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LOS BONOS ANTI-INFLACIONARIOS por Humberto Decarli |
| La emisión de los bonos del sur es
presentada por el gobierno como una salida para enfrentar la inflación
reduciendo la masa monetaria y darle además un alivio al control cambiario
disminuyendo la presión del dólar libre. Sin embargo, esa apreciación se
corresponde con el lugar común de la ortodoxia neoliberal tan detestada
supuestamente por esta administración. Hay que preguntarse acerca de la
eficacia de la medida en un sentido amplio y no en el tradicional blandido
por los voceros oficialistas. En primer lugar, los motivos para comprar una
deuda externa de otros países porque la mitad de los bonos se refiere a esta
clase de obligaciones. Obviamente que se insertan en la estrategia de
construir un liderazgo internacional con base en los recursos financieros,
experiencia ya conocida durante la primera gestión de C.A. Pérez. Segundo,
quién se beneficia con su compra con miras al ahorro e inversión.
Indudablemente que la banca y sectores con capacidad adquisitiva porque la
acumulación no le está permitida a las grandes mayorías, devengadoras del
salario mínimo y cuyos escasos ingresos se van en la adquisición de
alimentos y productos básicos amén de los excluidos sociales quienes apenas
subsisten en condiciones infrahumanas. Tercero, es un respiradero para sacar
divisas del país y de nuevo esa posibilidad recae en sectores privilegiados
con liquidez para hacerlo. Esta orientación es estimulada por los bajos
dígitos de los intereses pasivos de la banca siempre por debajo de la
inflación generando pérdidas para quienes se atrevan a represar dinero en el
sector financiero nacional. Adicionalmente es importante hacer notar el
incremento de la rentabilidad de esta clase de bonos en la medida de mayor
inversión, motivo por el cual siempre se favorece a los más poderosos.
Cuarto, es una oferta sin imaginación muy similar a las asumidas por las
orientaciones del puntofijismo en el pasado. Cuando uno oye a los ministros
señalando las bondades de estas emisiones y el cometido antiinflacionario
pretendido, rememora la actitud de los cuadros dirigentes de los gobiernos
blanquiverdes repitiendo las recetas planteadas por el consenso de
Washington para los países del Tercer Mundo. Nos encontramos en una
coyuntura típica de las bonanzas financieras ocurridas por la renta
petrolera y las subidas inusitadas del excremento del diablo. Cuando hay
esta situación se proponen los mismos ofrecimientos porque el país se
encuentra enmarcado dentro de una política económica y monetaria
estructural, respondiendo a los mismos dicterios. En síntesis se trata del
mismo camino utilizado en el pasado para drenar la liquidez y por ende la
inflación como lo ordena un esquema ortodoxo desde el ángulo económico. Los
diseños de este tipo de políticas siempre van por las mismas sendas pero en
el fondo suponen mecanismos compensatorios para intentar frenar la inflación
y adelantarse al paquete draconiano de medidas ya anunciado por el gobierno
a principios de año.
HUMBERTO DECARLI R. hachede@cantv.net
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