CACHORROS LADRONZUELOS

Para entender por qué los cachorros se empeñan en apoderarse de los alimentos u otros objetos con el fin de enterrarlos o esconderlos bajo la alfombra, hay que remontarse a sus orígenes más primitivos, cuando su instinto de supervivencia les sugería hacer pequeños entierros con sus pertenencias. Así, disfrutaban de un hueso cuando les venía en gana o lo rescataban en época en época de vacas flacas. Hoy en día, esa práctica no tiene sentido. Un animal doméstico no necesita más despensa que el cuidado de su amo, y sus costumbres deben ser readaptadas a los nuevos tiempos.

Todos los cachorros son pedigüeños; miran suplicantes el plato de su amo y lamen las migajas que caen sobre sus rodillas, babeando en el pantalón y suspirando por un pedazo más suculento. Si no se pone remedio, terminará por convertirse en un auténtico ladronzuelo, capaz de apoderarse del filete de su dueño. Cuando se le sorprenda al acecho, resulta imprescindible reprenderlo y obligarlo a abandonar la habitación. Así entenderá que dicha actitud no agrada a su amo.

CORRECCION INMEDIATA

No conviene esperar a que estos sinvergüenzas de cuatro patas metan su hocico en el plato para aplicarles un correctivo. Una educación estricta y temprana evitará la posibilidad de que esto suceda. En primer lugar, hay que darles de comer siempre en el mismo sitio y a horas fijas, cuidando de no hacerlo en el lugar donde se preparan las comidas. Tampoco se les deben ofrecer alimentos tomados de la mesa familiar. No hay que permitir que una sola pata se asome a la mesa. Si se le sorprende olisqueando el carrito del mercado o la despensa familiar, urge retirarlo, darle una palmada sobre el lomo y emplar un tono de voz serio y distante.  Probablemente, el animal abandonará la habitación con el rabo entre las patas. Puede que durante la hora siguiente el perro evite la presencia de su amo, ante lo que hay que actuar con cierta indiferencia, demostrándole que es él el que ha infringido la norma. La reprimienda sólo resulta efectiva cuando se le sorprende in fraganti; después será ineficaz. De todos modos, como dice el refrán, la ocasión hace al ladrón. Por eso es importante retirar de su alcance alimentos u objetos atractivos como los juguetes de los niños, evitar que esté presente durante la comida familiar y cerrar bien los clósets y botes de basura.

NO A LA BASURA

El robo de alimento no tiene nada que ver con el hambre. Y cuando un perro merodea por los botes de basura, lo más probable es que se trate de un investigador nato que ha descubierto la posibilidad de encontrar un bocado extra. Esta práctica no sólo resulta sucia, sino que también podría afectar su salud: no es extraño que tras un banquete callejero aparezca con vómitos y diarreas. Todo esto sin contar con que podría tragarse una esquirla de hueso, espinas, trozos de vidrio y de metal. Lo mejor es poner fuera de su alcance los botes de basura o rociar los desperdicios con mostaza, salsa picante o una capa de pimienta. Una de las formas de enseñarle a no robar de la basura es la siguiente: colóquelo en las cercanías del bote, tras haberle puesto el collar y la correa. Cuando comience a olisquear, tire de la correa con un golpe seco, diciendo 'No', y seguidamente felicítelo. Repita el ejercicio hasta que haya comprendido que robar es ilegal.

 

 

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