EL AUTÓCRATA SACRIFICADO POR ESTADOS UNIDOS

Por

Humberto De Carli

 Las imágenes terribles de la ejecución de Saddam Hussein, la oficial y la de Internet, constituyen el regalo de fin de año de la administración Bush. Una muestra del poco avance de la humanidad en materia penológica porque la dureza de tales íconos evidencia la repugnancia implícita en la sanción máxima en todas sus variantes, la inyección letal, la cámara de gas, la silla eléctrica, el garrote vil, el fusilamiento o la invención del doctor Guillotín. El país de los dos ríos, como metafóricamente se conoce al actual Irak, ha generado una situación crítica en el Oriente Próximo. La invasión americana para la búsqueda de una solución al problema energético ha devenido en tremendo fiasco porque a pesar de la liquidación del líder de Tikrit continúa la guerra y no se avizora una solución militar en el conflicto. Washington pensó que al aniquilar a su otrora aliado, Hussein, cumpliría la tarea de producir ocho millones de barriles diarios y efectuando unas reformas cosméticas para establecer una república parlamentaria con elecciones formales, alcanzaba el inicio de una solución a tan compleja región. Nada más distante porque la conformación de la nación iraquí viene engendrada artificialmente por el colonialismo británico. En la zona se forjaron países producto de los requerimientos de la metrópoli, ora el Reino Unido, ora Francia. En el caso de la antigua Mesopotamia había una minoría étnica ubicada al norte, los kurdos, y la mayoría chiíta poblando el estuario del Tigris y el Éufrates. Los británicos le otorgaron la independencia a Irak al dejar un monarca para ese país y Jordania, Faysal. La estrategia fue rota por la asonada dirigida por Abdul Karin Kassim, quien encabezó un gobierno de tinte izquierdista a la postre derrocado y ejecutado por el nasserismo al cual ya adscribía Saddam Hussein. Después de diferentes purgas palaciegas llega al poder el autoritario Hussein. Occidente lo vio como la mejor representación frente a la amenaza de la revolución islámica personificada en el Ayatolá Khomeini. El ajedrez en el Medio Oriente siguió con la confrontación entre los dos vecinos luego de Irak denunciar el tratado firmado en Argel resolutor del diferendo del canal Shatt Al Arab. El resultado fue una guerra fratricida con ocho millones de muertos, ningún triunfador, una ingente venta de armas y la subida del oro negro. Cuando el presidente iraquí intervino en Kuwait cayó en la trampa montada por los gringos quienes en principio le daban su aprobación. Luego de la conocida derrota en “la madre de todas las batallas”, Estados Unidos permitió el genocidio de los kurdos y los chiítas porque todavía Saddam simbolizaba el equilibrio en la región. Ahora, cuando no es ningún significante de relieve lo envían al sacrificio. Antes de la toma de posesión del congreso por los demócratas fue acelerada la horca del déspota en un juicio caricaturesco. El debido proceso no se cumplió, el derecho a la defensa fue violado y hasta sus abogados fueron abatidos. Amnistía Internacional y otros organismos defensores de los derechos humanos consignaron su protesta ante tantos atropellos. Realmente así terminan los autócratas, sobre todo si son marionetas de la Casa Blanca. Manuel Noriega, Anastasio Somoza, Luis Augusto Pinochet, Ngo Dinh Diem, por nombrar algunos, tuvieron similar destino. Son las manifestaciones del orbe manejado por un modelo civilizatorio bellaco cuyo maquiavelismo es palmario.

HUMBERTO DECARLI R. hachede@cantv.net

 

Los aliados

Sadam Hussein y Donald Rumfsfeld

 
 
 
 
 
 
 
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