre imbécil, pero mientras tú seas feliz me sentiré tranquilo. Adiós”
Con un gesto de profundo respeto –pero con admiración y un sentimiento no olvidado aquellos años- el francés tomó la mano que la joven le ofrecía a modo de despedida –en estricto gesto amical- y la besó, siendo ese preciso momento en que...
- “¡No la toque!, ¿cómo se atreve?”
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Hin Lu continuaba sudando...
Y es que aquellos apuros en los que le acababa metiendo Mei Ling y aquella chiquilla: May May.
¡Sobrinos!. ¡Esa muchachita iba a volverlo loco con sus alborotos!.
Shaoran por su parte había vuelto a charlar con Eriol sobre magia y los asuntos del Concilio pero el hechicero occidental no podía sinó sonreír brevemente ante las frases de su amigo..
- “No tiene caso que se lo digas, además dudo que lo tome en serio. Haría falta otra reencarnación más para que considere eso su responsabilidad” –ambos hombres estaban frente a una Pc, desde donde Shaoran le mostraba al inglés un detallado registro- “sin embargo te agradezco mucho que le tomes en cuenta..”
- “No le hago ningún favor, es su derecho” –continuó el Jefe del Concilio de Hechiceros de Oriente- “después de todo, Yoko cedió todos sus derechos en el Concilio a su hermano como varón de su familia, y es justo que Tao tenga un asiento en la siguiente reunión ya que es el último de los Hiu” –sonrió levemente- “aunque supongo que tienes razón en decir que no lo tomaría en serio...”
- “Nada perdemos con preguntarle” –replicó Eriol antes de pedir por su intercomunicador que le indicaran a Tao que se presentara en la biblioteca de la embajada- “lo que sí te agradezco es que no hicieras de conocimiento del Concilio su vida pasada” –esbozó otra burlona risita- “bueno, no sé como decirlo.. pero Wu Fang Sheng era algo peculiar... “
- “Sí, si” –suspiró Shaoran con una gota sobre la cabeza, pues en aquellos años Hin Lu le había contado lo que decían las crónicas sobre Wu Fang Sheng- “no necesitas decírmelo ¿sabes?” –tosió para disimular su incomodidad- “si los miembros del Concilio supieran que Tao Hiu es la reencarnación del más famoso “mujeriego” que ha tenido el Concilio en su historia, definitivamente hubieran exigido que fuera educado bajo tutela estricta” –murmuró muy bajo- “a veces me pregunto cómo es que no se llegó a casar si tuvo una vida no muy “inocente” que digamos.. ¡y en esa época!”
- “¡Oh bueno Shaoran!, el “pasarla bien” no significa que tuviera que casarse..” –replicó Eriol conteniendo sus ganas de soltar una carcajada- “una cosa no siempre vá ligada a la otra..”
- “Me gustaría mucho que Yoko te escuchara decir eso” –protestó el hechicero chino.
Eriol puso cara de inocencia total e iba a contestar algo cuando Tao ingresó a su oficina saludando ruidosamente a las visitas pero sin interesarse en lo más mínimo cuando le mencionaron al Concilio. Al contrario, sólo negó con la cabeza y sonrió feliz antes de mostrar un pequeño papel al esposo de su hermana...
Para luego estallar en risas y frases de autofelicitación..
- “¿Qué le pasa?” –murmuró Shaoran mirando al chico chino, mientras Hin Lu aún seguía pegado a su teléfono- “¿porqué está que dá saltos?”
- “No lo sé.. pero tengo un mal presentimiento” –murmuró Eriol, con una pequeña gotita- “la última vez que estuvo tan contento fue cuando casi me echa a perder la noche de bodas..”
- “¡Míralo Eriol, míralo!, ¡y tú también Shaoran!, ¿lo vieron?” –comentó el adolescente, alborotado y siendo tan confianzudo como siempre con los demás, tuteándolos - “¡lo logré, lo logré!, tuve que pagarle el almuerzo durante casi un mes a la Presidenta del Club de Música y hasta le tengo que arreglar una cita con Rei pero.. ¡lo hice!, ¡lo he conseguido y ahora te toca cumplir con lo que prometiste Eriol!”
- “¿Qué le ofreciste para que se pusiera así? –Shaoran tenía un signo de interrogación sobre la cabeza- “¿aumentarle el dinero que le asignas al mes?”
- “Ah..... no” –la gota sobre la cabeza de Eriol se hacía más gruesa- “temo que algo peor, tengo que regalarle un instrumento musical..”
- “¿Y qué tiene eso de grave?, no puede ser tan malo...”
- “Se nota que nunca lo has escuchado..” –replicó el inglés, algo inquieto- “sólo espero que no quiera que le regale un...”
- “¡Me tienes que comprar ese hermoso violoncello Eriol!, ¡aceptaron que me presente en la audición del Club de música de la preparatoria y sé que el violoncello es el medio para que todos noten mi talento musical!!”
