FELIPILLO
!Felipillo
es santo, Felipillo es santo!, gritaba incrédula su nana en México al ver
reverdecer la higuera muerta desde hace tiempo, mientras Felipillo cumplía con
una misión, una misión grandiosa y que sin embargo pocos entendían en el lugar
donde la llevaba a cabo.
Mis pensamientos no son tus
pensamientos...........
Lo impensable sucede cuando
se sigue el camino adecuado, cuando miramos más allá de nuestros sentidos,
cuando entendemos lo que no queremos entender por que nos asusta e incomoda,
cuando aceptamos el llamado que es misión e impulso, que es fuerza y compromiso,
que es vida aprovechada, que es dejar huella. De este Felipillo, de apenas 24
años se esperaban quizás cosas bien distintas; inconstante, travieso,
jugador,......joven; quizás, pero con las puertas de su corazón abiertas, con la
inteligencia despierta para comprender en última instancia, hacia dónde dirigir
los pasos, la mirada.......
¿Hacia dónde?, hacia la Luz,
hacia arriba, al encuentro con el hombre que debemos ser.
Muchos años han pasado desde
su martirio, todo lo que sabemos de él lo hemos encontrado en libros, historias,
anécdotas; algunas contadas por personas que lo conocieron. A partir de ellas se
conoce que no hay muchas diferencias entre el Felipillo desorientado que viajó a
Manila y cualquier joven del siglo 21; los obstáculos en el fondo son los mismos
bajo nuevas apariencias, la solución para vencerlos también es la misma. La gran
diferencia entre este Felipillo del siglo 15, -o de este joven del siglo 21 con
las mismas dudas y tentaciones - y el Felipillo de Nagasaki es.......Quo Mellius
Illac......Buscar lo Mejor, y al encontrarlo ¡Seguirlo!.
Un ejemplo a seguir, un héroe
verdadero sin armas y que no mató a nadie....lo mataron; una luz a seguir en la
obscuridad de nuestra mediocridad y tendencias sensuales; un modelo. Este
Felipillo, Felipe de las Casas, San Felipe de Jesús.
BREVE
SEMBLANZA DE SU VIDA

Los inicios
Felipillo
nace en la ciudad de México el primero de mayo de 1572 hijo de Alonso de Las
Casas y Antonia Ruiz. Asistió al Colegio de San Pedro y San Pablo de donde sería
expulsado debido a su carácter incontrolado y travieso.
Posteriormente es enviado al noviciado franciscano de Santa Bárbara en la ciudad
de Puebla, del cual escapa para regresar a su casa.
Don
Alonso decide entonces, ponerlo a trabajar en un taller de platería en donde
mostró habilidad para labrar la plata; sin embargo, su inconstancia y falta de
disposición para trabajar entre cuatro paredes, llevó al fracaso este nuevo
intento de forjarle un "porvenir" a Felipillo.
Los santos no nacen
siéndolo, requieren de un compromiso de voluntad, de un escape de sus tendencias
naturales, de un morir a lo fácil. Si el grano de trigo.......

Los inicios del cambio
Extraños son los caminos de
la santidad.
Las cosas
se habían puesto tensas en su casa y Felipillo, de entonces 18 años, decide
embarcarse hacia las filipinas para actuar como agente de compras en Manila para
los negocios de su padre, corría el año de 1590. Manila, punto de confluencia de
razas, de comercio, de tentaciones.....Felipillo se deja atraer por un tiempo
por los juegos de azar, actividad muy popular entre los habitantes de aquellas
tierras.
Pero el juego no llena, deja
huecos; el dinero tampoco, sólo hace las cosas más fáciles y paradojicamente les
quita su valor.
Sin
embargo, para el apuesto y próspero Felipillo llegaba el momento de la decisión
y escoge correctamente. Acude al convento franciscano de Santa María de los
Ángeles en Manila en donde se entrega con fervor a la disciplina conventual y se
prepara para la labor misionera que llevaba a cabo la orden y también, sin
saberlo, se prepara para el martirio. Aparece así, el "hombre nuevo" de las
cenizas del viejo; aparición que implica morir en cierto sentido, morir al
mundo, implica dolor, dolor de "perder" nuestra vida cómoda.
Pero en
Manila no hay Obispo, por lo que su ordenación debía llevarse a cabo en otra
parte: en México. Se embarca pues en 1596 en un navío que tenía un nombre
perturbadoramente anticipatorio: el San Felipe.
"Se perdió el San Felipe
para que se ganase Fray Felipe"
Su
destino

