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EL FIN DE UNA CONCESIÓN TELEVISIVA POR HUMBERTO DE CARLI |
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Una
de las noticias nacionales de mayor centimetraje e imagen es la no
renovación de la concesión a un conocido canal de la televisión. El gobierno
ha defendido su decisión con base en simples razones de Estado: por mandato
constitucional es quien tiene el dominio absoluto sobre el espectro
electromagnético y su voluntad es definitiva. Un argumento a todas luces
arbitrario pero realista. La oposición ha tomado esta coyuntura como un
elemento de elevación de su autoestima dada la carencia de imaginación e
iniciativa de este conglomerado político. Literalmente ha ido a la zaga del
canal de Bárcenas, el cual ha promovido a algunos de sus más conspicuos
dirigentes con el afán de perfilar la información a su gusto. La emisora
televisiva ha asumido su defensa bajo el alegato de no haberse doblegado
ante la presión oficialista. Ha hecho gala de la capacidad de convocatoria
de los medios de difusión de masas, quienes han suplantado a los partidos
sumidos internacional y localmente en una profunda crisis de liderazgo al
colapsar la representación a contrapelo de lo sostenido por Francis Fukuyama
en su conocida tesis del final de la historia. Así las cosas, para quienes
no comulgamos con ninguna de las dos opciones de la falsa polarización es
importante aportar opinión para no agotarse en ese tándem. Es la manera de
desnudar la debilidad de ideas de la combinación binaria que asfixia el
escenario político. En principio, apreciamos cómo el Estado golpea a Granier
y compañía porque ciertamente cierran filas dentro de la oposición. Allí
radica la verdadera razón para no continuar la concesión. Decir que tiene
una pésima programación es acertado pero esa circunstancia es extensible a
los demás canales privados y a los oficiales. Estamos atrapados en programas
procaces de risa fácil, telenovelas infames, informativos sesgados y de
opinión unilaterales. Hay un hecho subrepticio del Estado como es la
renovación de la concesión recientemente al espacio televisivo de los
Cisneros. La conducta gubernamental es inconsecuente al respecto porque no
hay motivos para distinguir entre las dos emisoras. Pero el hecho de haber
atentado contra la libertad de expresión no justifica de manera alguna
alinearse con los Phelps. La actitud tradicional de RCTV ha sido la de
manipular la información, supeditarse a los intereses de los anunciantes y
ser guardianes del orden establecido. Entre muchísimos casos de control
informativo basta recordar la cobertura del proceso electoral de la Alcaldía
de Carcas ganada en su momento por Aristóbulo Istúriz, a quien nunca se le
invitó a pesar de ser palmariamente una noticia relevante. Asimismo, los
conflictos con los comunicadores sociales en el pasado en el Diario de
Caracas delatan su postura recalcitrante. Se trata en el fondo, de un
conflicto entre dos grupos cupulares. Por un lado, el Estado venezolano como
personero del poder en Venezuela. Por el otro, un grupo económico nacional
otrora un factor de poder fundamental. La consecuencia del cierre, desde el
ángulo publicitario, favorece a una organización transnacional como la
O.D.C. Ninguno de los dos agentes de la estructura de dominación significan
diferencias, simplemente se encuentran enfrentados por intereses puntuales
pero no de contenido.
HUMBERTO DECARLI R. hachede@cantv.net
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