¿En casa un angelito y en la calle un demonio?

No te resulte raro que tu mascota sea más dócil en casa que cuando salen a la calle. La mejor forma de superar este inconveniente es que le tengas paciencia y le apliques un poco de mano dura.

En la casa.

Ordenes. Se asocian generalmente con una recompensa inmediata (una galleta, una caricia). Tu voz es casi siempre sinónimo de placer y diversión.

Obediencia. Para ejemplar adulto no reviste ningún problema, siempre que se encuentre en el interior de la casa. Allí tu perro recibirá y aceptará cualquier orden sin ningún esfuerzo. Esto es así porque el animal sabe que está bajo tu control si ambos se encuentran dentro de la vivienda. Lo mejor que puede hacer es no llevarte la contraria, pues tiene las de perder en caso de conflicto.

Disciplina. Mantén siempre hacia tu mascota una actitud positiva pero firme; de esta manera el perro acatará tus órdenes sin ningún problema. Por ello enséñale desde cachorro que tú eres el que manda. En casa tambien conviene limitar su estancia en algunas zonas.

En la calle.

Ordenes. En el exterior se identifican con el final del placer y la diversión, que para tu mascota significa revolcarse sobre la hierba, seguir los rastros olorosos de sus congéneres o saltar al aire libre.

Obediencia. La falta de predisposición que manifiesta un perro joven para obedecer siempre que está en el exterior se debe a que tiene una necesidad vital de desfogarse. Esto explica que la mayoría de los perros no acudan de forma inmediata cuando se les llama.

Disciplina. En la calle o en el parque, conviene tener una actitud cariñosa con el fin de que el perro no asocie tu llamada con el fin de la diversión sino como un reencuentro. Para acostumbrarlo, deberás recompensarlo con una caricia o una golosina. Así, convencido de que la vuelta es agradable, tu perro regresará a casa de buena gente.

 

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