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JUVENTUD FRANCISCANA::    
Miércoles, 05 Mayo 2004
 

FELIPILLO

!Felipillo es santo, Felipillo es santo!, gritaba incrédula su nana en México al ver reverdecer la higuera muerta desde hace tiempo, mientras Felipillo cumplía con una misión, una misión grandiosa y que sin embargo pocos entendían en el lugar donde la llevaba a cabo.

Mis pensamientos no son tus pensamientos...........

Lo impensable sucede cuando se sigue el camino adecuado, cuando miramos más allá de nuestros sentidos, cuando entendemos lo que no queremos entender por que nos asusta e incomoda, cuando aceptamos el llamado que es misión e impulso, que es fuerza y compromiso, que es vida aprovechada, que es dejar huella. De este Felipillo, de apenas 24 años se esperaban quizás cosas bien distintas; inconstante, travieso, jugador,......joven; quizás, pero con las puertas de su corazón abiertas, con la inteligencia despierta para comprender en última instancia, hacia dónde dirigir los pasos, la mirada.......

¿Hacia dónde?, hacia la Luz, hacia arriba, al encuentro con el hombre que debemos ser.

Muchos años han pasado desde su martirio, todo lo que sabemos de él lo hemos encontrado en libros, historias, anécdotas; algunas contadas por personas que lo conocieron. A partir de ellas se conoce que no hay muchas diferencias entre el Felipillo desorientado que viajó a Manila y cualquier joven del siglo 21; los obstáculos en el fondo son los mismos bajo nuevas apariencias, la solución para vencerlos también es la misma. La gran diferencia entre este Felipillo del siglo 15, -o de este joven del siglo 21 con las mismas dudas y tentaciones - y el Felipillo de Nagasaki es.......Quo Mellius Illac......Buscar lo Mejor, y al encontrarlo ¡Seguirlo!.

Un ejemplo a seguir, un héroe verdadero sin armas y que no mató a nadie....lo mataron; una luz a seguir en la obscuridad de nuestra mediocridad y tendencias sensuales; un modelo. Este Felipillo, Felipe de las Casas, San Felipe de Jesús.

BREVE SEMBLANZA DE SU VIDA

 

Los inicios

Felipillo nace en la ciudad de México el primero de mayo de 1572 hijo de Alonso de Las Casas y Antonia Ruiz. Asistió al Colegio de San Pedro y San Pablo de donde sería expulsado debido a su carácter incontrolado y travieso.

Posteriormente es enviado al noviciado franciscano de Santa Bárbara en la ciudad de Puebla, del cual escapa para regresar a su casa.

Don Alonso decide entonces, ponerlo a trabajar en un taller de platería en donde mostró habilidad para labrar la plata; sin embargo, su inconstancia y falta de disposición para trabajar entre cuatro paredes, llevó al fracaso este nuevo intento de forjarle un "porvenir" a Felipillo.

Los santos no nacen siéndolo, requieren de un compromiso de voluntad, de un escape de sus tendencias naturales, de un morir a lo fácil. Si el grano de trigo.......

Los inicios del cambio

Extraños son los caminos de la santidad.

Las cosas se habían puesto tensas en su casa y Felipillo, de entonces 18 años, decide embarcarse hacia las filipinas para actuar como agente de compras en Manila para los negocios de su padre, corría el año de 1590. Manila, punto de confluencia de razas, de comercio, de tentaciones.....Felipillo se deja atraer por un tiempo por los juegos de azar, actividad muy popular entre los habitantes de aquellas tierras.

Pero el juego no llena, deja huecos; el dinero tampoco, sólo hace las cosas más fáciles y paradojicamente les quita su valor.

Sin embargo, para el apuesto y próspero Felipillo llegaba el momento de la decisión y escoge correctamente. Acude al convento franciscano de Santa María de los Ángeles en Manila en donde se entrega con fervor a la disciplina conventual y se prepara para la labor misionera que llevaba a cabo la orden y también, sin saberlo, se prepara para el martirio. Aparece así, el "hombre nuevo" de las cenizas del viejo; aparición que implica morir en cierto sentido, morir al mundo, implica dolor, dolor de "perder" nuestra vida cómoda.

Pero en Manila no hay Obispo, por lo que su ordenación debía llevarse a cabo en otra parte: en México. Se embarca pues en 1596 en un navío que tenía un nombre perturbadoramente anticipatorio: el San Felipe.

"Se perdió el San Felipe para que se ganase Fray Felipe"

Su destino

Número sagrado el tres, y tres fueron los tifones que golpearon al San Felipe de madera para arrojar al de carne y hueso en las costas de Shikoku, Japón. Místico lugar el Japón, habitada por gentes de alma delicada en donde sin embargo, se dictará pena de muerte contra los seguidores de Cristo, contra los que oculten a un misionero; e incluso para los vecinos de los culpables. El objetivo era claro: se quería borrar toda huella de la Palabra. No se logró y Felipillo forma parte de la explicación.

