Reencuentro


Virginia Mora

Cruzo el portal. El cambio de luz me ciega temporalmente. Sólo camino unos pasos y enseguida reconozco el lugar. Mi piel recuerda esta humedad añeja de la cantera. Bajo por la escalera y a cada paso aumenta mi asombro. Sigo caminando. Este es el lugar.

La calle está desierta. El silencio me aturde. Veo una puerta abierta. Me acerco y entro en la iglesia. Todo está desierto. Bajo la escalera y me acerco al altar. No encuentro imagen alguna, ni una cruz, solo gradas, cantera.

Llego al altar y miro hacia atrás. Hasta ahora me percato de la estructura. Casi un anfiteatro. Recorro el lugar con la mirada y ahí, al centro del portal lo veo. No distingo sus facciones. La luz del exterior solo me permite ver su silueta. Lo llamo --¿quién es?-- mientras avanzo, se aleja, no responde. --¡espere!-- corro para alcanzarlo. Salgo a la calle, pero todo es diferente. Bullicio. Vida.

Giro y veo el portal cerrado. La madera desgastada, polvo y un enorme candado abierto. Tengo miedo, siento su mano en mi hombro, despierto.

Voy paseando, conociendo un viejo pueblo al norte de la ciudad. Miro el paisaje y recorro sus calles. De pronto me detengo, ahí están los maderos viejos, el candado abierto, una puerta entreabierta.

Cruzo el portal.

VMS/Oct'02

 

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