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Parece que no hay gravedad,
toda mi humanidad está suspendida.
Ya va . . . ya viene.
Ya va . . . ya viene.
Y si te digo que no hay gravedad, es en todas las acepciones de la palabra.
Estos hilos sostienen todo lo que soy y lo que traigo dentro. La carga no
parece incomodarles.
Tampoco les incomoda todo eso que no soy yo.
Me envuelven, me sostienen y me protegen.
Hacen que mi conciencia se mueva a su ritmo.
Ya va . . . ya viene.
Ya va . . . ya viene.
La luz no me deja ver, apenas se distinguen algunas ramas, y creo que puedo
reconocer un coco. O eso parece.
La brisa refresca mi cuerpo y acentúa la sensación de movimiento rítmico de
las cosas,
Ya van . . . ya vienen.
Ya van . . . ya vienen.
Oigo voces que me llaman desde afuera.
Por ahora no puedo volver. Los que me abrazan no quieren dejarme ir.
Yo tampoco quiero.
En este momento solo preciso
Ir . . . y venir.
Ir . . . y venir.
Lo demás puede esperar.
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