Una delegación de los náufragos, incluyendo a Felipillo, decide viajar a la ciudad de Kyoto para encontrarse con otros franciscanos que predicaban ahí y solicitarle al embajador del gobernador de Filipinas, Fray Pedro Bautista, su intercesión ante el Shogún Taiko Sama para reparar la nave. Pero el Shogún no quiso recibirlos; por el contrario, la mañana del 8 de diciembre de 1596 ordena la aprensión de los frailes del Convento de Santa María de los Angeles en Kyoto por haber desobedecido la orden para no predicar abiertamente.

La conversión obra maravillas: el que en Puebla de los Ángeles se escapó, en Santa María de los Ángeles decide quedarse para ofrendar algo más que la libertad: la propia vida.

Y es que Felipillo pudo haberse sustraído al decreto de muerte: no había tenido tiempo de predicar y ni siquiera había elegido ir al Japón; era un náufrago, y como tal habría podido seguir su camino, como los otros náufragos lo hicieron, una vez reparado el barco. Pero la puerta del Santo no es la puerta fácil........

La puerta del Santo es aquella que lo lleva a unir sus sufrimientos, su sacrificio al dolor de Cristo, lo lleva a redimir al mundo con Él, amando hasta el extremo.

El 30 de diciembre, Taiko Sama decide trasladarlos a Nagasaki ubicada a 900 kilómetros, con el objeto de sacrificarlos en la única ciudad del Japón que había nacido cristiana. Este recorrido tan largo, pensaba Taiko, serviría para erradicar la fe de aquellos japoneses que estuvieran tentados a acogerla por lo que durante todo el camino sometió a los prisioneros a innumerables afrentas. El primero de enero se unen a los presos de Kyoto otros catequistas capturados en Osaka; más tarde se les unirían otros dos cristianos para completar el grupo de 26 -seis extranjeros y veinte japoneses- que habrían de concluir este vía crucis.

El 3 de enero se les mutila el lóbulo inferior de la oreja izquierda como forma de "marcar" a los que iban a morir. Este último hecho lleva a Felipillo a exclamar: "Ya dimos la primera sangre; ya nadie nos quitará el gozo de darla toda por la fe".

Su Gólgota, su victoria 

Buen tino tuvieron sus captores para elegir el sitio del sacrificio, los crucificaron en una loma, la del Tateyama, que también era un trigal. Símbolos imponentes y concurrentes: El Gólgota, El Tepeyac, el fruto......

La cruz de Felipillo fue la del centro, la trece, como queriendo otorgarle a este extranjero que no hablaba japonés y con sólo unos meses en el Japón, el lugar más importante no sólo del Tateyama sino del comienzo de la evangelización del Japón: Felipillo, Felipe de las Casas, San Felipe de Jesús, fue el primero en morir aquel 5 de febrero de 1597; San Felipe de Jesús, primer santo mexicano, primer mártir del Japón, mexicano universal.

Mis pensamientos no son tus pensamientos..

Este fue el inicio de una persecución de tres siglos contra el cristianismo en Japón, pero el martirio de Felipillo y de sus 25 hermanos en la fe (entre ellos 3 niños: Luis Ibaraki de 12 años, a quien le ofrecieron riquezas y honra con tal de ceder, Antonio de Nagasaki de 13 y Tomás Kosaki de 14) no solo no cortó la raiz de la fe, sino que la afianzó, la regó, la abonó con lo mejor de la sangre de España, de Japón, de México.

Cuentan crónicas de la época que después del martirio, cuando Taiko Sama ordenó que se presentasen los que todavía eran cristianos, pensando obviamente que nadie lo haría, "salían por las calles gritando a voces que eran cristianos, sin temor ninguno. Fue tanto el número de los que se inscribieron en sólo Kyoto, así de gente popular como de gente principal, que los gobernadores, viendo la multitud de los cristianos que se inscribían, no osaron llevarlos al Shogún."

La persecución fue cruel, los misioneros exterminados o expulsados; sin embargo cuando Japón vuelve a poner sus ojos en Occidente y la persecución amaina, se pudo comprobar que la fe no había sido eliminada.

 

El 17 de marzo de 1865, el padre Petitjean encuentra las primeras comunidades cristianas que habían permanecido ocultas, aisladas físicamente del resto de la Iglesia pero conservando con sus propios medios el espíritu del cristianismo. Habían permanecido fieles a Cristo y a los que con Él habían ofrecido la vida por su salvación.

Felipillo fue beatificado el 14 de septiembre de 1627 por el papa Urbano VIII y canonizado el 8 de junio de 1862.

Además de Felipillo, otros dos de los hijos de Alonso y Antonia optaron por la vida religiosa: Juan, mártir también en las islas filipinas y Francisco, evangelizador agustino en México.

 

 


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