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Para los padres...
HIJOS CAPRICHOSOS
Al
mismo tiempo encontramos unos padres muy solícitos a las
peticiones de sus hijos; desean agradar a sus hijos y ganarse su
afecto con materialismos que en gran parte de las ocasiones son
absurdos e innecesarios.
Y
decimos esto porque toda persona ante tal cantidad de artilugios
y objetos materiales, llega a no valorar en su justa medida lo
que tiene. Dispone de tal cantidad de objetos a los que prestar
atención que le es imposible valorarlos todos y cuidarlos. ¿Qué
le ocurría a nuestros abuelos con sus juguetes?, cuando tenían
tan pocos, tan básicos; los recuerdan como algo entrañable que
llegaban a amar. Esta situación la debemos generalizar a las
personas, la convivencia y tantos valores humanos que han
quedado relegados a un ¿segundo? plano.
Puede que hayamos llegado a una situación de personas cuya
conducta se rige por valores tales como "me gusta" y "no me
gusta", "me apetece" y "no me apetece", "me lo paso bien" y "no
me lo paso bien". Afortunadamente no todos los jóvenes son así;
y en caso de que consideremos que se caracterizan por esta forma
de ser, es posible cambiar su actitud y posicionamiento. Cuanto
antes nos lo planteemos más fácil será conseguir los objetivos
esperados.
La
falta de valores está asociada a un actitud de caprichos, de que
aquí cualquier cosa vale para conseguir lo que deseo porque,
total, para lo que sirve. Y una actitud caprichosa va asociada a
un comportamiento perezoso. Desde casa se puede detectar
enseguida la aparición de conductas caprichosas y perezosas que
son la antesala de la falta de valores por los siguientes
síntomas:
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- El joven siempre intenta salirse con la suya y se queja con
frecuencia. Usa expresiones como: es una injusticia, no hay
derecho, no es culpa mía...
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- El hijo sólo come algunas cosas que le gustan, y en ocasiones
abusa de ellas. (Dejan "lo verde o lo rojo" no dejan el plato
limpio...).
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- No tiene en cuenta las normas de convivencia y de educación.
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- No obedece si no es en última instancia, y con frecuencia por
temor a males mayores.
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- No hace sus tareas escolares con esmero, incluso procura
eludirlas. No usa adecuadamente su agenda escolar.
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- Ante sus cosas y las de los demás muestra descuido y desorden.
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- Suele ser impuntual tanto para empezar como para acabar. Al
hacerlo así actúa de forma desconsiderada con los que le
esperan. No tiene en cuenta a los demás, sino que su conducta
se rige por la atracción que supone lo que esté haciendo o la
repulsa que le suponga lo que va a hacer.
Estas conductas ¿por qué aparecen?, ¿a qué se deben? Si desde
pequeños se les acostumbra a ser protegidos, se les evita
problemas y se les colma de atenciones y bienes (porque para eso
lo han pasado mal los padres), no ha de extrañarnos que
desconozcan cualquier móvil de acción que no sea su propia
complacencia.
Por
eso, desde temprana edad, hay que inculcarles el VALOR DE
RESISTIR, de perseverar ante cualquier dificultad, que sepan
luchar para obtener algún objetivo y que no siempre se consigue
lo que se pretende a la primera o con facilidad, por ejemplo el
éxito en los estudios. Para lograr su madurez hay que permitir
que vivan las experiencias desagradables que les depare la vida
por azar o como consecuencia de sus actos. Pero nunca hay que
dejar a los hijos demasiados solos. La actitud correcta de los
padres ha de ser estimulante y consoladora cuando haga falta.
Nunca ha de dejarse totalmente solos a los hijos cuando no
tienen (en la mayoría de las ocasiones) la capacidad de predecir
las consecuencias de sus actos.
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Para más información, a
continuación haga clic sobre el tema que sea de su interés:
-- Cuestiones para los padres
--
Los 10 "No"
-- Enseña con el ejemplo
-- Hijos caprichosos
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Tips
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