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Científico del IVIC fue destituido por opinar |
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Claudio Mendoza es físico, con un doctorado obtenido en la Universidad de Londres y más de veinte años de experiencia como investigador especializado en el uso de la computación de alto rendimiento para resolver problemas químicos, físicos y biológicos. Su trabajo ha sido reconocido con el Premio Lorenzo Mendoza Fleury de la Fundación Polar. Pareciera difícil sustituir a un científico de sus credenciales, pero aún así el consejo directivo del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas decidió removerlo de su cargo como jefe del Laboratorio de Física Computacional, debido a un artículo de opinión que Mendoza publicó el pasado 13 de septiembre en El Nacional, titulado "Masa crítica", en el que abordaba el tema de la energía nuclear. La decisión, que le fue comunicada al investigador mediante un oficio con fecha 2 de febrero, firmado por Máximo García Sucre –director de la institución-señala que "el tono irrespetuoso del artículo, lleva al consejo directivo a perder la confianza depositada en él para dirigir un laboratorio de un centro de la importancia del Centro de Física del IVIC". Entre los argumentos que Mendoza usó para su defensa estuvo el artículo 57 de la Constitución. Como respuesta, la carta señala que "el hacer uso del derecho a la libertad de expresión trae como consecuencia una responsabilidad que el doctor Mendoza debe asumir". Además de García Sucre, en el consejo directivo del IVIC figuran los investigadores Ángel Viloria, Raúl Padrón y Oscar Noya (los dos últimos representantes del Ministerio de Ciencia); Luis Burguillos y Jesús Acosta (delegados laborales) y Prudencia Chacón, del Ministerio de Educación Superior. "Mi destitución reafirma que hay desprecio por los expertos" Claudio Mendoza fue, hasta el pasado 2 de febrero, jefe de física computacional en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, un laboratorio que ha sido tradicionalmente uno de los más productivos del centro de investigación de Altos de Pipe. Los miembros del consejo directivo del IVIC decidieron removerlo, no por algún desacuerdo sobre su desempeño laboral, sino por el "tono irrespetuoso" que consideran que usó el investigador en el artículo de opinión "Masa crítica", que publicó en El Nacional el 13 de septiembre del año pasado, y en el que abordaba las implicaciones del uso de energía nuclear. Mendoza, quien es científico titular en el IVIC y ha alcanzado el nivel 4 del programa de promoción el investigador, seguirá activo dentro de la institución, aunque sin la responsabilidad administrativa que desempeñaba. Ve en la decisión del consejo directivo un intento de coartar el derecho de expresión. Para él, se trata de algo inédito en su experiencia de 20 años como articulista de opinión, en medios como El Diario de Caracas, Imagen y Veintiuno. La carta de destitución dice que los argumentos de su defensa no son satisfactorios. A los 3 días de publicado el artículo salió un remitido del consejo directivo del IVIC en el que me descalificaban y decían que tenía 30 días para presentar las pruebas de lo que había escrito. Les envié un dossier bastante grueso acerca de las fuentes que usé para escribir. Había más de 30 artículos publicados no sólo en Venezuela sino en el exterior sobre el tema. Allí incluía pruebas de los problemas que existen entre los gremios venezolanos y el gobierno. Digo en el texto que hay un desprecio revolucionario por los expertos, algo que mi destitución reafirma. ¿Cuánto tiempo tenía usted como jefe de laboratorio? –El laboratorio de física computacional lo hice yo, desde el principio, hace como 10 años. Publicamos un promedio de 15 papers al año en revistas científicas reconocidas. Allí trabajan investigadores de alto nivel y estudiantes de posgrado. Se usa la computación como herramienta para elaborar modelos físicos y matemáticos en una gran cantidad de áreas: astronomía, física, salud. ¿Cree que los científicos deben tener una voz política? Es inevitable. La ciencia tiene la responsabilidad de alertar a la sociedad sobre los cambios que están ocurriendo. Pasa con el calentamiento global o las células madres. Hay casos emblemáticos. Robert Oppenheimer no estuvo de acuerdo con la carrera armamentista, y lo destruyeron. Andrei Sajarov pagó con exilio su oposición a que la URSS invadiera Afganistán. Hitler persiguió a los científicos judíos. La ciencia y la política tienen un matrimonio problemático. Dice en su artículo que Venezuela está entre quienes quieren colearse al club nuclear. Pocos meses antes Bush había dicho que quería impulsar la energía nuclear. El presidente Chávez había también declarado que