Eriol repasó mentalmente mil fórmulas para evitarse una tortura y decidió en ese mismo instante que iba a ponerse tapones en los oídos a partir de la siguiente semana –en cuanto le tuviera que dar el instrumento de tormento... perdón, de música, a su cuñado- pero Shaoran no entendió la situación y desvió su atención a un mensaje que le acababa de llegar a través de la red de comunicación del Concilio..
- “¿Ahora qué?” –murmuró revisando su mensajería en la Pc de Eriol, que aún seguía lidiando con el entusiasmo musical del adolescente- “espero que esa sobrina mía no haya ocasionado más problemas Hin Lu” –el esposo de Mei Ling dejó de hablar por su propio teléfono por un instante, todavía inquieto por la reacción de Ieran Li- “Lo último que necesito es una queja formal del Concilio por los alborotos que ocasiona aquella chiquilla..”
Pero lo que leyó en ese preciso momento lo dejó tan sorprendido que parpadeó sin comprender por unos instantes...
- “¿Van a premiar al papá de Sakura?” –murmuró asombrado Hin Lu leyendo el primer párrafo del mensaje por encima de la cabeza de Shaoran- “supongo que debe ser por algo importante ya que Sakura no resistió enviarte un mensaje por la red para contártelo ¿verdad?”
Eriol volvió sus ojos azules hacia sus amigos mientras Tao seguía parloteando y notó un brillo peculiar en los ojos de Shaoran Li..
Pero otro era el brillo en los ojos de Jean Le Blanc, en ese instante...
Y es que estaba atónito.
La persona ante él tenía una posición netamente beligerante y parecía estar dispuesto a romperle el cuello pero la dulce y gentil voz de quien él llamaba “Tracie” lo detuvo en seco...
- “Por favor compórtate educadamente” –pidió con un toque de autoridad en su suave voz- “no me gusta que hables así a las personas...”
- “Lo siento” –los ojos masculinos miraban al visitante con fiereza y total desconfianza- “pero él estaba.. estaba..”
- “Estaba besando mi mano Mamoru” –continuó Tomoyo contemplando a su hijo de siete años con una hermosa sonrisa, al notar el mismo temperamento de Touya en el niño- “es un gesto de respeto común en occidente..”
- “Es que no me gusta que toquen a mi mamá” -gruñó el niño en voz baja.
- “Mamoru, no seas descortés. El señor es un viejo conocido de Curtis y también es francés” –le dijo acariciando el cabello de Mamoru (del mismo color que el de Touya) ante el atónito Jean- “él es mi hijo Mamoru, Jean...”
- “Ya veo.... en realidad se parece a su padre”
Mamoru hizo un gesto desconfiado en su rostro y la mente de Jean voló hacia ocho años atrás, a la cara del médico que le atendía en el preciso momento en que él comentaba en voz alta sus planes con Tracie –entonces su novia- sí, era el mismo gesto.... ¿cómo fue tan torpe de no darse cuenta que ese doctor ponía esa cara de enfado cada vez que él hablaba de su boda con Tracie?, esa boda nunca ocurrió –al menos él nunca se casó con Tracie- pero ese gesto que ahora se pintaba en la carita infantil del niño eran.... celos... celos...
Suspiró.
Y es que no había nada que decir.
- “Adiós Tracie” –repuso melancólicamente antes de añadir- “y que sólo saborees felicidad en tu futuro. Au revoir petit enfant”
Y con una inclinación de cabeza abandonó la salita de la casa Kinomoto para no volver jamás. Y es que ahora lo sabía, ya no era una fantasía sinó certeza.. había perdido hace ocho años, sin vuelta atrás.
La joven señora Kinomoto suspiró en alivio al verlo partir. Le deseaba lo mejor al rubio pero por unos instantes se había sentido realmente asustada, y es que si en lugar de Mamoru hubiera sido Touya...
No quiso ni imaginarlo..
- “Mamoru” –decía Tomoyo en ese preciso instante, inclinada sobre su hijo como si arreglara la corbata de su uniforme escolar- “no me gusta que seas así de posesivo, sé que quisiste cuidarme pero soy tu mamá y no debes ser descortés con las personas..”
El suave tono de voz materno tenía un levísimo tono de reproche que el niño no dejó de observar y que le hizo bajar la cabeza avergonzado...
Algo que sólo lograba su querida mamá en él.
- “Yo sé que lo de besar tu mano no era malo” –aceptó Mamoru- “Hiragizawa comentó esa costumbre occidental en la escuela el otro día, pero ¡es que no me gustaba la forma como te miraba mamá!....”
- “Sé que no quisiste ser grosero, pero debes controlar un poquito ese carácter” –le dijo ella con una sonrisa gentil mientras el niño asentía- “bien, ahora quiero que me prometas que no vas a ir a contarle la visita de este señor a tu papá. Ya sabes que a él no le agrada mucho Curtis ni nada que venga de París y como el señor que viste es francés, no quiero que tu papá se moleste inútilmente, ¿lo prometes?”
