EL FIN DE UNA CONCESIÓN TELEVISIVA

POR HUMBERTO DE CARLI

NOTA DE LA DIRECCION:

El argumento del Ejecutivo Nacional constituye una visible leguleyeria, debido a que las concesiones o licencias de uso del espacio radioeléctrico son un derecho de cualquier ciudadano, y en consecuencia la negación del derecho de renovación a RCTV requiere de una motivación con los supuestos de hecho en que se apoya. Es en este punto donde la no renovación tiene una gran debilidad, ya que se argumenta que "RCTV apoyó el golpe de Estado del 2.002", lo cual ni siquiera es un hecho determinado en alguna instancia competente. Hoy dia los unicos que no tienen derecho a explotar el espacio radioeléctrico, son los empresarios de RCTV, y eso no riene justificación legal y viola el elementa principio de generalidad d ela ley. Adicionalmente, el espacio radioelectrico no es dominio público ni privado del Estado, sino de la Nación, por lo cual el Estado lo único a que está facultado es a explotar por si mismo y a otorgar licencias de uso, sin excluir a ningún nacional de tal derecho. Hugo Chávez, sin embargo, se cree dueño de los bienes del dominio público de la Nación en su condiciòn de Presidente, y está equivocado. 

 Una de las noticias nacionales de mayor centimetraje e imagen es la no renovación de la concesión a un conocido canal de la televisión. El gobierno ha defendido su decisión con base en simples razones de Estado: por mandato constitucional es quien tiene el dominio absoluto sobre el espectro electromagnético y su voluntad es definitiva. Un argumento a todas luces arbitrario pero realista. La oposición ha tomado esta coyuntura como un elemento de elevación de su autoestima dada la carencia de imaginación e iniciativa de este conglomerado político. Literalmente ha ido a la zaga del canal de Bárcenas, el cual ha promovido a algunos de sus más conspicuos dirigentes con el afán de perfilar la información a su gusto. La emisora televisiva ha asumido su defensa bajo el alegato de no haberse doblegado ante la presión oficialista. Ha hecho gala de la capacidad de convocatoria de los medios de difusión de masas, quienes han suplantado a los partidos sumidos internacional y localmente en una profunda crisis de liderazgo al colapsar la representación a contrapelo de lo sostenido por Francis Fukuyama en su conocida tesis del final de la historia. Así las cosas, para quienes no comulgamos con ninguna de las dos opciones de la falsa polarización es importante aportar opinión para no agotarse en ese tándem. Es la manera de desnudar la debilidad de ideas de la combinación binaria que asfixia el escenario político. En principio, apreciamos cómo el Estado golpea a Granier y compañía porque ciertamente cierran filas dentro de la oposición. Allí radica la verdadera razón para no continuar la concesión. Decir que tiene una pésima programación es acertado pero esa circunstancia es extensible a los demás canales privados y a los oficiales. Estamos atrapados en programas procaces de risa fácil, telenovelas infames, informativos sesgados y de opinión unilaterales. Hay un hecho subrepticio del Estado como es la renovación de la concesión recientemente al espacio televisivo de los Cisneros. La conducta gubernamental es inconsecuente al respecto porque no hay motivos para distinguir entre las dos emisoras. Pero el hecho de haber atentado contra la libertad de expresión no justifica de manera alguna alinearse con los Phelps. La actitud tradicional de RCTV ha sido la de manipular la información, supeditarse a los intereses de los anunciantes y ser guardianes del orden establecido. Entre muchísimos casos de control informativo basta recordar la cobertura del proceso electoral de la Alcaldía de Carcas ganada en su momento por Aristóbulo Istúriz, a quien nunca se le invitó a pesar de ser palmariamente una noticia relevante. Asimismo, los conflictos con los comunicadores sociales en el pasado en el Diario de Caracas delatan su postura recalcitrante. Se trata en el fondo, de un conflicto entre dos grupos cupulares. Por un lado, el Estado venezolano como personero del poder en Venezuela. Por el otro, un grupo económico nacional otrora un factor de poder fundamental. La consecuencia del cierre, desde el ángulo publicitario, favorece a una organización transnacional como la O.D.C. Ninguno de los dos agentes de la estructura de dominación significan diferencias, simplemente se encuentran enfrentados por intereses puntuales pero no de contenido.

HUMBERTO DECARLI R. hachede@cantv.net

 

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