iba a desarrollar la energía nuclear estratégicamente. Luego suceden una serie de acontecimientos, por el acercamiento del país a Irán, un país cuyo programa nuclear es visto con desconfianza en occidente. ¿Cree que por lo ocurrido otros científicos se abstendrán de opinar? Creo que esa es la idea, que la gente tenga miedo. En mi caso, he tenido apoyo de la Sociedad Americana de Física, de la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia, de la Asociación para el Progreso de la Investigación Universitaria, la Sociedad Galileana y la Asociación de Investigadores del IVIC. Usted formó parte del movimiento opositor Gente de Ciencia, ¿esto es una represalia? Puede que haya algo de eso. En 2002 yo era presidente de la Asociación de Investigadores del IVIC y asumimos un papel muy activo, fue un movimiento muy amplio. No estuvimos en el paro, pero apoyamos a la gente de Intevep. El despido de más de 800 investigadores de esa institución es una de las grandes catástrofes del país. Este es el artículo que escribió Claudio Mendoza y por el cual fue destituido Masa crítica • Claudio Mendoza La masa crítica de un material fisionable es la cantidad mínima necesaria para mantener una reacción nuclear en cadena sostenida. Para el isótopo de uranio U-235, el cual se usó en la bomba de Hiroshima hace 61 años, es de alrededor de 50 Kg. Como se discute exhaustivamente en la obra de teatro Copenhague de Michael Frayn, actualmente en cartelera en el Centro Cultural Corp Group en versión del Grupo Teatral de Caracas, la determinación precisa de esta masa crítica no fue labor fácil. En diciembre de 1939, el físico alemán Werner Heisenberg, director del proyecto nuclear nazi durante la Segunda Guerra Mundial y protagonista de la obra de teatro de Frayn, la estimó en varios cientos de toneladas, lo que afortunadamente desanimó a Hitler a continuar con esta línea armamentista. En marzo de 1940, Otto Frisch y Rudolf Peierls, físicos expulsados de Alemania por ser judíos, argumentaron desde su exilio en el Reino Unido que si el U-235 -isótopo que sólo ocurre en una proporción de 0,7% en el uranio natural- se podía extraer, entonces la cantidad requerida para una bomba sería del orden de kilos y no de toneladas. Además propusieron un mecanismo de explosión muy simple: disparar un proyectil de uranio a un blanco de uranio, ambos de masa subcrítica para con la suma conseguir criticalidad. Estos resultados hicieron que la iniciativa aliada del Proyecto Manhattan pasara de reuniones de comisiones a constituirse en un proyecto militar de gran escala. El diseño tipo pistola de Frisch y Peierls para detonar una bomba atómica era tan simple que los científicos aliados no tuvieron que probarlo antes de Hiroshima, y por esta razón nos preocupa enormemente el actual riesgo de su proliferación y uso por terroristas. Con poca destreza tecnológica se puede construir un dispositivo nuclear obsoleto e ineficiente pero de todos modos muy poderoso. Sin embargo, el método pistola sólo aparenta funcionar para el U-235 ya que dispositivos basados en otros materiales fisionables como el plutonio requieren ensamblajes bastante más complejos. Esto significa que el ingreso al exclusivo club nuclear se reduce esencialmente a la capacidad tecnológica de enriquecer uranio, o sea en poder aumentar la concentración de U-235 en el uranio natural en más de 0,7%: para un reactor nuclear basta con enriquecer hasta 5%, para una bomba no menos de 90%. El proceso se lleva a cabo por dos métodos: difusión gaseosa y, más recientemente, con centrífugas; así que una indicación del nivel de enriquecimiento deseado, y por ende de las intenciones del nuevo socio nuclear, se puede estimar por el número de centrífugas que utilice. Unas de las interrogantes recurrentes en la obra Copenhague es si un físico de la talla de Heisenberg, Premio Nobel en 1932, estaba realmente dispuesto a construirle una bomba atómica a un loco como Hitler. También hemos discutido hasta la saciedad si Hiroshima y Nagasaki se hubieran podido evitar, y el consenso es que por ninguna razón se deben repetir. Sin embargo, a pesar del fin de la Guerra Fría, el arsenal del club nuclear crece cada vez con mayor sofisticación. ¿Queremos de veras sobrevivir? Nos aterra la intransigencia de los países que decididamente se quieren colear: Corea del Norte, Irán y nuestra querida Venezuela. Pero en nuestro caso algo nos da tranquilidad: el desprecio revolucionario por los expertos. Aquí se construyen puentes sin ingenieros, se hacen diagnósticos sin médicos, se refina petróleo sin petroleros, se enseña sin ser maestro, se gobierna sin ser estadista. Explotaremos entonces la energía nuclear obviando a los físicos. Fuente: El Nacional.com
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