- “¿Qué no le cuente a papá?” –los azules ojos de Mamoru parpadearon.
- “Exacto”
- “Si tú me lo pides mamá..” –el niño parecía levemente inquieto- “bien, te complaceré”
Tomoyo sólo sonrió, mucho más tranquila, antes de dirigirse a la cocina a preparar personalmente un platillo para su hijo..
- “¿Y tu hermana?”
- “Fue a casa de Hiragizawa con Hien. El la traerá de vuelta más tarde...” –ante el asombro en los ojos de su madre continuó- “mamá tú has dicho que Hien es mi primo y que tú y tía Sakura son como hermanas así que eso lo hace más o menos mi hermano menor, de modo que puedo confiarle a Nadeshiko porque es de la familia”
Tomoyo sonrió asintiendo a la vez que se tranquilizaba ya que no deseaba que Touya se molestara inútilmente esa tarde.
Y es que la angustiaba notar que él estaba.... muy cambiado últimamente...
Y tenía miedo.
Canción:
El beso del final
Intérprete:
Cristina Aguilera
“Hay..
en mi corazón una inquietud
hoy
te veo tan distante
...
Hay
algo que me aleja de tu amor
de
repente tú cambiaste
Hoy,
insegura estoy
!el
estar sin ti, sé que me hará sufrir!
Anoche
yo senti, que me besaste diferente
y
me quedé.. ¡sin saber que hacer!
Yo
te conozco y sé, que algo no anda bien
¡Ven,
dime la verdad!.. no quiero imaginar
que
fue el beso del final”
La cena fue peculiarmente tranquila aquella noche. Nadeshiko sólo se golpeó dos veces –resbaló llevando los platos a la cocina haciendo que la vajilla flotara en el aire antes de estrellarse al piso, aunque dos de los platos cayeron sobre la cabeza de la torpe niña- además que la uniformada chica del servicio doméstico había tenido un desmayo al ver flotar dos muñecas en el jardín y había renunciado al despertar, pero era lo que podía calificarse como una noche tranquila, común y corriente; sin embargo y pese a la tranquilidad nocturna Tomoyo observó que Touya estaba particularmente monosilábico...
¿Por qué estaba así?. Curtis ya se había marchado y él estaba creando una muralla entre ellos con sus silencios...
Y ella tenía miedo.
- “Llamaré mañana a la agencia de empleos” –comentó la hija de Sonomi con una sonrisa- “supongo que no les sorprenderá nada que busquemos otra vez a alguien para el servicio doméstico”
- “Pues si a mí me lo preguntas mamá, son sólo un grupo de cobardes las que nos mandan” –replicó Mamoru con burlona risita- “¡como si Kiku espantara a alguien!, Kia está de acuerdo conmigo en que si hay una fantasma que no dé miedo es Kiku..”
- “Y por eso ella está con Kaho ¿verdad?” –comentó el médico- “no quiso que le regañara por habernos dejado sin ayuda en casa otra vez”
- “No seas tan duro con Kiku hijo” –replicó Fujitaka con una sonrisa- “sabes bien que no lo hizo con intención, sólo es que es un poco distraída. La traeré en unos instantes y sé que serás justo con ella”
Touya asintió con una gotita mientras Mamoru y Nadeshiko terminaban de cenar a toda prisa para acompañar a su abuelo al templo Tsukimine -a recoger a la pequeña fantasma- y en cuanto los tres se hubieron marchado, la hija de Sonomi se acercó suavemente a su esposo contemplándolo con inquietud pues apenas si había cenado..
- “Espero que no te enfades con Kiku” –murmuró dulcemente- “sabes bien que ella te quiere mucho y no le gusta verte enfadado. Siempre es preocupante notar que la persona que amamos está incómoda por algo..”
Touya asintió en silencio mientras contemplaba distraídamente el dorado anillo matrimonial en el dedo de su esposa.
- “Supongo que Kiku no tiene remedio” –replicó el médico, volviendo su atención a la comida- “pero eso es también porque todos aquí siempre están disculpando sus tonterías...”
- “Tú eres el primero..” –sonrió Tomoyo.
- “No, ya no lo haré” –replicó frunciendo las cejas- “soy consciente de que no le estoy haciendo ningún favor. Ella es un fantasma y acostumbrarse a nosotros no es lo más recomendable... me pregunto si lo mejor no sería decirle a Kaho que nos contactara con un buen médium para que la enviara al mundo de los espíritus. Quizá estaría mejor allí”
- “Kiku es parte de la familia” –comentó la señora Kinomoto mientras empezaba a recoger los platos y con una sonrisa pensativa- “sería muy cruel obligarla a marcharse..”