El gasoducto binacional Colombia-Venezuela
UN TERCER SOCIO LLAMADO CHEVRONTEXACO
Por Rafael Uzcátegui

En el pasado encuentro binacional entre los presidentes Hugo Chávez y Alvaro Uribe, realizado en el Complejo Petroquímico El Tablazo en el estado Zulia, el primer mandatario venezolano invitaba a soñar con una hipotética prosperidad generada por la intervención de unos extraños y bonachones empresarios de ojos rasgados. “Hace poco recibimos la visita de empresarios chinos quienes quieren traer la inversión para, en un acuerdo con Venezuela y Colombia, construir un poliducto desde el occidente de Venezuela hasta el pacifico con el que tendríamos salida directa a ese basto mundo que es el mercado asiático". Chávez, en uno de sus ejercicios habituales de retórica, encantaba serpientes con un eufemístico capitalismo oriental: “imagínense a un supertanquero venezolano navegando por el Caribe y por el Atlántico, cruzando por el cuerno de África para luego buscar la salida a la lejana China”. El Comandante con tales alegorías producía sombras chinescas, claroscuros que distrajeran preguntas indiscretas, esas que pudieran revelar que el encuentro entre ambos presidentes, signados hasta pocas semanas atrás por los impasses diplomáticos, era producto de la paciente negociación internacional de una de los principales multinacionales energéticas estadounidenses: La Chevron-Texaco.

La diplomacia de ChevronTexaco


El 12 de febrero del 2002 en Houston, Texas, Alí Moshiri pronunciaba un discurso con apenas 5 meses de haberse celebrado la fusión de los dos conglomerados energéticos norteamericanos. Pasando lista de las ventajas comparativas de las que disponía el emporio, no dudaba en afirmar “Somos el mayor productor privado extranjero en Venezuela en términos de producción diaria (...), operamos los mayores campos de gas natural en Colombia”. En el discurso titulado “América Latina corriente arriba: Progreso y escollos”, el director de ChevronTexaco para Suramérica se mostraba optimista con la visión de negocios a desarrollar en el área: “es difícil exagerar el potencial de América Latina. Este podría un día exceder el de la antigua Unión Soviética”. Moshiri apuntaba que “el progreso únicamente puede continuar a través de un compromiso con los mercados libres y una liberalización continua”, pasando rápida revista a los inconvenientes que a su juicio debían ser superados: “En América Latina, las transacciones entre fronteras siempre han sido entorpecidas por formulismos y por acuerdos regionales que resultan de un comercio controlado”. Para el directivo de la transnacional el objetivo estaba claro: ejercer con inteligencia y discreción la diplomacia de los negocios. Moshiri ya tenía en mente ese 12 de febrero la potencialidad de un gasoducto colombo-venezolano, y así se lo hizo saber a la concurrencia: “Mientras que el gasoducto Bolivia-Brasil sobresale como un gran éxito, otros proyectos tremendamente promisorios han sido detenidos en la frontera por una visión estrecha del interés nacional (...) consideren el gasoducto Venezuela-Colombia, una unión natural entre la región rica en gas del Norte de Colombia, y los mercados de energía de Venezuela. A pesar de lo promisoria, esta combinación de proveedor y cliente no parece poder cruzar una frontera común”.

La diplomacia de los billetes verdes trabajó rápido. En apenas 5 meses, el 23 de julio, Pdvsa-Gas, Ecopetrol y Chevron Texaco concluían un estudio conjunto del tendido de un gasoducto entre la Guajira colombiana y Maracaibo. Un informe circulado en la fecha por la compañía venezolana demostraba que desde los puntos de vista jurídico, técnico y económico era viable la construcción de dicho gasoducto. Sólo un año antes el trío había firmado un memorando de entendimiento para evaluar su factibilidad, y 365 días después se veían los resultados.

