Los padres de familia tenemos el deber y la
responsabilidad de formar, guiar, dialogar e
instruir sobre todo con el testimonio práctico
de valores, éticos, religiosos y morales.
Tenemos que acompañar a cada uno de nuestros
hijos mostrándoles el camino más con ejemplo
que con palabras.
No permitamos que se nos
vaya de las manos la oportunidad que hoy se
nos presenta.
Como padres de familia
debemos considerar fundamentalmente el aspecto
afectivo y espiritual que debe caracterizar a
los seres humanos. Nuestros hijos necesitan
formación humana: necesitan vivir el amor,
conocer la verdad, practicar la honestidad y
vivir responsablemente y en verdadera libertad.
Tenemos que enfrentar los desafíos de
nuestro tiempo y dejar de vivir impotentes
ante los problemas originados por haber
olvidado, minimizado o delegado nuestro
compromiso y responsabilidad de papás.
"La autoridad muchas veces permite los
excesos y se vuelve hasta cómplice por
vergüenza, prejuicios, pena, desidia y
falso pudor."