Número
sagrado el tres, y tres fueron los tifones que golpearon al San Felipe de madera
para arrojar al de carne y hueso en las costas de Shikoku, Japón. Místico lugar
el Japón, habitada por gentes de alma delicada en donde sin embargo, se dictará
pena de muerte contra los seguidores de Cristo, contra los que oculten a un
misionero; e incluso para los vecinos de los culpables. El objetivo era claro:
se quería borrar toda huella de la Palabra. No se logró y Felipillo forma parte
de la explicación.
Una
delegación de los náufragos, incluyendo a Felipillo, decide viajar a la ciudad
de Kyoto para encontrarse con otros franciscanos que predicaban ahí y
solicitarle al embajador del gobernador de Filipinas, Fray Pedro Bautista, su
intercesión ante el Shogún Taiko Sama para reparar la nave. Pero el Shogún no
quiso recibirlos; por el contrario, la mañana del 8 de diciembre de 1596 ordena
la aprensión de los frailes del Convento de Santa María de los Angeles en Kyoto
por haber desobedecido la orden para no predicar abiertamente.
La conversión obra
maravillas: el que en Puebla de los Ángeles se escapó, en Santa María de los
Ángeles decide quedarse para ofrendar algo más que la libertad: la propia vida.
Y es que
Felipillo pudo haberse sustraído al decreto de muerte: no había tenido tiempo de
predicar y ni siquiera había elegido ir al Japón; era un náufrago, y como tal
habría podido seguir su camino, como los otros náufragos lo hicieron, una vez
reparado el barco. Pero la puerta del Santo no es la puerta fácil........
La puerta del Santo es
aquella que lo lleva a unir sus sufrimientos, su sacrificio al dolor de Cristo,
lo lleva a redimir al mundo con Él, amando hasta el extremo.
El 30 de
diciembre, Taiko Sama decide trasladarlos a Nagasaki ubicada a 900 kilómetros,
con el objeto de sacrificarlos en la única ciudad del Japón que había nacido
cristiana. Este recorrido tan largo, pensaba Taiko, serviría para erradicar la
fe de aquellos japoneses que estuvieran tentados a acogerla por lo que durante
todo el camino sometió a los prisioneros a innumerables afrentas. El primero de
enero se unen a los presos de Kyoto otros catequistas capturados en Osaka; más
tarde se les unirían otros dos cristianos para completar el grupo de 26 -seis
extranjeros y veinte japoneses- que habrían de concluir este vía crucis.
El 3 de
enero se les mutila el lóbulo inferior de la oreja izquierda como forma de
"marcar" a los que iban a morir. Este último hecho lleva a Felipillo a exclamar:
"Ya dimos la primera sangre; ya nadie nos quitará el gozo de darla
toda por la fe".
Su Gólgota, su victoria
Buen
tino tuvieron sus captores para elegir el sitio del sacrificio, los crucificaron
en una loma, la del Tateyama, que también era un trigal. Símbolos imponentes y
concurrentes: El Gólgota, El Tepeyac, el fruto......
La cruz
de Felipillo fue la del centro, la trece, como queriendo otorgarle a este
extranjero que no hablaba japonés y con sólo unos meses en el Japón, el lugar
más importante no sólo del Tateyama sino del comienzo de la evangelización del
Japón: Felipillo, Felipe de las Casas, San Felipe de Jesús, fue el primero en
morir aquel 5 de febrero de 1597; San Felipe de Jesús, primer santo mexicano,
primer mártir del Japón, mexicano universal.
Mis pensamientos no son tus
pensamientos..
Este fue el inicio de una
persecución de tres siglos contra el cristianismo en Japón, pero el martirio de
Felipillo y de sus 25 hermanos en la fe (entre ellos 3 niños: Luis Ibaraki de 12
años, a quien le ofrecieron riquezas y honra con tal de ceder, Antonio de
Nagasaki de 13 y Tomás Kosaki de 14) no solo no cortó la raiz de la fe, sino que
la afianzó, la regó, la abonó con lo mejor de la sangre de España, de Japón, de
México.
Cuentan
crónicas de la época que después del martirio, cuando Taiko Sama ordenó que se
presentasen los que todavía eran cristianos, pensando obviamente que nadie lo
haría, "salían por las calles gritando a voces que eran cristianos, sin
temor ninguno. Fue tanto el número de los que se inscribieron en sólo Kyoto, así
de gente popular como de gente principal, que los gobernadores, viendo la
multitud de los cristianos que se inscribían, no osaron llevarlos al Shogún."
La
persecución fue cruel, los misioneros exterminados o expulsados; sin embargo
cuando Japón vuelve a poner sus ojos en Occidente y la persecución amaina, se
pudo comprobar que la fe no había sido eliminada.

El 17 de
marzo de 1865, el padre Petitjean encuentra las primeras comunidades cristianas
que habían permanecido ocultas, aisladas físicamente del resto de la Iglesia
pero conservando con sus propios medios el espíritu del cristianismo. Habían
permanecido fieles a Cristo y a los que con Él habían ofrecido la vida por su
salvación.
Felipillo
fue beatificado el 14 de septiembre de 1627 por el papa Urbano VIII y canonizado
el 8 de junio de 1862.
Además de
Felipillo, otros dos de los hijos de Alonso y Antonia optaron por la vida
religiosa: Juan, mártir también en las islas filipinas y Francisco,
evangelizador agustino en México.