El 15 de diciembre del 2003 Alvaro Uribe Vélez anunciaba en su país el gasoducto Colombia-Venezuela-Panamá, gracias a un contrato entre la Empresa Colombiana de Petróleos y la Chevron Texaco. “Me alegra que después de un proceso no fácil por la intervención de todas las instituciones como la Contraloría General de la República y como el Consejo de Estado, se haya podido firmar el contrato de extensión con la Chevron Texaco. Eso le despeja el panorama de disponibilidad de gas del país y también despeja el panorama de poder tener el gasoducto Venezuela-Colombia-Panamá. Sin eso es casi imposible pensar en ese proyecto”.

Hacia el “solidario” Plan Puebla Panamá
A pesar de que Venezuela cuenta con reservas probadas de gas natural 20 veces mayores que Colombia (147 terapies cúbicos, TPC), en la región zuliana se presenta un déficit en el suministro del orden de 430 millones de pies cúbicos por día, mpcd. Esto se debe a que la mayor producción nacional se localiza en Anzoátegui, y por los momentos no existen gasoductos para llevar este gas al occidente del país. Mientras Venezuela adelanta los proyectos de interconexiones internas, se espera que parte de la demanda sea cubierto parcialmente con las exportaciones desde Colombia, de los campos de la Guajira operados por Chevron-Texaco. De esta manera la nación contaría con 200 millones de pies cúbicos de gas natural a partir del 2005, por un período de al menos siete años y siendo la prueba piloto de futuros negocios conjuntos entre los dos países latinoamericanos. Para Colombia esto representa divisas de entre US$50 y US$70 millones anuales.

El presidente Chávez negoció la perspectiva de que en un mediano plazo, luego de la interconexión interna de la red nacional, los rubros estrellas de la economía venezolana tengan una salida directa al océano Pacífico. ¿A cambio de qué? De continuar profundizando –a pesar de su incendiaria retórica- las relaciones del país caribeño con las dimensiones economicistas del capitalismo globalizado. En la reunión binacional Uribe anunció la entrada de los dos países a uno de los planes para el continente denunciado reiteradamente por decenas de activistas antiglobalización: “Estaríamos con el presidente Torrijos para formalizar el ingreso de los países al Plan Panamá-Puebla y que allí se firme un acta para la integración de este gasoducto, la construcción de la línea de interconexión eléctrica y el avance en la construcción de la carretera", coincidencialmente, la visión de desarrollo regional consensuada en Washington y desarrollada por uno de sus embajadores: la ChevronTexaco. "Allí no nos podemos quedar –afirmaba el presidente colombiano-. La perspectiva es Puebla-Alaska, pero hay que buscar otra perspectiva más importante para irle dando la vuelta al planeta que es Asia y el oeste de Estados Unidos"; acortando las distancias se podan asimismo los costos de extracción de los recursos energéticos a ser devorados por el gran hermano del norte.

El gobierno venezolano justifica las negociaciones bilaterales dentro del estricto marco del libre comercio, vendiéndolas como parte de un inexistente plan de integración solidaria internacional: “El Plan Puebla Panamá –sentencia una nota de prensa gubernamental, disponible en <http://www.rnv.gov.ve/noticias/?act=ST&f=2&t=6731>, difundida después del encuentro en El Tablazo– es un instrumento de cooperación que busca integrar a los siete países de Centroamérica con el sur de México para lograr el desarrollo de la región mesoamericana”. Detrás de la “cooperación” se encuentra la vigilancia y diplomacia de multinacionales como ChevronTexaco, Repsol YPF, British Petroleum y TotalFinal Ef que en los últimos 6 años han realizado fabulosas negociaciones en el país –http://www.nodo50.org/ellibertario/globalización.htm–, contando para ello con el silencio y la nula resistencia de movimientos populares desarticulados por las expectativas discursivas izquierdizantes de los conserjes del Estado en Venezuela, desgastados por su progresiva incorporación a la lógica acumulativa político-electoral. Con su autonomía hipotecada, paradójicamente los movimientos sociales de base combaten a la burguesía local para dejarle el camino limpio a la burguesía globalizada, que no ha cesado de realizar negocios con la llamada “Revolución bolivariana” y que tiene en su tren ejecutivo toda la gobernabilidad y todos los negocios que necesitan.

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